Plantado y creciendo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 30/09/2019

Plantado y creciendo

… que, por el contrario, se deleita en la ley del Señor, y día y noche medita en ella. Ese hombre es como un árbol plantado junto a los arroyos: llegado el momento da su fruto, y sus hojas no se marchitan. ¡En todo lo que hace, prospera!

Salmo 1:2-3

Guantes, pala y semillas: todo lo necesario para trabajar en el jardín listo y al alcance de la mano. Este puede ser un pasatiempo agradable y relajante, pero a menudo es trabajo arduo. Las semillas y plantas recién sembradas disfrutan, literalmente, del fruto del trabajo del jardinero.

Del mismo modo, sin ningún esfuerzo de nuestra parte, los que somos llamados bendecidos por el salmista, los que nos deleitamos en la ley y enseñanzas del Señor, nos encontramos plantados como árboles sanos y fructíferos que prosperan junto a los arroyos.

En esta plantación sagrada nuestro Padre Celestial es el jardinero, “el labrador” (Juan 15:1b).

En el bautismo nos colocó cuidadosamente, enraizándonos profundamente en Cristo nuestro Salvador. La Palabra del Evangelio es la semilla poderosa e implantada que, por el poder del Espíritu Santo, nos dio nueva vida. La Palabra es también el suelo vivo en el que crecemos y prosperamos. Jesús dijo: “Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31b-32).

A través del testimonio de la Palabra sabemos la verdad acerca de nuestro Señor Jesús, quien es la verdad y quien sufrió, murió y resucitó de la muerte para liberarnos del pecado y la muerte.

Por la gracia de Dios, a través de la fe en Jesús, nuestros pecados son perdonados y recibimos el regalo de la vida eterna. A través del testimonio de la Palabra sabemos que prosperamos y damos frutos solo cuando estamos unidos a Jesús, la verdadera vid, nuestra fuente de vida. Nuestra fe viva se nutre cuando escuchamos y leemos su Palabra y recibimos su cuerpo y sangre en su Santa Cena.

Bendecidos por el Señor y fortalecidos por su Espíritu como arroyo que da vida, ya no buscamos estar con quienes hacen mal, ni acompañar a quienes se burlan y niegan a nuestro Salvador. Plantados y creciendo en Cristo Jesús, permanecemos arraigados en la Palabra y prosperamos llevando el fruto de la fe, el fruto de nuestros humildes actos de amor y servicio que glorifican a nuestro Padre Celestial. Con el salmista exclamamos agradecidos: ¡Cuánto amo yo tus enseñanzas! ¡Todo el día medito en ellas!” (Salmo 119:97).

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por darnos tu Palabra. A través de esa Palabra que da vida, llévanos cada vez más cerca de Ti para que podamos crecer en la fe y llevar el fruto del amor que glorificará a nuestro Padre Celestial. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué significa para ti “deleitarte” en la ley e instrucción del Señor?

2.- ¿De qué manera puedes crecer en el estudio de la Palabra de Dios?

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La paz de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27/09/2019

La paz de Dios

[Jesús dijo:] La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo.

Juan 14:27

¡Paz! Queremos paz entre las naciones, en nuestras comunidades, en la familia, en nosotros mismos. Pero al pensar en la paz solo como la ausencia de guerra, disturbios civiles, disputas y conflictos personales, podemos pasar por alto una cualidad muy importante de la verdadera paz: su entrega.

Jesús dijo que la paz que nos da es una paz que este mundo nunca puede dar. Tome nota del verbo que usa: “dar”. La paz es un regalo que se puede pasar de uno a otro. Si los padres mantienen la calma en una emergencia, sus hijos también lo harán. Cuando el profesor entra al aula sonriendo, los alumnos se relajan. Si el jefe maneja una situación difícil con calma, la oficina permanece en paz.

¡La paz da paz! Cuando Cristo nos da su paz no se queda en nosotros, sino que a medida que la recibimos y experimentamos la compartimos en palabras y acciones. La paz se demuestra en nuestras acciones. Gracias a que Cristo me ha dado su paz estoy en paz conmigo mismo y con los demás, porque sé que él está conmigo.

Dios nos da su paz a través de Jesús, quien es nuestro pacificador e intercesor ante él. Cuando el mundo apremia y la paz parece estar muy lejos, Jesús está aquí por nosotros. “Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Cuando los temperamentos estallan, cuando las situaciones se nos escapan de las manos, cuando un mundo perturbado parece estar cercándonos, podemos contar con la paz de Dios que va más allá de cualquier temor que el mundo nos puede causar. “Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

Dios quiere que todos conozcan esa paz. ¿Qué tan presente y activa es la paz de Dios en tu vida? ¿Suficiente como para motivarte a compartir el mensaje del amor de Dios y su paz transformadora con quienes te rodean?

ORACIÓN: Padre Celestial, dador de toda paz verdadera y duradera, concédenos el don del Espíritu Santo para que nuestras vidas reflejen la paz que tenemos por medio de tu Hijo Jesucristo. En su nombre oramos. Amén.

Para reflexionar:

1.- ¿De qué maneras afecta tu vida el saber que Jesús te da su paz?

2.- ¿Logras ser un agente de calma cuando las emociones estallan?

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Sanar - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/09/2019

Sanar

En cierta ocasión, Jesús fue a comer a la casa de un fariseo muy importante. Era un día de reposo, y ellos estaban acechándolo. Delante de Jesús estaba un hombre enfermo de hidropesía, y Jesús les preguntó a los intérpretes de la ley y a los fariseos: «¿Está permitido sanar en el día de reposo?». Pero ellos no respondieron. Entonces Jesús tomó al hombre de la mano, lo sanó y lo despidió; luego se dirigió a ellos, y les dijo: «¿Quién de ustedes, si su asno o su buey se cae en un pozo, no lo saca enseguida, aunque sea en día de reposo?». Y nadie podía responderle. Cuando Jesús vio que los invitados a la mesa escogían los mejores lugares, les contó una parábola… También le dijo a su anfitrión: «Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos, ni a tus parientes y vecinos ricos, no sea que ellos también te vuelvan a invitar, y quedes así compensado.

Lucas 14:1-7, 12

Es fácil enojarse leyendo esta historia. Jesús es invitado a cenar en la casa de un fariseo. ¿Por qué? No por el placer de su compañía. Se nos dice que “ellos estaban acechándolo”. ¿Por qué? Porque querían ponerlo a prueba, querían ver si curaría a alguien en el día de reposo, con la esperanza de que fallara. En sus pequeñas y retorcidas mentes, eso lo convertiría en un quebrantador de la ley de Dios, y entonces podrían considerarlo pecador.

También llevaron a un hombre que estaba visiblemente enfermo con hidropesía, o sea, un caso realmente grave de hinchazón y retención de líquidos, probablemente causado por insuficiencia cardíaca o enfermedad renal. Estaba tan grave que esperaban que, al verlo, Jesús fuera incapaz de resistir curarlo de inmediato.

¿Quién hace algo así? ¿Quién saca a un hombre enfermo de su cama solo para tenderle una trampa a Jesús? Pero Jesús no es tonto. Él ve la trampa. Y, por supuesto, va a ella directamente, porque así es él: es el Dios que salva a las personas, el Dios que tiene compasión.

Pero primero toma un momento para abordar la enfermedad del pecado de los otros invitados. ¿Podrá traerlos a sus sentidos? Les pregunta directamente sobre una ley de Moisés. Pero no le responden.

Entonces se vuelve a su paciente principal, lo cura e inmediatamente lo envía a su casa, porque el pobre hombre no necesitaba más drama en su día. Luego se vuelve a sus pacientes secundarios, los que ni siquiera se dan cuenta de que necesitan su ayuda: “¿Quién de ustedes, si su asno o su buey se cae en un pozo, no lo saca enseguida, aunque sea en día de reposo?”. En una sola pregunta les expuso su comportamiento indecente.

