Lo que pedimos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile

Lo que pedimos

“Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y va a él a medianoche y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle;’ y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte nada’. Les digo que aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, no obstante, por su insistencia se levantará y le dará cuanto necesite. Así que Yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O supongan que a uno de ustedes que es padre, su hijo le pide pan, ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado, ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión? Pues si ustedes siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

Lucas 11: 5-13 (NBLH)

“Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. ¿Qué quiere decir Jesús?

Me hago esta pregunta cuando me siento en mi escritorio, justo después de colgar el teléfono. Mi hermana se está muriendo. Se puede morir esta noche. Bien sé lo que le pediría a Dios. Y él también lo sabe. Ya se lo he pedido un millón de veces. No puedo dejar de pedirle. Sé que la ama. Pero ella igual se está muriendo, y mis oraciones parecen estar recibiendo un claro “NO”.

Aun así voy a pedir.

Entonces, ¿qué quiere decir Jesús? Claramente, no quiere decir: “Pide lo que sea y Dios te lo va a dar así como tú lo deseas, cuando lo deseas y de la manera que lo deseas”. Jesús mismo escuchó ese “NO” divino cuando pidió librarse de la copa del sufrimiento. Pero no fue así. Ni con él. Ni lo será con mi hermana.

Aun así, sigo profundizando en el texto. Todo el que pide, recibe. Sí. Pero ¿qué recibe? Aparentemente, aunque no siempre reciba lo que pide, siempre recibe algo. Y ese algo siempre será bueno: “supongan que a uno de ustedes que es padre, su hijo le pide pan, ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado, ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión?”.

Aunque no obtenga lo que estoy pidiendo, voy a recibir algo bueno. Y mi hermana también va a recibir algo bueno. Ella es hija de Dios, una pecadora redimida por Jesús, nuestro Salvador, quien dio su vida por ella. Él ciertamente le va a dar la vida que dura para siempre.

Dios nunca nos dará algo peor de lo que pedimos. Lo que él nos da siempre es lo mejor para nosotros. Vivamos confiando en él.

ORACIÓN: Querido Señor, ten piedad de nosotros y enséñanos a confiar en tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que todos los que piden, buscan y llaman comprenden las respuestas que reciben de Dios?

2.- ¿Cómo te mantienes firme en la fe cuando te resulta difícil ver a Dios en medio de tus necesidades?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

¡Gracias, Epafras! - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile

¡Gracias, Epafras!

No permitan, pues, que nadie los juzgue por lo que comen o beben, o en relación con los días de fiesta, la luna nueva o los días de reposo. Todo esto no es más que una sombra de lo que está por venir; pero lo real y verdadero es Cristo. No permitan que los condenen esos que se ufanan de humildad pero rinden culto a los ángeles. Los tales se meten en cosas que no han visto y están envanecidos por su razonamiento humano; no están unidos a la Cabeza, que es quien nutre y une a todo el cuerpo mediante las coyunturas y ligamentos, y lo hace crecer con el crecimiento que da Dios.

Colosenses 2: 16-19

Me pregunto si la iglesia en Colosas había escuchado las enseñanzas de Pablo acerca de cómo “un poco de levadura fermenta toda la masa” (Gálatas 5:9).

Con qué frecuencia el apóstol debe haber hablado estas palabras a aquellos que se reunieron como creyentes en los diversos lugares que visitó en sus viajes misioneros. En un mundo como el nuestro, inundado de todo tipo de teorías y especulaciones, “expertos” autodidactas y personas persuasivas, su advertencia de que “un poco de levadura fermenta toda la masa” es un sabio consejo. De hecho, este dicho podría haberse convertido en uno de los proverbios de los apóstoles al dirigirse a las iglesias. No es de extrañar, entonces, que la iglesia de Colosas también necesitara escucharlo.

