Un Dios de corazón cálido - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11/10/2019

Un Dios de corazón cálido

Todos los cobradores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas comenzaron a murmurar, y decían: «Éste recibe a los pecadores, y come con ellos». Entonces Jesús les contó esta parábola: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, gozoso la pone sobre sus hombros, y al llegar a su casa reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!”. Les digo que así también será en el cielo: habrá más gozo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse. ¿O qué mujer, si tiene diez monedas y pierde una de ellas, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con cuidado la moneda, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la moneda que se me había perdido!”. Yo les digo a ustedes que el mismo gozo hay delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente».

Lucas 15:1-10

Si fueras el pastor en la historia de Jesús, ¿dejarías las noventa y nueve ovejas en campo abierto para ir tras una? No estoy tan segura. Dejar a las ovejas por su cuenta no es una buena idea: quizás se perdieran diez, y ni qué hablar del acecho de lobos y leones. Probablemente haría los cálculos y decidiría conformarme con las 99 que aún tenía.

¿Y si fueras la mujer que encontró la moneda perdida? ¿Llamarías a tus amigos y vecinos para anunciar que la has encontrado? ¡Probablemente te preguntarían por qué fuiste tan tonta como para extraviar algo tan valioso! Y, ahora que todos están en tu puerta, tendrías que alimentarlos. El costo de la fiesta probablemente sería más de lo que valía la moneda.

Una persona práctica llamaría de “tontas” a estas dos personas, pues por su comportamiento corren el riesgo de perder más de lo que ganan. Sin embargo, no todas las decisiones que tomamos están basadas en números.

Jesús deja en claro que Dios no es tacaño. Él ama con todo su corazón. Cuando pierde una oveja, la persigue sin contar el costo. Y eso es lo que hizo por ti y por mí.

Si Dios me hubiera pedido consejo después de que Adán y Eva cayeron en pecado, me temo que habría dicho: “Evita más pérdidas. Bórralos y comienza de nuevo. Solo tomó seis días hacer todo este universo. ¿Por qué pagar un precio mayor?”. Menos mal que Dios no quiso mi consejo. Él supo exactamente lo que iba a hacer: se iba a hacer humano. Iba a nacer, crecer y sufrir entre nosotros; iba a dar su vida para rescatarnos y luego retomarla. Jesús nos iba a salvar, sin importar el costo para sí mismo. Y lo hizo.

Pero ese no fue el final de la historia. Porque luego llegó el momento de regocijarse, la fiesta, la celebración en el cielo, Dios regocijándose con los ángeles. ¿Cómo podría Dios alegrarse por alguien tan poco importante como tú o yo? Pero lo hizo. Para él somos importantes, porque nos ama.

ORACIÓN: Señor, gracias por amarme. Mantenme a salvo contigo para siempre. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- En estos dos pasajes hay mucho regocijo. ¿Cuándo fue la última vez te emocionaste por algo que encontraste?
2.- ¿Cómo puedes compartir cuánto se emociona Dios cuando encuentra a un pecador perdido?

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