Esperaríamos que aquí Jesús se levantara enojado y se fuera. Pero él no hace eso. De hecho, se queda toda la cena y continúa enseñándoles. ¿Por qué? ¿Por qué desperdiciar sus palabras en personas tan duras? ¿Por qué desperdiciar sus palabras en mí?

Jesús los ve como personas que lo necesitan tanto como el primer hombre. Físicamente no están enfermos, pero espiritualmente sí lo están. Y eso es mucho, mucho peor. Sin Jesús, morirán por ello. Y por eso se queda enseñándoles, amándolos, teniendo compasión de ellos. Él hace por ellos lo que hace por ti y por mí, personas indecentes y enfermas por el pecado. Él se hace nuestro Salvador. Ahora que ha resucitado de los muertos y vive para siempre, su intención es darnos un corazón y mente nuevos y hacernos una familia unida en Dios, personas que lo aman y a los demás.

ORACIÓN: Señor Jesús, dame un corazón como el tuyo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿A qué tipo de personas te molesta que Jesús perdone?


2.- ¿Te consuela saber que Jesús murió por todos? ¿Por qué sí o por qué no?

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Ciudad permanente - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/09/2019

Ciudad permanente

De igual manera, Jesús sufrió fuera de la puerta, para santificar así al pueblo mediante su propia sangre. Así que salgamos con él fuera del campamento, y llevemos su deshonra, pues no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que vamos en pos de la ciudad que está por venir.

Hebreos 13:12-14

“No tenemos aquí una ciudad permanente”. ¡Qué cierto es esto! Porque este es un momento de dolor y pérdida para muchos de nosotros. Las cosas en las que hemos confiado, las cosas que hemos amado y servido y en las que hemos depositado nuestras esperanzas, a veces durante toda nuestra vida, parecen desmoronarse. Tenemos miedo. Nos afligimos.

Para algunos de nosotros es la preocupación por nuestro país: la tierra, las personas, las instituciones que amamos. Vemos que suceden cosas malvadas que nunca podríamos haber imaginado, y nos sentimos impotentes para detenerlas. Un vecino se pelea con otro vecino, nos encontramos en conflicto con las personas que amamos. Los cimientos de la tierra parecen estar sacudidos. Y mientras oramos, se nos recuerda que ninguna nación perdura para siempre.

Para otros, nuestras preocupaciones están más cerca: en la casa, en la iglesia o en el trabajo. Podemos estar viviendo un momento de conflicto en la iglesia. Ninguna congregación dura para siempre. O quizás estamos enfrentando la pérdida o transferencia del trabajo, o incluso la transición esperada pero aún difícil a la jubilación. Ningún trabajo dura para siempre.

Lo más difícil de todo son los cambios en nuestras familias. Perdemos a nuestros seres queridos por muerte, divorcio o alejamiento. Otros se mudan. Los niños crecen y abandonan el nido, algo bueno, pero aún difícil. Incluso nuestras familias no duran para siempre.

En medio de todo esto, ¿qué podemos hacer? ¿A qué nos podemos aferrar? Dios nos dice: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8); “Yo mismo los seguiré llevando, hasta que estén viejos y canosos. Yo los hice, yo los llevaré. Yo los apoyaré y los protegeré” (Isaías 46:4).

Jesús es a quien podemos aferrarnos con todas nuestras fuerzas. Él no va a cambiar. No ha cambiado desde que éramos niños, desde el primer día que nos llamó a la fe. Sigue siendo el mismo Salvador que dio su vida por nosotros en la cruz, el mismo Señor que retomó su vida cuando resucitó de los muertos al tercer día. Ninguna de nuestras pérdidas lo toma por sorpresa. Él nos llevará a través de todas ellas.

