Comienza a desarrollar tu inteligencia emocional con esta nueva charla

Comienza a desarrollar tu inteligencia emocional con esta nueva charla

La inteligencia emocional es una capacidad cada vez más valorada para entender nuestros entornos laborales, sociales y sentimentales.

Incluso, los reclutadores de personal evalúan esta habilidad en sus procesos de selección. Es lo que llaman “habilidades blandas”.

Si te interesa el tema y quieres desarrollar tu inteligencia emocional, te invitamos a la charla gratuita que dictará la psicóloga Mandy Riquelme el sábado 3 de octubre de 2020, a las 17:00 horas de Chile, a través de Zoom.

Mandy es psicóloga y educadora. Posee experiencia como docente en contextos de vulnerabilidad en el ámbito de la salud mental y psicosocial, así como también en cátedras universitarias. Ya ha estado con nosotros en otras charlas. En julio de este año dictó el tema “La crisis del miedo y la incertidumbre en tiempos de pandemia”, también de manera virtual.

La experta definirá qué es la inteligencia emocional y enseñará los principios básicos para desarrollarla.

Este será un evento internacional, pues por primera vez compartiremos la sala con oficinas hermanas de Cristo Para Todas Las Naciones (Argentina y Uruguay).

Recuerda que la inscripción es gratis. Sin embargo, nuestros cupos son limitados. Reserva ya tu plaza haciendo clic en el botón de abajo.

"Para Pablo, el Salvador crucificado y resucitado lo era todo: su aliento y ser, su compañero en cada esquina del camino" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "¿Quién necesita raíces?" - 22/09/2020

¿Quién necesita raíces?

Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos. 

Hechos 17:28a

No hace mucho vi una fotografía en la que un oso koala se aferraba con fuerza a una rama muy por encima del suelo. Tenía los ojos entrecerrados con fuerza como para bloquear un desastre que se acercaba. La leyenda decía: “La vida puede hacerte trepar a un árbol”. Si una imagen vale más que mil palabras, esa fotografía puede ser la mejor respuesta al título de este mensaje.

Muchos estadounidenses lamentan el desarraigo de nuestra sociedad. La mayoría de nosotros admitiría que esto es cierto, especialmente para los solteros. No es demasiado difícil cambiar de apartamento, trabajo o ciudad. Si decidimos que queremos un cambio y podemos manejarlo, es probable que sigamos adelante sin preocuparnos demasiado por los efectos que nuestra decisión pueda tener en otra persona. Para mí, esta libertad es una de las principales ventajas de ser soltero. Pero la pregunta es ésta: ¿Cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar para tener seguridad y pertenecer?

Demasiados cambios y demasiada independencia también pueden crear una gran cantidad de estrés en nuestra vida. Para algunas personas, el cambio parece ser la única permanencia que conocen. Saltan de un trabajo a otro, de una ciudad a otra, de una relación a otra, siempre en busca de pastos más verdes, pero muy a menudo parecen estar huyendo de sí mismos. Por otro lado, evitar los cambios a toda costa puede crear un aburrimiento predecible y sofocante. Cuando la vida llega y trata de hacernos subir a un árbol, puede ser reconfortante saber que nuestro árbol tiene raíces y que las raíces no se quedan en su lugar simplemente por la fuerza del hábito.

Entonces, ¿dónde podemos encontrar estabilidad en la vida sin sucumbir al estancamiento, sin resistir todo lo que pueda ser diferente, o fuera de nuestra forma cómoda de hacer las cosas? ¿Cómo crecemos y nos apoyamos en experiencias nuevas manteniendo los pies en la tierra, sin convertirnos en víctimas de las arenas movedizas de la vida?

El apóstol Pablo tiene una respuesta a estos viejos acertijos. “Por tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús el Señor, así anden en Él; firmemente arraigados y edificados en Él y confirmados en su fe, tal como fueron instruidos, rebosando de gratitud” (Colosenses 2:6-7).

