"Podemos amar a nuestros enemigos, enfrentar nuestros miedos con confianza en Jesús, poniendo a Dios primero en lugar de a nosotros mismos" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "No estaba en el guion" - 17/09/2020

No estaba en el guion

Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en un mayor progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor… Solamente compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a verlos, o que permanezca ausente, pueda oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio. De ninguna manera estén atemorizados por sus adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para ustedes, y esto, de Dios. Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él, teniendo el mismo conflicto que vieron en mí, y que ahora oyen que está en mí. 

Filipenses 1:12-14, 27-30

¿Has notado alguna vez que la mayoría de la gente va por la vida como si siguiera un guion? Tienen el futuro planeado para cualquier situación. “Yo diré X, y luego ella dirá Y”, piensan. “Yo haré A, y luego él hará B”. Esto también se aplica a la vida pública. Policías, jueces, gobiernos: todos tienen sus propios guiones y eligen sus acciones basándose en lo que creen que harán las otras personas.

Pero no siempre funciona así. Tomemos nuestra lectura de hoy: Pablo está en la cárcel por predicar acerca de Jesús, y hasta podría ser ejecutado. Los cristianos locales lo saben, por lo que pensamos que esto los va a afectar. Humanamente hablando, deberían estar pensando: “Dios mío, Pablo está en la cárcel por amor de Jesús. Creo que será mejor que me retracte de mi testimonio o terminaré en una celda al lado suyo”. Pero eso no es lo que pasa. Como dice Pablo: “La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor”.

Las autoridades locales se deben haber asustado. Los cristianos no seguían el guion: en vez de esconderse, ¡hablaban cada vez más de Jesús! ¿Por qué no se escondían? ¿Por qué no tenían miedo?

Pablo conocía la razón, y los cristianos también. Después de vivir con miedo, el Evangelio los había liberado del miedo al sufrimiento y a la muerte. Ya no necesitaban seguir ese guion humano universal. Ahora pertenecían al Dios que se salió del guion, que eligió responder a la maldad humana no rechazándonos y condenándonos, sino salvándonos a costa de su propia vida. ¡Ese fue un giro inesperado! Un Dios que haría tal cosa podría hacer cualquier cosa, incluso resucitar de entre los muertos, incluso adoptar a sus enemigos y convertirlos en sus hijos.

Si esa es la clase de Dios que tenemos, ya no debemos tener miedo de la cárcel o la muerte. Como esos primeros cristianos, podemos salirnos del guion y vivir como hijos de Dios en un mundo asombrado. Podemos amar a nuestros enemigos, enfrentar nuestros miedos con confianza en Jesús, poniendo a Dios primero en lugar de a nosotros mismos. Gracias a Jesús sabemos que Dios tiene la última palabra sobre nuestra vida, y su palabra para nosotros es misericordia.

ORACIÓN: Padre, ayúdame a vivir en la libertad y la alegría de tus hijos. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Has hecho alguna vez algo como cristiano que haya confundido a quienes te rodean?

2.- ¿De qué manera ese tipo de confusión ayuda a otros a llegar a la fe en Jesús?

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"Él quiere que volvamos a casa, quiere que sus hijos sean perdonados, limpios y felices..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "De vuelta en casa" - 16/09/2020

De vuelta en casa

Busquen al Señor mientras puede ser hallado, llámenlo en tanto que está cerca. Abandone el impío su camino, y el hombre malvado sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar. «Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor. «Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos. 

Isaías 55:6-9

Cuando era pequeña y me metía en problemas, lo último que quería hacer era irme a casa. Sabía lo que me esperaba: más problemas, gritos y castigos. Por eso hacía casi cualquier cosa para retrasar la hora de volver a casa.

Es una respuesta bastante normal, ¿verdad? Hacemos el mal y luego huimos del lugar donde lo hicimos. Evitamos a la persona a la que hicimos daño, porque no queremos enfrentarnos a ella y su enojo o decepción. No iremos a “casa”, donde sea que esté, porque nada bueno nos espera, y lo sabemos.

Eso es lo que hace que nuestra lectura de Isaías sea tan extraña. Dios nos dice: “Abandone el impío su camino, y el hombre malvado sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar”. ¿Tendrá compasión de él? ¿Perdón en abundancia? ¿Qué estaría pensando Dios? Ese no es un regreso normal a casa. ¿Acaso es esto posible?