Este es el momento de tomar todas nuestras esperanzas falsas y ponerlas donde siempre han pertenecido: en Jesucristo. Él es el único que nunca nos defraudará.

ORACIÓN: Señor de la ciudad eterna, ayúdame a confiar en ti con todo mi corazón y a buscarte para todo lo que necesito. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué cosas sientes que se están desmoronando en tu vida?

2.- ¿Cómo encuentras consuelo y ayuda en Jesús cuando te sientes así?

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Chismes y juicios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24/09/2019

Chismes y juicios

Es mejor que se te invite a subir, y no ser humillado en presencia del príncipe. Lo que veas con tus propios ojos no lo pongas enseguida en disputa, no sea que al final no sepas qué hacer, y tu prójimo acabe por ponerte en vergüenza. Defiende tu caso ante tu compañero, y no reveles a nadie el secreto; no sea que alguien te oiga y te deshonre, y ya no puedas reparar tu mala fama.

Proverbios 25:7b-10

¿Alguna vez te han juzgado mal?

Una vez conocí a un hombre que trepó por el exterior de una casa tratando de entrar por una ventana del segundo piso. Un año o dos después, fue acusado públicamente de tener una aventura con la joven que vivía en esa casa. “Estaba tratando de trepar por su ventana para que su madre no lo supiera”, dijo el acusador. “¡Lo vi con mis propios ojos!”.

Desafortunadamente para el acusador, yo también lo vi con mis propios ojos. Yo estuve ahí. La madre de la mujer lo había llamado porque su hija se había encerrado en su habitación y había amenazado con suicidarse. No hubo respuesta cuando llamó por la puerta, y temía que su hija estuviera muerta en la habitación. Por eso le pidió al hombre que trepara la pared.

Sacar conclusiones es un rasgo muy humano, pero también es terriblemente dañino. Los chismes y los rumores pueden destruir las relaciones y la reputación. Dios nos advierte sobre esto porque nos ama y no quiere vernos perjudicados. ¡Tampoco quiere vernos dañar a nuestros vecinos!

Pero no es fácil controlar el impulso de chismear, juzgar, llegar a una conclusión. ¿Y has notado que esas conclusiones siempre son malas? Nadie parece saltar a conclusiones halagadoras. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien chismear sobre el buen comportamiento de otra persona?

El chisme es muy difícil de resistir. Como dice la Biblia: “Los chismes empalagan, pero calan hasta lo más profundo” (Proverbios 18:8).

Solo hay una solución permanente a la tentación de chismear, y es que debemos aprender, realmente aprender, a amar a nuestro prójimo. Es mucho menos probable que difundamos juicios perjudiciales sobre las personas que amamos. Más bien protegeremos su reputación lo mejor que podamos, ya sea que estén presentes para escuchar la conversación o no. Y si nos encontramos con algo que a primera vista parece perjudicial, algo que nos hace sospechar que están involucrados en el mal, se lo diremos en privado, en lugar de difundirlo.

Pero eso solo complica el problema un nivel más. Ahora la pregunta es: “¿Cómo podemos aprender a amar a nuestro prójimo?”. No es algo natural para nosotros. Solo podemos hacerlo si el Espíritu Santo de Dios está viviendo en nosotros, amando a esas personas a través de nosotros, haciéndolo por nosotros.

El apóstol Juan nos dice: “Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Aunque pudo haberlo hecho, Jesús se negó a juzgarnos y condenarnos por nuestras vidas desastrosas. En cambio, vino a ser nuestro Salvador, a sufrir y morir por nosotros, a resucitar de entre los muertos por nosotros y a transformarnos con su poder. Nos está haciendo más y más como él. “Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, escribe Pablo (Romanos 8:1). Y, con la ayuda del Espíritu Santo, aprenderemos a mostrar esa misma misericordia a los que nos rodean.

ORACIÓN: Querido Señor, gobierna mi lengua y déjame hablar con el cuidado y el amor que tú hablas. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando estás tentado a chismear?