Para Pablo, el Salvador crucificado y resucitado lo era todo: su aliento y ser, su compañero en cada esquina del camino. A lo largo de su nueva vida en Cristo, Pablo se apoyó en Jesús en busca de estabilidad, confiando en él con su vida. Pablo sabía que Jesús nunca fallaría ni lo desampararía, por más difíciles o inestables que se volvieran las cosas (ver Deuteronomio 31:6).

Este es el tipo de arraigo que todos buscamos. Solo en este tipo de estilo de vida podemos encontrar verdadera seguridad.

ORACIÓN: Padre celestial, hunde nuestras raíces de fe profundamente en la verdad de Jesús como nuestro Señor y Salvador. En su Nombre oramos. Amén.

The Lutheran Layman, 1978, Jane Fryar

Para reflexionar:

1.- ¿Está tu vida arraigada en Dios y creces diariamente en tu fe?

2.- ¿Qué puedes hacer para crecer más en tu fe?

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"Hay suficiente amor para todos, suficiente gracia, suficiente misericordia, suficiente de todo" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Alegría en vez de envidia" - 21/09/2020

Alegría en vez de envidia

Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 

Salió después como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; y a estos les dijo: “Vayan también ustedes a la viña, y les daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. 

Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo. Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué han estado aquí parados todo el día sin trabajar?”. Ellos le dijeron: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a la viña”. 

Al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos y terminando con los primeros”. 

Cuando llegaron los que habían sido contratados como a la hora undécima, cada uno recibió un denario. Cuando llegaron los que fueron contratados primero, pensaban que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno. Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado, diciendo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, pero usted los ha hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del día”. Pero respondiendo el hacendado, dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero yo quiero darle a este último lo mismo que a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos». 

Mateo 20:1-16

¡Qué historia más extraña! Está claro que el dueño del viñedo tiene prisa por recoger la cosecha. ¡Tiene tanta prisa, que sale a buscar trabajadores cinco veces en un solo día! Hace calor y las uvas no esperan. A medida que el día se acorta, ni siquiera se detiene a regatear sobre sus salarios. Todo eso se resolverá más tarde.

Finalmente es hora de dejar de trabajar. El propietario debe estar de muy buen humor, porque ha tomado una decisión: ¡salario completo para todos, sin importar cuánto tiempo hayan trabajado! Los recién llegados están extasiados: nunca esperaron tener una recompensa tan maravillosa. Pero el primer grupo, los de la mañana, ah, están enojados. ¿Por qué? Porque de repente el salario prometido ya no es suficientemente bueno. Necesitan una cosa más: ver sufrir a los recién llegados.

Desafortunadamente, esta es una actitud común aun entre quienes seguimos a Jesús. Nosotros también estamos tentados a pensar que merecemos estar “en la cima” ante Dios por nuestra fidelidad. Después de todo, ¡somos cristianos de cuna, educados en la fe! (bueno, al menos algunos de nosotros). Y creemos que es injusto que Dios dé las mismas bendiciones de amor, gozo, perdón y salvación a quienes llegan tarde, a quienes “tuvieron su fiesta” y luego se arrepintieron siendo ya mayores.

Ante esta necedad, Jesús nos dice: ¡Vengan a celebrar! Tienes las mismas bendiciones y Dios rebosa de gozo. Hay suficiente amor para todos, suficiente gracia, suficiente misericordia, suficiente de todo. Alégrate con tu generoso Maestro y con tus hermanos y hermanas que llegaron tarde. ¡La cosecha de Dios está llegando!

ORACIÓN: Amado Padre, ayúdame a regocijarme cuando bendices a otros y cuando me bendices a mí también. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Puedes alegrarte sinceramente con la buena fortuna de los demás?

2.- ¿Cómo imaginas que será la celebración en el cielo cuando todo el pueblo de Dios esté en casa?

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"Podemos amar a nuestros enemigos, enfrentar nuestros miedos con confianza en Jesús, poniendo a Dios primero en lugar de a nosotros mismos" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "No estaba en el guion" - 17/09/2020

No estaba en el guion

Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en un mayor progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor… Solamente compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a verlos, o que permanezca ausente, pueda oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio. De ninguna manera estén atemorizados por sus adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para ustedes, y esto, de Dios. Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él, teniendo el mismo conflicto que vieron en mí, y que ahora oyen que está en mí. 

