Sal de allí abajo - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22/10/2019

Sal de allí abajo

Entonces oí una fuerte voz en el cielo, que decía: «¡Aquí están ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! ¡Ya ha sido expulsado el que día y noche acusaba a nuestros hermanos delante de nuestro Dios! Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra que ellos proclamaron; siempre estuvieron preparados a entregar sus vidas y morir.

Apocalipsis 12:10-11

Al parecer, una de las tareas de tiempo completo de Satanás es acusar a los fieles ante el Padre, aunque condenar a los santos sea inútil.

Quizás él piense que hay alguna excepción al amor de Dios que impida salvar a algún creyente ¡Equivocación! Por otra parte, tal vez su táctica es simplemente cansar a Dios, pensando que tarde o temprano el Padre se hartará de todo eso de salvarnos por gracia y nos freirá a todos. ¡Nuevamente, equivocación! (¡Gracias a Dios!).

Los versículos anteriores hablan de la persistencia del enemigo al que nos enfrentamos todos los días. ¿Qué gana Satanás al acusar a los fieles sin parar, si sabe que la misericordia que Dios prometió nunca se acabará? ¿Es posible que él no sepa esto? ¿O simplemente está echándole en cara a Dios, por así decirlo, todas las cosas horrendas que sus hijos hicieron antes de haber sido hechos Suyos por la fe en Jesús? (Eso es una locura ¿verdad? Bueno, nadie ha dicho que el diablo no estuviera mal de la cabeza).

Desafortunadamente, estas acusaciones también son parte de nuestro mundo caído. ¿Piensas constantemente en tus pecados pasados, echándote sal en las heridas aún abiertas? ¿Te encuentras encerrado en un ciclo de pensamientos apestosos donde te castigas por este o aquel pecado? Cuando perpetuamente pensamos en nuestros pecados, somos injustos con la gracia de Dios. Es como si dijéramos: “Gracias, Señor, sé que has cubierto mis pecados con la sangre de Jesús, pero este pecado en particular, bueno, aún requiere de toda mi atención. Simplemente no puedo perdonarme tan fácilmente como tú”.

¿En serio? ¿Vas a aferrarte a algo que Dios ya ha perdonado?

Tal vez sea necesaria una plática con David: “No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados…Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103: 10, 12).

Y para que no lo olvidemos, esto dice Pablo en cuanto a dejar el pasado: “…pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!” (Filipenses 3:13b-14).

Y, por último, para cuando nos odiamos a nosotros mismos, aquí está la obra maestra de Pablo en cuanto a eso: “Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque Dios ha hecho lo que para la ley era imposible hacer, debido a que era débil por su naturaleza pecaminosa: por causa del pecado envió a su Hijo en una condición semejante a la del hombre pecador, y de esa manera condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no seguimos los pasos de nuestra carne, sino los del Espíritu” (Romanos 8: 1-4).

Vivir bajo la condena del pecado no nos permite amar. Sal de allí abajo y recibe el amor y el perdón de Dios.

ORACIÓN: Padre celestial, libéranos de la esclavitud del engaño que nos mantiene pensando constantemente en nuestros pecados. Tu Hijo los ha pagado todos por nosotros, y eso es suficiente. En su nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué Satanás pasa tiempo acusando a los fieles de día y de noche ante Dios? ¿Qué gana?
2.- ¿Te ayuda a ver las cosas con otra perspectiva el saber que lanzar acusaciones contra los creyentes es una actividad crónica de Satanás?

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