uranio

Pecados que brillan

“Pero el cobrador de impuestos, desde lejos, no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: ‘Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador.'” Lucas 18:13

Tres chinos pagaron $2.000 por una bola hecha de “algo brillante” que pesaba 274 Kg, y a escondidas la pasaron por la frontera y la escondieron en un lugar seguro.

Sorprendidos de que la bola resplandeciera y brillara tanto en la oscuridad, uno de ellos rompió un trozo y lo puso al lado de su cama así durante la noche, cuando se desvelaba, podía jugar con él.

Finalmente, la curiosidad y el deseo de hacer dinero los impulsaron a tratar de venderla. Sabiendo que la mayoría de las personas locales se resistiría a comprar una pelota hecha de “algo brillante”, decidieron ir a Beijing para identificar el material, y hacerla cotizar.

Para que no los descubrieran, antes de emprender el viaje de mil millas, uno de ellos se la pegó al cuerpo con cinta.

Luego de ser arrestados, fueron informados que lo que estaban tratando de vender era una bola gigante de uranio empobrecido. También les dijeron que, usualmente, el estar expuestos a este material no causa problemas. La palabra clave en la frase anterior es “usualmente”.

Cuando leí esa historia publicada por la agencia de noticias Reuters, pensé: “es prácticamente la misma forma en que mucha gente trata al pecado”.

Piensan que el pecado es un juego inocente, y creen que pueden estar cerca y hasta tocarlo sin sufrir ninguna consecuencia. La Biblia dice que están equivocados: el alma que peca, muere. Pecados grandes y pecados pequeños por igual… todos los pecados llevan a la muerte. En otras palabras, el pecado puede parecer algo “que brilla”, pero en realidad es algo muy peligroso.

Por la gracia de Dios, los cristianos podemos reconocer el peligro que hay en el “brillo” del pecado, y por ello es que seguimos el ejemplo del publicano en la parábola de Jesús y, en vez de jugar con el pecado o pretender que es totalmente inocente, decimos: “Dios, ten compasión de mí, que soy pecador”.

No sé qué pecados le estarán molestando su conciencia. Pero sí sé que Jesús vino al mundo para borrarlos. Con la vida perfecta que vivió, Jesús se hizo cargo de todos sus pecados y los clavó en la cruz con él. Gracias al sacrificio de Jesús, sus pecados y todo su brillo han sido eliminados. Gracias a Jesús, usted ha sido salvado.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados, y te doy gracias por haberte sacrificado para que yo pueda vivir perdonado y seguro de mi salvación. Amén.

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