Humillado y exaltado

Los reyes de la tierra y todos los pueblos, todos los jefes y gobernantes de la tierra, los jóvenes y las doncellas, los ancianos y los niños. ¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Sólo su nombre merece ser exaltado! ¡Su gloria domina los cielos y la tierra! (Salmo 148)

En la parábola de la moneda perdida el Señor Jesús nos dice que hay gozo “delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10b).

En la historia de Navidad en el Evangelio de Lucas, escuchamos del gozo de “una multitud de las huestes celestiales cuando Cristo Jesús nació” (ver Lucas 2:13-14).

El Señor de gloria, que los altos cielos no pueden contener (ver 1 Reyes 8:27), se humilló a sí mismo para nacer de una virgen, vivir, crecer y aprender como un hombre. Jesús conoció el hambre y la sed, el gozo de la amistad y la pena de la pérdida. Por nuestra salvación se sujetó a una muerte vergonzosa.

Pero tres días más tarde, Jesús resucitó de los muertos triunfante sobre el pecado, la muerte y Satanás. Toda la autoridad en el cielo y en la tierra le fue dada al Señor crucificado y resucitado, quien ascendió para reinar a la diestra del Padre. ¡Cómo se regocijaron los ángeles en ese día! El libro de Apocalipsis nos permite escuchar el coro angelical del cielo: “Digno es el Cordero inmolado de recibir el poder y las riquezas, la sabiduría y la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apocalipsis 5:12b).

La alabanza a nuestro Señor glorificado y exaltado nunca termina, ni en el cielo ni en la tierra.

El salmista llama a toda la creación a unirse a la alabanza. No solo los ángeles, sino el sol, la luna y las estrellas, las montañas y las colinas, el ganado y las aves, e incluso el fuego y la tormenta están invitados, ¡comisionados!, a unirse en alabanza al Señor.

Los gobernantes de este mundo, aunque se sientan merecedores de alabanza, son convocados a glorificar al Señor. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, todos se unen; nadie está exento de estar en el coro. En la adoración pública con hermanos y hermanas en Cristo o en devoción y oración privadas sumamos nuestras voces, entrando por un momento en el río de alabanza que resuena en toda la creación y asciende sin cesar ante el trono de Dios.

El Señor Jesús se humilló a sí mismo para salvarnos y fue elevado a la gloria exaltada. A nosotros también se nos dice: “Por lo tanto, muestren humildad bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo” (1 Pedro 5:6).

En un día futuro, exaltados en su presencia para siempre, nos uniremos al gozo de los ángeles y alabaremos para siempre al Cordero que fue inmolado por nosotros.

ORACIÓN: Poderoso, resucitado y ascendido Señor, escucha y acepta nuestra alabanza y gratitud. Guíanos en el poder del Espíritu Santo para humillarnos bajo tu mano amorosa hasta que seamos exaltados para siempre en tu presencia. Amén.

Dra. Carol Geisler

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Humillado y exaltado
¡Compártelo!

You May Also Like

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *