Solo esto - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27/01/2020

Solo esto

Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no se amedrentará; aunque me ataquen y me declaren la guerra, en esto fincaré mi confianza: Le he pedido al Señor, y sólo esto busco: habitar en su casa todos los días de mi vida, para contemplar su hermosura y solazarme en su templo.

Salmo 27:3-4

Las leyendas populares hablan de personas que reciben tres deseos, tal vez concedidos por una lámpara mágica o un duende capturado. Muchas veces esas personas, supuestamente afortunadas, se meten en problemas por pedir deseos tontos y, como consecuencia, se ven en la necesidad de usar su último deseo para salir de esos problemas.

David, el autor inspirado de nuestro salmo, no necesita leyendas populares ni deseos imaginarios. Con fe confiada, él lleva su única petición ante el trono de Dios. Antes de expresarla, David habla de los malhechores y adversarios que lo atacan y de los falsos testigos que se han levantado contra él. Podríamos esperar que el salmista le pidiera a Dios un poderoso ejército o tal vez unos ángeles de guardaespaldas personales.

Sin embargo, David no pide ninguna de esas cosas. Solo le pide una cosa al Señor: que le permita morar en el templo (en la casa del Señor) todos los días de su vida. Allí el Señor lo ocultará “en lo más recóndito de su templo” (Salmo 27:5b). Pero David no solo busca seguridad. Quiere morar en la casa del Señor “para contemplar su hermosura y (solazarse) en su templo”. El salmista quiere alabar la belleza y la majestad del Dios que lo salva de sus enemigos. Quiere aprender más sobre su Señor y Salvador. Rodeado de enemigos, pero protegido por el Señor, David se interesa sobre todo por la belleza del Señor y la preciosa sabiduría de su Palabra.

Nuestros enemigos físicos o invisibles (pero no menos reales) como la culpa, la preocupación y la duda, pueden rodearnos. Pero pedir tres deseos no sería de mucha ayuda. Al igual que el salmista, debemos buscar “solo esto”: estar en la casa del Señor, protegidos por su presencia y aprendiendo de su Palabra.

La Palabra da testimonio de la victoria que ya ha sido ganada sobre nuestros enemigos. Al igual que su antepasado David, Jesús nuestro Señor estaba rodeado de enemigos. Testigos falsos se levantaron contra él. Pero Jesús no fue liberado de sus enemigos. Por nuestro bien, Jesús fue condenado y crucificado, llevando nuestros pecados en su cuerpo a la cruz, sufriendo la pena de muerte en nuestro lugar. Por nosotros resucitó de la muerte y el pecado. La muerte y Satanás fueron derrotados.

Es “solo esto” lo que necesitamos: morar en la casa del Señor, alabar su gloria, alabarlo por todo lo que ha hecho por nosotros y aprender de su Palabra. Jesús, así como su antepasado David, habló de nuestros temores y de una sola cosa necesaria: “Por lo tanto, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33).

ORACIÓN: Señor, esperamos el día en que moraremos en tu presencia para siempre. Hasta entonces, guíanos por tu Espíritu para adorar en tu casa y aprender de tu santa Palabra. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿El tener fe en Dios te da seguridad y protección en tiempos de incertidumbre?

2.- -Si alguna vez sientes como si tuvieras muchos enemigos a tu alrededor, ¿qué harías?

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Caminando con cuidado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 16/07/2019

Caminando con cuidado

Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén. Envió mensajeros delante de él, y ellos se fueron y entraron en una aldea samaritana para prepararle todo; pero los de allí no lo recibieron porque se dieron cuenta de que su intención era ir a Jerusalén. Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya?». Pero Jesús se volvió y los reprendió. Y se fueron a otra aldea.

