Levantado y restaurado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/07/2019

Levantado y restaurado

Todos los que me odian se unen contra mí y sólo piensan malas cosas. Hasta dicen: «Lo que tiene es cosa del demonio; cayó en cama, y no volverá a levantarse». Aun mi mejor amigo, en quien yo confiaba, el que comía conmigo, me ha traicionado. Y a mí, ¡sostenme por causa de mi integridad! ¡permíteme estar en tu presencia para siempre!

Salmo 41:7-9, 12

David tenía razones para creer que había quienes querían atraparlo, porque era cierto. El rey Saúl, consumido por una furia celosa, trataba de matarlo por lo que lo persiguió a través del desierto. Como rey, David luchó contra los enemigos de Israel y se vio obligado a sofocar una rebelión inspirada por su propio hijo. Con pensamientos ilusorios, los enemigos del salmista preguntan: “¿Cuándo morirá? ¿Cuándo será olvidado?” (Salmo 41:5).

Quizás compartamos con razón los temores de David y nos unamos a él en su clamor a Dios. Los enemigos reales e imaginarios nos persiguen. El mundo que nos rodea vive en un conflicto permanente. El miedo y la duda, la enfermedad y el dolor, el pecado y la muerte nos amenazan y abruman. Satanás, nuestro principal enemigo, está siempre tratando de hacernos caer. Pero David conocía la respuesta a sus problemas: ¡Dichoso aquél que piensa en los pobres! En los días malos el Señor lo ayudará” (Salmo 41:1).

El Señor de David es nuestro Señor, el Hijo mayor de David, nuestro Salvador Jesucristo. Jesús ciertamente consideró a los pobres; nos consideró a nosotros y puso nuestras necesidades por encima de las suyas. A lo largo de su ministerio terrenal los enemigos lo persiguieron, preguntándose con intenciones maliciosas: “¿Cuándo morirá? ¿Cuándo será olvidado?”.

Los oponentes de Jesús imaginaron lo peor para él y lo hicieron realidad. Un amigo cercano, un discípulo, traicionó al Hijo de David entregándolo en manos de sus enemigos y esos enemigos se regocijaron: «Lo que tiene es cosa del demonio; cayó en cama, y no volverá a levantarse». La ira mortal de Dios contra nuestro pecado fue derramada sobre Jesús; el Hijo de Dios sin pecado sufrió la pena de muerte en nuestro lugar.

Pero el triunfo de los enemigos duró poco: solo tres días. Jesús fue levantado de la muerte en la primera mañana de Pascua, victorioso sobre todos los enemigos. David expresa su confianza en los actos redentores de Dios en su vida, en la vida del Mesías y en nuestras vidas. De acuerdo con el canto de alabanza de David, Dios libera, protege, sostiene, restaura y nos pone en su presencia para siempre. Hace mucho tiempo, inspirado por el Espíritu Santo, David sabía que la victoria sería suya. Y ahora, en Cristo nuestro Señor, también es nuestra victoria.

ORACIÓN: Señor Jesús, Hijo de David, consuélanos con las promesas de tu Palabra. Perdona nuestros pecados, líbranos de todo mal y llévanos a salvo a tu reino celestial. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

¿En algún momento te has sentido perseguido? ¿Dónde o en qué buscaste ayuda?
¿Qué le dirías a alguien que está pasando por un momento similar?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Algunas palabras de David - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17/07/2019

Algunas palabras de David

No te fijes ya en mis pecados; más bien, borra todas mis maldades. Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud! ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!

Salmo 51:9-11

Al igual que con el salmista David, así debe ser siempre que los cristianos lloremos penitentemente por el perdón de nuestros pecados, suplicando que la culpa y el castigo sean eliminados. Pero también tenemos otra necesidad y requisito más urgente: necesitamos al Espíritu Santo. El pecado de nuestra vida y de incontables generaciones pasadas ha hecho más que acumular culpabilidad y castigo; ha arruinado nuestra fuerza de voluntad; ha pervertido nuestra comprensión; ha arruinado nuestro carácter.

Por causa del pecado, todo nuestro cuerpo, mente y espíritu, nuestro corazón y todos sus impulsos se han vuelto caprichosos, inestables, inciertos, inconstantes y no confiables. El pecado nos ha dominado y esclavizado durante tanto tiempo, que no podemos deshacernos de su poder y control. Aunque tenemos las mejores intenciones y hacemos las más solemnes resoluciones, a menudo nos encontramos presos del mal que nos rodea.

