Hay un gran mensaje para gritar a los cuatro vientos: la reconciliación es posible. - Frase destacada del devocional cristiano de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 29/03/2022

¿Irreconciliables?

Esto quiere decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, sin tomarles en cuenta sus pecados, y que a nosotros nos encargó el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo, y como si Dios les rogara a ustedes por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: “Reconcíliense con Dios”.

2 Corintios 5:19-20

Como el agua y el aceite. Como gatos y perros. Irreconciliables. Conocemos de esas historias. Tal vez fuimos o somos parte de alguna de ellas. Levantarnos con ese malestar en la mente y el corazón. Acostarnos y sentir que sigue ahí, o ha empeorado. Acordarnos de esa persona y percibir que se nos acelera el pulso. ¿Qué hacer? ¿Vendrá ella o tengo que ir yo? Si la que ofendió fue ella, ¿por qué debería ir yo?

No nos resulta extraño este pensamiento. Es dolorosamente familiar. Imaginemos al Creador del mundo en una relación así con su creatura más amada. Un gran amor que deriva en un gran dolor. Pero el gran paso lo iba a dar Él. Dios habría de cruzar el gran abismo que nuestro pecado había provocado. El santo y justo, descendiendo a nosotros. Vistiéndose de humanidad. Enviando de embajador a su Hijo único amado, para que fuera violentado y expulsado como un intruso. Venía a su propio mundo, pero no lo recibimos.

Sin embargo, su amor iba a vencer. El amor al final vence. Su Hijo crucificado fue el puente para que Él venga… y nosotros regresemos a él. “Al que no cometió ningún pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que en él nosotros fuéramos hechos justicia de Dios” (2 Corintios 5:21). Hay un gran mensaje para gritar a los cuatro vientos: la reconciliación es posible. No fuimos a Él para lograrlo. Él vino a nosotros. A través de su Palabra predicada por sus apóstoles y pastores, y en la iglesia, nos sigue invitando: reconciliémonos con Dios.

ORACIÓN:  Amado Jesús, gracias por ser el embajador divino y acercarme a tu reino. Reconcíliame con Dios. Amén.

Prof. Antonio R. Schimpf – Seminario Concordia, Buenos Aires, Argentina

Para reflexionar:

•¿Por qué crees que cuesta tanto reconciliarse y perdonar?

•¿Qué harías para reconciliarte con alguien a quien amas?

•¿Qué te impide hoy estar en paz con Dios?

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