Pero esas son las palabras que nos dice el Espíritu Santo. Entonces miramos hacia arriba y a los lugares donde nos escondemos, y nos preguntamos si tal vez, solo tal vez, Dios podría decirlo en serio. Quizás, solo quizás, no nos va a gritar ni a condenar, ni nos dará lo que sabemos que merecemos. Tal vez podamos volver a casa, regresar al Señor, encontrar paz, gozo y amor nuevamente, a pesar de quiénes somos y de lo que hemos hecho. Quizás Dios se toma en serio su oferta.

Y descubrimos que lo es. Él quiere que volvamos a casa, quiere que sus hijos sean perdonados, limpios y felices; y lo quiere tanto, que entregó su vida para hacerlo posible. Eso es lo que Jesús hizo cuando vino a este mundo: buscó a los perdidos, a todos los que hicimos mal y luego huimos. Vino a traernos a casa. ¿Y si la única forma de lograrlo implicara sufrimiento y muerte? Él estuvo dispuesto a pagar ese precio. Lo pagó por mí y lo pagó por ti.

Dios quiere que vuelvas a casa. Él quiere que estés en casa para siempre, no como un niño en libertad condicional hasta que cometas el próximo error y te escapes de nuevo. Él quiere que estés en casa para siempre, siempre con Él, siempre perdonado, siendo poco a poco transformado a la imagen del Hijo de Dios. Eso es lo que nos espera. Escuchemos a Jesús, pongamos nuestra mano en la suya y vayamos a casa.

ORACIÓN: Querido Padre, ayúdame a vivir contigo para siempre como tu hijo perdonado. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez recibiste misericordia y perdón en vez de juicio y condenación?

2.- ¿Qué tan fácil o difícil es para ti confiar en el perdón de Dios?

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"Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho ‘Busquen mi rostro’, porque quiere que lo encuentren" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Jugando a las escondidas" - 15/09/2020

Jugando a las escondidas

Cuando dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió: «Tu rostro, Señor, buscaré». No escondas Tu rostro de mí; No rechaces con ira a Tu siervo; Tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, Oh Dios de mi salvación. 

Salmo 27:8-9

Cuando se juega a las escondidas, por lo general es más divertido esconderse que buscar a quienes están escondidos.

En nuestro salmo, solo hay Uno que se esconde y muchos que buscan. Dios dice: “Busquen mi rostro”, y las personas de todo el mundo han estado haciendo eso desde que Adán y Eva fueron expulsados del Edén. 

Dios nos da pistas de su existencia para que lo podamos encontrar, como escribe el apóstol Pablo: “Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa” (Romanos 1:20). La presencia y el poder de Dios deben ser obvios, porque como dice Pablo: “Él no está lejos de ninguno de nosotros” (Hechos 17:27b). Sin embargo, elegimos adorar y servir “a la criatura en lugar del Creador” (Romanos 1:25b), buscando a Dios en los lugares equivocados.

Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho “Busquen mi rostro”, porque quiere que lo encuentren. 

Dios se reveló en la creación, en sus poderosos actos y en su Palabra. También se reveló a los patriarcas y profetas. Sin embargo, había más por revelar: Dios mismo vino a su pueblo. “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo” (Hebreos 1:1-2a). 

Quiso el Padre que en Jesucristo “habitara toda la plenitud” (Colosenses 1:19b). Escondido en carne humana en la persona de Su Hijo, Dios entró en el mundo como si dijera: “¡Aquí estoy! ¡Busca mi rostro! Dios mismo estaba escondido y por el poder del Espíritu revelado a los ojos de la fe, en un bebé en un pesebre, en la víctima sufriente en la cruz y en el Señor resucitado y glorificado.

La Palabra de Dios revela dónde se encuentra. Al pie de la cruz vemos a Jesús —Dios el Hijo— cargando el peso de nuestro pecado y vergüenza, la culpa de nuestra búsqueda egoísta de dioses de nuestra propia elección. En el testimonio de la Palabra vemos las cicatrices de los clavos en las manos y los pies del Señor resucitado. En su Santa Cena recibimos el cuerpo y la sangre de Jesús, dados y derramados para el perdón de nuestros pecados. 

Por el amor de Jesús, Dios nunca esconderá Su rostro de nosotros ni nos desechará. El Dios de nuestra salvación no nos abandonará. Buscamos su rostro y no lo encontramos. Pero Él sí nos encontró.

