Misión: tener "un mismo parecer" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 31/10/2019

Misión: tener “un mismo parecer”

Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completen mi gozo sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Filipenses 2:1-2

Esa es la oración de Pablo por nosotros, que también la oró por los filipenses. El apóstol a menudo oraba por la unidad de todos los creyentes a quienes ministraba en las ciudades y pueblos del mundo antiguo. Por ello dijo “sintiendo lo mismo”, teniendo un mismo parecer, ideas afines en un mundo que muy a menudo está en desacuerdo.

Porque esa es la dura realidad: nuestro mundo está bastante dividido. Este planeta está fracturado. Las divisiones y la separación no se notan cuando se orbita el globo desde cientos de millas en el espacio. Desde allí solo se ve la grandeza de la excelente creación de Dios.

Pero el daño que hemos hecho aquí es mucho. Hemos dividido Su mundo. Por nuestra desobediencia a su Palabra y voluntad nos hemos separado unos de otros, poniéndonos en desacuerdo. Por su rechazo deliberado del mandato de Dios, Adán y Eva nos sumieron en el caos. Y ahora todos hacemos lo mismo.

Compartimos esa rebelión. Contribuimos al desorden. Vivimos en la dura realidad del pecado: el pecado que heredamos y el que cometemos cuando no estamos de acuerdo con los demás, cuando nuestras voluntades chocan, cuando exigimos que las cosas se hagan a nuestra manera e insistimos en hacer lo que queremos. Pero no solo pecamos unos contra otros: pecamos contra Dios. Ya no tenemos “un mismo parecer”.

Hasta que Jesús nos salva. Hasta que Jesús nos busca, nos encuentra y nos rescata de nuestro quebrantamiento autoimpuesto.

Jesús tuvo una misión específica que aceptó en el momento justo cuando “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres” (Filipenses 2: 6-7).

El Hijo de Dios no se negó a dejar la gloria del cielo: la gloria que compartió con el Padre y el Espíritu desde la eternidad. No, no nos desdeñó. No dijo que “¡no!” a la voluntad del Padre ni a entrar en este mundo de hostilidad, separación, crueldad y pecado. ¡Él dijo que sí!”.

“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2: 8).

Y cuando terminó su obra de salvarnos, el Padre levantó a su Hijo de la muerte, magnificándolo en gloria eterna. “Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre” (Filipenses 2: 9-11).

¿Anhelas un hogar, una comunidad de creyentes que te acoja, te apoye y te sirva? Escucha al Espíritu Santo, quien te invita a ir a la iglesia a adorar, a escuchar la Palabra de Dios, a recibir su perdón.

La invitación siempre está abierta.

ORACIÓN: Padre celestial, capacita a tu iglesia para que sea una comunidad de un mismo sentir y parecer, sirviendo en un mundo dividido. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Rev. Ken Wagener

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué crees que la unidad y el compañerismo eran importantes para el apóstol Pablo? ¿Con qué cosas tuvo que lidiar que causaban discordia?
2.- ¿Les presentas tu iglesia a tus amigos como un lugar donde serán bienvenidos? ¿Por qué sí o por qué no?

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