Misión: tener "un mismo parecer" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 31/10/2019

Misión: tener “un mismo parecer”

Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completen mi gozo sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Filipenses 2:1-2

Esa es la oración de Pablo por nosotros, que también la oró por los filipenses. El apóstol a menudo oraba por la unidad de todos los creyentes a quienes ministraba en las ciudades y pueblos del mundo antiguo. Por ello dijo “sintiendo lo mismo”, teniendo un mismo parecer, ideas afines en un mundo que muy a menudo está en desacuerdo.

Porque esa es la dura realidad: nuestro mundo está bastante dividido. Este planeta está fracturado. Las divisiones y la separación no se notan cuando se orbita el globo desde cientos de millas en el espacio. Desde allí solo se ve la grandeza de la excelente creación de Dios.

Pero el daño que hemos hecho aquí es mucho. Hemos dividido Su mundo. Por nuestra desobediencia a su Palabra y voluntad nos hemos separado unos de otros, poniéndonos en desacuerdo. Por su rechazo deliberado del mandato de Dios, Adán y Eva nos sumieron en el caos. Y ahora todos hacemos lo mismo.

Compartimos esa rebelión. Contribuimos al desorden. Vivimos en la dura realidad del pecado: el pecado que heredamos y el que cometemos cuando no estamos de acuerdo con los demás, cuando nuestras voluntades chocan, cuando exigimos que las cosas se hagan a nuestra manera e insistimos en hacer lo que queremos. Pero no solo pecamos unos contra otros: pecamos contra Dios. Ya no tenemos “un mismo parecer”.

Hasta que Jesús nos salva. Hasta que Jesús nos busca, nos encuentra y nos rescata de nuestro quebrantamiento autoimpuesto.

Jesús tuvo una misión específica que aceptó en el momento justo cuando “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres” (Filipenses 2: 6-7).

El Hijo de Dios no se negó a dejar la gloria del cielo: la gloria que compartió con el Padre y el Espíritu desde la eternidad. No, no nos desdeñó. No dijo que “¡no!” a la voluntad del Padre ni a entrar en este mundo de hostilidad, separación, crueldad y pecado. ¡Él dijo que sí!”.

“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2: 8).

Y cuando terminó su obra de salvarnos, el Padre levantó a su Hijo de la muerte, magnificándolo en gloria eterna. “Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre” (Filipenses 2: 9-11).

¿Anhelas un hogar, una comunidad de creyentes que te acoja, te apoye y te sirva? Escucha al Espíritu Santo, quien te invita a ir a la iglesia a adorar, a escuchar la Palabra de Dios, a recibir su perdón.

La invitación siempre está abierta.

ORACIÓN: Padre celestial, capacita a tu iglesia para que sea una comunidad de un mismo sentir y parecer, sirviendo en un mundo dividido. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Rev. Ken Wagener

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué crees que la unidad y el compañerismo eran importantes para el apóstol Pablo? ¿Con qué cosas tuvo que lidiar que causaban discordia?
2.- ¿Les presentas tu iglesia a tus amigos como un lugar donde serán bienvenidos? ¿Por qué sí o por qué no?

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La Reforma Luterana: el regreso a la verdad de la Escritura

La Reforma Luterana: el regreso a la verdad de la Escritura

La Reforma luterana fue un movimiento encabezado por el monje y profesor alemán Martín Lutero cuyo objetivo fue devolver a la iglesia a las enseñanzas de la Escritura.

Estos sucesos se desencadenaron el 31 de octubre de 1517, un día antes del Día de Todos los Santos, cuando Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg.

En ese entonces, los creyentes compraban indulgencias, es decir, unos certificados autorizados por el papa con los cuales, según la iglesia, se exoneraba a las personas del sufrimiento del purgatorio. Con estos papeles adquirían monetariamente el perdón de sus pecados tanto para ellos, como para sus seres queridos.

Por medio de la fe

Lutero, quien luchaba contantemente con la pregunta de si podía encontrar a un Dios misericordioso, encontró en Romanos 1:17 la respuesta: “Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: ‘El justo por la fe vivirá’”.

Ante su descubrimiento, Lutero escribió: “Finalmente, por la misericordia de Dios, meditando día y noche, presté atención al contexto de las palabras… comencé a comprender que la justicia de Dios es aquella por la cual el justo (la persona) vive por un don de Dios, es decir, por fe”.

Lutero dijo que se sentía como si le hubieran abierto las puertas del paraíso.