ORACIÓN: Señor y Salvador, cuando estábamos perdidos en el pecado tú viniste a buscarnos y encontrarnos. Mantennos fuertes en la fe hasta que finalmente te veamos cara a cara. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que Dios esconde hoy su rostro de nosotros? ¿De qué manera?

2.- ¿En qué momentos piensas en la muerte y resurrección de Jesús?

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"Él es el Creador de todas las cosas, el que mantiene la armonía y el orden" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "La magnitud del amor de Dios" - 14/09/2020

La magnitud del amor de Dios

…porque al Padre le agradó que en él habitara toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. 

Colosenses 1:19-20

Los productores de cine disfrutan mucho explorando la inmensidad, complejidad y lo desconocido del universo. Se han producido muchas películas de ciencia ficción sobre batallas interestelares, guerras entre diferentes galaxias y la tierra defendiéndose de invasiones extraterrestres.

Pero la ciencia real es diferente. Los científicos están haciendo todo lo posible para extender su alcance a la extensión aparentemente ilimitada del universo. Ya hay empresas que han logrado llevar hombres a la luna, que han desarrollado telescopios de alta potencia y que operan estaciones espaciales con tripulaciones internacionales.

Pero ¿y Dios? ¿Cómo podemos salvar nuestra distancia con él?

Dado que Dios es Espíritu, ningún telescopio nos permitirá verlo, y ningún microscopio será capaz de identificar sus huellas digitales o su tipo de sangre. Y como si esto no fuera suficiente, nuestro pecado nos ha separado de nuestro Creador. De hecho, el universo mismo ha sido corrompido por el pecado. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿cómo nos acercamos a Dios? ¿Es posible cruzar el abismo entre él y nosotros?

Afortunadamente, la Biblia da una respuesta cuando dice que Dios reconcilió todas las cosas en la tierra y en el cielo consigo mismo, “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz [de Jesús]”.

Dios es el Creador de todas las cosas. Él es el Creador de las galaxias distantes y de los granos de arena bajo nuestros pies. Y quien todo lo creó, ahora quiere restaurarlo a través de su Hijo Jesucristo. Solo a través del Salvador podemos ser liberados del poder de las tinieblas, podemos ser perdonados, podemos regresar a la familia de la que el pecado y Satanás nos han robado.

Ahora bien, no hay duda de que cuando nos comparamos con el universo, somos muy pequeños. Apenas estamos comenzando a comprender las inmensas profundidades del espacio exterior y las fuerzas misteriosas que actúan en ese reino. Pero, a pesar de las incógnitas del espacio, sabemos que el Señor es aún más grande, y Él se ha dado a conocer. Él es el Creador de todas las cosas, el que mantiene la armonía y el orden.

Y Él es quien envió a Su Hijo Jesús para que se convirtiera en uno de nosotros y diera su vida para rescatarnos del miedo y la incertidumbre. El pesebre, la cruz y la tumba vacía de Jesús no son ciencia ficción: son la realidad de Dios Padre quien, a través de ellos, ha salvado la distancia que nos separaba.

ORACIÓN: Padre Celestial, Señor del universo, gracias por rescatarnos del pecado, la muerte y Satanás. En el nombre de Jesús. Amén.

Rev. Fernando Henrique Huf, Ministerios de la Hora Luterana en Brasil.

Para reflexionar:

1.- ¿Qué hizo Dios para hacer las paces con el universo?

2.- ¿Por qué crees que Dios haría semejante cosa por nosotros?

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"Jesús es el maestro del perdón difícil" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile "Una deuda real" - 11/09/2020

Una deuda real

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: «Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le dijo: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». 

Por eso, el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Cuando comenzó a hacer cuentas, le llevaron a uno que le debía plata por millones. Como éste no podía pagar, su señor ordenó que lo vendieran, junto con su mujer y sus hijos, y con todo lo que tenía, para que la deuda quedara pagada. Pero aquel siervo se postró ante él, y le suplicó: «Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo». El rey de aquel siervo se compadeció de él, lo dejó libre y le perdonó la deuda. 

Cuando aquel siervo salió, se encontró con uno de sus consiervos, que le debía cien días de salario, y agarrándolo por el cuello le dijo: «Págame lo que me debes». Su consiervo se puso de rodillas y le rogó: «Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo». Pero aquél no quiso, sino que lo mandó a la cárcel hasta que pagara la deuda. 

Cuando sus consiervos vieron lo que pasaba, se pusieron muy tristes y fueron a contarle al rey todo lo que había pasado. Entonces el rey le ordenó presentarse ante él, y le dijo: «Siervo malvado, yo te perdoné toda aquella gran deuda, porque me rogaste. ¿No debías tú tener misericordia de tu consiervo, como yo la tuve de ti?». Y muy enojado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con ustedes, si no perdonan de todo corazón a sus hermanos. 

Mateo 18:21-35

A lo largo de los años he escuchado muchas veces esta parábola. Lo que generalmente se enfatiza es la enorme diferencia entre el tamaño de las dos deudas, y la lección suele ser: “Mira cuánto te perdona Dios. Los pecados que otras personas cometen contra ti son pequeños en comparación. Así que perdónalos”. Esto es absolutamente correcto. Pero no es tan útil, al menos para mí. ¿Por qué? Creo que porque lo que me hizo mi vecino fue tan real, tan hiriente y tan costoso, que no puedo decir “no es nada, simplemente lo dejaré pasar, no me importa”, porque sí importa.

Jesús reconoce esto. En su parábola, menciona la cantidad que debe el segundo siervo: cien denarios. Eso no son cincuenta centavos o un par de dólares. Es el equivalente al salario de cuatro meses de uno de esos sirvientes. En términos modernos, estamos hablando del costo de un automóvil usado. Y si alguien nos trata mal en ese nivel importa, incluso si nuestros pecados contra Dios son astronómicamente más altos.

Entonces, ¿por qué sacar esto a colación? Porque Jesús no nos llama a fingir que nuestras heridas y daños no importan. Él nos llama a afrontar el dolor que nos ha costado el pecado de la otra persona, a decir la verdad, a admitir que sí importa sin minimizarlo y luego, con la ayuda de Dios, perdonarlo de todos modos. Ese es el perdón real, un perdón costoso y difícil.

¿Quién puede hacer esto? Solo alguien que tiene a Jesús viviendo dentro de sí, alguien a través de quien Jesús mismo está actuando. Jesús es el maestro del perdón difícil. Y si le traemos nuestras heridas y dolores, él puede obrar milagros de perdón en nuestra vida y relaciones. Puede llevar tiempo y mucho dolor. Pero él puede curarnos y mostrar misericordia a los demás.

ORACIÓN: Señor, ayúdame cuando parece que no puedo perdonar a los demás. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuál es la diferencia entre perdonar e ignorar o excusar?

2.- ¿Hay alguien a quien estés luchando por perdonar? Pídele ayuda al Señor.

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"Todos somos pecadores que estamos en el mismo barco, pecadores que necesitamos desesperadamente la gracia y la misericordia de Dios" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Extendiendo la bienvenida de Dios" - 10/09/2020

Extendiendo la bienvenida de Dios

Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. Algunos creen que está permitido comer de todo, pero hay otros, que son débiles y que sólo comen legumbres. El que come de todo, no debe menospreciar al que no come ciertas cosas, y el que no come de todo, no debe juzgar al que come, porque Dios lo ha aceptado… pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya sea que vivamos, o que muramos, somos del Señor. Porque para esto mismo Cristo murió y resucitó: para ser Señor de los vivos y de los muertos. Así que tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo! Escrito está: «Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios». Así que cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas a Dios de sí mismo. 

Romanos 14:1-3, 8-12

Hay algo realmente esencial y práctico en este mensaje del apóstol Pablo. En sus viajes misioneros, Pablo se encontró con todo tipo de personas. Debatió sobre Cristo con eruditos y compartió al Salvador con hombres y mujeres comunes que conoció en el camino. Si bien ciertamente hubo diferencias de opinión y creencias entre las personas con las que habló, parece probable que no estuviera demasiado preocupado por resolverlo todo antes de hablarles de Jesús. “…Al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado” (1 Corintios 2:2).

Después de todo, aquellos que difieren de nosotros en hábitos o costumbres no están excluidos del amor de Dios. Todos somos pecadores que estamos en el mismo barco, pecadores que necesitamos desesperadamente la gracia y la misericordia de Dios. Pablo tenía esta verdad grabada en su corazón: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). No hay lugar para el juicio, no hay razón para despreciar a otros que, como nosotros, están perdidos sin la gracia de Dios.

Y así, a los que son diferentes a nosotros, Pablo les anuncia: “¡Dios te ha dado la bienvenida!”. Jesús demostró esto al partir el pan con los pecadores, para disgusto de los fariseos y los escribas (ver Lucas 15:1-10). Jesús expresó el amor de Dios, que todo lo abarca, a la mujer samaritana en el pozo de agua, al hijo del centurión romano y en la historia del hijo pródigo judío (ver Juan 4; Lucas 7:1-10 y 15:11-32).

Las diferencias externas que vemos son sólo superficiales; no permitamos que nos impidan ver la obra de Dios, quien ve el corazón. Allí es donde el Espíritu Santo obra, llevándonos a la fe en Jesús, enriqueciendo nuestras vidas con su presencia e inspirándonos a hablar a otros sobre el Salvador, ¡con una cordial bienvenida a todos!

ORACIÓN: Padre Celestial, enséñanos a aceptar a todas las personas así como Tú nos has aceptado. En el nombre de Jesús. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿A qué tipo de personas te resulta difícil aceptar?

2.- ¿De qué manera haces que una persona se sienta bienvenida?

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"Gracias a que Jesús nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros en la cruz, somos hijos perdonados de Dios" - Frase del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile "Viviendo en libertad" - 09/09/2020

Viviendo en libertad

Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: «Tal vez José nos odia, y ahora se vengará de todo el mal que le hicimos». Entonces mandaron a decirle: «José, antes de que tu padre muriera, nos pidió que te dijéramos de su parte: “Te ruego que perdones la maldad y el pecado de tus hermanos, pues te trataron muy mal”. Por lo tanto, te rogamos que perdones ahora la maldad de estos siervos del Dios de tu padre». Y mientras ellos hablaban, José comenzó a llorar. Además, sus hermanos fueron y se arrodillaron delante de él, y le dijeron: «Aquí nos tienes. Somos tus siervos». Pero José les respondió: «No tengan miedo. ¿Acaso estoy en lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió todo para bien, para hacer lo que hoy vemos, que es darle vida a mucha gente. Así que no tengan miedo. Yo les daré de comer a ustedes y a sus hijos». Y los consoló, pues les habló con mucho cariño. 

Génesis 50:15-21

Los hermanos de José vivían atemorizados. Muchos años atrás habían traicionado a José y lo habían vendido como esclavo. Ahora vivían a salvo y seguros en Egipto como huéspedes de José, pero aún no podían creer que José los hubiera perdonado. ¡Seguramente un día se iba a vengar de ellos!

Quién sabe cuántos años duró esto. Y así, vivieron atrapados en una prisión que ellos mismos construyeron. Sus vidas habían estado llenas de violencia y venganza con muy poca piedad. Por ello, cuando vieron a José, se desesperaron. Pero José no los dejó allí. Cuando comprendió lo que les sucedía los consoló, asegurándoles que estaban perdonados y que él cuidaría de ellos. El perdón fue real y permanente.

¿Algo de esto te suena familiar? A mí sí. A veces miro el mal que he hecho y empiezo a preocuparme. ¿Será que Dios me va a perdonar, o en algún momento me va a hacer pagar?

A todos estos miedos, la Biblia nos dice: “Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones. El Señor se compadece de los que le honran con la misma compasión del padre por sus hijos” (Salmo 103: 12-13). Gracias a que Jesús nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros en la cruz, somos hijos perdonados de Dios. Y para tranquilizarnos, nos dice: “Tomen, coman; esto es mi cuerpo… Beban de él todos, porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para perdón de los pecados” (Mateo 26: 26b, 27b-28).

ORACIÓN: Señor, ayúdame a descansar en tu perdón. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo dejas en claro a otras personas que los has perdonado?

2.- ¿Qué te recuerda que Dios realmente te ha perdonado?

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"Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Recordados y olvidados" - 08/09/2020

Recordados y olvidados

No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados. Tan alta como los cielos sobre la tierra, es su misericordia con los que le honran. Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones. 

Salmo 103:10-12

No es de extrañar que Dios recuerde. Después de todo, Él es Dios, nuestro Creador omnipotente y omnisciente, quien dice: “Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes” (Isaías 55: 9). 

Dios recordó y cumplió su promesa de pacto, enviando a su Ungido, el Mesías tan esperado, su único Hijo. Sin embargo, las Escrituras también nos aseguran que hay algunas cosas que, sorprendentemente, Dios no recuerda. “Yo, y nadie más, soy el que borra tus rebeliones, porque así soy yo, y no volveré a acordarme de tus pecados” (Isaías 43:25). Su nuevo pacto es un pacto de olvido: “…haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá… no volveré a acordarme de su pecado” (Jeremías 31: 31b, 34b).

Nuestros pecados son lavados en la sangre de Jesús, la sangre de ese nuevo pacto. Dios no recuerda esos pecados ni los tiene en nuestra contra, pero con demasiada frecuencia nosotros sí los recordamos. Nuestros pecados pueden cobrar gran importancia a nuestros ojos. Nos asustamos, nos preguntamos si de verdad estamos perdonados, incluso imaginamos que no podemos ser perdonados. ¿Tomará Dios ciertos pecados contra nosotros, esos pecados que encontramos tan difíciles de olvidar? Quizás Él perdona todo lo demás, pero ¿qué hay de esos pecados que tanto nos avergüenzan, los que hemos confesado pero no podemos olvidar?

Nuestro salmo nos asegura: “[Dios] No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados”. Dios nos trata según su gracia. Por esa gracia fue que envió a su Hijo Jesús a nacer entre nosotros y ser el Cordero que entregó su vida como sacrificio perfecto por nuestros pecados. Jesús cargó con esa culpa que es tan difícil para nosotros dejar de lado. El registro de la deuda contra nosotros ha sido cancelado (ver Colosenses 2:14). En la cruz de Jesús, Dios canceló nuestros pecados, no porque seamos dignos o merecedores, sino porque su amor por nosotros es tan alto como los cielos sobre la tierra. Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir.

Cuando nos sentimos tentados a desenterrar el recuerdo de nuestros pecados, podemos volvernos a nuestro Salvador y, a través de Él, recordar el amor inconmensurable de Dios y la profundidad de su olvido. Su amor es tan ancho y alto como la cruz toscamente labrada que una vez fue levantada fuera de Jerusalén. Su olvido de nuestros pecados es tan profundo y oscuro como la tumba vacía de Pascua.

ORACIÓN: Señor Jesús, cuando estemos atormentados por el pecado y la culpa, vuelve nuestros corazones y mentes a ti, a la cruz y la tumba vacía, y a tu amor inconmensurable. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué dice de nuestros pecados el que Dios los quite “tan lejos como está el oriente del occidente”?

2.- ¿De qué maneras practicas el perdón con los demás?

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"Por Cristo no tenemos más culpa y, por lo tanto, no más castigo" - Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "La debilidad de Dios" - 07/09/2020

La debilidad de Dios

¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el que escudriña estos tiempos? ¿Acaso no ha hecho Dios enloquecer a la sabiduría de este mundo? Porque Dios no permitió que el mundo lo conociera mediante la sabiduría, sino que dispuso salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Los judíos piden señales, y los griegos van tras la sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que para los judíos es ciertamente un tropezadero, y para los no judíos una locura, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. 

1 Corintios 1:20-25

En Corinto, una antigua capital de la cultura griega y del comercio mundial, el apóstol Pablo, maestro misionero al mundo, enseñó a sus oyentes una lección suprema. Les dijo que el perdón y la paz con Dios —bendiciones demasiado poderosas para que las obtengan con una vida de duro trabajo— eran de ellos, segura y eternamente, por gracia a través de la fe.

Al exaltar a Cristo en la cruz, Pablo proclamó el corazón del Evangelio: la justificación por la fe. Él le dijo a su audiencia que estaban justificados en el Nombre del Señor Jesucristo. La sangre del Redentor había hecho posible su limpieza de todo pecado y culpa.

Sin duda, mucho ha cambiado desde que este siervo cruzó Grecia a la velocidad vertiginosa de unas seis millas por hora. Hoy en día, el mundo en general es instantáneo y está disponible a través de los medios de comunicación y la comunicación a larga distancia. Pero también está incrustado con una mentalidad corintia inclinada contra la pureza y la justicia. Cuán necesario es, entonces, que nosotros y todos los demás mensajeros de la misericordia de Cristo repitamos las palabras llenas de fe de San Pablo: “Predicamos a Cristo crucificado”.

Dios ofrece su amor a todas las personas, en todas las clases y condiciones, sin que ningún pecador sea demasiado vil para ser perdonado mediante la fe en el Salvador que conquista el pecado. Él nos dice —a ti y a mí— que nuestras conciencias culpables ya no pueden acusarnos con éxito, ni los enemigos feroces del infierno triunfar sobre nosotros. Por Cristo no tenemos más culpa y, por lo tanto, no más castigo.

Esta es la necedad de Dios, más sabia que la mente del hombre. Ésta es la debilidad de Dios, más fuerte que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer. A través de la cruz de Jesús, Dios ha puesto fin a toda débil excusa que nuestro viejo yo puso en nuestra defensa. El amor del Salvador puede convertir nuestro terror en confianza, nuestros miedos en fortaleza y ayudarnos a sobrellevar incluso las cargas más pesadas de la vida.

ORACIÓN: Padre celestial, coloca la cruz de tu Hijo en nuestros corazones para que creamos y compartamos el amor de Jesús con los demás. En su Nombre. Amén.

Rev. Dr. E.R. Bertermann

Para reflexionar:

1.- ¿De qué manera la predicación de Pablo es una “locura” para los judíos y los griegos?

2.- ¿Has encontrado resistencia al compartir el mensaje de la cruz? ¿Cómo has respondido?

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"Trátalo con el mismo amor, preocupación y oración con que tratarías a una persona que nunca ha escuchado o creído en el Evangelio" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Cuando un cristiano peca contra ti" - 04/09/2020

Cuando un cristiano peca contra ti

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo cuando él y tú estén solos. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano. Pero si no te hace caso, haz que te acompañen uno o dos más, para que todo lo que se diga conste en labios de dos o tres testigos. Si tampoco a ellos les hace caso, hazlo saber a la iglesia; y si tampoco a la iglesia le hace caso, ténganlo entonces por gentil y cobrador de impuestos.

Mateo 18:15-17

Mateo 18 no es uno de mis capítulos favoritos de la Biblia. Aquí Jesús nos dice qué hacer cuando un hermano creyente peca contra nosotros, y a mí no me gusta confrontar a nadie, ni siquiera con amabilidad. Prefiero huir y esconderme. Es más fácil guardar mi resentimiento y quejarme con otras personas.

Pero Jesús no se anda con vueltas: “(…) repréndelo cuando él y tú estén solos (…) si no te hace caso, haz que te acompañen uno o dos más (…) y si tampoco a la iglesia le hace caso, ténganlo entonces por gentil y cobrador de impuestos”.

¿Quiere decir que, si se niega a escucharme, puedo ignorarlo y tratarlo como un marginado pagano, como los judíos trataban a los gentiles y a los recaudadores de impuestos? ¡Porque estoy totalmente dispuesto a eso, Señor! ¡Es claro que no! Como un profesor nos dijo en la clase de griego hace mucho tiempo: “¿Cómo trató Jesús a los gentiles y a los recaudadores de impuestos?… Los amó aún más”. ¿De qué manera? Hablándoles sobre las buenas nuevas del perdón de los pecados, orando por ellos, enviándolos al mundo como misioneros y muriendo y resucitando por ellos.

Quizás alguien te ha lastimado y no se ha arrepentido. Y es posible que hayas seguido todos los pasos de Mateo 18, pero aun así no te escucha. ¿Qué hacer? Trátalo con el mismo amor, preocupación y oración con que tratarías a una persona que nunca ha escuchado o creído en el Evangelio.

Esto no significa que finjas que el pecado nunca sucedió. Eso sería una mentira. No significa que tengas que actuar como si todo estuviera bien o ponerte a ti mismo o los demás en una posición peligrosa (por ejemplo, aceptando abuso o daño). Lo que significa es que te abstengas de odiarlos, que ores por ellos, que los trates como personas por quienes Cristo murió que están en peligro de muerte espiritual.

Pídele al Señor que te ayude a descubrir lo que eso significa en su situación específica. Podría ser compartirle el Evangelio como si nunca lo hubiera oído, o podría significar orar por ellos desde la distancia mientras Dios envía a alguien a alcanzarlos de manera más directa. No importa. Cualquier cosa que Dios te lleve a hacer, será una respuesta motivada en última instancia por el amor, por una preocupación real por su bienestar, una preocupación que se hace eco del amor redentor del propio Jesús.

ORACIÓN: Amado Señor, dame tu sabiduría y tu amor profundo por aquellos que han pecado contra mí. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando alguien peca contra ti?

2.- ¿Has seguido alguna vez los pasos de Mateo?

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