Un pequeño desastre - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 04/11/2019

Un pequeño desastre

En el tiempo en que los caudillos gobernaban el país, hubo allí una época de hambre. Entonces un hombre de Belén de Judá emigró a la tierra de Moab, junto con su esposa y sus dos hijos.

El hombre se llamaba Elimélec, su esposa se llamaba Noemí y sus dos hijos, Majlón y Quilión, todos ellos efrateos, de Belén de Judá. Cuando llegaron a la tierra de Moab, se quedaron a vivir allí.

Pero murió Elimélec, esposo de Noemí, y ella se quedó sola con sus dos hijos. Estos se casaron con mujeres moabitas, la una llamada Orfa y la otra Rut.

Después de haber vivido allí unos diez años, murieron también Majlón y Quilión, y Noemí se quedó viuda y sin hijos. Noemí decidió regresar de la tierra de Moab con sus dos nueras, porque allí se enteró de que el Señor había acudido en ayuda de su pueblo al proveerle de alimento.

Salió, pues, con sus dos nueras del lugar donde había vivido, y juntas emprendieron el camino que las llevaría hasta la tierra de Judá.

Entonces Noemí les dijo a sus dos nueras: ¡Miren, vuelva cada una a la casa de su madre! Pero Rut respondió: ¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí seré sepultada”. Entonces las dos continuaron hasta que llegaron a Belén.

Rut 1:1-19

La historia de Noemí y Rut no es inusual. Comienza con una familia de agricultores de Belén que pasan por tiempos de escasez y deciden emigrar con la esperanza de tener una vida mejor. No hay nada de raro en esto, sucede todos los días; hasta puede estar sucediendo en este momento.

Desafortunadamente, en su nuevo país encuentran aún más sufrimiento. Primero muere el padre. Luego los dos hijos se casan con chicas de Moab y también mueren, sin tener hijos. ¡Qué desastre! La pobre Noemí era la única sobreviviente. Afligida y desesperada, decide volver a su casa. No le queda nada, excepto la muestra de agradecimiento de su nuera quien la ama lo suficiente como para irse con ella a un país extranjero donde vivirían las dos como viudas.

Es una pequeña tragedia, la historia de la gente pobre, gente común y corriente. ¿Por qué terminaría así una historia de la Biblia? Esos cuentos son el pan de cada día. Se escuchan en la frontera, en el mar de refugiados desesperados, en campamentos o en vecindarios, donde abundan las muertes. Y nosotros nos alejamos. Hay muchas personas pasando una situación como esta. Pero nos resulta demasiado incómodo y abrumador ver su dolor, así que lo ignoramos.

Pero Dios no ignoró este pequeño desastre.

Aunque te sorprenda, Dios usó esa tragedia para plantar una semilla en el árbol genealógico de su propio Hijo. Esa pequeña familia, que parecía acabada, volvió a tener vida con un matrimonio inesperado y un bebé para alegrar la vida de Noemí. ¿Y Rut, la extranjera? Bueno, ella terminó siendo una antepasada de Jesús, nuestro querido Salvador.

La mayoría de nosotros conocemos pequeñas tragedias de este tipo: personas que han tenido demasiada mala suerte en sus vidas. Quizás esto te describa a ti. Si es así, puedes recibir consuelo sabiendo que Dios no se ha olvidado de ti. Tu dolor y sufrimiento es la misma tierra de donde brota el árbol genealógico de Jesús. Él vino al mundo por ti y por todos los que sufrimos bajo el poder del mal. Él vino para llevar nuestras penas a la cruz y para romper el poder de la oscuridad y la muerte a través de Su propia muerte y resurrección. Él te llama a ser parte de su familia sanada, consolada y con vida eterna.

ORACIÓN: Querido Señor, ven a nuestra oscuridad y tráenos tu luz. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando alguien que conoces está sufriendo de gran manera?
2- ¿De qué manera confías en Dios cuando sufres?

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