2.- ¿Cómo ha usado Jesús su palabra para amarte y cuidarte?

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Alas y sombras - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 23/09/2019

Alas y sombras

El que habita al abrigo del Altísimo y se acoge a la sombra del Omnipotente, dice al Señor: «Tú eres mi esperanza, mi Dios, ¡el castillo en el que pongo mi confianza!». El Señor te librará de las trampas del cazador; te librará de la peste destructora. El Señor te cubrirá con sus plumas, y vivirás seguro debajo de sus alas. ¡Su verdad es un escudo protector!

Salmo 91:1-4

Un himno bien conocido se refiere a nuestro Dios como “un castillo fuerte”.

En el salmo en el que se basa ese himno, el salmista usa el refrán: “El Dios de Jacob es nuestra fortaleza” (Salmo 46:7). En los versículos anteriores, el salmista nuevamente dice que Dios es “mi refugio y mi fortaleza”.

Estas descripciones pueden llevarnos a imaginar imponentes muros de piedra y castillos medievales. Pero en este salmo, el poder protector del Dios Altísimo también se describe de una manera diferente: cuando somos protegidos por el poder de Dios, “permanecemos a la sombra del Todopoderoso”.

Aunque en un caluroso día de verano o en una caminata por el desierto una sombra apacible no es poca cosa, la sombra del Todopoderoso es mucho más que eso.

También tenemos otra imagen del poder protector del Altísimo y no está hecha de piedra fuerte, sino de plumas. Son sus alas extendidas que nos esconden como una gallina cubre a sus polluelos. Estos refugios, sombras y plumas, pueden parecer frágiles cuando hablamos de protección, pero son mucho más fuertes de lo que podríamos imaginar. Lo que parece débil no es débil en absoluto, porque “la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:25).

Cuando fuimos atrapados en la trampa del pecado y la muerte como pájaros asustados en la trampa de un cazador, no pudimos liberarnos. Sin embargo, a través de la debilidad del niño Jesús en el pesebre de Belén y a través de la debilidad indefensa del Salvador en la cruz, Dios nos libró de la trampa mortal de Satanás. El Altísimo nos cubre a cada uno con su amor protector, como con alas, y nos refresca con su perdón, como en una sombra fresca en un día caluroso.

El salmista enumera algunos de los temores que podemos enfrentar en la vida: “terrores nocturnos… flechas lanzadas de día… peste que ronda en la oscuridad… mortandad que destruye a pleno sol” (ver Salmo 91: 5- 6). En todas estas circunstancias, incluso ante la muerte misma, puedes estar seguro, como lo dice el salmista, que la fidelidad de Dios te cubre como un escudo. No es necesario tener miedo “porque has hecho del Señor tu morada” (Salmo 91: 9). Por la gracia de Dios, a través de la fe en Jesucristo, te encuentras, hoy y siempre, a la sombra refrescante del Todopoderoso, a la sombra de la cruz.

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por el amor protector y el perdón que son nuestros por la fe en Jesucristo nuestro Señor. Ayúdanos para que con nuestro testimonio podamos extender a otros la fuerte y refrescante sombra de Tu amor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Sientes que estás bajo la protección de Dios durante el día? ¿De qué manera?

2.- Aunque la protección de Dios es poderosa, Jesús ciertamente fue vulnerable durante su vida en este mundo. ¿Qué te dice eso acerca de cómo actúa Dios?

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Las cosas importantes - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 20092019

Las cosas importantes

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Antes, ustedes no eran un pueblo; ¡pero ahora son el pueblo de Dios!; antes no habían sido compadecidos, pero ahora ya han sido compadecidos.

1 Pedro 2: 9-10

La pregunta “¿Quién soy?” ha sido debatida por filósofos y teólogos a lo largo de los siglos y sigue preguntándose todavía hoy, ya que todos queremos comprender el significado de la vida. ¿Quiénes somos frente al universo, tan vasto y aparentemente sin fin? ¿Quiénes somos en un mundo donde abismos insalvables separan a los pobres de los ricos?

A veces, esta pregunta de identidad se desarrolla en un cambio de trabajo: podemos cambiar nuestras ocupaciones y buscar algo más satisfactorio. A veces nos convierte en arqueólogos de linaje, explorando hasta donde podemos nuestras raíces ancestrales. ¿De dónde vine? ¿Cuál es mi origen? Estas son preguntas centrales compartidas por todos los humanos.

La pregunta de quién somos es importante para cada uno de nosotros. ¿Cuál crees que es el significado de tu vida? ¿Hay algún propósito general para ti? ¿Miras a alguien o algo más allá de lo que puedes ver, o debes averiguarlo solo por tu cuenta?

En el texto para hoy, Pedro nos dice que los seguidores de Cristo son un grupo selecto de personas cuya identidad les es dada por Dios. El apóstol lo resume así: linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. También tienen una directiva: una responsabilidad de compartir. Sabiendo esto por fe, el pueblo de Dios proclama Sus excelencias para que otros también puedan experimentar Su luz maravillosa.

¡Con cuánta urgencia la comunidad de Cristo necesita involucrarse con quienes están buscando! Las preguntas planteadas anteriormente las hacen personas de todas partes: vecinos y amigos, compañeros de trabajo y familiares. Muchos de ellos se preguntan si hay algo absoluto en este universo, si algo los espera más allá de la tumba.

Y las personas elegidas de Dios tienen buenas noticias para compartir con ellos. Jesús, el Hijo de Dios y nuestro Salvador, vino a la tierra para responder las preguntas más profundas del hombre. Su triunfo sobre el pecado, la muerte y el diablo se completó con su resurrección. Hoy, Jesús invita a todos a su comunidad de fe, para que todas las personas puedan ser parte del pueblo de Dios, receptores de su misericordia y la vida eterna.

ORACIÓN: Padre celestial, bendice las palabras que usamos para compartir el Evangelio como una comunidad de creyentes. En nombre de Jesús. Amén.

Esta devoción diaria fue escrita por un escritor contribuyente para Lutheran Hour Ministries.

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué crees que Dios llama a su pueblo un “real sacerdocio”?

2.- Esta semana, trata de entablar una conversación con un compañero, amigo o familiar sobre las cosas importantes de la vida.

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Una pregunta personal- Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 19/09/2019

Una pregunta personal

Alguien le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Y él respondió: «Hagan todo lo posible para entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán hacerlo. En cuanto el padre de familia se levante y cierre la puerta, y ustedes desde afuera comiencen a golpear la puerta y a gritar: “¡Señor, Señor; ábrenos!”, él les responderá: “No sé de dónde salieron ustedes”. Entonces ustedes comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido en tu compañía, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él les responderá: “No sé de dónde salieron ustedes. ¡Apártense de mí todos ustedes, hacedores de injusticia!”.

Lucas 13:23-27

¿Alguna vez has notado que Jesús raramente contesta las preguntas que le hacen? Aquí, por ejemplo, alguien le pregunta: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”. Es una pregunta sobre números. Pero rápido como un relámpago, Jesús vuelve a plantearla en una forma muy personal: “Hagan todo lo posible para entrar por la puerta angosta”. En otras palabras, está diciendo: “Los números no importan. ¿Qué hay de ti? ¿Vas a estar tú entre los salvados? Esa es la pregunta en la que deberías estar pensando”.

Y continúa describiendo personas como nosotros que de alguna manera fallaron, personas cuya relación con Jesús permaneció en el reino teórico durante demasiado tiempo, hasta que se cerró la puerta y se perdió la oportunidad. Luego, cuando finalmente piden entrar, Jesús les dice sinceramente que no sabe de dónde vienen. ¿Quiénes son? Bueno, le dicen que él debe conocerlos. Después de todo, “hemos comido y bebido en tu compañía, y tú has enseñado en nuestras plazas”.

