"Sí, Jesús lo sabe. Él sabe cuándo estamos entre la espada y la pared y sentimos como que no hay esperanza" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile: "Jesús te entiende" - 11/02/2020

Jesús te entiende

Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud. Ciertamente él no vino para ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán. Por eso le era necesario ser semejante a sus hermanos en todo: para que llegara a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiara los pecados del pueblo. Puesto que él mismo sufrió la tentación, es poderoso para ayudar a los que son tentados.

Hebreos 2:14-18

Cuando te enfrentas a un evento difícil o traumático en tu vida, ¿te ayuda saber que otros han pasado por algo similar?

Puede ser reconfortante saber que no estamos solos en lo que estamos enfrentando, que otros han atravesado una tragedia similar y han salido más fuertes. Esto parece especialmente cierto cuando se pasa por una enfermedad grave o la pérdida de un ser querido.

A veces se forjan fuertes lazos entre quienes han experimentado eventos similares como el cáncer, la destrucción de sus hogares y propiedades por un desastre natural, la pérdida de un hijo o nieto. En esos momentos puede parecer que no hay esperanza ni luz alguna al final del túnel. Pero saber que no estamos solos, que podemos apoyarnos en alguien que entiende nuestra angustia y dolor abrumador, puede ser una medicina fuerte para nuestro espíritu enfermo.

Esto ciertamente es a lo que el escritor del libro de Hebreos se refiere en nuestro pasaje de hoy. El Padre Celestial, en su provisión sabia y generosa, designó a su propio Hijo para ser como nosotros (véase Juan 1:14), para “ser semejante a sus hermanos en todo”, para experimentar lo que experimentamos, para conocer plenamente a nuestro nivel la angustia, la tentación, el dolor y el sufrimiento que son parte del ser humano.

Jesús entendió nuestra angustia. La vio en las personas perdidas y confundidas que necesitaban desesperadamente la curación que él tenía (ver Mateo 9:35-38). Experimentó nuestras tentaciones cuando enfrentó al diablo en el desierto (ver Mateo 4: 1-11). Sintió nuestro dolor cuando lloró por la muerte de su amigo Lázaro (ver Juan 11:1-44). Y más de lo que podemos entender, Jesús asumió nuestro sufrimiento cuando fue a la cruz con nuestros pecados (ver Juan 19:1-37).

Sí, Jesús lo sabe. Él sabe cuándo estamos entre la espada y la pared y sentimos como que no hay esperanza. Él está con su mano extendida, diciéndonos: “Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma; porque mi yugo es fácil, y mi carga es liviana” (Mateo 11: 28-30).

No importa en qué momento de tu vida estés, no importa cuán lejos te sientas, Jesús entiende tu situación. Él te comprende. Acércate a Él en oración.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, revíveme con tu amor y el consuelo de tu presencia. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Quién estuvo contigo cuando estabas pasando por algo trágico? ¿Cómo te ayudó o apoyó?

2.- ¿De qué forma se fortalece tu fe al saber que Jesús enfrentó el mismo tipo de dificultades que enfrentamos nosotros?

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Lo que hay en nuestros corazones - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile (06/09/2019) - Texto en imagen: Y el Señor que murió y resucitó por nuestro bien no nos ignorará ni rechazará nuestras necesidades, incluso si nos parecen mundanas o indignas.

Lo que hay en nuestros corazones

Después de estos sucesos, la palabra del Señor vino a Abrán en una visión. Le dijo: «No temas, Abrán. Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande». Abrán respondió: «Mi Señor y Dios, ¿qué puedes darme, si no tengo hijos, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?». También dijo Abrán: «Mira que no me has dado descendencia. Mi heredero será un esclavo nacido en mi casa». Pero vino a él palabra del Señor, y le dijo: «Tu heredero no será éste, sino tu propio hijo». Entonces lo llevó afuera, y allí le dijo: «Fíjate ahora en los cielos, y cuenta las estrellas, si es que las puedes contar. ¡Así será tu descendencia!». Y Abrán creyó al Señor, y eso le fue contado por justicia.