Pablo abre su Carta a los Colosenses, aplaudiendo la fe y el amor de esta iglesia en Asia Menor. “Siempre que oramos por ustedes, damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues hemos recibido noticias de la fe de ustedes en Cristo Jesús, y del amor que tienen por todos los santos” (Colosenses 1:3-4). Los aplausos de Pablo no son solo para la iglesia; también están destinados a Epafras, su fundador, a quien Pablo señala como un “consiervo amado” que les enseñó la fe (ver Colosenses 1:7).

Y 20 siglos después nosotros también podemos decir: ¡felicitaciones a la sólida enseñanza de Epafras, ya que la iglesia en Colosas no careció de especulaciones religiosas y mundanas en su contra! Pablo conocía muy bien la “levadura” que enfrentaba la iglesia de Colosas: filosofías humanas quebrantadas, engaños vacíos y preguntas molestas de los judíos por lo que comían o bebían o en relación a los días de fiesta, la luna nueva o los días de reposo. También había una insistencia en el ascetismo y la autonegación, junto con detalles fantásticos sobre las visiones y la adoración de los ángeles.

Había más que suficiente para cuestionar si solo la fe en Jesús era todo lo que se necesitaba para la salvación. No en vano, es la misma pregunta que muchos hacen hoy.

Es por ello que Pablo se concentra en lo esencial. Como le dijo a la iglesia en Corinto: “Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado” (1 Corintios 2:2).

O como Pablo anhelaba que los de Colosas recordaran: “Por tanto, vivan en el Señor Jesucristo de la manera que lo recibieron: arraigados y sobreedificados en él, confirmados en la fe y rebosantes de acciones de gracias, que es como fueron enseñados” (Colosenses 2:6-7). ¡Gracias, Epafras, por darles a los colosenses la verdad esencial del Evangelio!

ORACIÓN: Padre celestial, en todo nuestro estudio y aprendizaje mantén nuestros ojos fijos en tu Hijo, quien nos guía en el camino eterno. En su Nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez has sufrido las consecuencias de la fermentación de “un poco de levadura” en tu vida personal o laboral?

2.- ¿Qué influencias externas perturban hoy a los cristianos y a la iglesia?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Un poco atrevido - Cristo Para Todas Las Naciones Chile CPTLN Chile

Un poco atrevido

Y se acercó Abrahán y le dijo: “¿Acaso vas a destruir al justo con el injusto? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Acaso destruirás ese lugar, y no lo perdonarás por los cincuenta justos que estén allí adentro? ¡Lejos sea de ti hacer morir al justo con el impío, y tratar al justo como al impío! ¡Jamás hagas tal cosa! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no debe hacer lo que es justo?”. El Señor respondió: “Si dentro de la ciudad de Sodoma encuentro a cincuenta justos, por ellos perdonaré a todos los que estén allí”.

Génesis 18:23-26

¿Alguna vez tu hijo se ha hecho el atrevido contigo? Los vietnamitas tienen un proverbio: “¡La lluvia cae para arriba!”. Lo dicen cada vez que un niño tiene la audacia de corregir o negociar con sus mayores. Significa: “Estás saliéndote de tu lugar, estás siendo demasiado atrevido”.

En el texto de hoy vemos a Abraham haciendo lo mismo con el Señor Dios… ¡y Dios no solo lo permite, sino que incluso lo alienta! Un poco antes, en Génesis 18:17, Dios mismo inicia la conversación, diciéndole deliberadamente a Abraham que está a punto de destruir las ciudades de las llanuras: “¿Acaso voy a ocultarle a Abrahán lo que voy a hacer?”.

Dios sabe muy bien que Lot, el sobrino de Abraham, vive en Sodoma, por lo que le tira esa información y Abraham muerde el anzuelo y, con mucho respeto, regatea con Dios: primero con cincuenta justos, luego cuarenta y cinco, luego cuarenta, luego treinta y así sucesivamente, hasta que Dios finalmente dice: “Aun por esos diez, no la destruiré” (Génesis 18:32b).