Filipenses 1:12-14, 27-30

¿Has notado alguna vez que la mayoría de la gente va por la vida como si siguiera un guion? Tienen el futuro planeado para cualquier situación. “Yo diré X, y luego ella dirá Y”, piensan. “Yo haré A, y luego él hará B”. Esto también se aplica a la vida pública. Policías, jueces, gobiernos: todos tienen sus propios guiones y eligen sus acciones basándose en lo que creen que harán las otras personas.

Pero no siempre funciona así. Tomemos nuestra lectura de hoy: Pablo está en la cárcel por predicar acerca de Jesús, y hasta podría ser ejecutado. Los cristianos locales lo saben, por lo que pensamos que esto los va a afectar. Humanamente hablando, deberían estar pensando: “Dios mío, Pablo está en la cárcel por amor de Jesús. Creo que será mejor que me retracte de mi testimonio o terminaré en una celda al lado suyo”. Pero eso no es lo que pasa. Como dice Pablo: “La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor”.

Las autoridades locales se deben haber asustado. Los cristianos no seguían el guion: en vez de esconderse, ¡hablaban cada vez más de Jesús! ¿Por qué no se escondían? ¿Por qué no tenían miedo?

Pablo conocía la razón, y los cristianos también. Después de vivir con miedo, el Evangelio los había liberado del miedo al sufrimiento y a la muerte. Ya no necesitaban seguir ese guion humano universal. Ahora pertenecían al Dios que se salió del guion, que eligió responder a la maldad humana no rechazándonos y condenándonos, sino salvándonos a costa de su propia vida. ¡Ese fue un giro inesperado! Un Dios que haría tal cosa podría hacer cualquier cosa, incluso resucitar de entre los muertos, incluso adoptar a sus enemigos y convertirlos en sus hijos.

Si esa es la clase de Dios que tenemos, ya no debemos tener miedo de la cárcel o la muerte. Como esos primeros cristianos, podemos salirnos del guion y vivir como hijos de Dios en un mundo asombrado. Podemos amar a nuestros enemigos, enfrentar nuestros miedos con confianza en Jesús, poniendo a Dios primero en lugar de a nosotros mismos. Gracias a Jesús sabemos que Dios tiene la última palabra sobre nuestra vida, y su palabra para nosotros es misericordia.

ORACIÓN: Padre, ayúdame a vivir en la libertad y la alegría de tus hijos. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Has hecho alguna vez algo como cristiano que haya confundido a quienes te rodean?

2.- ¿De qué manera ese tipo de confusión ayuda a otros a llegar a la fe en Jesús?

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"Él quiere que volvamos a casa, quiere que sus hijos sean perdonados, limpios y felices..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "De vuelta en casa" - 16/09/2020

De vuelta en casa

Busquen al Señor mientras puede ser hallado, llámenlo en tanto que está cerca. Abandone el impío su camino, y el hombre malvado sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar. «Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor. «Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos. 

Isaías 55:6-9

Cuando era pequeña y me metía en problemas, lo último que quería hacer era irme a casa. Sabía lo que me esperaba: más problemas, gritos y castigos. Por eso hacía casi cualquier cosa para retrasar la hora de volver a casa.

Es una respuesta bastante normal, ¿verdad? Hacemos el mal y luego huimos del lugar donde lo hicimos. Evitamos a la persona a la que hicimos daño, porque no queremos enfrentarnos a ella y su enojo o decepción. No iremos a “casa”, donde sea que esté, porque nada bueno nos espera, y lo sabemos.

Eso es lo que hace que nuestra lectura de Isaías sea tan extraña. Dios nos dice: “Abandone el impío su camino, y el hombre malvado sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar”. ¿Tendrá compasión de él? ¿Perdón en abundancia? ¿Qué estaría pensando Dios? Ese no es un regreso normal a casa. ¿Acaso es esto posible?

