Jesús… les salió al encuentro

“Pero Jesús, que sabía todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les preguntó: ‘¿A quién buscan?’ Le respondieron: ‘A Jesús nazareno.’ Jesús les dijo: ‘Yo soy.'”Juan 18:4-5b

Los habitantes de Méjico han sido sacudidos por muchos secuestros y asesinatos. Temiendo por su vida y la de sus hijos, un ama de casa llamada Maricarmen dijo: “Somos prisioneros en nuestros propios hogares”.

Aparentemente, ella no es la única que sufre esa frustración. Muchos en Méjico se han lanzado a las calles en protesta por tanta violencia. Solamente en la Ciudad de Méjico, más de 150.000 personas se reunieron para protestar por la falta de seguridad y protección.

Muchos de ellos llevaban carteles que decían: “Basta ya”, abrigando la esperanza de que el Presidente de Méjico cumpla las promesas hechas durante las elecciones de no permitir más esta clase de crímenes. Pero bien sabemos que las promesas políticas son fáciles de hacer, mas difíciles de cumplir.

Esa es una de las razones por las cuales me deleito en el Salvador. Lea los Evangelios, y verá que una y otra vez, Jesús cumple las promesas hechas por su Padre y las predicciones inspiradas de los profetas.

Al vivir una vida perfecta, Jesús dijo “basta ya” al pecado. Al resistir la tentación, dijo “basta ya” al diablo. Al resucitar al tercer día, dijo “basta ya” a la muerte eterna. Jesús hizo todo lo que era necesario para obtener nuestro perdón, nuestra libertad, y nuestra salvación.

Leamos otra vez el texto elegido para esta devoción: “Pero Jesús, que sabía todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les preguntó: ‘¿A quién buscan?’ Le respondieron: ‘A Jesús nazareno.’ Jesús les dijo: ‘Yo soy.'” (Juan 18:4-5b).

Jesús SABÍA lo que le esperaba. Sabía que iba a sufrir, y sin embargo, cuando los soldados fueron a arrestarlo, sin temor les salió a su encuentro para que lo llevaran.

¿Por qué lo hizo?

  • Para que pudiéramos ser rescatados de nuestros secuestradores…
  • Para que podamos vivir sin miedo…
  • Para que, cuando nos llegue la muerte, seamos invitados a nuestro hogar celestial.

 

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, hace veinte siglos dijiste: “Basta ya” al pecado, al diablo, y a la muerte. Gracias a lo que tú has hecho puedo vivir en libertad y perdón. Ayúdame para que te comparta a ti, el Cristo comprometido con la humanidad, con quienes me rodean. En tu nombre. Amén.

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