Cuál va a ser tu legado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 29/01/2019

¿Cuál va a ser tu legado?

Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; tú me has dado seguridad desde mi juventud… No me deseches cuando llegue a la vejez; no me desampares cuando mis fuerzas se acaben. Salmo 71:5, 9

 

La abuela solía decir con un acento alemán: “¡Nos volvemos viejos demasiado pronto e inteligentes demasiado tarde!”.

 

Entre los 20 y 40 años somos invencibles. Si tenemos que hacer alguna corrección en nuestra vida, aún nos queda mucho tiempo; no hay problema. Luego llegan los 50 y la montaña rusa de la vida se acelera. Volamos por las curvas y nos sumergimos en el túnel, saliendo por el otro lado con frenos estridentes que nos deslizan hasta los 60 años. La edad de oro de la jubilación se abre ante nosotros. No puede ser. ¡No estoy listo para la jubilación, mucho menos para la tumba!

 

Pero cuando la muerte se apodera de nuestros padres junto con los hermanos mayores, los tíos, las tías y los primos, nos damos cuenta que, en el orden de la vida, no podemos estar muy lejos. Entonces comenzamos a reflexionar seriamente sobre nuestro legado, nuestras relaciones con la familia, el trabajo y la sociedad. Pensamos en el bien que creemos haber hecho, en el bien que soñamos con hacer y en el que nunca hicimos. Nos preguntamos cómo seremos recordados.

 

El salmista mira la vida desde otro ángulo: alaba al Señor por su constante salvación. “¡Mi roca y mi fortaleza! ¡No me abandones!”. Espera con certeza que, incluso a través de grandes y graves problemas, Dios lo revivirá una vez más. Desde el vientre de su madre, el Señor lo llevó a la luz del día. Desde su juventud, el Señor ha sido su confianza. Ahora en su vejez, tiene una última petición: “¡Oh Señor, cuando la vejez destruya mis fuerzas, no me desampares!”.

 

Aquí está el legado más grande que un cristiano puede dejar en la tierra: ser conocido por otros como alguien que confiaba en el Señor tanto en los días buenos como en los malos, en el sol y en la tormenta, al principio y al final de la vida. “Esta es la obra de Dios”, dijo Jesús, “que crean en aquel que él ha enviado” (Juan 6: 29b). Cristo es la obra principal. De él fluyen nuestro legado, nuestras obras, nuestra profesión, nuestra vida medida en días de dolor y tristeza, alegría y esperanza, fortaleza y debilidad.

 

La vejez tiene una característica principal: la debilidad. Las rodillas se debilitan, la espalda se debilita, el estómago se debilita, las articulaciones duelen y los músculos se atrofian.

 

La vejez puede ser una época de interminables quejas y protestas contra nuestro Creador. Eso es exactamente lo que hacen muchos cristianos. O bien, la vejez puede ser el amanecer de una nueva actitud gloriosa hacia la vida.

 

Toda nuestra vida hemos confiado en nosotros mismos para hacer el trabajo. Si bien le dimos a Dios el crédito por nuestro éxito, nuestro corazón reservó una gran parte para nosotros. Ahora, en la vejez, cuando nuestra fuerza va disminuyendo lentamente, solo nos queda una súplica: “¡Querido Señor, no me desampares en mi vejez! Deja que mi legado sea que confíe en ti hasta mi último aliento”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, enséñame hoy, antes de que los cabellos grises adornen mi cabeza, que el mayor legado que puedo dejar a mi familia es confiar en Ti para todas las cosas. Amén.

 

 

Dr. Mark Schreiber

 

 

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