Lucas 9:51-56

Hay una historia muy oportuna sobre Jesús y los discípulos. Jesús viaja de Galilea a Jerusalén y decide hacerlo a través de Samaria, lo cual era algo inusual para un judío en esos días porque la mayoría de los judíos miraban a los samaritanos como mestizos y forasteros. Era básicamente una forma de racismo. De hecho, la mayoría de los judíos preferían tomar el camino más largo bordeando toda Samaria, con tal de evitar el contacto con ese pueblo.

Pero no Jesús; él no era racista. Planeó viajar a través de Samaria y para ello envió personas delante de él para que prepararan un lugar donde pudiera quedarse. A la gente de la aldea no le tomó mucho tiempo darse cuenta de que Jesús era un judío que iba camino a Jerusalén, su ciudad archirrival. El racismo engendra racismo, por lo que lo rechazaron y se negaron a tenerlo en su ciudad.

Naturalmente, eso hizo que Santiago y Juan se enojaran. Sin duda pensaron que estaban absolutamente justificados cuando se ofrecieron a hacer que cayera fuego del cielo para destruir esa aldea. Después de todo, ¡habían rechazado al Mesías! ¡Merecían el castigo de Dios! ¡Tenía que proteger a Jesús!

Pero Jesús los reprendió severamente. Su odio y su ira eran exactamente lo opuesto a lo que Jesús quería: no había venido a destruir a las personas de esa aldea, sino a salvarlas.

Entonces, ¿qué pasó con ellos? Hasta donde sabemos, nada en absoluto. Jesús reprendió a sus discípulos y fueron a quedarse a un pueblo diferente. Un pueblo samaritano diferente; que quede en claro. En cuanto a la aldea original… bueno, Jesús fue a Jerusalén para sufrir y morir por ellos, al igual que por el resto del mundo. Puede que no lo hayan amado, pero no importaba. Él los amó, al igual que a nosotros.

¿Y qué de nosotros cuando estamos justamente enojados con otros, o al menos así lo creemos? Jesús nos muestra el camino. No debemos hacerles daño de ninguna manera. No debemos amenazarlos, forzarlos o abusar de ellos. Ellos también son personas por quienes Jesús murió y resucitó de entre los muertos. Valen tanto para él como nosotros.

Esto no significa que debamos convertirnos en felpudos, sino que cuando entramos en conflicto con los demás, debemos hacer todo con mucho cuidado, con amor y amabilidad. Nuestros enemigos no son blancos de nuestra ira: son personas por las que Cristo murió porque las ama.

ORACIÓN: Señor Jesús, sabes lo difícil que es para mí mostrar amor a ciertas personas. Por favor ayúdame, y haz que mi corazón sea como el tuyo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Cómo te sientes cuando viajas por un territorio desconocido?
¿Cómo reaccionas cuando te sientes rechazado o despreciado?

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Coleccionando enemigos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Coleccionando enemigos

Coleccionando enemigos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24042019

Jesús miró a sus discípulos y les dijo: “… Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo. Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos. ¡Eso mismo hicieron con los profetas! (…) ¡Ay de ustedes, cuando todos los alaben!, porque lo mismo hacían con los falsos profetas los antepasados de esta gente” (Lucas 6:22-23, 26).

A nadie le gusta tener enemigos. Nos duele cuando alguien nos odia, se burla de nosotros o no nos quiere como amigos. ¿Y quién no ha sido víctima de rumores falsos? Algunos de nosotros ya comenzamos a sufrir cosas así en la escuela primaria. Y algunos todavía las sufrimos hoy.

Pero Jesús dice algo sorprendente: “Bienaventurados serán ustedes cuando, por causa del Hijo del Hombre, la gente los odie, los segregue, los vitupere, y menosprecie su nombre como algo malo”. Aparentemente, hay un momento en el que deberíamos estar contentos de tener enemigos que nos maltratan: cuando lo hacen por causa de Jesús.