La intención del monje al clavar sus 95 tesis en la puerta de la iglesia fue invitar a los eruditos a discutir sus ideas.

La primera de estas propuestas señala que “cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo ‘Arrepiéntanse’ (ver Mateo 4:17), quiso que toda la vida de los creyentes sea una de arrepentimiento”.

En otra de sus tesis observa: “A los cristianos se les debe enseñar que aquél que da al pobre o le presta al necesitado hace una mejor obra que quien compra indulgencias”.

Gracia, fe y Escritura

Las enseñanzas descubiertas por Lutero durante la Reforma se resumen generalmente en tres breves frases: “Solo la gracia, solo la fe, solo la Escritura”.

“Solo la gracia” significa que el perdón de los pecados es un don de la gracia de Dios.

Lutero explica que “la gracia es ese favor de Dios que quiere nuestro bien y nos justifica. Esto es, gratuitamente nos concede la fe que nos justifica”.

Ser justificado es ser declarado justo o santo ante los ojos de Dios.

La frase “solo la fe” se refiere a que el regalo del perdón de Dios es recibido solo a través de la fe en Jesucristo.

La fe es un don de Dios, creada en nosotros por el Espíritu Santo. Jesús así lo enseña: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trae” (Juan 6:44).

“Solo la Escritura” significa que la Biblia, la Palabra inspirada de Dios, es la única fuente y autoridad de enseñanza cristiana.

Al respecto, Lutero fue enfático: “Las personas no deben creerme a mí, a la iglesia, a los padres (maestros de comienzos del cristianismo), a los apóstoles, o siquiera a un ángel del cielo, si enseñamos algo contrario a la Palabra de Dios. Pero la Palabra del Señor debe permanecer para siempre”.

Una reforma a la iglesia

El propósito de Lutero no fue crear una nueva iglesia, sino reformar a una institución caótica, abusiva y centrada en la acumulación de poder y riquezas.

Los líderes de la Iglesia resistieron sus esfuerzos y, como resultado, quienes siguieron las enseñanzas del monje alemán formaron otra iglesia cristiana, llamándose a sí mismos “evangélicos” (del griego “evangelion”, que quiere decir “buenas noticias”). Más tarde pasaron a llamarse “luteranos”, el nombre que les dieron sus opositores.

A raíz de lo que ocurrió en Wittenberg, el 31 de octubre los luteranos celebran el Día de la Reforma.

*Redacción: Moisés G. Hernández

Texto basado en el folleto “Un tesoro revelado, Martín Lutero y los Sucesos de la Reforma” (editado por CPTLN-Chile y la Iglesia Luterana Confesional de Chile, mayo de 2017).


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Sirvientes indignos, hijos felices - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 30/10/2019

Sirvientes indignos, hijos felices

“Si alguno de ustedes tiene un siervo que ara o apacienta el ganado, ¿acaso cuando él vuelve del campo le dice: ‘Pasa y siéntate a la mesa’? ¡No! Más bien, le dice: ‘Prepárame la cena, y arréglate la ropa para servirme mientras yo como y bebo. Después podrás comer y beber tú’. ¿Y acaso se le agradece al siervo el hacer lo que se le ordena? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado, digan: ‘Somos siervos inútiles, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'”.

Lucas 17:7-10

A veces, en la iglesia sueño despierto. Por lo general, esto sucede cuando el pastor que dirige las oraciones suena como si hubiera olvidado por completo con quién está hablando. Comienza a hablar con la congregación y la oración se convierte en un sermón o (¡Dios no lo quiera!) en un debate político. En momentos como estos, imagino la voz de Dios protestando: “¿Qué me estabas diciendo…?”.

Pero no son solo los pastores los que cometen el error de olvidar su lugar ante Dios. Con mucha frecuencia me encuentro pensando algo que creo que no puedo decir en mi oración. Por ejemplo, supongamos que acabo de hacer algo bueno: he ayudado en el banco de alimentos, dado clases a un niño o donado dinero a una organización de beneficencia. De inmediato aparece una pequeña voz en mi mente, diciendo: “¡Guau! ¡Qué gran persona soy! ¡Dios debe estar realmente complacido conmigo!”. Como sé que no está bien, inmediatamente borro ese pensamiento, pero aparece otro. “¡Guau! ¡Qué persona espiritual y humilde que soy!”. En un mal día, esto puede continuar hasta que me rinda y me ría de mí mismo.

Jesús nos habla acerca de esa tonta sensación de superioridad que tenemos, diciendo: “Si alguno de ustedes tiene un siervo que ara o apacienta el ganado, ¿acaso cuando él vuelve del campo le dice: ‘Pasa y siéntate a la mesa’?”. ¡No! Se supone que un sirviente debe servir. No es el trabajo del amo esperar al sirviente a la hora de la cena. Incluso si el criado ya tuvo un día completo de trabajo y lo hizo bien, eso es lo que se supone que debe hacer. ¡No espera que su maestro cambie repentinamente de roles con él!

Jesús nos recomienda recordar quiénes y qué somos. ¿Y qué somos? En palabras religiosas, somos “pobres pecadores miserables”. (Imagina la conmoción si la voz de Dios de repente dice: “¡Así es!”, justo en ese punto del servicio de adoración). Somos criaturas. Somos personas, muy amadas por Dios, pero no somos Dios.

Jesús tiene razón: “Somos siervos inútiles, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. Y a menudo hemos hecho mucho, mucho menos de lo que debíamos. Tenemos razones para ser humildes.

Pero también tenemos motivos para alegrarnos, porque tenemos un Maestro que no es como otros maestros. Tenemos un Maestro que llegó a ser un Siervo, que vino a servir a Sus siervos, rescatándonos del poder del mal a través de Su propia vida, muerte y resurrección. Tenemos un Maestro que nos adoptó, que nos convirtió en hijos de Dios.

Esto no lo logramos nosotros. Esto no es lo que merecemos. Pero es lo que tenemos, porque “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).

Entonces ahora tenemos una tarea doble. Como amamos a Jesús, somos sus siervos dispuestos. Como Jesús nos ama, somos hijos de Dios adoptados para siempre. ¡Gracias, Señor!

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por servirnos, a quienes somos tus siervos. Te rogamos que continúes sirviendo a otros a través de nosotros. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo te imaginas que reacciona Dios cuando se complace con las cosas que haces?
2.- ¿En qué manera te inspira el ejemplo de Jesús como Maestro que sirve, cuando sientes que no eres apreciado?

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Familias devotas - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 29/10/2019

Familias devotas

Al acordarme de tus lágrimas siento deseos de verte, para llenarme de gozo; pues me viene a la memoria la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que habita en ti también.

2 Timoteo 1:4-5

La Biblia nos dice que el apóstol Pablo conoció a Timoteo cuando viajaba por las ciudades de Derbe y Listra en Asia Menor. Cuando se conocieron, Timoteo “era creyente”, y la reputación del joven lo precedía: “Los hermanos (y hermanas) que estaban en Listra y en Iconio hablaban muy bien de él. Así que Pablo quiso que Timoteo lo acompañara”. Mientras viajaban juntos, compartieron con las iglesias en el camino “las reglas que los apóstoles y los ancianos en Jerusalén habían acordado que se pusieran en práctica” (ver Hechos 16: 1-4).

Y mientras compartían juntos el Evangelio, Pablo y Timoteo forjaron un fuerte vínculo espiritual y emocional, tanto, que Pablo se refiere a Timoteo como “mi hijo amado” (2 Timoteo 1: 2b) cuando escribe acerca de la familia devota en la que se crio Timoteo (tanto su abuela Loida como su madre Eunice son elogiadas por su fe). Pablo está convencido que la misma fe de ellas habita en Timoteo.

¡Ese es el poder de una familia devota! Fue en su hogar donde Timoteo no solo escuchó las Escrituras, sino que las vio hechas realidad en las vidas de su madre y su abuela. Allí fue donde estuvo inmerso en la narrativa del Antiguo Testamento al escuchar las historias fantásticas de batallas y conquistas, escuchando atentamente a los profetas y sus predicciones sobre “el Hombre más sufrido” que fue “despreciado y desechado por la humanidad entera” (véase Isaías 53:3-5) que Timoteo llegó a comprender que era Jesús de Nazaret, el Mesías prometido.

Es fácil evitar tener conversaciones espirituales en casa. Después de todo, hablar de Dios, de la fe, de la vida y de Jesús no siempre es fácil. Sin embargo, ésta es una de las marcas de un hogar devoto y espiritual. Hay estudios que indican que hablar sobre nuestra fe no solo es gratificante, sino que trae alegría a quienes lo hacen. Los niños aprenden de sus padres y hermanos (y abuelos en el caso de Timoteo) a hablar sobre estos temas de forma natural. Y aunque los hogares de hoy en día están compuestos por diferentes combinaciones de miembros (padrastros, compañeros de cuarto, amigos, suegros, etc.), el potencial para conversaciones fructíferas es mayor que nunca.

Hacer de nuestros hogares lugares donde se fomentan las conversaciones acerca de la fe los convierte en un oasis de luz para los demás. Si la educación de Timoteo en la fe fue tan evidente para Pablo, es probable que el hogar del joven discípulo fuera un lugar donde otros eran bienvenidos, donde se satisfacían las necesidades y donde se llevaban a cabo discusiones espirituales, tales como “¿Quién es este Jesús del que se oye por allí?” y “¿Qué es eso que llaman ‘fe’?”.

¡Cuán poderosas son las obras que Dios puede hacer por medios ordinarios, y cuán maravillosamente puede preparar a sus siervos para su jornada de fe! Y pensar que gran parte de esto comienza en casa.

ORACIÓN: Padre celestial, abre nuestras vidas para quienes nos rodean. Haz de nuestros hogares lugares donde otros escuchen la verdad de Jesús como Señor y Salvador. En su Nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Quiénes contribuyeron al desarrollo y cuidado de tu fe? ¿De qué manera lo hicieron?
2.- ¿Qué costumbres practicas en tu hogar para promover el estudio y la discusión de las Escrituras?

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Colapso - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 28/10/2019

Colapso

¿Hasta cuándo, Señor, te llamaré y no me harás caso? ¿Hasta cuándo clamaré a ti por causa de la violencia, y no vendrás a salvarnos? ¿Por qué permites que vea yo iniquidad? ¿Por qué me haces espectador del mal? ¡Sólo veo destrucción y violencia! ¡Ante mis ojos surgen pleitos y contiendas! Por eso tu ley carece de fuerza, y la justicia no se aplica con verdad. Por eso los impíos asedian a los justos, y se tuerce la justicia… Decidí mantenerme vigilante. Decidí mantenerme en pie sobre la fortaleza. Decidí no dormir hasta saber lo que el Señor me iba a decir, y qué respuesta daría a mi queja.

Habacuc 1:2-4; 2:1-2a

Cuando mi hijo era pequeño, un día que regresábamos a casa de la iglesia se puso muy, muy malhumorado. Necesitaba una siesta desesperadamente, pero no se podía dormir en el auto de ninguna manera. Estaba tan enojado, que ni siquiera sabía de qué estaba enojado. Entonces me comenzó a gritar. Y me gritó todo lo malo que se le ocurrió, al punto de gritarme: “¡Te odio, mami! Te odio, mami. Te odio. Te odio. ¡Te odio!”.

De repente hubo una ruptura en el odio y en un tono de voz totalmente normal, preguntó: “¿Puedo tomar un poco de jugo cuando lleguemos a casa?”. Le dije: “Claro, cariño”, y él dijo: “Gracias”. Luego volvió a gritar: “¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio!”.

Una vez le conté esta historia a una persona y quedó horrorizada: no comprendió la verdadera lección de la historia, que tiene que ver con el amor y la confianza. Mi hijo podía dejarse llevar por ese comportamiento porque estaba totalmente seguro de que yo aún lo amaría, sin importar lo que hiciera o dijera. No lo iba a dejar en la calle. Ni siquiera le iba a quitar su jugo de fruta, y él lo sabía. Mi niño podía sufrir un colapso porque sabía que su madre era confiable.

Y eso es básicamente lo que Habacuc está haciendo en este pasaje de la Biblia, donde le dice muchas cosas duras a Dios: lo acusa de no escuchar, de ignorar el mal, incluso de obligarlo a mirar mientras suceden cosas perversas. Nada de eso es justo para Dios. Pero en realidad no importa, ¿verdad? Porque Habacuc sabía lo mismo que sabemos nosotros: que Dios nos ama, se preocupa por el mal, tiene la intención de salvarnos y rescatarnos y poner fin a las cosas terribles que nos rodean.

Mira lo que hace Habacuc cuando termina de gritar: queda atento a la respuesta de Dios. Esa es su versión de “¿puedo tomar un poco de jugo?”. Él confía en que Dios no lo abandonará. Más aún, confía en que Dios le responderá y solucionará la terrible situación por la que está tan molesto. Y, efectivamente, Dios le responde.

¿Cómo es contigo? Quizás estés pasando por una situación difícil. ¿Puedes quejarte con Dios? Claro que sí. Dios te dice: “Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

Pero Dios hizo más que darnos una promesa: él actuó para salvarnos. Dios vino a este mundo lleno de males y se convirtió en uno de nosotros, en Jesucristo hombre. Para rescatarnos del poder de la muerte, el pecado y el mal, él dio su vida por nosotros en la cruz y al tercer día resucitó, quitándole el poder a la muerte… y promete compartir esa victoria con nosotros, ¡todos nosotros! los que confiamos en Él y clamamos por ayuda.

ORACIÓN: Querido Señor, rescátanos de los males que nos rodean. Ven pronto a ayudarnos, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿A quiénes les permites verte en tu peor momento?
2.- ¿Te sientes bien permitiendo que Dios te vea en tu peor momento? ¿Por qué sí o por qué no?

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Mi fortaleza - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/10/2019

Mi fortaleza

¿Hasta cuándo harán planes todos ustedes con la intención de derrotar a un solo hombre? ¡Lo ven como pared desplomada! ¡Lo ven como una cerca en el suelo! Conspiran para despojarlo de su grandeza… Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo en él he puesto mi esperanza. Sólo Dios es mi salvación y mi roca; porque él es mi refugio, no resbalaré.

Salmos 62:3-4a, 5-6

“¡Soplaré y soplaré, y tu casa derribaré!”. Sabemos en qué terminó esa historia. El salmista está pasando por un ataque mucho más serio. Comienza afirmando que Dios es su roca y salvación, su fortaleza; no será sacudido (ver Salmo 62:2). Pero el escritor está siendo sacudido. Quienes se le oponen lo golpean hasta que llega a sentirse como “una pared desplomada, una cerca en el suelo”. Sus enemigos quieren derribarlo. Él clama a Dios: “¿Hasta cuándo?”. ¡Ya es suficiente!

¿Hasta cuándo? ¿Cuántas veces te has preguntado lo mismo cuando alguien o algo amenaza con derribarte? Puede ser una situación que implique una discusión y palabras desagradables, o tal vez te está intimidando una persona que una vez llamaste amigo. Puede que estés pasando dificultades físicas debido a una enfermedad o un desastre. Y ciertamente, en todo momento, el pueblo de Dios sufre bajo los ataques de Satanás, quien anda rondando, no como el lobo grande y malo del cuento de la Caperucita Roja, sino como un enemigo muy real, un enemigo mortal que nos persigue. “Como un león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pedro 5: 8b). Entonces comenzamos a sentirnos como “una pared desplomada, una cerca en el suelo”.

Necesitamos un lugar seguro: un lugar para sentirnos a salvo. El salmo nos da la respuesta: “Solo Dios”. Solo Dios, en tiempos de angustia, en todo momento, es nuestra esperanza, nuestra roca, nuestra salvación y fortaleza. En Él tenemos seguridad y protección de cada oponente, de cada ataque al cuerpo y al alma. Esta fortaleza de salvación es segura, construida sobre una base firme: “La piedra que los constructores rechazaron, ha llegado a ser la piedra angular” (Salmo 118: 22).

Jesús nuestro Señor, rechazado y despreciado, maltratado por sus enemigos, fue la piedra que los constructores rechazaron. Fue clavado en la cruz, llevando nuestros pecados en su propio cuerpo, pecados que son lavados en su sangre. Jesús murió y fue sepultado, y al tercer día resucitó triunfante, conquistando el pecado, la muerte y Satanás. En esa primera mañana de Pascua, se quitó una gran piedra que reveló una tumba vacía, y la piedra que los constructores rechazaron se convirtió en la piedra angular.

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). Jesús es la piedra angular y el fundamento de la fortaleza que es nuestra salvación. Él es nuestra esperanza y seguridad en cada ataque, en cada momento de angustia.

Al escuchar la Palabra salvadora de Jesús y el poder del Espíritu estamos construyendo nuestra casa sobre esa Palabra, sobre la roca. Podemos decir de nuestro Señor crucificado y resucitado: “Sólo Dios es mi salvación y mi roca; porque él es mi refugio, no resbalaré”. Ningún enemigo, sin angustia, sin lobo, sin león, puede derribar esta casa.

ORACIÓN: Señor Jesús, tú eres nuestra roca, nuestra salvación y nuestra fortaleza. Cuando somos débiles y nos sacuden los días de angustia, protégenos con tu poder. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿A qué lugar vas para pensar y buscar consuelo cuando pasas por momentos difíciles?
2.- ¿Qué haces cuando tienes problemas con alguna persona y/o circunstancias?

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Riquezas incomparables - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 23/10/2019

Riquezas incomparables

… para mostrar en los tiempos venideros las abundantes riquezas de su gracia y su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Efesios 2:7

Había una mujer joven que estaba entrevistando a posibles pretendientes. Su único requisito previo en una pareja era que tuviera mucho dinero.

Un caballero comentó que su riqueza consistía en 40 acres de tierra. La joven se burló. “Eso no es ni un rancho. ¿Dónde está ‘ubicado’?”.

A lo que el magnate respondió con acento: “En el centro de la ciudad de Dallas”.

Cuando vemos a los ricos y poderosos del mundo llenarse con los tesoros de la tierra, podemos caer en la trampa de creer que hemos sido engañados. Después de todo, nosotros también trabajamos duro y tenemos poco o nada de qué alardear. Nuestro vecino nunca se ensucia las manos. Su único trabajo parece ser ir al banco todos los miércoles.

“La vida no es justa”, refunfuñamos, olvidando que como cristianos tenemos una riqueza que no se puede depositar en un banco. Nuestra herencia como cristianos no aparecerá en la lista oficial de nuestros activos cuando se lea nuestro testamento. ¿Eso nos decepciona? Podemos decir que no, pero a veces incluso los cristianos envidiamos un poco la riqueza de los demás. Y no son pocos los libros de editoriales religiosas que prometen a los lectores que Dios quiere que su pueblo sea económicamente próspero aquí en la tierra.

El apóstol Pablo protestó contra este tipo de pensamiento: “Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).

Al igual que con el ranchero de Texas, la ubicación hace toda la diferencia. Somos herederos de Cristo, nos dicen las Escrituras. Piensa en lo que eso significa. Todo lo que le pertenece a Cristo, nos pertenece a nosotros. ¡Todo lo que el Padre le ha dado a Cristo es nuestro! Es nuestro en este momento. Se mantiene en fideicomiso hasta que lleguemos al cielo y será nuestro para siempre. ¿Su ubicación? El centro de la ciudad en la nueva Jerusalén.

¿Cómo lo sabemos? La Biblia nos dice que el Espíritu Santo, quien está en nuestros corazones, es nuestra garantía de que recibiremos todo lo que Dios ha prometido. El apóstol Pablo dice nuevamente: “También ustedes, luego de haber oído la palabra de verdad, que es el evangelio que los lleva a la salvación, y luego de haber creído en él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14).

¿Engañado? No en cuanto a tu vida eterna. Nuestra herencia nunca será algo comprendido por este mundo. Si las riquezas de Dios para el hombre fueran algo que pudiera comprenderse, Jesús no habría ido a la cruz. Una vez más, el apóstol Pablo nos dice: “Sabiduría que ninguno de los gobernantes de este mundo conoció, porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria. Como está escrito: “Las cosas que ningún ojo vio, ni ningún oído escuchó, ni han penetrado en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman” (1 Corintios 2: 8-9).

Puede ser fácil quedar atrapados en la forma en que el mundo ve las cosas, pero los cristianos vemos a largo plazo. Y no seremos decepcionados.

ORACIÓN: Padre celestial, las riquezas que poseemos ahora por fe son una sombra de lo que está por venir. Fortalece nuestra confianza en ti hasta el final de nuestra vida. En el nombre de Jesús. Amén.

The Lutheran Layman, octubre de 1980, Jane L. Fryar

Para reflexionar:

1.- ¿Puedes mencionar tres cosas que crees que serán parte de las “riquezas incomparables” de la gracia de Dios hacia los creyentes en la vida eterna?
2.- ¿Cómo respondes a las preguntas sobre riqueza y prosperidad cuando compartes tu fe con otros?

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La ayuda de los indefensos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 23/10/2019

La ayuda de los indefensos

En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: «De cierto les digo, que si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humilla como este niño es el mayor en el reino de los cielos; y cualquiera que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí». Tengan cuidado de no menospreciar a uno de estos pequeños, porque yo les digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Mateo 18:1-5, 10

“Cualquiera que se humilla como este niño es el mayor en el reino de los cielos”.

La mayoría de nosotros hemos escuchado estas palabras de Jesús tan a menudo que no nos sorprenden. Ay, qué lindo, podemos pensar. Los niños son tan adorables, tan inocentes. A eso debe referirse Jesús. Excepto que… los niños no son realmente tan puros e inocentes, ¿verdad? Cualquier maestra de preescolar puede decirte lo contrario. Los niños son pecadores igual que los adultos. La diferencia es que tienen menos experiencia, menos poder y oportunidades para causar daño.

Entonces, ¿qué quiere decir Jesús cuando nos dice que seamos como niños? Me parece que el rasgo definitorio único de los niños es que son indefensos. Un niño no tiene nada que ofrecer, nada con que negociar. Los niños no tienen dinero, poder, prestigio, experiencia, talentos o habilidades. No pueden protegerse, porque todos los que los rodean son más grandes, fuertes e inteligentes. Son víctimas potenciales, a menos que encuentren quien los proteja.

Esto es lo que Jesús nos llama a reconocer en nosotros mismos. Somos totalmente indefensos, nos demos cuenta o no. Podemos tener educación o astucia callejera, poder o dinero. Pero nada de eso sirve contra los ataques del pecado, la muerte y el diablo. En lo que realmente importa, todos somos tan indefensos como los recién nacidos, ¡y muy afortunadas son las personas que se dan cuenta de esta realidad y corren de todo corazón hacia Jesús para que las proteja! Esas personas han renunciado a la idea de querer salvarse a sí mismas. Están poniendo toda su confianza en su Salvador, en Jesús, y eso las hace las más grandes en el reino de los cielos. Todo lo que tienen viene de Jesús.

Él es la ayuda de los indefensos. Él es quien los tiene en sus manos y advierte a todos para que no les hagan daño. Dios el Padre no olvidará a los que dañan a sus pequeños, y eso incluye no solo a los niños, sino a cualquiera, incluso a ti, que has corrido hacia él en busca de refugio. Nos atesora como a su propio Hijo. Como dijo Jesús: “Quien recibe a uno de esos niños en mi nombre me recibe a mí”. Por eso sabemos cuán importantes somos para Dios y cuán cuidadosamente debemos apreciar a las personas que nos rodean.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a confiar en ti y en nada más. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿En qué estás tentado a confiar para tu protección?
2.- ¿Qué cosas prácticas puedes hacer para reconocer el alto valor que Dios pone en las personas indefensas que te rodean?

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Sal de allí abajo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22/10/2019

Sal de allí abajo

Entonces oí una fuerte voz en el cielo, que decía: «¡Aquí están ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! ¡Ya ha sido expulsado el que día y noche acusaba a nuestros hermanos delante de nuestro Dios! Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra que ellos proclamaron; siempre estuvieron preparados a entregar sus vidas y morir.

Apocalipsis 12:10-11

Al parecer, una de las tareas de tiempo completo de Satanás es acusar a los fieles ante el Padre, aunque condenar a los santos sea inútil.

Quizás él piense que hay alguna excepción al amor de Dios que impida salvar a algún creyente ¡Equivocación! Por otra parte, tal vez su táctica es simplemente cansar a Dios, pensando que tarde o temprano el Padre se hartará de todo eso de salvarnos por gracia y nos freirá a todos. ¡Nuevamente, equivocación! (¡Gracias a Dios!).

Los versículos anteriores hablan de la persistencia del enemigo al que nos enfrentamos todos los días. ¿Qué gana Satanás al acusar a los fieles sin parar, si sabe que la misericordia que Dios prometió nunca se acabará? ¿Es posible que él no sepa esto? ¿O simplemente está echándole en cara a Dios, por así decirlo, todas las cosas horrendas que sus hijos hicieron antes de haber sido hechos Suyos por la fe en Jesús? (Eso es una locura ¿verdad? Bueno, nadie ha dicho que el diablo no estuviera mal de la cabeza).

Desafortunadamente, estas acusaciones también son parte de nuestro mundo caído. ¿Piensas constantemente en tus pecados pasados, echándote sal en las heridas aún abiertas? ¿Te encuentras encerrado en un ciclo de pensamientos apestosos donde te castigas por este o aquel pecado? Cuando perpetuamente pensamos en nuestros pecados, somos injustos con la gracia de Dios. Es como si dijéramos: “Gracias, Señor, sé que has cubierto mis pecados con la sangre de Jesús, pero este pecado en particular, bueno, aún requiere de toda mi atención. Simplemente no puedo perdonarme tan fácilmente como tú”.

¿En serio? ¿Vas a aferrarte a algo que Dios ya ha perdonado?

Tal vez sea necesaria una plática con David: “No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados…Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103: 10, 12).

Y para que no lo olvidemos, esto dice Pablo en cuanto a dejar el pasado: “…pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!” (Filipenses 3:13b-14).