Pero esas son las palabras que nos dice el Espíritu Santo. Entonces miramos hacia arriba y a los lugares donde nos escondemos, y nos preguntamos si tal vez, solo tal vez, Dios podría decirlo en serio. Quizás, solo quizás, no nos va a gritar ni a condenar, ni nos dará lo que sabemos que merecemos. Tal vez podamos volver a casa, regresar al Señor, encontrar paz, gozo y amor nuevamente, a pesar de quiénes somos y de lo que hemos hecho. Quizás Dios se toma en serio su oferta.

Y descubrimos que lo es. Él quiere que volvamos a casa, quiere que sus hijos sean perdonados, limpios y felices; y lo quiere tanto, que entregó su vida para hacerlo posible. Eso es lo que Jesús hizo cuando vino a este mundo: buscó a los perdidos, a todos los que hicimos mal y luego huimos. Vino a traernos a casa. ¿Y si la única forma de lograrlo implicara sufrimiento y muerte? Él estuvo dispuesto a pagar ese precio. Lo pagó por mí y lo pagó por ti.

Dios quiere que vuelvas a casa. Él quiere que estés en casa para siempre, no como un niño en libertad condicional hasta que cometas el próximo error y te escapes de nuevo. Él quiere que estés en casa para siempre, siempre con Él, siempre perdonado, siendo poco a poco transformado a la imagen del Hijo de Dios. Eso es lo que nos espera. Escuchemos a Jesús, pongamos nuestra mano en la suya y vayamos a casa.

ORACIÓN: Querido Padre, ayúdame a vivir contigo para siempre como tu hijo perdonado. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez recibiste misericordia y perdón en vez de juicio y condenación?

2.- ¿Qué tan fácil o difícil es para ti confiar en el perdón de Dios?

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"Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho ‘Busquen mi rostro’, porque quiere que lo encuentren" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Jugando a las escondidas" - 15/09/2020

Jugando a las escondidas

Cuando dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió: «Tu rostro, Señor, buscaré». No escondas Tu rostro de mí; No rechaces con ira a Tu siervo; Tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, Oh Dios de mi salvación. 

Salmo 27:8-9

Cuando se juega a las escondidas, por lo general es más divertido esconderse que buscar a quienes están escondidos.

En nuestro salmo, solo hay Uno que se esconde y muchos que buscan. Dios dice: “Busquen mi rostro”, y las personas de todo el mundo han estado haciendo eso desde que Adán y Eva fueron expulsados del Edén. 

Dios nos da pistas de su existencia para que lo podamos encontrar, como escribe el apóstol Pablo: “Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa” (Romanos 1:20). La presencia y el poder de Dios deben ser obvios, porque como dice Pablo: “Él no está lejos de ninguno de nosotros” (Hechos 17:27b). Sin embargo, elegimos adorar y servir “a la criatura en lugar del Creador” (Romanos 1:25b), buscando a Dios en los lugares equivocados.

Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho “Busquen mi rostro”, porque quiere que lo encuentren. 

Dios se reveló en la creación, en sus poderosos actos y en su Palabra. También se reveló a los patriarcas y profetas. Sin embargo, había más por revelar: Dios mismo vino a su pueblo. “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo” (Hebreos 1:1-2a). 

Quiso el Padre que en Jesucristo “habitara toda la plenitud” (Colosenses 1:19b). Escondido en carne humana en la persona de Su Hijo, Dios entró en el mundo como si dijera: “¡Aquí estoy! ¡Busca mi rostro! Dios mismo estaba escondido y por el poder del Espíritu revelado a los ojos de la fe, en un bebé en un pesebre, en la víctima sufriente en la cruz y en el Señor resucitado y glorificado.