Génesis 15:1-6

En la lectura de hoy, Dios se acerca a Abrán y le dice: “No temas, Abrán. Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande”. Pero Abrán responde triste: “Mi Señor y Dios, ¿qué puedes darme, si no tengo hijos… Mi heredero será un esclavo nacido en mi casa”.

Abrahán tenía buenas razones para cuestionar. Sin importar las maravillosas bendiciones que Dios le había prometido, en la mente de Abrán ninguna de ellas importaba si no iba a poder transmitirlas, si no iba a tener un hijo, si su familia iba a terminar en esa generación. ¿Dónde iban a quedar todas esas bendiciones? Eso lo preocupa mucho, porque tiene más de 75 años y su esposa Saraí ya había pasado por la menopausia. Entonces, en el momento en que Dios menciona las bendiciones, la mente de Abrán va directamente a la única cosa que falta: un hijo.

Abrán no es tímido para quejarse con Dios. De inmediato lo dice: “¿Qué puedes darme, si no tengo hijos?”. Va directo al grano, sin preocuparse por ofender a Dios o parecer quejumbroso o patético.

Y Dios lo bendice. No le grita por su honestidad, sino que concuerda con que es un problema y se compromete a resolverlo. De hecho, pasará cerca de 20 años en cumplir su promesa, pero Abrán no lo sabe. Todo lo que sabe es que Dios le ha dado una promesa, y las promesas de Dios son seguras. Y entonces se relaja, confiando en Dios. Y Dios considera que eso es bueno.

Quizás sea un buen ejemplo a seguir cuando tenemos problemas que pesan en nuestro corazón. No es bueno orar por mil cosas diferentes si nos mantenemos en silencio acerca de la preocupación más cercana a nuestro corazón, incluso si esa preocupación parece tonta o egoísta o demasiado trivial para molestar a Dios. Dios conoce nuestro corazón de todos modos. Él ve que estamos preocupados. Y entonces, lo mejor que podemos hacer es tomar lo que nos está molestando y confesarlo honestamente a Dios, pidiéndole su ayuda.

Él no se burlará de nosotros ni apartará su corazón de nosotros. ¿Cómo podría hacerlo, si es la única Persona que nos amó tanto que entregó su vida para salvarnos y hacernos suyos? Nuestros problemas son importantes para Él, porque somos sus amados. Y el Señor que murió y resucitó por nuestro bien no nos ignorará ni rechazará nuestras necesidades, incluso si nos parecen mundanas o indignas. Podemos acudir a Él como un hijo muy querido acude a su padre, confiando en que nuestro Padre nos escuchará. Ya sea que diga “sí” o “no”, o incluso “aún no”, nos escuchará y se preocupará por nosotros. Nosotros le importamos.

ORACIÓN: Querido Padre, ayúdame con los problemas que me preocupan. Ayúdame a confiar en ti con todas mis necesidades, por pequeñas que sean. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué crees que significa que la confianza de Abrán en Dios le fue contada como justicia?
2.- ¿Qué puedes hacer para que tus conversaciones con Dios sean más abiertas y directas?

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Regalos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 05/08/2019

Regalos

Después el Señor se le apareció a Abrahán en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la entrada de su tienda, en el calor del día. Al levantar los ojos vio que allí, junto a él, había tres varones. Al verlos, rápidamente se levantó de la entrada de su tienda para recibirlos. Se postró en tierra, y dijo: «Señor, si en verdad he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no te apartes de este siervo tuyo. Mandaré traer un poco de agua, para que ustedes se laven los pies, y luego podrán descansar debajo de un árbol. Traeré también un bocado de pan, para que recobre fuerzas su corazón, y luego seguirán su camino. ¡Para eso han pasado ustedes cerca de este su siervo!». Y ellos dijeron: «Haz todo tal y como has dicho». Entonces Abrahán fue de prisa a la tienda de Sara, y le dijo: «Toma pronto tres medidas de flor de harina, amásala, y cuece unos panes». Luego corrió Abrahán a donde estaban las vacas y tomó un becerro tierno y bueno, se lo dio al criado, y éste se apresuró a prepararlo. Tomó además mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y poniéndolo ante ellos se quedó a su lado debajo del árbol, mientras ellos comían. Ellos le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Y él respondió: «Aquí, en la tienda». Uno de ellos dijo: «Ten por seguro que volveré a ti, y conforme al tiempo de gestación Sara tu mujer tendrá un hijo».

