Número uno

El Señor también me hizo ver esto: Estaba el Señor junto a un muro construido a plomo, y tenía en la mano una plomada de albañil. Y el Señor me dijo: «¿Qué es lo que ves, Amós?». Y yo le dije: «Veo una plomada de albañil». 

Entonces el Señor me dijo: «Voy a medir a mi pueblo Israel con una plomada de albañil. ¡No voy a pasarle una más! Voy a destruir los lugares altos de Isaac, y a dejar en ruinas los santuarios de Israel. Además, voy a levantar la espada contra la casa de Jeroboán». 

Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboán, rey de Israel: «Amós anda entre los de la casa de Israel conspirando contra ti. El país no puede seguir soportando todas sus palabras. 

A decir verdad, esto es lo que ha dicho Amós: “Jeroboán morirá a filo de espada, y los israelitas serán llevados de su tierra al cautiverio”». Además, Amasías le dijo a Amós: «Tú, vidente, ¡largo de aquí! ¡Vete a la tierra de Judá! ¡Allá puedes comer, y allá puedes profetizar! No profetices más aquí en Betel, porque aquí está el santuario del rey, y ésta es la capital del reino». 

Amós le respondió a Amasías: «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta. Soy boyero, y recojo higos silvestres. Pero el Señor me quitó de andar tras el ganado, y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel”». 

Amós 7: 7-15

El profeta Amós se encuentra en una situación difícil. Dios lo envió para advertir a Israel que están a punto de enfrentar un juicio muy serio porque han erigido ídolos y los han amado y adorado, en lugar de adorar al Dios verdadero quién los creó y los salvó.

Así que imagínate a Amós, diciendo todas estas cosas que Dios le mandó a decir, de pie allí mismo en Betel, donde Jeroboam estableció por primera vez sus ídolos. No fue fácil. No estaba a salvo. El rey tenía oídos en todas partes y Amós podría terminar en la cárcel o muerto.

El sacerdote Amasías le dijo a Amós algo como: “Llévate tus profecías a otro lugar. A la gente de la tierra de Judá les encantaría que fueras allá, y podrías ganarte la vida así. Además estarías a salvo”.

Pero Amós lo pone en su lugar y le aclara: “Yo no soy un profeta de profesión, no estoy tratando de construir una carrera. Estoy aquí por una sola razón: porque Dios me ordenó que estuviera aquí”.

¡Qué incómodo! Amós no adoraba ídolos y nada era más importante para él que el Señor: ni su carrera, ni su seguridad, ni siquiera su propia vida. Y eso lo puso en conflicto directo e incómodo con los líderes de Israel, quienes sí adoraban a ídolos.

Habrá momentos en tu vida en los que te encuentres en situaciones como la de Amós. Como discípulo de Jesucristo, lo vas a poner a Él primero: Aquel quien te amó y dio su vida por ti. Pero eso te pondrá en conflicto con los que te rodean, los que todavía persiguen gloria, poder, dinero o seguridad. ¡Y será aterrador!

¿Qué puedes hacer? Sólo una cosa, lo mismo que hizo Amós. Mantener tus ojos en el Señor. Recuerda quién te salvó, quién murió y resucitó para hacerte hijo de Dios. Deja que Dios te acerque a Él y te mantenga cerca. Como Amós, puede que no seas más que un pastor o un jardinero, pero le perteneces a Dios. Y a través de ti, Él puede hacer grandes cosas.

ORACIÓN: Señor, hazme fiel a ti, incluso cuando tenga miedo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

* ¿Cuánto te preocupas por tu propia seguridad?

* ¿Alguna vez has sido presionado para hacer algo diferente a lo que Dios quería que hicieras?

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