Abraham debe haberse sentido aliviado. ¡Seguramente la casa de Lot suministraría a las diez personas justas! Lamentablemente, no sabía cuán profundamente había corrompido Sodoma a la familia de su sobrino. Pero, a pesar de que no se encontraron diez justos en Sodoma, Dios honró el espíritu de la petición de Abraham y rescató a sus parientes de la ciudad.

Abraham fue muy audaz, incluso un poco atrevido e insolente al hablarle de esa manera al Señor del cielo y de la tierra. Sin embargo, esto nos dice algo valioso sobre la relación entre Dios y Abraham: su relación estaba basada en el amor y la confianza y no en el miedo. Es por eso que Abraham tuvo el coraje y la audacia de hablarle así a Dios.

Mi hijo puede hablar de esa manera con su padre porque sabe que su padre lo ama, porque confía en que su padre no se va a ofender. Dicho de otra manera: porque se siente seguro con su padre. Abraham también se sintió seguro con Dios. Confiaba en que Dios no se iba a enojar y que mostraría misericordia para con él y su sobrino.

¿Qué pasa con nosotros? Nosotros también tenemos esa relación con Dios. Somos sus hijos por adopción a través de Jesús, nuestro Salvador. Y así, cuando lo necesitamos, podemos llegar audazmente a la presencia de Dios y pedirle lo que necesitamos, incluso cuando parezca atrevido. Después de todo, él es quien sufrió, murió y resucitó por nosotros. Él nos tratará con misericordia y amor.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a confiar en ti lo suficiente como para pedirte lo que necesito, incluso cuando parezca atrevido. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué aprendes de Dios con respecto al pecado de Sodoma y Gomorra?

2.- ¿Qué aprendes de Dios a partir de la súplica constante de Abraham?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

El alma llena de vigor - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 09/08/2019

El alma llena de vigor

De rodillas, y en dirección a tu santo templo, alabaré tu nombre por tu misericordia y fidelidad, por la grandeza de tu nombre y porque tu palabra está por encima de todo. Cuando te llamé, me respondiste, y mi alma desfallecida se llenó de vigor.

Salmo 138:2-3

No hay nada que se compare a la alegría que sentimos cuando Dios contesta nuestra oración. En esos momentos sentimos como si todas las promesas de la Palabra de Dios se cumplieran en esa respuesta y no podemos menos que alabar su santo nombre y compartir las buenas nuevas, creciendo aún más en la convicción que tenemos de que Dios es fiel. Esto, a su vez, nos llena de tal manera el alma de vigor, ¡que podríamos mover montañas!

¿Pero qué pasa cuando no recibimos la respuesta deseada? ¿Qué pasa cuando la voluntad de Dios es diferente a nuestros planes? Ante la decepción y el dolor, el vigor de nuestra alma puede marchitarse. Pero entonces recordamos las palabras del Señor: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos” (Isaías 55:8). Podemos estar seguros de que nuestras oraciones son escuchadas y que el Espíritu Santo está obrando a través de la Palabra para aumentar el vigor de nuestra alma.

En las crisis aprendemos a apoyarnos en el amor y favor que nuestro Padre Celestial nos ha mostrado a través de su hijo Jesús, y oramos: “Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida” (Salmo 138:7a). Si bien tenemos nuestras propias ideas y planes, podemos confiar en que la sabiduría y compasión de nuestro Padre son mucho más grandes que las nuestras. Su voluntad nos rodea como un muro de protección, por lo que podemos orar como lo hizo nuestro Señor en Getsemaní: “Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42b).

Con fe y humilde confianza nos unimos al salmista para orar: “Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes; tu misericordia, Señor, permanece para siempre. Yo soy creación tuya. ¡No me desampares!” (Salmo 138:8). La respuesta a esa oración ya está confirmada en la Palabra de Dios: “No te desampararé, ni te abandonaré” (Hebreos 13:5b). Una vez más, la promesa fiel de Dios llena de vigor nuestra alma.

