"Es posible romper corazones pedregosos y transformarlos en tierra fértil donde el Evangelio pueda crecer y prosperar" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "¿Tienes raíces?" - 10/07/2020

¿Tienes raíces?

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a la orilla del lago. Como mucha gente se le acercó, él se subió a una barca y se sentó, mientras que la gente se quedó en la playa. Entonces les habló por parábolas de muchas cosas. Les dijo: «El sembrador salió a sembrar. Al sembrar, una parte de las semillas cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra, y pronto brotó, porque la tierra no era profunda; pero en cuanto salió el sol, se quemó y se secó, porque no tenía raíz… El que oye la palabra es la semilla sembrada entre las piedras, que en ese momento la recibe con gozo, pero su gozo dura poco por tener poca raíz; al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, se malogra. 

Mateo 13:1-6, 20-21

Hace algunos años, para el Día de San Valentín mi esposo me compró un hermoso jazmín en una maceta. Las flores blancas brillaban. Estaba encantada, pero también tenía miedo. ¿Cómo lo mantendría vivo? Aprendí todo lo que pude sobre el cuidado de la planta, y la regué fielmente. Pero incluso así, mis miedos se hicieron realidad: el jazmín se murió y me sentí terriblemente culpable.

Como quería conservar la maceta, fui a quitar la planta muerta. Entonces me encontré con una gran sorpresa: la planta no tenía ninguna raíz; es más, nunca había tenido raíces, al menos en esa maceta. Alguien había cortado una rama con flores de un arbusto más grande y la había metido en la tierra de tal manera que pareciera una planta normal. Habíamos sido engañados.

Estaba enojada, pero también estaba aliviada. ¡No había sido mi culpa que la planta se muriera! Sin raíces no podía vivir, pues no podía absorber agua ni los nutrientes del suelo. Estaba condenada.

Jesús dice algo similar con respecto a las personas que escuchan el mensaje del Evangelio. Muchos dicen que creen y parecen muy entusiasmados con su nueva fe, participando de las actividades de la iglesia y estudiando la Biblia. Pero no todos se quedan. Algunos de ellos desaparecen rápidamente y dejan de lado la fe. ¿Qué pasó? No tenían raíz. Todo lucía bien en la superficie, pero ni bien surgió un problema o tuvieron que enfrentar un sufrimiento, la dejaban de lado.

¿Y tú? ¿Tienes raíces? Cuando lleguen los momentos de sufrimiento, que por cierto llegarán, ¿te quedarás en la fe? El problema con las semillas en la historia de Jesús era que no tenían suficiente tierra para desarrollar raíces. De la misma manera, un corazón duro como una roca no será un lugar donde el Evangelio pueda enraizarse profundamente.

Pero no todo está perdido. Con esfuerzo, el terreno se puede cambiar. Es posible romper la roca o eliminarla por completo. Es posible romper corazones pedregosos y transformarlos en tierra fértil donde el Evangelio pueda crecer y prosperar. Ningún ser humano puede hacer esto, pero el Espíritu Santo sí puede hacerlo.

Pídele al Espíritu Santo que te ayude. Él es quien hace crecer la fe en nuestros corazones. Permítele obrar en ti, para que la buena semilla del Evangelio crezca en tu vida y produzca treinta, sesenta, o incluso cien veces la cosecha para Jesús.

ORACIÓN: Espíritu Santo, crea en mi corazón un terreno fértil para el Evangelio. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez tuviste una huerta? ¿Qué fue más difícil de cultivar y por qué?

2.- ¿En qué área de tu vida te gustaría pedirle a Dios que te ayude a crecer y a ser más fructífero?

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"¡Qué maravilloso que Dios nos reciba en su familia a través del don de la fe!" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "¡Ahora somos hijos!" - 09/07/2020

¡Ahora somos hijos!