Génesis 18:1-10a

Génesis 18 nos cuenta la historia del día en que Dios y dos de sus ángeles fueron a visitar a Abraham. Abraham levantó la vista y vio a tres viajeros de pie frente a él. Inmediatamente, les dio la bienvenida y los instó a sentarse a la sombra, mientras la familia les preparaba una comida.

Esto no debe sorprendernos. Así era como se trataba a los viajeros en aquellos días. Lo sorprendente es lo lejos que Abraham lo llevó. Primero corrió hacia su esposa y le pidió que hiciera pan, ¡usando más de cinco galones de harina para solo tres personas! Hizo matar un becerro para asarlo, completó la comida con leche y cuajada, y luego se detuvo junto a sus visitantes mientras comían, listos para traerles cualquier otra cosa que pudieran necesitar.

Parece ser una cantidad de comida exagerada. Sin embargo, está claro que en algún momento durante la visita, Abraham reconoció a sus visitantes. Se dio cuenta de que era el Señor mismo quien había llegado a su familia. Eso podría explicar por qué Abraham hizo todo lo posible por agasajar bien a sus visitantes. Era su manera de mostrar amor y adoración al Señor: un regalo.

Pero Abraham tuvo una sorpresa, porque Dios también estaba planeando darle un regalo a su familia. El Señor le dijo: “Ten por seguro que volveré a ti, y conforme al tiempo de gestación Sara tu mujer tendrá un hijo”. Y eso es lo que sucedió. Dios superó la generosidad de Abraham con su propio regalo de amor.

Dios también ha hecho eso por nosotros: nos ha dado a su propio Hijo, Jesús, para que se convirtiera en nuestro Salvador, de modo que todos los que confían en Él sean hijos de Dios y tengan vida eterna. Debido a que Jesús murió y resucitó por nosotros, los que le pertenecemos festejaremos con Él en el reino de Dios.

¿Qué regalo más generoso podría dar Dios?

ORACIÓN: Padre santo, gracias por el regalo de tu Hijo Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo crees que Abraham se dio cuenta de quién era su visita?

2.- Dios viene a nosotros a través de su Palabra. ¿Cómo te preparas para recibirlo?

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Una espera muy larga | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile | 06122018

Una espera muy larga

Abrahán engendró a Isaac… Mateo 1:2a

 

“Abrahán engendró a Isaac…” Si hay un versículo en el Nuevo Testamento que a Abrahán le hubiera gustado leer antes de tiempo, probablemente sea éste. Dios se acercó a un hombre sin hijos en el antiguo Medio Oriente y le prometió: “Yo haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2). Esa promesa la cumplió 25 años después, cuando nació Isaac.

¡Cuánto tiempo para esperar en fe! Pero valió la pena, como lo comprobaron Abrahán y Sara al acunar en sus brazos a su hijo recién nacido.

La otra parte de la promesa tomó todavía más tiempo. Dios le dijo: “… serás bendición… y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12: 3). Dios se refería a Jesús, el descendiente de Abrahán, que se entregaría a sí mismo por la vida de la humanidad. El pueblo de Dios esperaría aproximadamente 2.000 años para ver cumplida esa promesa. Pero valió la pena, como todos los hijos perdonados de Dios saben.

¿Estás esperando algo? Tal vez sea algo que sucederá en un futuro cercano, como la graduación de la universidad, una boda, un nacimiento, el comienzo de un nuevo trabajo o la jubilación. O puede ser algo que no sucederá hasta que Jesús regrese y nos levante a todos de la muerte; o la reconciliación con un ser querido; o que haya paz en la tierra. Sea lo que sea, podemos esperar con esperanza confiando en que valdrá la pena, porque el Señor siempre cumple sus promesas.

ORACIÓN: Señor, mientras espero, mantenme confiando en ti. Amén.

 

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