¡Qué asco!

Así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los que practicaban la circuncisión comenzaron a discutir con él.
Le dijeron: “¿Por qué entraste en la casa de gente no judía, y comiste allí?”.
Pedro comenzó entonces a contarles detalladamente lo que había sucedido. Les dijo:
“Mientras yo estaba orando en Jope, entré en éxtasis y tuve una visión. Vi que del cielo bajaba hacia mí un gran lienzo, atado por las cuatro puntas.
“Me fijé bien, y vi que allí había cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves.
“Oí además una voz que me decía: ‘Pedro, levántate, mata y come’.
“Yo respondí: ‘No, Señor, porque nunca he comido nada que sea común o impuro’.
“Pero desde el cielo la voz me dijo la segunda vez: ‘Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro’.
“Esto se repitió tres veces, después de lo cual el lienzo fue llevado de nuevo al cielo.
“En ese momento llegaron a la casa donde yo estaba, tres hombres que desde Cesarea habían venido por mí. El Espíritu me dijo que no dudara y los acompañara”.

(Hechos 11:2-12)

¿Alguna vez has hablado con un exmisionero sobre comida? Mi consejo es: “No lo hagas”. Te describirán con júbilo las cosas más extrañas, espantosas y repulsivas que puedas imaginar que hayan comido durante su ministerio… ¡y lo harán mientras almuerzas! Realmente, ¡un asco!

Parece que Pedro tuvo la misma respuesta a la visión que Dios le envió a Jope. Mientras oraba, tuvo una visión de muchos tipos diferentes de animales y una voz le dijo que se levantara, matara a uno de ellos y se lo comiera. Pedro estaba disgustado. ¿Comer un animal recién matado y ni siquiera cocinado? ¿Comer un animal inmundo, uno que los judíos tenían prohibido comer de acuerdo con sus leyes religiosas? No, gracias, fue su respuesta. O tal vez podríamos parafrasearlo: “¡Qué asco!”.

Entonces Dios dijo algo enigmático: “Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro”. Y toda la visión se repitió dos veces más. Pedro se quedó rascándose la cabeza. ¿Qué quería decir?

En ese momento, varios hombres se acercaron a la puerta principal preguntando por Pedro: querían que fuera con ellos a predicar el evangelio. Suena bien, ¿verdad? Pero había algo más. Quienes fueron a buscar a Pedro eran gentiles, personas con las que Pedro no estaba acostumbrado a juntarse, excepto posiblemente en asuntos de negocios. ¡Ciertamente no visitaba sus casas! La mayoría de los judíos pensaba de los gentiles de la misma manera en que Pedro pensaba respecto de esos animales en la visión: ¡qué asco!

Si somos honestos, probablemente pensemos igual de algunas personas. ¿Los vagabundos? ¿Los exdelincuentes? ¿Los obesos? ¿Los enfermos mentales? ¿Los inmigrantes? ¿Los adictos? Sin embargo, fue a esas personas a quienes Dios envió a Pedro, diciéndole: “Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro”. Jesús le dejó muy en claro a Pedro que él había muerto y resucitado también por esos gentiles y que ellos también recibirían el Espíritu Santo y se convertirían en parte de la iglesia cristiana.

Es difícil para nosotros superar este tipo de sentimientos. Pero Dios tiene misericordia de nosotros y nos da el Espíritu Santo de modo que, en lugar de rechazarlos o evitarlos, podamos aprender a amarnos unos a otros como redimidos en Cristo Jesús.

ORACIÓN: Querido padre, ayúdame cuando no quiero acercarme a ciertas personas, tú sabes cuáles. Pon tu amor en mi corazón para que haga tu voluntad y las ame como hermanos en la fe. Amén.

Dra. Kari Vo

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