ORACIÓN: Padre celestial, guíanos a confiar en ti en el gozo como en la tristeza, cuando las oraciones se contestan como esperamos y cuando no. Por el poder de tu Espíritu, aumenta el vigor de nuestra alma para honor de tu santo Nombre. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- Si Dios no es tu primer recurso en una crisis, ¿qué puedes hacer para que lo sea?

2.- Piensa en una vez en que Dios respondió tu oración como tú querías. ¿Cómo te sentiste?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Aguas turbulentas - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 08/08/2019

Aguas turbulentas

Pero en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de su aflicción: convirtió la tempestad en bonanza, y apaciguó las amenazantes olas. Ante esa calma, sonrieron felices porque él los lleva a puerto seguro.

Salmo 107:28-30

Recuerdo cuánto disfrutaba la playa cuando era niño. Jugaba todo el día en el agua montando las largas y onduladas olas. Era muy divertido… hasta que subía la marea. Las pequeñas olas en las que acababa de hacer surf se volvían amenazantes y, antes de darme cuenta, golpeaban la orilla una tras otra.

Cuando la primera se estrelló contra mí, me llevó debajo de la superficie. Saqué la cabeza del agua, jadeando, solo para ser empujado otra vez bajo el agua. Me pareció una eternidad hasta que finalmente llegué a la orilla magullado, exhausto, sin aliento, pero seguro.

Estos días, las “olas” vienen en otras formas: proyectos que tienen que ser terminados; facturas que se vencen; mi esposa que se queja de que no pasamos suficiente tiempo juntos; y los niños, que por más que son preciosos, se han convertido en pequeños monstruos.

Cuando le cuento esto a un amigo, rápidamente me responde con una letanía propia. Otro me dice: “Todo va a estar bien”, a lo que respondo: “Gracias. Estoy mejor”. Y otra, alguien a quien le pido consejos de vez en cuando, dice que va a orar por mí. Finalmente, el locutor de la radio dice que es un asunto de fe: no estoy confiando lo suficiente a Dios con mi vida.

Estoy seguro de que no soy el único que está pasando por esto. La vida puede ser abrumadora a veces, muchas veces. Cuando por fin llega el momento en que crees que puedes respirar, aparece otra ola y te golpea. He intentado aferrarme a las cosas para tener seguridad, pero mi trabajo, mis posesiones, mi dinero y mis relaciones no han sido la respuesta.

Entonces, un día, cansado de buscar desesperadamente respuestas mundanas, miré a Aquel que se enfrentó a más de lo que nunca sabré, Jesús, y vi cómo mi pecado siempre se interponía. Mi quebrantamiento espiritual era una realidad, pero sabía que Dios no nos había dejado varados, condenados por la ley. Al contrario: “Dios ha hecho lo que para la ley era imposible hacer, debido a que era débil por su naturaleza pecaminosa: por causa del pecado envió a su Hijo en una condición semejante a la del hombre pecador, y de esa manera condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no seguimos los pasos de nuestra carne, sino los del Espíritu” (Romanos 8:3-4).

Mi esperanza ahora está en la promesa de una nueva vida disponible para quienes confían en el Señor Jesucristo para su salvación. Y lo más gracioso (aunque no lo sentí en ese momento) es que Dios usó esas olas para quebrar mis defensas y falsas esperanzas y llevarme a un punto en el que no me quedaba más esperanza sino solo confiar en Él.

Y pensar que Él había estado allí todo el tiempo.

ORACIÓN: Padre celestial, cuando las tormentas de este mundo sacudan nuestra vida, recuérdanos que tú estás allí listo para sacarnos de las turbulentas aguas de la vida. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

De The Lutheran Layman

Para reflexionar:

1.- Si alguna vez te has sentido abrumado por la vida, ¿qué hiciste para superarlo?