Qué forma más extraña de decirlo, ¿no es cierto? No dicen: “Hemos comido y bebido contigo”, como si compartieran una mesa con Jesús como amigos; si no, “tuvimos nuestra pequeña cena mientras estabas pasando por ahí”. Y dicen: “Tú has enseñado en nuestras plazas”, no en nuestros hogares, no para nuestras familias, sino afuera, junto con todos los otros ruidos de la calle que no significaron nada para nosotros. ¡Qué cosa más aterradora para admitir! No conocen a Jesús, por lo que él no los conoce a ellos.

Así no tenemos que ser nosotros. Nunca deberíamos ser así, porque el Espíritu Santo nos ha traído a la fe en Jesús, nos ha llevado a través de la puerta angosta a comer y beber el cuerpo y la sangre de Jesús en su propia mesa y a escuchar su enseñanza en su propia casa y la nuestra. Jesús no es nuestro Salvador teórico de “algún día”: Él es quien ya ha dado su vida por nosotros cuando murió en la cruz, y quien resucitó de los muertos para darnos una vida nueva y eterna. Jesús nos ha llamado a sí mismo y da la bienvenida a todos los que confían en él.

ORACIÓN: Querido Dios, acércanos cada vez más a Jesús, y permite que tu Espíritu Santo viva siempre en nosotros. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué significa conocer realmente a alguien?

2.- ¿Cómo puedes estar seguro de que Jesús es realmente tuyo y que tú eres realmente de él?

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Ayuda en la lucha - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 18/09/2019

Ayuda en la lucha

Levanten, pues, las manos caídas y las rodillas entumecidas; enderecen las sendas por donde van, para que no se desvíen los cojos, sino que sean sanados.

Hebreos 12:12-13

Un boxeador se sienta en la esquina del ring, codos apoyados en las cuerdas, manos enguantadas colgando caídas. La sangre le gotea por la esquina de la boca y un brillo de color frambuesa comienza a hinchar su ojo derecho. La habitación es oscura, húmeda de sudor y llena de humo.

Después de sufrir una lluvia de golpes de un oponente que pensó que podía aguantar, casi agotado se pregunta cuánto más va a poder soportar. Le duelen las costillas, le zumban los oídos y la lengua encuentra un hueco donde solía tener un diente. No contaba con esto. ¡Ring! Segunda vuelta.

¿No es así a veces con nosotros? Nos enfrentamos a oponentes que creemos que podemos “aguantar” y, en nuestros mejores días, tal vez incluso derrotar. Un poco de preparación antes de la pelea y nos sentimos bastante bien. Esquivamos algunos golpes, desviamos otros y nos enorgullecemos de nuestros reflejos felinos. Estamos listos, nos decimos. “¡Ajustarse los guantes y manos a la obra!”.

¡Gran error! Al igual que el boxeador, es posible que encontremos más de lo que esperábamos. Nuestro entrenamiento físico puede funcionar contra oponentes de carne y hueso, pero jamás vamos a igualar a aquél que no solo quiere noquearnos, sino que quiere ponernos seis pies bajo tierra.

El escritor del libro a los Hebreos conoce bien las batallas que enfrentamos, y a Aquél que las enfrentó antes que nosotros. Es por eso que dice: “consideren a aquel que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, para que no se cansen ni se desanimen” (Hebreos 12:3).

Cuando nos golpean de izquierda a derecha, Jesús está presente (ver Salmo 46:1). Él nos escucha cuando llamamos (1 Juan 5:14-15), y nos ayuda en nuestras necesidades. Cuando nuestras rodillas estén débiles y se agote nuestra fuerza, Dios nos revivirá. Él avivará nuestros corazones contra los enemigos que enfrentamos, asumiendo nuestra lucha y dándonos la victoria. “Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida; Me defenderás de la ira de mis enemigos, y con tu diestra me levantarás victorioso” (Salmo 138:7).