Nuestro corazón descarriado nos impulsa de locura a locura, amenazando con enredarnos cada vez más desesperadamente en una interminable red de malas acciones. Esta condición pecaminosa nubla nuestra comprensión de la Palabra de Dios. Nos hace dudar del estado de gracia en el que estamos y, tristemente, la incredulidad del mundo que nos rodea encuentra un eco en nuestros corazones.

Pero Jesús es un sanador del pecado y la vergüenza. Él no retrocede ante nuestra condición, sino que nos sana completamente devolviéndonos la salud y el vigor y regenerando y renovando nuestro corazón. Él no solo perdona nuestros pecados, sino que también nos da el don del Espíritu Santo. Así, David también oró por el perdón y un nuevo corazón en su gran salmo penitencial.

“No te fijes ya en mis pecados; más bien, borra todas mis maldades. Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud! ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!”. Padre celestial, lávame con la sangre de tu Hijo Jesús. Sana mi vida de las enfermedades mortales del pecado y haz que mi corazón lata con deseos limpios y santos.

“¡Renueva en mí un espíritu de rectitud!”. Hazlo firme, inalterable en tu Palabra y capacitado para seguirte. Hazme inquebrantable en tu gracia y permíteme ver claramente la verdad para que pueda cumplirla contra cualquier mal.

“¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!”. Sin tu Espíritu, sería la presa desesperada de mi propia carne, del mundo y de los astutos engaños de Satanás. Con tu Espíritu puedo vencer todas las cosas.

ORACIÓN: Padre celestial, llénanos con el amor, la alegría y la luz de tu Espíritu Santo. Amén.

The Lutheran Layman

Para reflexionar:

¿Qué motivos tenía David para sentirse sucio delante Dios?
¿Cómo está tu corazón delante de Dios?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Para siempre dichoso - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11/07/2019

Para siempre dichoso

…porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel. Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!

Salmo 16:10-11

Dios nos ha dicho: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Por su parte, el rey David dijo: “Yo declaro, Señor, que tú eres mi dueño; que sin ti no tengo ningún bien” (Salmo 16:2), y: “¡Grandes dolores esperan a sus seguidores!” (Salmo 16:4a). Y el profeta Isaías afirmó: “…pero emprenderán la huida en completa vergüenza los que confían en los ídolos” (Isaías 42:17a).

Si bien muchos fueron tras otros dioses, David se mantuvo fiel al Dios de Israel así como su descendiente, Jesucristo, también se mantendría fiel. Jesús fue obediente hasta la muerte, pagando el precio de nuestra redención con su sangre preciosa. A lo largo de su ministerio terrenal Jesús, Hijo de David, habitaría, y luego moriría seguro en la promesa pronunciada por su antepasado: “Porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel…!”.

Después que Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo fue derramado sobre sus discípulos. En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro usó las palabras de la promesa de vida y resurrección del salmo para identificar a Jesús como el Mesías crucificado y resucitado. Pedro dice a la multitud en Jerusalén: “que nuestro patriarca David murió y fue sepultado, y que hoy sabemos dónde está su sepulcro entre nosotros” (Hechos 2:29). La tumba estaba allí, y también David. Pero como profeta, David esperaba a su Hijo prometido. Habló del Cristo que, aunque sufrió la muerte, no sería abandonado en el lugar de la muerte. Jesús el Cristo resucitó de entre los muertos. Su tumba, en ese día de Pentecostés, también estaba cerca y estaba vacía.

¡Dios levantó a su Hijo de los muertos! ¡Aleluya! El Salvador conoce la plenitud de gozo a la diestra del Padre y, un día, así lo haremos nosotros. Nuestras tumbas nos retendrán por un momento, pero cuando Jesús nuestro Señor, el Hijo de David, regrese, nos levantará de la muerte y nuestras tumbas quedarán vacías como la de él. Vestidos de inmortalidad, conoceremos la plenitud de la alegría y, a la diestra de Dios, la dicha eterna.

ORACIÓN: Jesús, Hijo de David, en tu muerte y resurrección tenemos la esperanza y la promesa de nuestra resurrección a la vida eterna. Por el poder de tu Espíritu, ayúdanos a vivir fieles a ti mientras esperamos tu regreso. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

¿Qué significa para ti que “¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”?
¿Qué estás haciendo ahora para prepararte para vivir para siempre?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Nuestro escudo y orgullo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 04/07/2019

Nuestro escudo y orgullo

Pero tú, Señor, me rodeas como un escudo; eres mi orgullo, el que sostiene mi vida. Con mi voz clamaré a ti, Señor, y tú me responderás desde tu lugar santo.