2.- ¿Crees que es cierto que las adversidades nos hacen más fuertes? ¿De qué manera?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Los regalos de Jesús - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 07/08/2019

Los regalos de Jesús

Mientras Jesús iba de camino entró en una aldea, y una mujer llamada Marta lo hospedó en su casa. Marta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. Pero Marta, que estaba ocupada con muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!». Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará».

Lucas 10:38-42

Cuando era niña, todos los años celebrábamos Acción de Gracias en la casa de mi abuela, que siempre hacía una docena de pasteles, frijoles, puré de papas, pavo con relleno, jamón, entremeses, y la lista seguía y seguía. Nadie más tenía permiso para cocinar. La comida era su orgullo y alegría.

Pero cuando llegó a los 80, mi familia comenzó a darse cuenta de cuánto le costaba hacer todo eso. Cada año que pasaba terminaba más agotada. Así que mi madre y yo tramamos un plan: yo volaría a casa y pasaría la noche anterior al día de Acción de Gracias con mi abuela. Con suerte, a la mañana siguiente podría encargarme de las tareas más pesadas, bajo su dirección.

Debería haber funcionado. Pero a las seis de la mañana del día de Acción de Gracias, me desperté para escuchar un ruido sordo en la cocina. La abuela ya estaba cocinando: una fila de pasteles y guarniciones dejaron en claro que había estado trabajando durante horas.

Mi familia todavía se ríe de esta historia. Pero su agotamiento fue una preocupación muy real para nosotros. Sospecho que tú también tienes a alguien así en tu familia: alguien cuyo impulso de ser hospitalario, de servir, de hacer que las cosas funcionen bien, a veces le supera. ¿O quizás seas tú mismo? Sé que a veces soy yo.

Es tan fácil perder de vista la razón por la cual nos agotamos. Marta seguramente quiso honrar a Jesús con sus regalos. Sin duda tenía las mejores sábanas, los mejores platos, la comida más fresca. ¡Pero, en medio del caos, había perdido de vista a su invitado de honor! Había perdido de vista lo que él quería regalarle: su paz, su enseñanza, su compañía.

Los regalos de Jesús siempre están primero. Los recibimos a través de la Comunión, de la lectura de la Biblia, de la adoración, de la predicación, del Bautismo, de la oración y también a través del cuidado de otros cristianos. Y es maravilloso cuando podemos sentarnos por un minuto para recibir esos regalos con todo nuestro corazón y atención, sin estar pendientes de nuestro celular o de las cosas que tenemos para hacer.

Jesús nos invita a descansar y escucharlo. Él nos dice: “Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma; porque mi yugo es fácil, y mi carga es liviana” (Mateo 11: 28-30). Recibamos Su regalo de descanso.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a descansar en ti y a recibir los regalos que tú tienes para darme. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que Marta estaba más interesada en servir a Jesús o en entrenar a María en los quehaceres domésticos?

2.- ¿Cómo podemos evitar dedicar tiempo a las cosas menos importantes, para dedicarnos a las que realmente importan?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Sin mancha e irreprensible - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 06/08/2019

Sin mancha e irreprensible

Y aunque ustedes antes estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en malas obras, sin embargo, ahora Dios los ha reconciliado en Cristo en Su cuerpo de carne, mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él. Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio que han oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo, y del cual yo, Pablo, fui hecho ministro (servidor).

Colosenses 1:22-23 NBLH

“Estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en malas obras”… ¡Guau! Esto sí que es fuerte, ¿no? Cuando leo estas palabras me vienen a la mente imágenes de criminales que cometen actos brutales, sinvergüenzas que hacen todo tipo de mal, cuyas mentes están en contra de las cosas buenas y piadosas; sí, sin duda ellos están “alejados y tienen el ánimo hostil”.