¡Qué amigo nos es Cristo! Él recibió los golpes que merecíamos y nos levantó cuando estábamos derribados.

ORACIÓN: Padre celestial, luchamos contra nuestra carne y el enemigo. Enséñanos a volver a tu Palabra todos los días y encontrar allí la fuerza y el coraje que necesitamos para la vida. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando tu vida se sale de control?

2.- ¿Cuáles son tus versos favoritos de las Escrituras para encontrar fuerza para la vida?

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Sobrevivientes - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17/09/2019

Sobrevivientes

Yo sé bien lo que hacen y lo que piensan. Pero ha llegado el tiempo de juntar a todas las naciones y lenguas, y ellas vendrán y verán mi gloria. Yo pondré una señal entre ellos, y a los que sobrevivan los enviaré a las naciones. Los mandaré a Tarsis, Fut y Lud (naciones expertas en el manejo del arco); a Tubal y Javán, y a las costas lejanas que nunca supieron de mí ni vieron mi gloria. Ellos darán a conocer mi gloria entre las naciones.

Isaías 66:18-19

Este es un pasaje bíblico diferente. Suena como una profecía bastante directa del comienzo de la iglesia cristiana ese primer Pentecostés. Dios dice: “Pero ha llegado el tiempo de juntar a todas las naciones y lenguas”, que es un eco verbal de muchos pasajes de Pentecostés. Y continúa: “y ellas vendrán y verán mi gloria. Yo pondré una señal entre ellos, y a los que sobrevivan los enviaré a las naciones”

Hay una palabra que me desconcierta: es la palabra “sobrevivan”. Dios dice: “Yo pondré una señal entre ellos, y a los que sobrevivan los enviaré a las naciones”. Pero, ¿acaso el ver la gloria de Dios no es algo maravilloso y alegre? ¿No es una bendición que da vida, algo que luego compartimos con todos los que nos rodean? ¿Por qué, entonces, se refiere a las personas que ven la gloria de Dios y la comparten como “sobrevivientes”? ¿Es esto algún tipo de guerra, algún tipo de desastre?

Pareciera que sí.

Es que el ver la gloria de Dios provoca una reacción. O vemos el sacrificio de amor y entrega de Jesús y respondemos con amor y alegría propia, o no lo hacemos. Nadie bosteza al ver la cruz del Calvario. Nadie se encuentra cara a cara con el Creador de todo colgando en la cruz, y dice: “Ah, sí, creo que es interesante”. Jesús provoca una reacción, ya sea de gozo y amor o de rechazo y terror.

Si estás leyendo esto, probablemente estés entre los que “sobrevivan” tal encuentro. En algún momento, ya sea a través del bautismo o del testimonio cristiano, fuiste llevado a la cruz y el Espíritu Santo plantó la fe en tu corazón. Perteneces a Jesús, y “declaras su gloria” con tus palabras y acciones.

Pero, ¿qué de quienes no sobrevivieron?

Todos los que confiamos en Jesús somos enviados a compartir con los demás el mensaje del perdón y la vida eterna de Dios. Esto incluye a quienes lo han rechazado previamente.

Dios es paciente: su amor puede perseguir a una persona de por vida para llevarla a la fe en Jesús. Dios con gusto te usará para amar a esas personas, para cuidarlas y para compartir las Buenas Nuevas con ellas, una y otra y otra vez. Porque su objetivo es que todos sobrevivamos, ¡no, mejor que eso! Su objetivo es que todos seamos sus hijos, compartiendo la vida gozosa y eterna que Jesús obtuvo para nosotros con su sacrifico y resurrección.

ORACIÓN: Querido Señor, úsame en la forma que tú sabes es la mejor para hacer que otras personas confíen en ti. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo llegaste a la fe en Jesús?

2.- ¿De qué manera compartes el perdón y la vida eterna de Jesús con otras personas?

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