La Palabra de Dios revela dónde se encuentra. Al pie de la cruz vemos a Jesús —Dios el Hijo— cargando el peso de nuestro pecado y vergüenza, la culpa de nuestra búsqueda egoísta de dioses de nuestra propia elección. En el testimonio de la Palabra vemos las cicatrices de los clavos en las manos y los pies del Señor resucitado. En su Santa Cena recibimos el cuerpo y la sangre de Jesús, dados y derramados para el perdón de nuestros pecados. 

Por el amor de Jesús, Dios nunca esconderá Su rostro de nosotros ni nos desechará. El Dios de nuestra salvación no nos abandonará. Buscamos su rostro y no lo encontramos. Pero Él sí nos encontró.

ORACIÓN: Señor y Salvador, cuando estábamos perdidos en el pecado tú viniste a buscarnos y encontrarnos. Mantennos fuertes en la fe hasta que finalmente te veamos cara a cara. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que Dios esconde hoy su rostro de nosotros? ¿De qué manera?

2.- ¿En qué momentos piensas en la muerte y resurrección de Jesús?

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"Él es el Creador de todas las cosas, el que mantiene la armonía y el orden" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "La magnitud del amor de Dios" - 14/09/2020

La magnitud del amor de Dios

…porque al Padre le agradó que en él habitara toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. 

Colosenses 1:19-20

Los productores de cine disfrutan mucho explorando la inmensidad, complejidad y lo desconocido del universo. Se han producido muchas películas de ciencia ficción sobre batallas interestelares, guerras entre diferentes galaxias y la tierra defendiéndose de invasiones extraterrestres.

Pero la ciencia real es diferente. Los científicos están haciendo todo lo posible para extender su alcance a la extensión aparentemente ilimitada del universo. Ya hay empresas que han logrado llevar hombres a la luna, que han desarrollado telescopios de alta potencia y que operan estaciones espaciales con tripulaciones internacionales.

Pero ¿y Dios? ¿Cómo podemos salvar nuestra distancia con él?

Dado que Dios es Espíritu, ningún telescopio nos permitirá verlo, y ningún microscopio será capaz de identificar sus huellas digitales o su tipo de sangre. Y como si esto no fuera suficiente, nuestro pecado nos ha separado de nuestro Creador. De hecho, el universo mismo ha sido corrompido por el pecado. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿cómo nos acercamos a Dios? ¿Es posible cruzar el abismo entre él y nosotros?

Afortunadamente, la Biblia da una respuesta cuando dice que Dios reconcilió todas las cosas en la tierra y en el cielo consigo mismo, “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz [de Jesús]”.

Dios es el Creador de todas las cosas. Él es el Creador de las galaxias distantes y de los granos de arena bajo nuestros pies. Y quien todo lo creó, ahora quiere restaurarlo a través de su Hijo Jesucristo. Solo a través del Salvador podemos ser liberados del poder de las tinieblas, podemos ser perdonados, podemos regresar a la familia de la que el pecado y Satanás nos han robado.

Ahora bien, no hay duda de que cuando nos comparamos con el universo, somos muy pequeños. Apenas estamos comenzando a comprender las inmensas profundidades del espacio exterior y las fuerzas misteriosas que actúan en ese reino. Pero, a pesar de las incógnitas del espacio, sabemos que el Señor es aún más grande, y Él se ha dado a conocer. Él es el Creador de todas las cosas, el que mantiene la armonía y el orden.

Y Él es quien envió a Su Hijo Jesús para que se convirtiera en uno de nosotros y diera su vida para rescatarnos del miedo y la incertidumbre. El pesebre, la cruz y la tumba vacía de Jesús no son ciencia ficción: son la realidad de Dios Padre quien, a través de ellos, ha salvado la distancia que nos separaba.

ORACIÓN: Padre Celestial, Señor del universo, gracias por rescatarnos del pecado, la muerte y Satanás. En el nombre de Jesús. Amén.

Rev. Fernando Henrique Huf, Ministerios de la Hora Luterana en Brasil.

Para reflexionar:

1.- ¿Qué hizo Dios para hacer las paces con el universo?

2.- ¿Por qué crees que Dios haría semejante cosa por nosotros?

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¿Por qué la Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento? - Artículo del blog de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile

¿Por qué la Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento?