Salmo 3:3-4

A pesar de que somos libres de adorar como deseamos, hay momentos que queremos clamar al igual que el salmista David: “Señor, ¡cómo han aumentado mis enemigos!” (Salmo 3:1a). Aunque no suframos persecución, daño físico o pérdida de posesiones materiales, podemos ser ridiculizados por nuestra fe; o nuestra confianza en Cristo puede simplemente ser descartada como inútil. Ciertamente, los enemigos como el miedo, la duda y la culpa siempre nos acosan, y el diablo, nuestro principal enemigo, busca incesantemente nuestra caída.

Vivimos en una sociedad que se burla cada vez más de quienes seguimos a Jesús. Muchos oponentes sugieren: “Pueden seguir practicando su fe, pero siempre y cuando lo hagan en privado”. Cuando invitamos a otros a examinar la verdad de la fe cristiana, a encontrar a Jesús, que es la verdad, la respuesta bien podría ser: “Tú tienes tu verdad y yo la mía”. David se enfrentó a una respuesta similar, y así lo expresa en el salmo: “Son muchos los que me dicen que tú no vendrás en mi ayuda” (Salmo 3:2).

Pero David tiene la respuesta. Él no se avergüenza de confesar la verdad de su salvación, y tampoco debemos nosotros: “Pero tú, Señor, me rodeas como un escudo; eres mi orgullo, el que sostiene mi vida”.


Dios nos protege y sostiene nuestra vida con esperanza porque hace mucho tiempo Él nos respondió desde su “lugar santo” (Salmo 3:4b). En una colina santa en las afueras de Jerusalén, nuestro Señor Jesús soportó la burla y el ridículo de los espectadores que acudieron a observar su ejecución: “Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo” (Lucas 23:35b). Él no quiso salvarse a sí mismo, porque al colgar de la cruz en esa colina sagrada nos estaba salvando… a nosotros. El sufrimiento de nuestro Señor acabó, en las palabras del salmo: “yo me acuesto, y duermo” el sueño de la muerte. El mismo salmo pudo haber formado la oración de nuestro Salvador en la primera mañana de Pascua: “Y despierto porque tú, Señor, me sostienes” (Salmo 3:5).

Cada día nos acostamos a dormir confiados en que el Señor, quien se dio a sí mismo para salvarnos, nos sostendrá durante toda la noche, y durante el nuevo día será nuestro escudo y nuestro orgullo. Un día, como lo hizo nuestro Señor Jesús, nos acostaremos y dormiremos el sueño de la muerte. Pero al igual que con nuestro Señor, nosotros también despertaremos de la muerte porque el Señor que nos sostiene ahora a través de la vida nos elevará a la vida eterna y nos sostendrá en Su presencia para siempre.

ORACIÓN: Señor Jesús, cuando los enemigos, reales e imaginarios, se alzan contra nosotros, sostennos con tu poder. Fortalece y alienta a todos los que sufren persecución por tu santo Nombre. Sé nuestro escudo y nuestro orgullo y levántanos en triunfo. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

  1. ¿De qué manera crees que la sociedad que te rodea menosprecia o eleva a quienes buscan ayuda en Dios?
  2. ¿Qué haces cuando te sientes presionado o rechazado por tu fe?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

¿Quiénes creemos que somos? - Arrogancia- Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 12022019

¿Quiénes creemos que somos?

¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos. Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión. Salmo 19:12-13 (LBLA)

 

“¿Quién te crees que eres?” puede ser dicho como una suave instigación en manos de un consejero astuto, o puede ser una acusación de arrogancia por parte de alguien ofendido por tu comportamiento o palabras.

 

La arrogancia presupone el derecho a decir: “¡Tengo derecho al favoritismo por mis grandes contribuciones a la sociedad! ¡Estoy por encima de todos y soy más inteligente que todos!”. Tales personas creen que el mundo les debe un favor, y el tamaño de ese favor es proporcional a la arrogancia que poseen.

 

Tal vez conozcas a alguien cuya excesiva arrogancia inhibe tu capacidad de ser educado en su presencia. Hasta su supuesta humildad es irritante. Me recuerda una cita atribuida a Golda Meir, ex primera ministra de Israel, quien una vez dijo a un dignatario VIP visitante: “No seas tan humilde; no eres tan genial”.

 

¿Somos culpables de una arrogancia similar? ¿Obstaculiza ella nuestro testimonio?

