"Unidos a Cristo en el bautismo, hemos sido enterrados con él y resucitados a una nueva vida" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "De acuerdo a Su promesa" - 23/06/2020

De acuerdo a Su promesa

Mira mi aflicción, y ven a salvarme, pues no me he olvidado de tu ley. ¡Defiéndeme, y ponme a salvo! ¡Dame vida con tu palabra!

Salmo 119:153-154

“Mira mi aflicción”, rezamos con el salmista, y la mayoría de nosotros podríamos fácilmente incluir una larga lista que incluye enfermedades, penas, preocupaciones financieras, pérdida de empleo y problemas con nuestros seres queridos. Una lista que está cambiando constantemente. Luchamos y buscamos respuestas. Le suplicamos a Dios en oración que nos libere. Nos sentimos agobiados, así como el salmista, bajo el peso de las aflicciones del pecado y la muerte, de las cuales somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos.

Entonces, en oración suplicamos: “¡Defiéndeme, y ponme a salvo!”. Y Dios nuestro Salvador, que escucha y responde incluso antes de que lo invoquemos, ya ha respondido nuestra oración. Él nos ha liberado y salvado y nos defiende sin cesar. Cristo Jesús, nuestro Señor, se convirtió en uno de nosotros para librarnos del pecado y la muerte: “Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud” (Hebreos 2:14-15).

Jesús fue injustamente condenado a morir en la cruz. Nadie protestó diciendo que era inocente. Nadie dio un paso adelante para defender su causa. Nadie lo liberó. Abandonado a la agonía de la cruz, Jesús cargó con nuestro pecado y culpa, nuestras aflicciones, en su propio cuerpo, y sufrió la pena de muerte para salvarnos”… por su llaga seremos sanados” (Isaías 53:5b). Nuestra oración fue contestada antes que la dijéramos. Dios vio nuestras aflicciones y nos libró del pecado, la muerte y el diablo. Jesús, crucificado y resucitado de la muerte, es ahora nuestro Abogado ante el Padre (1 Juan 2:1).

Oramos: “Dame vida según tu Palabra”, y eso también se ha cumplido. Jesús nos dice: “Porque yo vivo, ustedes también vivirán” (Juan 14:19b). Unidos a Cristo en el bautismo, hemos sido enterrados con él y resucitados a una nueva vida. En el último día seremos resucitados de la muerte, nuestros cuerpos serán transformados y glorificados y se nos dará vida eterna, todo de acuerdo con la promesa de nuestro Dios y Salvador. Entonces viviremos en su presencia por toda la eternidad, liberados para siempre de toda aflicción. Dios enjugará cada lágrima de nuestros ojos y “y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor; porque las primeras cosas habrán dejado de existir” (Apocalipsis 21:4b).

Hasta que llegue ese gran día aún sufriremos por problemas terrenales y le suplicaremos a Dios que nos libere de nuestras aflicciones. Y Él escuchará y contestará nuestras oraciones, porque a nuestro lado está nuestro Abogado, quien dijo: “yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20b). Esa es su promesa para nosotros.

ORACIÓN: Señor Dios y Salvador, escucha y contesta nuestras oraciones y líbranos de todo mal del cuerpo y del alma. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- Nuestras oraciones a menudo esperan que Dios haga algo para mejorar nuestra situación. ¿Le ofreces oraciones de agradecimiento, incluso cuando las cosas no son exactamente como te gustaría?

2.- ¿Qué significa para ti que Jesucristo sea tu abogado?

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