¿Has notado que la Biblia está dividida en dos partes, Antiguo y Nuevo Testamento?

Esta división no significa que son cosas distintas, pues el mensaje es el mismo: Jesucristo y su misión de rescate.

El Antiguo Testamento (AT) fue escrito antes del nacimiento de Jesús. Nos promete su venida y hace muchas predicciones sobre su vida.

La segunda sección, el Nuevo Testamento (NT), trata sobre el Salvador que vino y da detalles sobre cómo rescató al ser humano.

Ahora veamos un desglose de cada testamento.

El Antiguo Testamento y las primeras promesas

Dios prometió a Adán y Eva que enviaría a Alguien para salvar a la humanidad del pecado, de la muerte y del dominio de Satanás.

“Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón”.

Génesis 3:15

Más tarde, por el año 2000 a. C., Dios decidió hacer un pacto con un hombre llamado Abram (cuyo nombre después fue cambiado a Abraham). El pacto se renovó después con Isaac, el hijo de Abraham, y luego con Jacob (su nieto, llamado también Israel).

Pero el Señor le había dicho a Abrán: «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Yo haré de ti una nación grande. Te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

Génesis 12:1-3

Dios prometió a estas tres generaciones que haría de sus descendientes una gran nación, que les daría una tierra fértil donde vivir y que los protegería de sus enemigos, siempre y cuando ellos le rindieran culto fielmente. Por último, Dios prometió que a través de sus descendientes todas las naciones del mundo serían bendecidas. Esta parte de la promesa se haría realidad cuando naciera el Salvador prometido.

“Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y a tu descendencia le daré todas estas tierras. Todas las naciones de la tierra serán bendecidas en tu simiente”.

Génesis 26:4

Estas promesas explican por qué Dios eligió autollamarse “el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. También explican por qué el AT relata la historia de sus descendientes, conocidos como los hebreos, israelitas o judíos. Su historia abarca cientos de páginas, pero el relato resumido de la mayor parte de ella lo consigues en los siguientes pasajes de la Biblia: Salmos 105 y 106, Hechos 7:1-50 y Hebreos 11:1-31.

“En lo alto de la escalera, veía al Señor, que le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra donde ahora estás acostado. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te esparcirás hacia el occidente y el oriente, hacia el norte y el sur. En ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra”.

Génesis 28:13-14

Promesas a Judá y su descendiente David

Dice Génesis 49:10:  

“No se te quitará el cetro, Judá;

Ni el símbolo de poder de entre tus pies,

hasta que venga Siloh

y en torno a él se congreguen los pueblos”.

El patriarca Jacob tuvo 12 hijos. En el versículo anterior, Jacob profetiza que, de los descendientes de su cuarto hijo, Judá, surgiría un gobernante a quien todas las naciones obedecerían. Cientos de años después, por el año 1000 a. C., un descendiente de Judá se convirtió en rey de los israelitas. Su nombre era David, un piadoso hombre a quien Dios elevó de humilde pastor a gobernante de su pueblo.

A David, Dios le prometió lo siguiente: “Tus descendientes vivirán seguros, y afirmaré tu trono, el cual permanecerá para siempre” (2 Samuel 7:16).

Aquí a David se le promete un trono eterno. Esta promesa se repite una y otra vez en todo el resto del AT con más y más detalles y explicaciones específicas de que la promesa se cumpliría, finalmente, en un Rey que surgiría de la familia de David, quien viviría por siempre y establecería un reino eterno. Este Rey Eterno es, evidentemente, la misma persona de la que se habló en la promesa hecha a Judá en Génesis 49:10.

Desde el tiempo del rey David, el Salvador prometido se llamaba “Mesías” o “el Cristo”, que significa “ungido”. Este título se refiere al antiguo ritual de echar aceite en la cabeza de los reyes al ser coronados.

El Nuevo Testamento: Dios cumple su promesa

Las promesas de un Salvador hechas a Abraham y a David se cumplen claramente en la persona de Jesús de Nazaret, tal como se registra en Lucas 1:26-38 y 24:44-48.