Pero la triste verdad es que esa descripción nos cabe a todos. Para que no lo olvidemos, aquí está el sobrio recordatorio del apóstol Pablo: “¡No hay ni uno solo que sea justo! No hay quien entienda; no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido. No hay quien haga lo bueno, ¡no hay ni siquiera uno!” (Romanos 3:10b-12), y “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Pero no tiene que ser así. Dios es el gran Reconciliador. Junto con los creyentes en Colosas que se aferran a la verdad, Pablo dice que nuestro estar alejados y con ánimo hostil ha terminado. Ya no somos más lo que “alguna vez fuimos”. Despojados de nuestras manchas y beligerancia, Dios nos ofrece una liberación total a través de la fe, un nuevo estatus como pueblo de Dios ahora presentable a través de la obra suficiente de Cristo en la cruz.

Esta es la gracia que Dios el Padre nos ofrece a ti y a mí. Es un mensaje de esperanza para nuestra transformación y un perdón divino para nuestros pecados. Independientemente de la vida que hayamos vivido o de las cosas que hayamos hecho, Jesús cargó todo a la cruz, lo enterró en la tumba y triunfó sobre ello en su resurrección. Nadie está fuera del alcance del amor de Dios. “Vengan ahora y pongamos las cosas en claro. Si sus pecados son como la grana, se pondrán blancos como la nieve. Si son rojos como el carmesí, se pondrán blancos como la lana” (Isaías 1:18).

Jesús ha hecho esto posible. Él está listo para presentarte “santo, sin mancha e irreprensible” ante Dios Padre. Él nos dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entra, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas” (Juan 10:9-11).

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por hacernos santos a través de la fe en tu amado Hijo. En su Nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿De qué manera había sido el Evangelio “proclamado a toda la creación debajo del cielo” en tiempos de Pablo?

2.- ¿Cómo se traduce en tu vida diaria el que hayas sido redimido del pecado?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Regalos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 05/08/2019

Regalos

Después el Señor se le apareció a Abrahán en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la entrada de su tienda, en el calor del día. Al levantar los ojos vio que allí, junto a él, había tres varones. Al verlos, rápidamente se levantó de la entrada de su tienda para recibirlos. Se postró en tierra, y dijo: «Señor, si en verdad he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no te apartes de este siervo tuyo. Mandaré traer un poco de agua, para que ustedes se laven los pies, y luego podrán descansar debajo de un árbol. Traeré también un bocado de pan, para que recobre fuerzas su corazón, y luego seguirán su camino. ¡Para eso han pasado ustedes cerca de este su siervo!». Y ellos dijeron: «Haz todo tal y como has dicho». Entonces Abrahán fue de prisa a la tienda de Sara, y le dijo: «Toma pronto tres medidas de flor de harina, amásala, y cuece unos panes». Luego corrió Abrahán a donde estaban las vacas y tomó un becerro tierno y bueno, se lo dio al criado, y éste se apresuró a prepararlo. Tomó además mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y poniéndolo ante ellos se quedó a su lado debajo del árbol, mientras ellos comían. Ellos le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Y él respondió: «Aquí, en la tienda». Uno de ellos dijo: «Ten por seguro que volveré a ti, y conforme al tiempo de gestación Sara tu mujer tendrá un hijo».

Génesis 18:1-10a

Génesis 18 nos cuenta la historia del día en que Dios y dos de sus ángeles fueron a visitar a Abraham. Abraham levantó la vista y vio a tres viajeros de pie frente a él. Inmediatamente, les dio la bienvenida y los instó a sentarse a la sombra, mientras la familia les preparaba una comida.

Esto no debe sorprendernos. Así era como se trataba a los viajeros en aquellos días. Lo sorprendente es lo lejos que Abraham lo llevó. Primero corrió hacia su esposa y le pidió que hiciera pan, ¡usando más de cinco galones de harina para solo tres personas! Hizo matar un becerro para asarlo, completó la comida con leche y cuajada, y luego se detuvo junto a sus visitantes mientras comían, listos para traerles cualquier otra cosa que pudieran necesitar.

