Ciudad permanente - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/09/2019

Ciudad permanente

De igual manera, Jesús sufrió fuera de la puerta, para santificar así al pueblo mediante su propia sangre. Así que salgamos con él fuera del campamento, y llevemos su deshonra, pues no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que vamos en pos de la ciudad que está por venir.

Hebreos 13:12-14

“No tenemos aquí una ciudad permanente”. ¡Qué cierto es esto! Porque este es un momento de dolor y pérdida para muchos de nosotros. Las cosas en las que hemos confiado, las cosas que hemos amado y servido y en las que hemos depositado nuestras esperanzas, a veces durante toda nuestra vida, parecen desmoronarse. Tenemos miedo. Nos afligimos.

Para algunos de nosotros es la preocupación por nuestro país: la tierra, las personas, las instituciones que amamos. Vemos que suceden cosas malvadas que nunca podríamos haber imaginado, y nos sentimos impotentes para detenerlas. Un vecino se pelea con otro vecino, nos encontramos en conflicto con las personas que amamos. Los cimientos de la tierra parecen estar sacudidos. Y mientras oramos, se nos recuerda que ninguna nación perdura para siempre.

Para otros, nuestras preocupaciones están más cerca: en la casa, en la iglesia o en el trabajo. Podemos estar viviendo un momento de conflicto en la iglesia. Ninguna congregación dura para siempre. O quizás estamos enfrentando la pérdida o transferencia del trabajo, o incluso la transición esperada pero aún difícil a la jubilación. Ningún trabajo dura para siempre.

Lo más difícil de todo son los cambios en nuestras familias. Perdemos a nuestros seres queridos por muerte, divorcio o alejamiento. Otros se mudan. Los niños crecen y abandonan el nido, algo bueno, pero aún difícil. Incluso nuestras familias no duran para siempre.

En medio de todo esto, ¿qué podemos hacer? ¿A qué nos podemos aferrar? Dios nos dice: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8); “Yo mismo los seguiré llevando, hasta que estén viejos y canosos. Yo los hice, yo los llevaré. Yo los apoyaré y los protegeré” (Isaías 46:4).

Jesús es a quien podemos aferrarnos con todas nuestras fuerzas. Él no va a cambiar. No ha cambiado desde que éramos niños, desde el primer día que nos llamó a la fe. Sigue siendo el mismo Salvador que dio su vida por nosotros en la cruz, el mismo Señor que retomó su vida cuando resucitó de los muertos al tercer día. Ninguna de nuestras pérdidas lo toma por sorpresa. Él nos llevará a través de todas ellas.

Este es el momento de tomar todas nuestras esperanzas falsas y ponerlas donde siempre han pertenecido: en Jesucristo. Él es el único que nunca nos defraudará.

ORACIÓN: Señor de la ciudad eterna, ayúdame a confiar en ti con todo mi corazón y a buscarte para todo lo que necesito. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué cosas sientes que se están desmoronando en tu vida?

2.- ¿Cómo encuentras consuelo y ayuda en Jesús cuando te sientes así?

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