Los primeros cuatro libros del NT, San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan se llaman “evangelios”, porque hablan del Evangelio, o Buenas Nuevas, de la vida y ministerio de Jesús de Nazaret, y proclaman que Él es el tan esperado Salvador, el Cristo. Estos libros son los más importantes de la Biblia; así que la persona que quiera familiarizarse con la Biblia debe comenzar con la lectura de los Evangelios.

El libro de Hechos relata el principio de la historia de los creyentes y la expansión del mensaje de salvación de Cristo por todo el mundo mediterráneo. En las 21 cartas de los apóstoles se encuentran muchas enseñanzas claras y prácticas.

En el libro del Apocalipsis, Dios revela a los creyentes las clases de desafíos y persecuciones que encontrarán antes que Cristo vuelva a la tierra. Dios los alienta a permanecer fieles a Cristo, pues al final él obtendrá una definitiva y total victoria sobre Satanás. Los últimos dos capítulos de apocalipsis contienen una descripción del cielo y un llamado a la gente a creer en el Evangelio de Jesucristo.

En conclusión, como puedes ver, la Biblia, con su división en Antiguo y Nuevo Testamento no es una mescolanza de escritos religiosos. Su mensaje está centrado en Jesucristo. La gente que vivió antes de la llegada de Cristo se salvó por su fe en él; nosotros somos salvados al creer en el Salvador que ha venido. Ningún otro mensaje puede reconciliarnos con Dios y darnos seguridad de vida eterna después de dejar este mundo.

Artículo basado en el curso bíblico “Hacia Una Nueva Vida”, de CPTLN – Chile

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"Jesús es el maestro del perdón difícil" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile "Una deuda real" - 11/09/2020

Una deuda real

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: «Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le dijo: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». 

Por eso, el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Cuando comenzó a hacer cuentas, le llevaron a uno que le debía plata por millones. Como éste no podía pagar, su señor ordenó que lo vendieran, junto con su mujer y sus hijos, y con todo lo que tenía, para que la deuda quedara pagada. Pero aquel siervo se postró ante él, y le suplicó: «Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo». El rey de aquel siervo se compadeció de él, lo dejó libre y le perdonó la deuda. 

Cuando aquel siervo salió, se encontró con uno de sus consiervos, que le debía cien días de salario, y agarrándolo por el cuello le dijo: «Págame lo que me debes». Su consiervo se puso de rodillas y le rogó: «Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo». Pero aquél no quiso, sino que lo mandó a la cárcel hasta que pagara la deuda. 

Cuando sus consiervos vieron lo que pasaba, se pusieron muy tristes y fueron a contarle al rey todo lo que había pasado. Entonces el rey le ordenó presentarse ante él, y le dijo: «Siervo malvado, yo te perdoné toda aquella gran deuda, porque me rogaste. ¿No debías tú tener misericordia de tu consiervo, como yo la tuve de ti?». Y muy enojado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con ustedes, si no perdonan de todo corazón a sus hermanos. 

Mateo 18:21-35

A lo largo de los años he escuchado muchas veces esta parábola. Lo que generalmente se enfatiza es la enorme diferencia entre el tamaño de las dos deudas, y la lección suele ser: “Mira cuánto te perdona Dios. Los pecados que otras personas cometen contra ti son pequeños en comparación. Así que perdónalos”. Esto es absolutamente correcto. Pero no es tan útil, al menos para mí. ¿Por qué? Creo que porque lo que me hizo mi vecino fue tan real, tan hiriente y tan costoso, que no puedo decir “no es nada, simplemente lo dejaré pasar, no me importa”, porque sí importa.

Jesús reconoce esto. En su parábola, menciona la cantidad que debe el segundo siervo: cien denarios. Eso no son cincuenta centavos o un par de dólares. Es el equivalente al salario de cuatro meses de uno de esos sirvientes. En términos modernos, estamos hablando del costo de un automóvil usado. Y si alguien nos trata mal en ese nivel importa, incluso si nuestros pecados contra Dios son astronómicamente más altos.