 

“Guarda a tu siervo de los pecados de soberbia”, suplica el salmista. ¿Qué son los “pecados de soberbia”? Esto habla de nuestra insistencia en pecar, creyendo que Dios al final nos va a perdonar y que, mientras tanto, todo va bien con nuestras almas. Los luteranos, por extraño que parezca, pueden ser particularmente susceptibles a este tipo de pecado.

 

¿Por qué? Porque nuestra piadosa confesión y absolución de pecados, con la que comenzamos cada servicio de adoración, puede darle a uno la idea de que Dios perdona los pecados semanalmente, independientemente de nuestra intención de enmendar nuestras vidas. “…Que [los pecados de soberbia] no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión”, suplica el salmista David. El pecado de soberbia es una transgresión “grande” porque posee la capacidad de dominar y arruinar la vida santificada en Cristo.

 

Considera al autor de este salmo: el rey David, el dulce salmista de Israel; David el vencedor sobre todos los enemigos de Dios desde su juventud; David, bendecido con riquezas, esposas e hijos en abundancia; David, la mano derecha de Dios en la tierra, específicamente elegido por encima de sus hermanos para dirigir a todo Israel.

 

Seguramente, David debe haberse sentido especial, apartado y favorecido por Dios. Con esta lluvia de bendiciones celestiales, David supuso que Dios siempre sería misericordioso con él, a pesar de los deambulaciones de su propio corazón. Tal presunción cree erróneamente que el mérito de la gracia de Dios le pertenece completamente a David y no a Dios.

 

Luego apareció Betsabé: el pecado de soberbia de David.

 

Conocemos el resto de la historia: problemas por todas partes. Nunca salieron de la casa de David. ¿La lección? Sé sabio, teme a Dios, aléjate y ahórrate el castigo inevitable que seguirá. Sí, la gracia de Dios en Cristo Jesús es incondicional, eterna y más grande que nuestro pecado de soberbia. Pero cuando la tentación golpee, ¡mira a la cruz! Cuenta el costo y declara: “¿Cómo puedo tener la soberbia de pecar ante tal amor? ¿Quién creo que soy? ¿Cómo puedo pecar deliberadamente primero y suponer su perdón más tarde?

 

En vez de ello, busquemos a Dios en su Palabra, arrepintiéndonos por nuestros errores, rogándole seriamente por la gracia y el perdón que solo están disponibles a través de su Hijo Jesús.

 

ORACIÓN: Padre celestial, la próxima vez que pretenda pecar y presumir de tu perdón, dirige mi corazón a la cruz de Cristo y concédeme el verdadero arrepentimiento. Amén.

 

Dr. Mark Schreiber

 

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

 


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

La genealogía pecadora de Jesús / Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile / 07.12.2018

La genealogía pecadora de Jesús

… y con la que fue mujer de Urías el rey David engendró a Salomón. Mateo 1:6b

 

¿Por qué no escribir simplemente “David fue el padre de Salomón” y terminar la declaración allí, como con la mayoría de los otros pasos en esta genealogía? ¿Por qué siquiera mencionar el asunto?

 

Por la forma en que está escrito, el texto nos obliga a recordar que David cometió un gran pecado: cometió adulterio con la esposa de otro hombre y luego lo asesinó para encubrir su propio crimen. El gran Rey David fue adúltero y asesino. ¡Qué historia para encontrar en medio de la genealogía de Jesús!

 

Y, sin embargo, ¿qué mejor lugar podría haber para encontrarla? La historia de David nos recuerda que entre los antepasados de Jesús se encontraban algunos de los peores pecadores imaginables: personas culpables de asesinato, adulterio, prostitución, sacrilegio y sacrificio de niños, entre otros. Jesús compartía su ADN. Sus cuerpos sirvieron de base para el suyo. La genealogía del inmaculado Salvador del mundo estaba repleta de personas pecadoras.

 

¿Cómo puede ser esto? Cuando Dios llamó a Jesús Emanuel, que significa “Dios con nosotros”, lo dijo en serio. Jesús está verdaderamente con nosotros de la manera más íntima y personal. Él no se aleja de nosotros cuando pecamos; al contrario, viene a nosotros, incluso a nuestras profundidades más oscuras y vergonzosas, brilla su luz en nuestras vidas, nos limpia con su sangre derramada en la cruz, nos levanta del fango y nos hace hijos de Dios, lavados y puros con su misericordia. Jesús nació para hacer esto.

 

ORACIÓN: Señor Jesús, mantenme cerca de ti y límpiame de todos mis pecados. Gracias por amarme tanto. Amén.

 

© Copyright 2018 Cristo Para Todas Las Naciones

 

Editado por CPTLN – Chile