Parece ser una cantidad de comida exagerada. Sin embargo, está claro que en algún momento durante la visita, Abraham reconoció a sus visitantes. Se dio cuenta de que era el Señor mismo quien había llegado a su familia. Eso podría explicar por qué Abraham hizo todo lo posible por agasajar bien a sus visitantes. Era su manera de mostrar amor y adoración al Señor: un regalo.

Pero Abraham tuvo una sorpresa, porque Dios también estaba planeando darle un regalo a su familia. El Señor le dijo: “Ten por seguro que volveré a ti, y conforme al tiempo de gestación Sara tu mujer tendrá un hijo”. Y eso es lo que sucedió. Dios superó la generosidad de Abraham con su propio regalo de amor.

Dios también ha hecho eso por nosotros: nos ha dado a su propio Hijo, Jesús, para que se convirtiera en nuestro Salvador, de modo que todos los que confían en Él sean hijos de Dios y tengan vida eterna. Debido a que Jesús murió y resucitó por nosotros, los que le pertenecemos festejaremos con Él en el reino de Dios.

¿Qué regalo más generoso podría dar Dios?

ORACIÓN: Padre santo, gracias por el regalo de tu Hijo Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo crees que Abraham se dio cuenta de quién era su visita?

2.- Dios viene a nosotros a través de su Palabra. ¿Cómo te preparas para recibirlo?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Cara a cara - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 02/08/2019

Cara a cara

Cuando dijiste: “Busquen Mi rostro”, mi corazón te respondió: “Tu rostro, Señor, buscaré”. No escondas Tu rostro de mí; no rechaces con ira a Tu siervo; Tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación.

Salmo 27:8-9 NBLH

Dios nos da una orden y una invitación: “Busca mi rostro”. El salmista responde que él busca el rostro del Señor y suplica: “No escondas de mí tu rostro”. No todos sentimos lo mismo. Cuando el Señor llamó a Moisés desde la zarza ardiente, “Moisés escondió su rostro, porque temía mirar a Dios” (Éxodo 3:6b). Esa reacción inicial cambiaría, y se nos dice que Dios “acostumbraba hablar con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Éxodo 33:11b NBLH). Tan cercanos y personales fueron esos encuentros, que luego el rostro de Moisés brillaba al reflejar la gloria de Dios. Pero, a pesar de tener una comunicación tan íntima, llegó un día en que Moisés pidió más: quería ver la gloria de Dios. Afortunadamente, Dios rechazó su solicitud, porque nadie podía verlo y vivir. A cambio, Dios le permitió tener apenas un vistazo de Su gloria.

Siglos más tarde, cuando era el momento adecuado, el mundo recibió mucho más que una breve visión de la gloria de Dios, esta vez seguramente resguardada en carne humana. En la persona de Jesucristo, el Dios que una vez habló cara a cara con Moisés caminó en la tierra entre las personas que Él creó y amó. Jesús se encontró cara a cara con jóvenes y viejos, amigos y seguidores y con quienes lo rechazaron. El Hijo de Dios miró al mundo con compasión y, cuando llegó su hora, ofreció su vida inocente como el sacrificio perfecto por los pecados del mundo. Mientras colgaba indefenso en la cruz, sus seguidores huyeron y sus enemigos se burlaron de él. Hasta su Padre celestial apartó su rostro de él. Jesús clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46b).

El salmista reza: “No me deseches; ¡no me desampares, oh Dios de mi salvación!”. Nuestro Dios no es indiferente a lo que nos sucede en la vida. Así nos lo ha mostrado en Jesús quien, luego de haber sido abandonado al sufrimiento y la muerte en la cruz, Dios lo levantó de la muerte para darnos perdón y vida eterna. A través del sacrificio expiatorio de Cristo, el rostro del Padre se vuelve hacia nosotros en amor y compasión.

Así como el Señor habló a Moisés para bendecir al pueblo de Israel, nos habla también a nosotros hoy: “El Señor te bendiga y te guarde; El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti Su rostro, y te dé paz” (Números 6: 24-26).

