Sanar - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 25/09/2019

Sanar

En cierta ocasión, Jesús fue a comer a la casa de un fariseo muy importante. Era un día de reposo, y ellos estaban acechándolo. Delante de Jesús estaba un hombre enfermo de hidropesía, y Jesús les preguntó a los intérpretes de la ley y a los fariseos: «¿Está permitido sanar en el día de reposo?». Pero ellos no respondieron. Entonces Jesús tomó al hombre de la mano, lo sanó y lo despidió; luego se dirigió a ellos, y les dijo: «¿Quién de ustedes, si su asno o su buey se cae en un pozo, no lo saca enseguida, aunque sea en día de reposo?». Y nadie podía responderle. Cuando Jesús vio que los invitados a la mesa escogían los mejores lugares, les contó una parábola… También le dijo a su anfitrión: «Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos, ni a tus parientes y vecinos ricos, no sea que ellos también te vuelvan a invitar, y quedes así compensado.

Lucas 14:1-7, 12

Es fácil enojarse leyendo esta historia. Jesús es invitado a cenar en la casa de un fariseo. ¿Por qué? No por el placer de su compañía. Se nos dice que “ellos estaban acechándolo”. ¿Por qué? Porque querían ponerlo a prueba, querían ver si curaría a alguien en el día de reposo, con la esperanza de que fallara. En sus pequeñas y retorcidas mentes, eso lo convertiría en un quebrantador de la ley de Dios, y entonces podrían considerarlo pecador.

También llevaron a un hombre que estaba visiblemente enfermo con hidropesía, o sea, un caso realmente grave de hinchazón y retención de líquidos, probablemente causado por insuficiencia cardíaca o enfermedad renal. Estaba tan grave que esperaban que, al verlo, Jesús fuera incapaz de resistir curarlo de inmediato.

¿Quién hace algo así? ¿Quién saca a un hombre enfermo de su cama solo para tenderle una trampa a Jesús? Pero Jesús no es tonto. Él ve la trampa. Y, por supuesto, va a ella directamente, porque así es él: es el Dios que salva a las personas, el Dios que tiene compasión.

Pero primero toma un momento para abordar la enfermedad del pecado de los otros invitados. ¿Podrá traerlos a sus sentidos? Les pregunta directamente sobre una ley de Moisés. Pero no le responden.

Entonces se vuelve a su paciente principal, lo cura e inmediatamente lo envía a su casa, porque el pobre hombre no necesitaba más drama en su día. Luego se vuelve a sus pacientes secundarios, los que ni siquiera se dan cuenta de que necesitan su ayuda: “¿Quién de ustedes, si su asno o su buey se cae en un pozo, no lo saca enseguida, aunque sea en día de reposo?”. En una sola pregunta les expuso su comportamiento indecente.

Esperaríamos que aquí Jesús se levantara enojado y se fuera. Pero él no hace eso. De hecho, se queda toda la cena y continúa enseñándoles. ¿Por qué? ¿Por qué desperdiciar sus palabras en personas tan duras? ¿Por qué desperdiciar sus palabras en mí?

Jesús los ve como personas que lo necesitan tanto como el primer hombre. Físicamente no están enfermos, pero espiritualmente sí lo están. Y eso es mucho, mucho peor. Sin Jesús, morirán por ello. Y por eso se queda enseñándoles, amándolos, teniendo compasión de ellos. Él hace por ellos lo que hace por ti y por mí, personas indecentes y enfermas por el pecado. Él se hace nuestro Salvador. Ahora que ha resucitado de los muertos y vive para siempre, su intención es darnos un corazón y mente nuevos y hacernos una familia unida en Dios, personas que lo aman y a los demás.

ORACIÓN: Señor Jesús, dame un corazón como el tuyo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿A qué tipo de personas te molesta que Jesús perdone?


2.- ¿Te consuela saber que Jesús murió por todos? ¿Por qué sí o por qué no?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Sanar
¡Compártelo!

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.