flores blancas y moradas

Desde Edén hasta Belén

Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre tu descendencia y su descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón. (Gn 3:15)

La llegada de un niño a un hogar puede generar un gran impacto. Un niño puede ser la concreción de un profundo anhelo… o una sorpresa inesperada que causa un terremoto emocional. ¡Cuánto más puede significar para el mundo la llegada de ese Niño prometido a nuestros primeros padres!

La historia de salvación de la humanidad y la suerte eterna de todos nosotros, estaría ligada a la venida de ese Niño anunciado en el Edén. Adán y Eva, expulsados del paraíso, sumidos en la realidad del pecado, tenían una luz de esperanza: ese descendiente algún día revertiría la tragedia que desencadenó nuestra triste historia de sufrimiento y muerte. Lo que comenzó con un árbol, sería revertido en el árbol de la cruz. Librar del sufrimiento costaría mucho sufrimiento.

En ese Niño serían benditas todas las naciones. Él sería un gran profeta. Sería un rey digno de los nombres más sublimes. Se nos sugiere que ese ser que nacerá será alguien divino, pero al mismo tiempo un siervo humilde, nuestro hermano.

Ese Niño viene en camino: desde el Edén hasta Belén. Como pecadores tenemos razones de sobra para esperarlo y confiar en su venida. Este Adviento puede ayudarnos a renovar nuestra fe en Él. Dios, quien tenía el derecho de abandonarnos en nuestra tragedia, por amor decidió venir en nuestro auxilio en la persona de su Hijo. Que su venida no termine en Belén, sino que alcance nuestra vida y la de nuestra familia, para regresarnos al nuevo Edén.

Padre de la humanidad: gracias por cumplir tu promesa dada en el Edén. Renueva nuestra fe en el Niño de Belén. En su santo nombre. Amén.

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