ORACIÓN: Señor, guíanos por el poder de tu Espíritu para que te busquemos en tu santa Palabra hasta que llegue el día en que, por tu gracia, nos encontremos contigo cara a cara. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- Si alguien te lastima u ofende, ¿se sentiría cómodo buscando tu perdón y comprensión?

2.- Cuando la vida te golpea, ¿buscas a Dios, o te apoyas en tus propias fuerzas para salir adelante?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

La pregunta correcta - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 01082019

La pregunta correcta

En ese momento, un intérprete de la ley se levantó y, para poner a prueba a Jesús, dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees allí?». El intérprete de la ley respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Has contestado correctamente. Haz esto, y vivirás».

Lucas 10:25-28

¿Alguna vez hiciste una pregunta tan confusa que no solo no estaba bien, sino que ni siquiera estaba mal? Eso pasó con el abogado que decidió probar a Jesús. “Maestro”, pregunta, “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”. ¡Ouchi! Escucha otra vez: “¿Qué debo hacer?”. O quizás el énfasis deba ser: “¿Qué debo yo hacer?”. Sea como sea, todo se resume en las buenas acciones y no en la gracia que Dios da; solo está interesado en lo que él hace. Está tan confundido, ¡que ni siquiera está equivocado!

Y Jesús lo sabe. Pero sigue adelante y le permite que continúe con su argumento hasta llegar a una conclusión lógica. “¿Qué está escrito en la ley?”. “Bueno”, dice el hombre, “hay que hacer esto y aquello”. Y Jesús le responde: “Bien. Hazlo, y vivirás”.

Pero ese no es el final de la conversación, ni para el abogado ni para Jesús. El abogado, pobre tonto, intenta justificarse a sí mismo, ¡pero Jesús sabe que no puede! Ningún ser humano se va a justificar a sí mismo al guardar los Mandamientos. Cada uno de nosotros los ha transgredido. Jesús dice: “Haz esto y vivirás”, claro. Pero, ¡ninguno de nosotros puede “hacer esto!”.

Pero Jesús es misericordioso. Entonces continúa contándole la historia de un hombre judío (como el abogado) que es asaltado y abandonado por muerto a un lado del camino. ¿Quién lo va a ayudar, si él no puede ayudarse a sí mismo? Solo un hombre: un hombre bondadoso, misericordioso y amoroso que le limpia y cubre las heridas, lo pone en su burro, lo lleva a un lugar seguro, lo cuida toda la noche y paga para que lo sigan cuidando.

¿Suena como alguien que conoces? Por supuesto que sí. Ese hombre, ese buen samaritano, suena como Jesús. Suena como el Hijo de Dios, el Salvador del mundo que nos encontró a cada uno de nosotros asaltados, heridos y medio muertos por causa del diablo.

Jesús no nos pasó por alto. Tampoco nos dejó a que nos rescatemos a nosotros mismos haciendo tantas buenas obras como pudiéramos hasta que, de alguna manera, compensemos nuestro propio pecado y nos restauremos a nosotros mismos a la salud espiritual. No, Jesús nos recogió, vendó nuestras heridas, se ocupó de nuestro cuidado y restauró nuestra salud. Más aún: renunció a su vida para que pudiéramos conocer la vida de quienes pertenecen a Dios. Y cuando resucitó de entre los muertos, nos ofreció a todos los que confiamos en él esa misma vida eterna como un don de amor puro y bondadoso.

“¿Qué debo yo hacer para ser salvo?”, fue la pregunta. Jesús responde: “Esto es lo que yo hice para salvarte”.

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por cuidarnos y amarnos a pesar de no merecerlo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué crees que debes hacer para satisfacer las demandas de la justicia de Dios?

2.- ¿Qué te resulta más difícil: amar a Dios con todo tu ser, o amar al prójimo como a ti mismo? ¿Por qué?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail: