Creados para alabar - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 29/11/2019

Creados para alabar

¡Que alaben al Señor el sol y la luna! ¡Que alaben al Señor las estrellas refulgentes! ¡Que alaben al Señor los cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos! ¡Alabado sea el nombre del Señor! El Señor dio una orden, y todo fue creado. Todo quedó para siempre en su lugar; el Señor dio una orden que no se debe alterar.

Salmo 148:3-6

Este mundo parece lejos de estar en orden; de hecho, parece ser un desorden total.

Los conflictos militares y políticos agitan a las naciones. Los desastres naturales y los provocados por el hombre se arremolinan en todo el mundo.

Sin embargo, en este mundo desordenado sí hay orden. El sol sale y se pone sin fallar, dando previsibilidad a todos nuestros días. La luna creciente y menguante marca los meses. Las estrellas y los planetas mantienen su curso y, a medida que avanzan, su movimiento es una canción de alabanza a su Creador.

El relato de la creación en Génesis refleja esta majestad ordenada. Con el poder de su Palabra hablada, Dios hizo que existieran la tierra, los mares y el cielo y es él quien marca el paso de cada nuevo día. En el sexto día Dios creó al ser humano, hombre y mujer, a su propia imagen: creados para servirlo y alabarlo y para cuidar del mundo que él había hecho.

Pero las personas que Dios creó no se mantuvieron en el orden en que fueron creados. Se rebelaron contra su Palabra y comieron de la fruta prohibida; “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y honraron y dieron culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25a). Su desorden pecaminoso se extendió por el mundo y, como una enfermedad hereditaria, se transmitió de generación en generación infectando nuestras vidas.

Sin embargo, incluso en este mundo caído, “los cielos proclaman la gloria de Dios; el firmamento revela la obra de sus manos” (Salmo 19:1). Porque antes de la fundación del mundo, Dios planeó restaurar su creación a la majestad ordenada que decretó al principio, incluyendo a los seres humanos hechos a su imagen. Jesús, el Hijo de Dios, vendría a “reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1: 20b).

Por la gracia de Dios, a través de la fe en Jesús, nuestros pecados son perdonados y somos reconciliados con Dios. Cada uno de nosotros es, en Cristo Jesús, una nueva creación. El salmista declara: “¡Que alaben al Señor el sol y la luna! Que alaben al Señor las estrellas refulgentes! ¡Que alaben al Señor los cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos!”.

Nos unimos alegremente a la alabanza de la creación a su Creador, que es un eco de la alabanza que viene, cuando “en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre” (Filipenses 2: 10-11).

ORACIÓN: Nuestro Dios y Creador, la tierra y los cielos declaran tu gloria. Por Jesús nuestro Salvador, acepta nuestra alabanza de agradecimiento hasta que llegue el día en que toda la creación doble sus rodillas para confesar que Él es el Señor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué es lo que más te sorprende de la insignificancia del planeta tierra con respecto a la enormidad del universo?
2.- ¿Qué significa para ti que Dios te haya creado?

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Hay algo más importante que los koalas aquí - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 28/11/2019

Hay algo más importante que los koalas aquí

Porque nosotros no podemos dejar de hablar acerca de lo que hemos visto y oído.

Hechos 4:20

Un colega y yo nos reunimos con el gerente de un salón que íbamos a alquilar. Fue una reunión agradable y las negociaciones pronto concluyeron.

Cuando estábamos a punto de irnos, el gerente nos preguntó si podíamos darle unos minutos. Le dijimos que sí y el gerente nos mostró algunas fotos a color de un koala albino. Parece que era fotógrafo profesional, y los animales eran sus modelos favoritos.

En unos minutos, mi colega y yo escuchamos mucho más sobre el koala de lo que nunca quisimos saber. Pero el gerente apenas comenzaba. Mientras se adentraba en el tema, hicimos varios intentos de terminar la conversación y seguir con nuestro día. Pero no logramos nada. Seguía hablando y hablando: su hábitat, su dieta, la forma en que comía y cuántos koalas de ese tipo hay en todo el mundo. Fue toda una lección.

El punto es que este hombre estaba tan entusiasmado por su afecto por el koala que simplemente no podía quedarse callado. Tenía que compartir lo que sabía con quien fuera que estuviera dispuesto a escucharlo.

Intenté recordar la última vez que me había sentido tan entusiasmado por compartir algo, pero no pude. Luego traté de recordar la última vez que me había encontrado con alguien con un entusiasmo tan voraz, y tampoco pude. Entonces sentí una culpa que, me parece, muchos cristianos sienten.

Sé y creo que Jesucristo es lo más importante para mi vida y después de ella. Sé y he experimentado lo que ha hecho por mí en mi vida y, sin embargo, rara vez comparto este conocimiento o mi fe con alguien. El entusiasmo de ese hombre era directo y específico, y estaba encantado con la oportunidad de compartir lo que claramente era un interés profundo y fuerte en su vida.

Sé que hablar de Jesús puede ser difícil. Pero aún tengo que preguntarme, ¿por qué no lo hago más seguido? ¿Por qué mis amigos cristianos y yo no tenemos más historias que contar sobre nuestras experiencias en la vida cristiana? ¿Es porque sentimos que esas conversaciones para compartir el Evangelio tienen que ser de cierta manera? ¿O porque sentimos que tenemos que impartir alguna verdad espiritual esencial o necesitamos un cierto tipo de respuesta de la gente?

Si es así, esto ciertamente puede acabar con la oportunidad de compartir nuestra fe antes de que comience. Si estamos buscando una determinada fórmula para contarles a otros acerca de Jesús, o si estamos convencidos de que no somos las personas indicadas, con toda probabilidad esas conversaciones nunca van a ocurrir.

Los cristianos tenemos el Espíritu Santo. Es Él y solo Él quien convence del pecado, quien mueve a las personas al arrepentimiento y la fe y quien gana corazones para Dios. Y saber eso nos quita una carga de encima. Tú y yo somos los portavoces de Dios. Debemos declarar las misericordias del Padre, quien nos ha redimido a través de la sangre de su Hijo y quien quiere que todos se salven.

Dios está con nosotros. Avancemos y compartamos audazmente sus Buenas Nuevas.

ORACIÓN: Padre celestial, que nuestras voces compartan siempre a tu Hijo a los demás. En su Nombre oramos. Amén.

The Lutheran Layman, abril de 1978, Jon Suel

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué crees que compartir nuestra fe es un desafío? ¿No deberíamos estar desesperados por compartir el amor de Dios y lo que Él ha hecho por nosotros?
2.- ¿Aceptas o te resistes a las conversaciones espirituales? Si te resistes, ¿qué has hecho para superar esa resistencia?

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Pacificador - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27/11/2019

Pacificador

Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Mateo 5:1-2, 9

Ser pacificador no es fácil. Uno puede ser atacado de ambas partes. Por eso me preocupo cada vez que mi esposo, que es pastor, interviene en un conflicto familiar, especialmente si la familia a la que intenta ayudar ha tenido anteriormente problemas de violencia. Por lo general él los calma, pero no siempre. En una ocasión terminó cojeando por semanas.

Aun cuando la violencia física no sea una preocupación, igual se paga un precio al intentar ayudar a hacer las paces en un conflicto. Se pasa una gran cantidad de tiempo escuchando las quejas de ambas partes. Es posible que haya que lidiar con celos, ya que una persona puede pensar que uno tiene favoritos y que en realidad no quiere lo mejor para todos. Y ninguna de las partes estará realmente feliz con uno en ningún momento, a menos que realmente se logre conseguir una paz real y duradera.

¿Y la recompensa?

Según Jesús, la recompensa es el ser reconocido como “hijo de Dios”. Esta es una frase bastante común, pero muy cierta. Porque significa que uno tiene un parecido familiar con Jesús. Él también vino a traer paz a una relación conflictiva. Él vino para reconciliar a la humanidad con Dios. Él vino a hacer lo que fuera necesario para llevarnos de regreso a Dios, ya no como enemigos, sino como hijos amados de Dios. Esa paz era su meta.

Y por esa paz pagó el precio. Lo pagó bajando del cielo para nacer en una familia pobre en una nación conquistada. Lo pagaba todos los días mientras caminaba por esta tierra amando a las personas que lo rodeaban, sirviendo, sanando, enseñando y cuidando de ellos, sabiendo todo el tiempo que su tiempo era corto. Pronto iría a la cruz. Pronto llegaría la lucha final, el conflicto con los poderes del mal que terminaría con su propia muerte y con la victoria de su resurrección.

Jesús conoce el precio de ser un pacificador. Él lleva las cicatrices de esa obra en sus manos y sus pies. Y las lleva con alegría, porque esas son las señales de que ha ganado. Él nos ha traído la paz. Nos ha reconciliado con Dios. Ahora somos bendecidos, y él también. ¡Cuánto nos ama!

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por ser nuestro pacificador. Úsame para traer paz a quienes me rodean. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1- ¿Qué puedes hacer hoy para llevar paz a quienes te rodean?
2.- Escribe o haz una oración por las personas involucradas en un conflicto, pidiéndole al Señor que intervenga y que, si lo considera prudente, te use.

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Invisible - Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/11/2019

¿Invisible?

Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

1 Juan 3:1-3

¿Alguna vez has sentido como que eras invisible?

En algún momento, de alguna forma, todos nos hemos encontrado con personas pidiendo limosna, indigentes que andan deambulando por la ciudad sin un lugar fijo donde vivir, sin trabajo, sin posibilidades de llevar una vida productiva. Nos preguntamos cómo llegaron a estar así y fácilmente deducimos que fue como resultado de malas elecciones, mala educación o simplemente mala suerte. Si nos sentimos generosos, les damos algunas monedas. Pero si no, los ignoramos como si fueran invisibles. Probablemente, los ignoremos…

Ante Dios todos somos indigentes, mendigos sucios manchados por el pecado. Sin embargo, ¡nuestra situación no es invisible para Dios! Aun cuando estábamos deambulando por los rincones oscuros de nuestras vidas, vestidos con los trapos sucios del pecado, Dios eligió no alejarse. Él no nos miró de reojo y se puso a pensar en cómo llegamos a ese estado, ni se fue a buscar a alguien mejor, alguien que no estuviera tan cargado de “problemas”.

No, en lugar de despreciarnos, el Padre se detiene y se adentra en nuestro mundo. Incluso nos acerca a sí mismo y, en lugar de simplemente ignorarnos y seguir su camino, nos llama a ser parte de su familia: con todas nuestras marcas de pecado. Al darnos a Jesús, nos ha dado todo: el perdón de los pecados, una nueva vida en y la bendita aceptación de ser hijos de Dios.

No merecemos nada de esto, por supuesto, pero Dios nos lo ha dado de todos modos: “Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos”. Dios nos hace saber que, aunque nos sintamos invisibles para el mundo, él nos ve claramente y sabe que somos mucho más que nuestras circunstancias actuales o los pecados que hemos cometido.

Para Dios no somos invisibles.

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por vernos tal como somos y no ignorarnos, sino limpiarnos y adoptarnos como hijos tuyos a través de la sangre salvadora de Jesús. En su nombre. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿De qué cosas te ha rescatado Dios?
2.- ¿De qué manera ha cambiado tu vida luego que Dios te rescató?

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La gran tribulación de nuestras vidas - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/11/2019

La gran tribulación de nuestras vidas

Después de esto vi aparecer una gran multitud compuesta de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Era imposible saber su número. Estaban de pie ante el trono, en presencia del Cordero, y vestían ropas blancas; en sus manos llevaban ramas de palma, y a grandes voces gritaban: «La salvación proviene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero». Entonces uno de los ancianos me dijo: «Y estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son? ¿De dónde vienen?». Yo le respondí: «Señor, tú lo sabes». Entonces él me dijo: «Éstos han salido de la gran tribulación. Son los que han lavado y emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, y le rinden culto en su templo de día y de noche; y el que está sentado en el trono los protege con su presencia. No volverán a tener hambre ni sed, ni les hará daño el sol ni el calor los molestará, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los llevará a fuentes de agua de vida, y Dios mismo secará de sus ojos toda lágrima».

Apocalipsis 7:9-10, 13-17

Cuando era adolescente, había una serie de libros de terror acerca del fin del mundo. Por la forma en que hablaban sobre el sufrimiento que les esperaba a los cristianos, algunos causaban pesadillas. Lo peor de todo era la descripción de algo que llamaban la “Gran Tribulación”, que parecía ser una especie de persecución sangrienta de alto calibre.

Me aterrorizaba pensar qué me iba a pasar si todavía vivía cuando esto sucediera. Me preguntaba si sería lo suficientemente fuerte como para sufrir sin quebrarme y negar a Jesús. No lo sabía, y eso me preocupaba.

Pero ahora, cuando leo este pasaje, veo algo diferente. La primera parte del pasaje está describiendo a toda la iglesia de Dios, a todos los creyentes a través de todos los tiempos, no solo unos pocos seleccionados al final de la historia del mundo. Dios los describe como una multitud innumerable de todo el mundo. Cada uno de ellos está vestido de blanco, agitando ramas de palma y celebrando a Jesús con todas sus fuerzas.

¿Quiénes son esas personas? ¡Parece claro que somos nosotros! Somos todos los que hemos creído o algún día creerán en Jesús, todos los que “han lavado y emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero”… lo cual es una forma elegante de decir que son todos los que han pecado o hecho algo malo y que han sido perdonados por Dios porque Jesús murió por ellos en la cruz. ¿Serás tú? ¿Seré yo? Creo que sí.

Y eso significa que también somos los que “han salido de la gran tribulación”. No es que cada uno de nosotros esté vivo cuando ocurra la batalla final del Armagedón; más bien, es que cada uno de nosotros, grandes o pequeños, jóvenes o viejos, sabemos lo que significa sufrir: vivir en un mundo que es activamente hostil contra el pueblo de Dios. Todos sabemos lo que significa ser tentados a hacer el mal. Todos sabemos lo que significa sufrir daños o injusticias. Todos hemos tenido días tan negros que casi olvidamos el recuerdo del amanecer.

Esa es nuestra tribulación y, sin embargo, ¡la Biblia dice que estamos saliendo de ella! No por nuestro propio poder o fuerza, sino por el poder del Espíritu Santo. Cuando llegue el día final estaremos limpios, felices y celebrando a Jesús con todas nuestras fuerzas. Porque Él es la razón por la que podemos conquistar la gran tribulación de nuestras vidas y todas las pequeñas tribulaciones que nos llegan a diario. Él es la única razón. Él es nuestro Salvador que nos mantiene a salvo en sus manos por siempre.

ORACIÓN: Señor, ayúdame confiar en ti en medio de todos los grandes y pequeños sufrimientos de este mundo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿A qué clase de sufrimiento le tienes más miedo?
2.- ¿Cómo encuentras consuelo en Jesús en medio del sufrimiento?

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Canto de alegría - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22/11/2019

Canto de alegría

¡Que se alegren sus fieles por su triunfo! ¡Que salten de alegría allí, en su lecho! ¡Que exalten a Dios a voz en cuello mientras agitan en sus manos las espadas! ¡Que se venguen de todas las naciones! ¡Que castiguen a todos los pueblos!

Salmo 149:5-7

Este salmo comienza con una nota alegre; es el tipo de salmo con el que estamos familiarizados, el que nos gusta recitar: “¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Alábenlo en la comunidad de los justos!” (Salmo 149:1). En él se invita a Israel a alegrarse en su Dios Creador, y nosotros con gusto nos unimos a su celebración. El nombre de Dios es alabado con baile y música porque: “El Señor se complace en su pueblo, y bendice a los humildes con su salvación” (Salmo 149: 4).

Dios nos ha adornado con salvación. En nuestro bautismo somos revestidos de Cristo, con la ropa brillante de su justicia. Tan buenas noticias no solo nos llevan a alabar a Dios durante el día, sino que también nos llevan hasta a cantar de alegría en nuestra cama por la noche porque nos sentimos seguros en su perdón y en su amor.

“¡Que exalten a Dios a voz en cuello!”. Con esto también estamos alegremente de acuerdo. Pero de pronto el salmo da un giro algo inquietante. El pueblo exalta a Dios a voz en cuello “mientras agitan en sus manos las espadas”. Esas espadas no son para defensa propia; son armas de juicio “para vengarse de las naciones… para ejecutar en ellas la sentencia escrita” (Salmo 149:7-9).

Estas declaraciones vengativas son muy diferentes a las palabras del apóstol Pablo: “No busquemos vengarnos, amados míos. Mejor dejemos que actúe la ira de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor»” (Romanos 12:19b). La venganza pertenece al Señor, y aunque no lo pensemos muy a menudo, la venganza del Día del Señor está cerca.

Cuando Jesús nuestro Señor regrese en gloria en el día final, el mal que oscurece la buena creación de Dios finalmente será destruido, para siempre. Como nos dicen las Escrituras: “Porque es necesario que él (Cristo, nuestro Señor resucitado y ascendido) reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies, y el último enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:25-26).

En el día final, el gran día de la resurrección, todos los que confían en Cristo serán resucitados corporalmente de la muerte para vivir en la presencia de Dios para siempre. Todo el luto, el llanto y el dolor se acabarán y Dios limpiará cada lágrima de nuestros ojos.

Mientras tanto nos alegramos en el Señor, pues él “se complace en su pueblo”. Tenemos en nuestras manos y en nuestro corazón la espada de dos filos que es la Palabra viva y activa de Dios. La usamos con el poder del Espíritu, llamando a las naciones al arrepentimiento y proclamando el perdón ganado con la muerte y resurrección de Jesús. Como testigos del amor de nuestro Salvador esperamos su juicio y su gloria. ¡Esto es suficiente para hacernos cantar de alegría antes de dormir: ven, Señor Jesús!

ORACIÓN: Señor Jesús, esperamos con alegría tu regreso. Hasta entonces, enséñanos a manejar bien la poderosa espada de tu Palabra y proclamar el arrepentimiento y el perdón en tu Nombre a todas las naciones. Ven Señor Jesús. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Recuerdas alguna vez en que hayas alabado a Dios aun cuando no hayas entendido la razón de lo que te estaba sucediendo?
2.- Cuando compartes tu fe con otros, ¿qué aspectos de Dios mencionas?

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Sazonados con luz - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 20/11/2019

Sazonados con luz

»Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo volverá a ser salada? Ya no servirá para nada, sino para ser arrojada a la calle y pisoteada por la gente. »Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa. De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.

Mateo 5:13-16

Si alguna vez has hecho una dieta sin sal, sabes que la falta de sal afecta el sabor de los alimentos. Sin sal, muchos alimentos que normalmente son agradables al paladar se vuelven insípidos.

La sal se consideraba una mercancía tan importante en el mundo antiguo, que el puesto de “guardián de la sal” en los banquetes reales tenía un alto prestigio. Y en el mundo antiguo, la sal se usaba como medio de intercambio. La sal era, literalmente, dinero.

La sal no solo agrega sabor a los alimentos insípidos, sino que también conserva los alimentos que de otra forma se echarían a perder muy rápidamente. Pero una vez que la sal no “sala”, que pierde su sabor y poder conservante, en lugar de ser de gran valor, se descarta.

“Tú eres la sal de la tierra”, dijo Jesús. ¿Qué tiene que hacer un cristiano para ser la sal de la tierra? ¿Cómo agregamos palabras sazonadas con el Evangelio a nuestras conversaciones? ¿Cómo podemos “salar” más eficazmente nuestras conversaciones en el trabajo, en casa y en los lugares donde pasamos el rato?

Jesús también nos habla de la luz. Sin ella, la oscuridad nos gobierna y nos cuesta hacer las cosas más simples. La luz en la noche es un paisaje agradable del mundo antiguo. La luz era proporcionada por el parpadeo de las lámparas de aceite o las fogatas. Su iluminación disipaba la oscuridad y permitía que la vida continuara, incluso después del anochecer.

“Ustedes son la luz del mundo”, dijo Jesús a sus discípulos. Luego agrega una frase un tanto reveladora: “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”. En una palabra, los cristianos deben brillar, ser luz para otros. En la oscuridad de un mundo cada vez más perdido, tu fe debe ser visible para todos.

Entonces, ¿cómo podemos ser luces para que otros puedan ver? ¿Qué oportunidades tenemos para ser luz para el mundo? ¿Cómo podemos bendecir a otros siendo sal?

La próxima vez que reflexiones sobre la salvación que tienes gracias a la vida, muerte y resurrección de Jesús, piensa en cómo eso puede ser “sal” para la vida de alguien y “luz” para su mundo oscuro.

ORACIÓN: Padre celestial, recuérdanos que somos la “sal de la tierra” y la “luz del mundo”, siempre apuntando a nuestro Salvador Jesús. En su nombre oramos. Amén.

The Lutheran Layman, febrero de 1978, “Una vida de sal y luz”, de Ron Schlegel

Para reflexionar:

1.- ¿En qué formas concretas podemos los cristianos ser la “sal de la tierra” y la “luz del mundo”?
2.- ¿Puedes recordar momentos en los que podrías haber sido más “salado” y más “brillante” en tu relación con otros?

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Plan de jubilación para esclavos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 20/11/2019

Plan de jubilación para esclavos

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Le respondieron: «Nosotros somos descendientes de Abrahán, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir: “Ustedes serán libres”?». Jesús les respondió: «De cierto, de cierto les digo, que todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Así que, si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres».

Juan 8:31-36

¿Alguna vez has pensado en el plan de jubilación para esclavos?

La pregunta es rara, lo sé. Sin embargo, en los días de Jesús, esto era algo en lo que la gente realmente pensaba. Un buen amo mantenía a sus esclavos cuando eran viejos o discapacitados; un mal amo los vendía por cualquier precio, o incluso “los liberaba”. En otras palabras, básicamente los dejaba morir cuando ya no podían cuidar de sí mismos. Los esclavos no se quedaban en la casa de sus amos para siempre. No tenían ni seguridad, ni futuro, ni paz.

Ese es el trasfondo en el que Jesús está pensando cuando habla de ser esclavo del pecado. El pecado no tiene un plan de jubilación, ¡a menos que cuentes el infierno como parte de tu jubilación! El mal es un amo poderoso, pero no es bueno. Deforma y arruina a sus esclavos sin piedad. Luego, cuando están agotados, el pecado sigue con nuevas víctimas, dejando que las anteriores perezcan.

Esa no es la vida que Jesús quiere para nosotros. Ese no es el futuro que nos ofrece. Al contrario, Jesús nos ofrece un futuro y una esperanza: la verdadera libertad que viene cuando pertenecemos al Hijo de Dios.

Jesús comienza señalando una diferencia básica entre los hijos de una familia y los esclavos. Los hijos son parte de su familia para siempre. No se pueden vender, intercambiar o dejar en una esquina cualquiera. Tienen libertad y permanencia. Como adultos, también tienen autoridad, incluso de liberar a los esclavos.

Como el Hijo de Dios, eso es lo que Jesús nos ofrece: libertad y permanencia. No es la libertad de sufrir y morir abandonados, sino la libertad y la alegría que pertenecen a los hijos de Dios, a aquellos a quienes Dios ha tomado como suyos permanentemente a través de la fe en Jesús.

Jesús murió y resucitó para salvarnos; podemos confiar en él pues las palabras de Juan 1:12 se han hecho realidad: “Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Nunca más volveremos a estar sin hogar, esclavizados o rechazados.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por liberarnos y hacernos tus hijos amados. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuál crees que sea la peor parte de ser esclavo?
2.- ¿En qué se parece el ser pecador a ser esclavo?

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Cuando Dios tiene otros planes - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 19/11/2019

Cuando Dios tiene otros planes

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, y de ello dan testimonio la ley y los profetas. La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él. Pues no hay diferencia alguna, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios; pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que proveyó Cristo Jesús, a quien Dios puso como sacrificio de expiación por medio de la fe en su sangre. Esto lo hizo Dios para manifestar su justicia, pues en su paciencia ha pasado por alto los pecados pasados.

Romanos 3:21-25

¡Qué alivio debe haber sido para el apóstol Pablo recibir la verdad de que somos justificados ante Dios no por obras de la Ley sino por la gracia de Dios! La magnitud de la gracia de Dios nos trae de vuelta al redil a sus hijos e hijas pródigos que nos habíamos perdido irremediablemente. Aunque buscamos voluntariamente nuestro propio camino, evitando Su Palabra y el buen testimonio de los fieles que nos rodean, Él nos ha guiado de regreso, nos ha dado a Su Hijo, que nos limpia de todo pecado, y con Él la gloria de la vida eterna en la presencia de Dios mismo.

La justicia de Dios —la misma justicia impartida a Abraham y sus descendientes Isaac y Jacob— es nuestra como creyentes en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Y está disponible para todos. Al recibir esta justicia perfecta, esta justificación divina ante la Ley, hasta Pablo encontró una nueva vida incluso después de haber sido quien “perseguía y asolaba sobremanera a la iglesia de Dios” (Gálatas 1: 13b).

Pero Pablo encontró más que una nueva vida: encontró una nueva misión: “Pero Dios me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, y cuando a él le agradó revelar a su Hijo en mí para que yo lo anunciara entre los no judíos, no me apresuré a consultar a nadie” (Gálatas 1: 15-16a). ¿”Lo anunciara entre los no judíos”? ¿¡Pablo!?

Educado durante años en la tradición farisaica, inmerso en el conocimiento de la historia y el pensamiento judíos, capacitado para interpretar las Escrituras hebreas y los voluminosos comentarios que las acompañaban, Pablo estaba hecho a la medida para proclamar el Evangelio a sus compatriotas: los judíos.

Pero Dios tenía otros planes en mente.

¿Y tú? ¿Has sido receptivo a la mano de Dios en tu vida, incluso (o especialmente) cuando parecía guiarte en una dirección que no esperabas? Cuando oras, ¿estás abierto a lo que Dios tiene reservado para ti? Esto puede ser difícil. Puede exigir mucho de ti. Pero piensa en lo que Dios puede hacer cuando le entregamos nuestras vidas.

“Pues no hay diferencia alguna, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, dice la Escritura. Todas las personas en todas partes necesitan la salvación de Dios, el perdón de sus pecados que viene por la fe en Jesús como su Señor y Salvador. Eso significa que aquellos que no son parte de nuestra familia ni son amigos más cercanos, incluso aquellos que no son de nuestro origen étnico o cultura, necesitan escuchar el Evangelio.