Y, por último, para cuando nos odiamos a nosotros mismos, aquí está la obra maestra de Pablo en cuanto a eso: “Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque Dios ha hecho lo que para la ley era imposible hacer, debido a que era débil por su naturaleza pecaminosa: por causa del pecado envió a su Hijo en una condición semejante a la del hombre pecador, y de esa manera condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no seguimos los pasos de nuestra carne, sino los del Espíritu” (Romanos 8: 1-4).

Vivir bajo la condena del pecado no nos permite amar. Sal de allí abajo y recibe el amor y el perdón de Dios.

ORACIÓN: Padre celestial, libéranos de la esclavitud del engaño que nos mantiene pensando constantemente en nuestros pecados. Tu Hijo los ha pagado todos por nosotros, y eso es suficiente. En su nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué Satanás pasa tiempo acusando a los fieles de día y de noche ante Dios? ¿Qué gana?
2.- ¿Te ayuda a ver las cosas con otra perspectiva el saber que lanzar acusaciones contra los creyentes es una actividad crónica de Satanás?

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Él nos oye - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 21/10/2019

Él nos oye

Aquel hombre me tocó con la mano y me hizo ponerme de rodillas y apoyarme sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: «Tú, Daniel, eres muy amado. Ponte de pie y presta atención a lo que voy a decirte, porque he sido enviado a ti. Mientras aquel hombre me decía esto, yo me puse en pie, aunque tembloroso. Entonces aquel hombre me dijo: «No tengas miedo, Daniel, porque tus palabras fueron oídas desde el primer día en que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios. Precisamente por causa de tus palabras he venido.

Daniel 10:10-12

El profeta Daniel era un judío que vivía exiliado en Babilonia. Era un funcionario del gobierno, quien amaba y servía al Señor, y quien nunca había olvidado el dolor de su pueblo, los judíos exiliados. Estaba dolorosamente consciente de que Dios los había enviado lejos de su tierra porque adoraban a dioses falsos, pero también sabía que Dios había prometido que les permitiría regresar después de 70 años. Entonces, cuando supo que el tiempo se acercaba, Daniel comenzó a orar, a ayunar y a buscar a Dios con todo su corazón.

Piensa en eso por un momento. Daniel es un hombre soltero quien ha pasado casi toda su vida a casi 2.000 millas de su casa. Durante toda su carrera laboral ha estado entre extraños, trabajando en un gobierno extranjero y hablando un idioma diferente al suyo. Es una hormiga en el vasto imperio babilónico, sin embargo él habla con Dios. Él clama a Dios pidiendo ayuda. Y cuando parece no obtener respuesta, durante mucho tiempo, él sigue orando.

Ahí es donde comienza este pasaje de la Biblia. Un ángel finalmente visita a Daniel y lo deja totalmente abrumado, tanto que se derrumba. Entonces el ángel tiene que levantarlo y darle fuerzas. El ángel se refiere a él como “Daniel, hombre muy amado” por Dios -¡qué maravilloso!-, y le dice: “Ponte de pie y presta atención a lo que voy a decirte, porque he sido enviado a ti. Tus palabras fueron oídas desde el primer día en que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios. Precisamente por causa de tus palabras he venido”.

Me pregunto cuánto tiempo le tomó a Daniel asimilar lo que estaba viviendo. Un ángel grande y glorioso estaba parado en frente suyo diciéndole: “He venido por tus palabras”. Creo que me habría desmayado de la impresión.

¿Y tú? ¿Tomas en serio la oración? La oración es un regalo increíble que se nos ha dado. “No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”, dice el Señor (Filipenses 4: 6). “Entonces ustedes me pedirán en oración que los ayude, y yo atenderé sus peticiones”, dice (Jeremías 29:12). Y Juan nos recuerda: “Y ésta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).

¿Por qué? Solo hay una razón: porque Dios nos ama y nos dio a Su Hijo Jesús como Salvador. Ya no somos rechazados ni extraditados. Por la fe en Jesús, Él nos ha hecho hijos suyos. Y cualquier buen padre escucha a sus hijos cuando le hablan. Aunque seamos como pequeñas hormigas débiles, Dios nos escucha. Seamos agradecidos por el privilegio de la oración, ¡y usémosla!

ORACIÓN: Querido Padre, gracias por dejarnos orar a través de Tu Hijo Jesucristo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Te sorprendería si apareciera un ángel en tu habitación? ¿Por qué sí o por qué no?

Cuando piensas en la tu vida de oración ¿qué es lo que más te cuesta?

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