Entonces, ¿por qué sacar esto a colación? Porque Jesús no nos llama a fingir que nuestras heridas y daños no importan. Él nos llama a afrontar el dolor que nos ha costado el pecado de la otra persona, a decir la verdad, a admitir que sí importa sin minimizarlo y luego, con la ayuda de Dios, perdonarlo de todos modos. Ese es el perdón real, un perdón costoso y difícil.

¿Quién puede hacer esto? Solo alguien que tiene a Jesús viviendo dentro de sí, alguien a través de quien Jesús mismo está actuando. Jesús es el maestro del perdón difícil. Y si le traemos nuestras heridas y dolores, él puede obrar milagros de perdón en nuestra vida y relaciones. Puede llevar tiempo y mucho dolor. Pero él puede curarnos y mostrar misericordia a los demás.

ORACIÓN: Señor, ayúdame cuando parece que no puedo perdonar a los demás. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuál es la diferencia entre perdonar e ignorar o excusar?

2.- ¿Hay alguien a quien estés luchando por perdonar? Pídele ayuda al Señor.

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"Todos somos pecadores que estamos en el mismo barco, pecadores que necesitamos desesperadamente la gracia y la misericordia de Dios" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Extendiendo la bienvenida de Dios" - 10/09/2020

Extendiendo la bienvenida de Dios

Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. Algunos creen que está permitido comer de todo, pero hay otros, que son débiles y que sólo comen legumbres. El que come de todo, no debe menospreciar al que no come ciertas cosas, y el que no come de todo, no debe juzgar al que come, porque Dios lo ha aceptado… pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya sea que vivamos, o que muramos, somos del Señor. Porque para esto mismo Cristo murió y resucitó: para ser Señor de los vivos y de los muertos. Así que tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo! Escrito está: «Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios». Así que cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas a Dios de sí mismo. 

Romanos 14:1-3, 8-12

Hay algo realmente esencial y práctico en este mensaje del apóstol Pablo. En sus viajes misioneros, Pablo se encontró con todo tipo de personas. Debatió sobre Cristo con eruditos y compartió al Salvador con hombres y mujeres comunes que conoció en el camino. Si bien ciertamente hubo diferencias de opinión y creencias entre las personas con las que habló, parece probable que no estuviera demasiado preocupado por resolverlo todo antes de hablarles de Jesús. “…Al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado” (1 Corintios 2:2).

Después de todo, aquellos que difieren de nosotros en hábitos o costumbres no están excluidos del amor de Dios. Todos somos pecadores que estamos en el mismo barco, pecadores que necesitamos desesperadamente la gracia y la misericordia de Dios. Pablo tenía esta verdad grabada en su corazón: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). No hay lugar para el juicio, no hay razón para despreciar a otros que, como nosotros, están perdidos sin la gracia de Dios.

Y así, a los que son diferentes a nosotros, Pablo les anuncia: “¡Dios te ha dado la bienvenida!”. Jesús demostró esto al partir el pan con los pecadores, para disgusto de los fariseos y los escribas (ver Lucas 15:1-10). Jesús expresó el amor de Dios, que todo lo abarca, a la mujer samaritana en el pozo de agua, al hijo del centurión romano y en la historia del hijo pródigo judío (ver Juan 4; Lucas 7:1-10 y 15:11-32).

Las diferencias externas que vemos son sólo superficiales; no permitamos que nos impidan ver la obra de Dios, quien ve el corazón. Allí es donde el Espíritu Santo obra, llevándonos a la fe en Jesús, enriqueciendo nuestras vidas con su presencia e inspirándonos a hablar a otros sobre el Salvador, ¡con una cordial bienvenida a todos!

ORACIÓN: Padre Celestial, enséñanos a aceptar a todas las personas así como Tú nos has aceptado. En el nombre de Jesús. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿A qué tipo de personas te resulta difícil aceptar?

2.- ¿De qué manera haces que una persona se sienta bienvenida?

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