¿Conoces a alguien que se pueda beneficiar de las buenas noticias en este momento?

ORACIÓN: Padre Celestial, por tu Espíritu Santo, llévanos a hablar con confianza de Jesús y Su amor a aquellos que conocemos y que necesitan escucharlo. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Cuándo ha intervenido Dios en tu vida de una manera dramática?
2.- ¿Cómo influye en tu testimonio el saber que todos somos igualmente pecadores ante Dios?

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Temiéndole a lo correcto - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 15/11/2019

Temiéndole a lo correcto

Luego vi otro ángel, el cual volaba en medio del cielo. Tenía el evangelio eterno, para predicarlo a los habitantes de la tierra, es decir, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Ese ángel decía con fuerte voz: «Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua».

Apocalipsis 14:6-7

Odio las pesadillas, ¿y tú? Creo que las odio más porque nada es lo que parece ser. Todo se desvanece en sombras. Crees que estás lidiando con una situación y de repente se transforma en otra. Es como sostener un puñado de niebla, y esto lleva mi ansiedad por las nubes.

Cuando me despierto después de un sueño así, me siento como en el cielo. Veo mi bendito rectángulo de cama, la puerta y el despertador y, aunque el despertador puede ser una pesadilla en sí mismo, al menos es una pesadilla confiable que nunca me despierta a las trece. Cuando me despierto, puedo ver claramente y puedo volver a estar feliz y a sentirme cómoda. El miedo se ha ido.

El ángel en este pasaje de Apocalipsis habla acerca del miedo. Él dice: “Teman a Dios, y denle gloria… Adoren al que hizo el cielo y la tierra”. Esto no suena muy reconfortante, ¿verdad? Pero en realidad lo es. El ángel está hablando con un mundo lleno de personas que han sido aterrorizadas y perseguidas por poderes malvados. ¡Básicamente, le tienen miedo a todos y a todo!

Es porque no saben quién es la Persona adecuada a quién temer: el Dios que tiene todo el poder pero que nunca lo usará mal, el que es perfectamente santo pero que, sin embargo, es “¡lento para la ira, y grande en misericordia y verdad!” (Éxodo 34: 6b). Es apropiado tratar a Alguien tan poderoso con el mayor respeto y asombro y “temblar ante Su Palabra” (Isaías 66: 2). Pero este no es el tipo de miedo que sentimos por las personas crueles o abusivas, o por los terrores que el diablo envía a nuestras vidas. Al contrario, este es el temor respetuoso y amoroso que le tiene un niño a su padre a quien admira y en quién confía con todo su corazón.

Cuando el Espíritu Santo siembra ese tipo de temor en nuestros corazones, podemos liberarnos del temor a las personas y a los poderes del mal. Aunque todavía podamos sufrir a costa de ellos, su poder emocional sobre nosotros ya no existe.

El salmista lo describe de esta manera: “En medio de la angustia clamé al Señor, y él me respondió y me dio libertad. El Señor está conmigo; no tengo miedo de lo que simples mortales me puedan hacer. El Señor está conmigo y me brinda su ayuda; ¡he de ver derrotados a los que me odian!… Me empujan con violencia, para hacerme caer, pero el Señor me sostendrá. El Señor es mi fuerza, y a él dedico mi canto porque en él he hallado salvación… Te alabo, Señor, porque me escuchas, y porque me das tu salvación” (Salmo 118: 5-7, 13-14, 21).

Jesús nos salva conquistando el mundo a través de Su sangre derramada, muerte y resurrección. Todos los que confíen en Él serán salvos y libres para siempre.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a confiar en ti siempre, pero especialmente cuando tengo miedo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué cosas te producen miedo? ¿Por qué?
2.- ¿Qué haces para sentirte mejor cuando tienes miedo?

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