Así que, hermanos, tenemos una deuda pendiente, pero no es la de vivir en conformidad con la carne, porque si ustedes viven en conformidad con la carne, morirán; pero si dan muerte a las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán. Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios. Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 

Romanos 8:12-17

El apóstol Pablo nos dice que si bien somos deudores, no le debemos nada a la carne. La carne es un capataz brutal que nos denuncia como pecadores y nos deja espiritualmente muertos ante Dios. Pero como creyentes en la gracia salvadora de Jesús, la carne no tiene poder sobre nosotros. Porque el poder represivo de nuestra naturaleza pecaminosa ante la Ley justa de Dios ha sido conquistado por la sangre de Jesús.

Pablo escribe: “Porque Dios ha hecho lo que para la ley era imposible hacer, debido a que era débil por su naturaleza pecaminosa: por causa del pecado envió a su Hijo en una condición semejante a la del hombre pecador, y de esa manera condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no seguimos los pasos de nuestra carne, sino los del Espíritu” (Romanos 8:3-4). Gracias a Jesús somos hechos limpios y aceptables para Dios.

¡Qué maravilloso que Dios nos reciba en su familia a través del don de la fe! (ver Efesios 2:1-10). Esta bienvenida no es una especie de designación de “esclavo con beneficios”. Es la segunda oportunidad inmerecida del hijo pródigo después de despreciar a su padre y arruinarlo todo. Es la misericordia y el perdón de Dios. Es la adopción total en su familia. “Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”

En Cristo somos miembros adoptivos de la familia de Dios, sus propios hijos, eternos “herederos de Dios y coherederos con Cristo”. El Espíritu de Dios dentro de nosotros es el garante de nuestra salvación. Él da testimonio con nuestro espíritu de que pertenecemos a Dios. A medida que avanzamos en fe, el Espíritu está allí para guiarnos en la vida, sostenernos en nuestros sufrimientos y guiarnos a toda la verdad sobre Jesús (ver Juan 16:13).

Y es por el Espíritu de Dios que podemos acercarnos a Dios Padre, hablándole de manera personal: “¡Abba! ¡Padre!” En Dios encontramos amor y aceptación no por lo que somos, sino por lo que Él ha hecho. Ahora somos sus hijos redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo.

ORACIÓN: Padre celestial, cuando estamos luchando en este mundo, recuérdanos que somos tus hijos adoptivos. En el nombre de Jesús. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Qué significa para ti sufrir con Cristo?

2.- ¿Alguna vez has pensado en Dios Padre como tu “papá”? ¿Cambia esto tu forma de verlo?

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"Dios usa su Palabra para dar forma a nuestra vida. Después de todo, ¡Él ya lo ha hecho!" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "A su debido tiempo" - 08/07/2020

A su debido tiempo

Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come, así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié. 

Isaías 55:10-11

“Eso fue una pérdida de tiempo”, pensé al terminar de leer un capítulo realmente oscuro de Isaías a mi familia, y luego me sentí culpable por pensar tal cosa. Estábamos tratando con versos como: “Por eso Moab aullará; todo Moab gemirá y será en gran manera abatida por causa de las tortas de uvas pasas de Quir Jaréset” (Isaías 16:7). ¡Trate de explicárselo a su hijo!

Sospecho que muchos sienten lo mismo al leer la Biblia, ya sea en casa o en la iglesia. Hay pasajes que no entendemos, a menudo porque no hemos leído el resto del libro y, por lo tanto, no sabemos lo que realmente está sucediendo. Lleva tiempo y paciencia familiarizarse con la Biblia, y con demasiada frecuencia no queremos dedicarle ese tiempo. Queremos resultados instantáneos, nos frustramos cuando no los conseguimos y luego nos sentimos culpables y queremos leer y escuchar aún menos. Es un círculo vicioso.

Dios nos aleja de tal desastre mental y nos da una imagen diferente de cómo funciona Su Palabra: es como la lluvia y la nieve que riegan la tierra, la cual finalmente produce el pan que comemos. Se necesita mucha lluvia y nieve para producir una cosecha, y a menudo no parece que esté haciendo mucho. Tu exposición a la Palabra de Dios puede ser igual: la sigues escuchando, la lees, pero ¿qué impacto tiene en tu vida? No puedes verlo… hasta más adelante, cuando realmente lo necesitas, y el Espíritu Santo lo trae a tu memoria.

Dios nos da una promesa en la que podemos confiar: “Mi Palabra… no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié”. Dios usa su Palabra para dar forma a nuestra vida. Después de todo, ¡Él ya lo ha hecho! Fue a través de su Palabra que fuiste bautizado, y fue también a través de su Palabra que llegaste a conocer y confiar en Jesús como tu Salvador, quien sufrió, murió y resucitó de entre los muertos por ti. Confía entonces en que Dios va a usar su Palabra en tu vida en el futuro.

ORACIÓN: Padre, gracias por el regalo de tu palabra. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuál es tu parte favorita de la Biblia? ¿Por qué?

2.- ¿Recuerdas algún momento en que Dios usó su Palabra para ayudarte, fortalecerte, consolarte o guiarte?

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"La culpa del pecado desaparece cuando nos arrepentimos y dejamos nuestros pecados al pie de la cruz" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Satisfecho" - 07/07/2020

Satisfecho

…tú escuchas nuestras oraciones. A ti acude todo el género humano. Nuestras malas acciones nos dominan, pero tú perdonas nuestras rebeliones. ¡Cuán dichoso es aquel a quien tú escoges y lo llevas a vivir en tus atrios! Nosotros quedamos plenamente satisfechos con las bondades de tu casa, con las bendiciones de tu santo templo. 

Salmo 65:2-4

“Nuestras malas acciones nos dominan”. Sabemos cómo es eso. Quizás nos sintamos tentados a mirar las malas acciones de las personas que nos rodean. Pero si somos honestos, las vemos en nuestra vida. Quizás nos sintamos abrumados por el pecado y la vergüenza, creyendo que nuestra culpa es tan grande que no puede ser perdonada. Quizás tratemos de aliviar la carga del pecado por nosotros mismos en un esfuerzo por eliminar o al menos olvidar su gran peso, tal vez incluso a través de drogas o alcohol. O quizás nos aferramos a esa carga y continuamos viviendo en pecado. Quizás buscamos ayuda en quienes al final resultan ser maestros falsos que prometen, “paz, paz”, cuando no hay paz (Jeremías 6:14b).

Es que la verdadera paz solo se encuentra cuando nuestros pecados son perdonados, y la ayuda verdadera cuando prevalece el pecado solo la recibimos de Aquel que escucha nuestras oraciones. Cristo, nuestro Señor, expió nuestras transgresiones. Esas dos palabras, transgredir y expiar, describen la trampa del pecado en la que nos encontramos y lo que se hizo para liberarnos. Transgredir significa cruzar una línea. Con sus mandamientos Dios ha dibujado una línea que no debemos cruzar. Sin embargo, ya desde Adán y Eva, que comieron el fruto que Dios les había prohibido, hasta nuestras elecciones diarias, cruzamos esa línea en rebelión contra su voluntad. Hacemos lo que no debemos hacer y no hacemos el bien que Dios manda. De la misma manera en que Adán y Eva huyeron de la presencia de Dios, nuestras transgresiones se multiplican y nos separan de Dios. “Son las iniquidades de ustedes las que han creado una división entre ustedes y su Dios” (Isaías 59:2a).

Solo Aquel a quien rezamos puede salvarnos. Jesús vino para expiar nuestros pecados, para reconciliarnos con Dios, para hacernos uno con Él. Nuestro Salvador nunca transgredió, nunca cruzó esa línea marcada por los mandamientos de Dios. El inocente Hijo de Dios tomó la carga de nuestras iniquidades sobre Sí mismo y las llevó a la cruz. Allí sufrió la pena de muerte en nuestro lugar. A través de Jesús, Dios nos reconcilió consigo mismo “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20b).

“¡Cuán dichoso es aquel a quien tú escoges y lo llevas a vivir en tus atrios!”. El Espíritu Santo nos ha llamado a través del Evangelio, la Buena Nueva de todo lo que Cristo Jesús ha hecho por nosotros. Dios ha cruzado la línea que nos separaba de sí mismo y nos ha acercado. La culpa del pecado desaparece cuando nos arrepentimos y dejamos nuestros pecados al pie de la cruz. Nuestras iniquidades se han enterrado para siempre en la tumba vacía de esa primera mañana de Pascua, y por ello estamos satisfechos.

ORACIÓN: Señor Dios, gracias por escuchar nuestras oraciones y perdonar nuestras transgresiones. En el nombre de Jesús, acepta nuestra agradecida alabanza. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿De qué manera te trae paz el saber que Dios te perdona tus pecados?

2.- ¿Tienes algún pecado en particular del cual debes cuidarte?

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“Nuestro Padre creó a sus hijos para que vivan de manera interdependiente el uno con el otro” - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Amigos cúbicos" - 06/07/2020

Amigos cúbicos

Gana más con un regaño quien es inteligente, que lo que gana el necio que recibe cien azotes. 

Proverbios 17:10

¿Alguna vez has visto un dibujo lineal de un cubo que muestra todos sus lados para que parezca que puedes ver a través de él? No es un cubo de verdad, sino un dibujo plano que proyecta la ilusión de profundidad tridimensional.

¿Están tus amistades creciendo tridimensionalmente? ¿Tienen profundidad? ¿O son planos, superficiales y unidimensionales como ese cubo sobre papel? A medida que envejecemos, aprendemos a confiar más en nosotros mismos. Encontramos satisfacción en nuestro trabajo, recreación o pasatiempos. Pero debemos tener cuidado. Es fácil, incluso si somos naturalmente gregarios, caer en un patrón de vida aislada.

Nuestro Padre creó a sus hijos para que vivan de manera interdependiente el uno con el otro. La Biblia está llena de historias de amistades poderosas y del impacto que tuvieron en otros: Rut y Noemí, David y Jonatán, Pablo y Timoteo. Dios obró a través de esas amistades, uniendo personas. Su preocupación mutua y su amor por Dios agregaron profundidad y dimensión a sus vidas.

Es bueno estar en comunidad con otros.

La fe cristiana siempre ha puesto énfasis en las interacciones profundas y dimensionales y en satisfacer necesidades. Lucas nos dice acerca de los primeros cristianos: “…se mantenían fieles a las enseñanzas de los apóstoles y en el mutuo compañerismo, en el partimiento del pan y en las oraciones. Al ver las muchas maravillas y señales que los apóstoles hacían, todos se llenaban de temor, y todos los que habían creído se mantenían unidos y lo compartían todo; vendían sus propiedades y posesiones, y todo lo compartían entre todos, según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y partían el pan en las casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón, mientras alababan a Dios y brindaban ayuda a todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía a la iglesia a los que habían de ser salvos” (Hechos 2:42-47).

¡La iglesia primitiva en acción debe haber sido algo digno de ser visto! Unidos en el amor por Jesús y un deseo comprometido de vivir sus enseñanzas, vivieron en comunidad. Cuando compartieron las Buenas Nuevas de la vida, muerte y resurrección de Jesús con otros, y sus vidas reflejaron sus preocupaciones, los demás se sintieron atraídos por ellos y su número aumentó. ¡Estas fueron, sin lugar a dudas, algunas relaciones tridimensionales!

¿No es esto lo que necesitamos hoy? Vivimos en un mundo donde las personas parecen estar cada vez más separadas, donde nuestra base de relaciones es de una milla de ancho y una pulgada de profundidad. Incluso aquellos con quienes tenemos comunión en la iglesia, nuestra comunidad de creyentes, a menudo se ven solo una vez a la semana, y tal vez solo unas pocas veces al mes.

Pero a medida que nos unimos, en persona o de otra manera, Dios puede profundizar nuestras relaciones al alentarnos y elevarnos mutuamente en Cristo. Recuerda que Jonatán “animó [a David] a no perder su confianza en Dios” (1 Samuel 23:16b). Nuestras amistades, especialmente nuestros hermanos en la fe, están destinadas a hacer crecer esta dimensión.

Que Dios nos dé a cada uno de nosotros al menos un amigo cúbico.

ORACIÓN: Padre celestial, ayúdanos a ser buenos amigos para quienes nos rodean. En el nombre de Jesús. Amén.

The Lutheran Layman, 1978, Jane Fryar.

Para reflexionar:

1.- ¿Cuánto de la amistad duradera nace de la adversidad? ¿Has forjado amistades más fuertes debido a circunstancias difíciles?

2.- ¿Qué haces para ser el mejor amigo que puedes ser?

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"En lugar de acercarnos a Dios con todas las respuestas debemos acudir a Él con las manos vacías, deseando todo lo que Él tiene para ofrecer..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Un yugo bienvenido" - 03/07/2020

Un yugo bienvenido

En ese momento, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. El Padre me ha entregado todas las cosas, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma; porque mi yugo es fácil, y mi carga es liviana». 

Mateo 11:25-30

¡Jesús no se anda con vueltas! Aunque tenía seguidores devotos que confiaban fielmente en cada una de sus palabras, constantemente se encontraba con otros que estaban espiritualmente ciegos, o peor, abiertamente antagónicos a él y a su mensaje.

Por ejemplo, antes de decir las palabras del texto para hoy, les dijo a las multitudes que lo seguían que eran como niños tontos, que no saben qué pensar de las cosas que ven. No entendieron a Juan el Bautista y lo etiquetaron como poseído por un demonio; no comprendieron a Jesús y lo llamaron glotón y borracho (ver Mateo 11:16-19). Y para las ciudades donde realizó algunas de sus obras más poderosas: Corazín, Betsaida y especialmente Capernaúm, tuvo palabras de fuego por la ignorancia de su corazón de piedra: “Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Sodoma será más tolerable que para ti” (Mateo 11:24).

Y luego da un respiro de su dura reprimenda: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25). Nuevamente Jesús va directo al grano. No le interesan las cosas que tenemos para ofrecer; él solo quiere nuestra rendición. En lugar de acercarnos a Dios con todas las respuestas debemos acudir a Él con las manos vacías, deseando todo lo que Él tiene para ofrecer, así como lo haría un mendigo o un niño.

¡Pero qué difícil puede ser esto! Al igual que los escribas y fariseos “sabios y comprensivos”, nosotros también podemos sobrestimarnos, pensando poseemos algún bien del cual Dios no puede prescindir, olvidando que hasta nuestro mejor esfuerzo es poco más que trapos sucios delante de Él. “Todos nosotros estamos llenos de impureza; todos nuestros actos de justicia son como un trapo lleno de inmundicia. Todos nosotros somos como hojas caídas; ¡nuestras maldades nos arrastran como el viento!” (Isaías 64: 6).

Sin embargo, a pesar de todas nuestras fallas, Dios no ha terminado con nosotros. Él nos ama y quiere hacernos nuevos (ver 2 Corintios 5:17) para que permanezcamos como hijos ante nuestro Padre, confiando en su Hijo para la salvación que nos ha ganado en la cruz

ORACIÓN: Padre celestial, enséñanos a escuchar las palabras de Jesús y a seguirlo de cerca. En su nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Qué significa para ti aprender de Jesús y tomar su yugo?

2.- ¿En qué momentos tu ego o intelecto se interponen en tu camino de fe? ¿Qué puedes hacer para que tu fe sea simple como la de un niño?

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"Ahora el Espíritu Santo está viviendo en nosotros y nos está rehaciendo a la imagen de Jesús" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Frustración" - 02/07/2020

Frustración

Sabemos que la ley es espiritual. Pero yo soy un simple ser carnal, que ha sido vendido como esclavo al pecado. 

No entiendo qué me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Y si hago lo que no quiero hacer, compruebo entonces que la ley es buena. De modo que no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que habita en mí. 

Yo sé que en mí, esto es, en mi naturaleza humana, no habita el bien; porque el desear el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí. Entonces, aunque quiero hacer el bien, descubro esta ley: que el mal está en mí. Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero encuentro que hay otra ley en mis miembros, la cual se rebela contra la ley de mi mente y me tiene cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 

¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Doy gracias a Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que yo mismo, con la mente, sirvo a la ley de Dios, pero con la naturaleza humana sirvo a la ley del pecado. 

Romanos 7:14-25

Pablo habla de una situación con la que todos estamos muy familiarizados: tratamos de hacer las cosas buenas que Dios quiere que hagamos, pero seguimos cayendo en el mal. Por ejemplo, comenzamos el día tratando de mostrar amor y paciencia a nuestras familias, pero luego pronto caemos en el conocido ciclo de la queja, la discusión y los gritos. Tratamos de dar lo mejor en el trabajo, pero algún contratiempo arruina nuestros planes y terminamos haciendo lo mínimo para llegar al final del día.

Por más que nos esforcemos, el pecado está siempre con nosotros. Constantemente luchamos con el poder del pecado y la nueva naturaleza que Dios ha plantado en nosotros. ¡Esto es normal! Pablo era un apóstol, e incluso él tuvo ese problema. Si reconoces esta pelea en ti mismo, estás en buena compañía.

Esto lo vuelve loco a Pablo, por lo que dice: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Él sabe que no puede liberarse por su propio poder o fuerza. Nada puede terminar esta pelea excepto el poder de Dios. Es por eso que sigue diciendo: “Doy gracias a Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Pablo sabe que, aunque todavía tiene luchas internas, Jesús ganó la guerra en la cruz. Allí derrotó al pecado, a la muerte y al diablo a través de su propio sufrimiento y muerte. Cuando resucitó de entre los muertos, hizo que todos los que confiamos en él recibamos una nueva vida, la vida de los hijos de Dios. Ahora el Espíritu Santo está viviendo en nosotros y nos está rehaciendo a la imagen de Jesús.

Si bien todavía nos sentimos frustrados, ahora vivimos con esperanza porque sabemos que cuando Jesús nos lleve a estar con él para siempre, no habrá más peleas. Su victoria será completa, y en ella nos alegraremos.

ORACIÓN: Señor, ayúdame con esta lucha frustrante. En el nombre de Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Hay un área de tu vida que te moleste?

2.- ¿Cómo encuentras esperanza y fortaleza en Jesús?

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“El Señor del Universo vino a nosotros ‘montado sobre un asno, sobre un pollino, hijo de asna’. ¡Qué ironía!” - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "No era lo que esperaban" - 01/07/2020

No era lo que esperaban

«¡Llénate de alegría, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey viene a ti, justo, y salvador y humilde, y montado sobre un asno, sobre un pollino, hijo de asna. Yo destruiré los carros de guerra de Efraín y los briosos caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán hechos pedazos. Tu rey anunciará la paz a las naciones, y su señorío se extenderá de mar a mar, y del río Éufrates a los límites de la tierra. »También tú serás salvada por la sangre de tu pacto, y yo sacaré a tus presos de esa cisterna sin agua. ¡Vuelvan, pues, a la fortaleza, prisioneros de esperanza! En este preciso día yo les hago saber que les devolveré el doble de lo que perdieron. 

Zacarías 9:9-12

El libro de Zacarías contiene un gran mensaje. Probablemente escrito durante el tiempo de la deportación de Israel a Babilonia en el siglo VI a. C., las palabras de Zacarías dieron a los exiliados judíos un mensaje de esperanza y aliento: aunque los tiempos eran difíciles, les esperaban días más brillantes; su rey estaba cerca. Israel iba a experimentar el reinado de un rey mayor que David y Salomón.

Pero, ¿cómo sabría esto Israel? Porque ese rey llegaría a ellos “montado sobre un asno, sobre un pollino, hijo de asna”. ¿De qué otra forma llega un rey que “anunciará paz a las naciones” y cuyo reinado se extenderá de “mar a mar”?

Casi podríamos disculpar a Israel por no saberlo, excepto que ya les habían informado de la llegada de ese rey, ¡más de 400 años antes! Afortunadamente, este detalle no se perdió en los escritores de los evangelios de Lucas (Lucas 19:28-40) y Mateo: “Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: «Digan a la hija de Sión: Tu Rey viene a ti, manso y sentado sobre una burra, sobre un burrito, hijo de animal de carga» (Mateo 21:4-5).

Cómo habrá sido para aquellos judíos fieles que fueron al templo, atentos a las pistas de Dios sobre el Mesías venidero. Seguramente, algunos de los que presenciaron el viaje de Jesús a Jerusalén el Domingo de Ramos sabían lo que estaba sucediendo; sabían que Dios había llegado a estar con su pueblo. Por eso es que decían entre ellos: “¡Ahí está! ¡Ahí está el que hemos estado esperando: el Ungido de Dios, nuestro Mesías prometido!”.

Finalmente, había llegado la esperanza de Israel profetizada por Zacarías siglos antes. Su entrada en Jerusalén estuvo marcada no por la pompa de un carro romano, sino por la lenta marcha de un burro. Y en él había un Hombre a quien en pocos días le esperaba una áspera cruz de madera.

Dios trabaja de maneras misteriosas, ¿no es cierto? El Señor del Universo vino a nosotros “montado sobre un asno, sobre un pollino, hijo de asna”. ¡Qué ironía!

¡Qué Salvador!

ORACIÓN: Padre celestial, tu plan de redención es una maravilla incomprensible. Danos fe para confiar en ti todos los días de nuestra vida. En el nombre de Jesús. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué crees que a veces Dios espera tanto tiempo en cumplir una promesa?

2.- El Señor del universo entró en Jerusalén montado en un burro. ¿Qué lección de vida puedes sacar de este simple hecho?

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“Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; su grandeza es inescrutable. Todas las generaciones celebrarán tus obras, y darán a conocer tus grandes proezas” (Salmo 145:3-4) - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Una y otra vez" - 30/06/2020

Una y otra vez

Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; su grandeza es inescrutable. Todas las generaciones celebrarán tus obras, y darán a conocer tus grandes proezas. 

Salmo 145:3-4

Muchas personas prefieren olvidar el pasado creyendo que, como lo importante solo existe en el presente, tienen todo lo necesario para satisfacerse aquí y ahora. Sin embargo, la mayoría de las personas recuerda y se alegra de los acontecimientos felices del pasado. Solo basta con preguntarle a un niño sobre su fiesta de cumpleaños, o a una pareja que celebró sus 25 o 50 años de matrimonio. También recordamos los acontecimientos del pasado de nuestra nación, desde las celebraciones felices, hasta las más sombrías.

Hay historias que nunca nos cansamos de contar. Así como muchas familias transmiten tradiciones e historias de generación en generación, la familia de Dios repite y vive su historia sagrada año tras año

La iglesia cuenta la historia de Jesús, siguiendo su vida y obra de salvación desde el Adviento y la Navidad, hasta la Epifanía y la Cuaresma. Con la celebración de la Ascensión de Cristo y el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, la iglesia recuerda la historia de los apóstoles y los primeros cristianos. Crecemos en la fe a medida que leemos y estudiamos las enseñanzas de nuestro Señor en la Sagrada Escritura. Nos esforzamos por seguir sus pasos a través de obras de amor y servicio a quienes nos rodean. Con gozo reverente escuchamos una y otra vez las palabras de Jesús: “Este es mi cuerpo… esta es mi sangre”, y recibimos sus dones para el perdón de nuestros pecados.

Estas son las historias que queremos repetir mientras vivamos, las lecciones que queremos transmitir a los demás. Con el salmista oramos: “No me desampares, Dios mío, aunque llegue a estar viejo y canoso, hasta que haya anunciado tu gran poder a las generaciones que habrán de venir” (Salmo 71:18). Nos reunimos semana tras semana para adorar. Con arrepentida humildad confesamos nuestros pecados y nuestra necesidad del Salvador. Al igual que los niños (y también los adultos, si queremos admitirlo) que nunca se cansan de celebrar sus cumpleaños, nos regocijamos en los dones del perdón y la vida eterna que Jesús ganó para nosotros en la cruz y la tumba vacía. Con la ayuda del Espíritu Santo buscamos vivir “en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:2a).

Año tras año, temporada tras temporada, encomendamos las obras de Dios el uno al otro y declaramos sus actos poderosos, porque esto es lo que Dios en Cristo nos ha llamado a ser: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

ORACIÓN: Dios y Salvador, que nos has llamado de la oscuridad a la luz, te pedimos que nos ayudes a través de tu Espíritu a proclamar tus poderosas obras a la generación venidera, para que ellos también vivan a la luz de tu gracia. En el nombre de Jesús. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo puedes mostrar a los demás las obras de Dios en tu vida sin necesidad de palabras?

2.- ¿Qué historias de Dios estás contando a quienes te rodean?

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Editado por CPTLN-Chile / MGH

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"Los sentimientos no importan, pero las elecciones sí" - Frase del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Amando más" - 26/06/2020

Amando más

“[Dijo Jesús] No piensen que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. He venido para poner al hijo contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que ama a su hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”.

Mateo 10:34-37

Las palabras de Jesús dan miedo: “Quien ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí, y quien ama a hijo o hija más que a mí no es digno de mí”. ¿Qué significa esto? ¿Se supone que debemos clasificar a las personas que amamos? Y si es así, ¿cómo lo hacemos? ¿Hay algo malo en mí si no tengo por Dios los mismos sentimientos cálidos y afectuosos que tengo por mi cónyuge o mi hijo?

Pero eso no es para nada lo que Jesús quiere decir. De lo que Jesús está hablando es de la parte de acción del amor, la parte que elige, la parte que toma decisiones. Su pregunta es esta: “Cuando tengas que decidir entre lo que yo te ordeno y lo que tu ser querido quiere, ¿a quién seguirás?”.

Esto sucede con más frecuencia de lo que piensas, incluso en las familias cristianas. ¿Alguna vez un familiar te ha pedido que transgredas las reglas, solo por esa vez? “Sé que está mal”, te dice, “y que va en contra de los mandamientos de Dios, pero estoy desesperado; te lo pido solo por esta vez, y nunca más”.

O a veces es una cuestión de prioridades. La persona que amas quiere hacer una cosa, pero tú estás convencido de que Dios quiere que hagas otra. Conocí a una familia que estaba dividida con respecto a si debían acoger a un niño huérfano de un pariente, con síndrome de Down. Un cónyuge decía que sí y el otro que no, que lo dejara al cuidado del estado. Ese matrimonio no sobrevivió.

Estas situaciones pueden ponerte a prueba como el fuego. ¿A quién vas a escuchar? Esa será la persona que más amas, a quien te niegas a negar. Y Jesús deja en claro que esa persona necesita ser el Señor. Los sentimientos no importan, pero las elecciones sí.

¡Ay! Esas cosas cortan como un cuchillo. ¿Cómo podemos soportarlo? Solo con la ayuda y el consuelo de Aquél que nos puso en primer lugar, antes que sus propios deseos y necesidades humanas: nuestro Salvador Jesús. Él entiende el dolor de una familia en guerra. Él conoce el desamor. Pero por nuestro bien estuvo dispuesto a soportar el estar en conflicto con sus hermanos, el ser malinterpretado por su madre, el estar esencialmente sin hogar durante los años de su ministerio. Solo quería una cosa: rescatarte a ti y a todo el pueblo de Dios, para llevarnos a salvo a la casa de Dios.

Si estás lidiando con este tipo de desamor, pídele al Señor que te ayude a apoyarte en Él. Él te ama mucho, más que a su propia vida. Él te ayudará.

ORACIÓN: Cuando enfrento decisiones difíciles, querido Padre, ayúdame a hacer lo correcto. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Recuerdas haber tenido que decidir entre la voluntad de Dios y la voluntad de alguien a quien amas? ¿Qué hiciste?

2.- ¿Cómo ves el amor de Jesús en sus acciones hacia ti y los demás?

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