Pero eso no sucede muy a menudo, ¿verdad? Piensa otra vez. Jesús también dice: “Ay de ti, cuando todas las personas hablen bien de ti, porque así hicieron sus padres a los falsos profetas”. Aparentemente, no tener enemigos es una mala señal. Sugiere que no estamos defendiendo lo que es correcto, que somos demasiado parecidos al mundo en el que vivimos, que encajamos mejor con los impíos que con Jesús. ¡Y eso no es bueno!

Cuando era adolescente solía preocuparme un poco porque no tenía enemigos. Pero con la edad adulta vinieron los enemigos. Una mujer me odiaba porque me vi obligada a llamar a las autoridades cuando la sorprendimos abusando de sus hijos. Hasta el día de hoy, estoy segura de que le gustaría verme muerta. Otro grupo de personas odiaba a mi esposo, el pastor, porque permitía que una mujer con una reputación terrible asistiera a la iglesia. Temían que la iglesia recibiera un mal nombre si acogía a los pecadores.

Los cristianos atraemos enemigos naturalmente, porque simplemente no encajamos bien en nuestro mundo. Si sigues a Cristo, tarde o temprano es probable que tengas que tomar una decisión: ¿hago lo correcto y enojo a alguien, o no hago nada y mantengo a todos contentos conmigo? Aunque estamos tentados a retirarnos, el Espíritu Santo nos empuja a hacer lo correcto. Y así comienza nuestra colección de enemigos.

No me malinterpretes. Algunas veces hacemos enemigos no porque estemos haciendo el bien, sino porque lo merecemos: en nuestra pecaminosidad lastimamos a alguien o nos portamos mal o avergonzamos el Nombre de Cristo. Si nuestros enemigos son resultado de nuestro mal comportamiento no tenemos nada de qué alegrarnos, sino que es hora de arrepentirnos. ¿Pero si hacemos lo que es correcto por el bien de nuestro Salvador Jesús y aun así nos hacemos de uno o dos enemigos? Entonces es cuando debemos recordar la promesa de Jesús: “Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos”.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a atraer enemigos solo por la razón correcta: por amor a ti y a tu pueblo. Amén.

Dra. Kari Vo

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Enemigos. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones (CPTLN) - Chile. 04/12/2018

Enemigos

Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón. Génesis 3:15

 

¿Puede ser bueno ser enemigos? Normalmente mi respuesta sería “no”. Ya lo aprendemos de niños, cuando nuestros padres nos dicen: “Pide perdón, haz las paces y hazte amigo”. Pero cuando se trata del diablo, la enemistad no es algo malo sino un regalo.

 

Escucha lo que Dios le dice al diablo luego que Adán y Eva le desobedecieron: “Pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre tu descendencia y su descendencia”. Hasta este punto, los seres humanos y el diablo no eran enemigos, y eso fue un problema. Cuando el diablo la tentó, Eva lo escuchó como a un amigo. Adán y Eva aceptaron su sugerencia como si él tuviera sus mejores intereses en el corazón, lo que por supuesto no era cierto. ¡Hubiera venido bien un poco de enemistad!

 

Y Dios se la da. Pero la enemistad no surgió de la nada. Dios dice: “Pondré enemistad… entre tu descendencia y su descendencia”. ¿De quién está hablando? De Jesús, el Salvador prometido que sería descendiente de Eva y vencería a todos los descendientes del diablo, es decir, a todos los poderes malvados que dañan a la humanidad.

 

Siendo Dios, Jesús conocía al diablo por lo que era: un rebelde, mentiroso y asesino. Y así es que Jesús tomó carne humana en defensa de la humanidad, las personas que eligió amar como propias. Como verdadero hombre, Jesús venció a nuestro enemigo con su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos. Él rompió el poder del mal sobre todos los que confían en él, y ahora comparte esa misma victoria sobre nuestro enemigo con todos los que lo aman. ¡Gracias, Señor!

 

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por salvarnos de nuestro enemigo y hacer que seamos tus amigos; mejor aún, tu propia familia. Te amamos, Señor. Amén.

 

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