Sabemos que la promesa de Dios es segura - Frase destacada del devocional cristiano de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 13/07/2022

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Todos ustedes, los que aman a Jerusalén, ¡alégrense y regocíjense con ella! ¡Llénense de regocijo por ella, todos los que por ella se han entristecido! Porque ella los amamantará en sus pechos, y los consolará y dejará satisfechos; ustedes serán amamantados, y disfrutarán de las delicias de su gloria. Ciertamente, el Señor ha dicho: «¡Miren! Voy a extender sobre ella la paz y la riqueza de las naciones, como si fueran un río desbordado. Ustedes serán amamantados y llevados en brazos, y mimados en el regazo. Yo los consolaré a ustedes como consuela una madre a sus hijos, y en Jerusalén hallarán consuelo». Ustedes verán esto, y su corazón se alegrará y sus huesos se rejuvenecerán como la hierba. La mano del Señor se dará a conocer entre sus siervos, y su enojo se manifestará contra sus enemigos. 

Isaías 66:10-14

Es difícil para mí ver a Jerusalén como una persona. No veo las ciudades de esa manera, ni siquiera a las que tienen una gran historia y mucho significado simbólico.

Pero hay una buena razón para que Dios elija esta imagen para este pasaje. En el pasado, Jerusalén ha sido cualquier cosa menos segura para sus ciudadanos. Los pobres han sufrido a manos de los ricos. Los extranjeros han hecho la guerra contra el pueblo. Algunos de ellos han muerto de hambre. Algunos han sido asesinados o llevados como esclavos a un país lejano. Estos no son buenos recuerdos y no llevan a las personas a esperar un futuro feliz.

Pero en el tiempo del Mesías, todo esto cambiará. La ciudad que era una trampa se convertirá en una madre amorosa que protegerá a sus ciudadanos, los consolará y los hará felices. Como una madre que amamanta, Jerusalén también proveerá para las necesidades materiales de su pueblo: alimento, vestido, albergue. Nunca más tendrán que preocuparse.

¿Qué hace la diferencia aquí? Jesús, el Mesías. Él es quien sufrió, murió y resucitó, ¿dónde? ¡En Jerusalén! La ciudad del desastre se ha convertido en la ciudad de la bendición de Dios. A través de Jesús, Dios extiende “sobre ella la paz y la riqueza de las naciones como si fueran un río desbordado”, y el terrible pasado de Jerusalén será borrado. Dios Padre la está rehaciendo a través de Jesús.

Quizás estés pensando: “¡Bien, qué bueno, Jerusalén! Pero ¿a mí qué me importa?”. Todos nosotros tenemos áreas de nuestras vidas que son como la antigua Jerusalén: rotas, quemadas, medio destruidas por el conflicto, la necesidad y la miseria. Tenemos sueños destrozados, relaciones arruinadas, pesadillas que nos visitan una y otra vez desde el pasado. ¿Quién puede tomar estas cosas y hacerlas verdes y saludables de nuevo? Solo Jesús. Solo Dios, obrando a través del poder del Espíritu Santo para transformarnos en personas sanas, confiadas y consoladas como Él quiere que seamos.

Puede tomar toda una vida, pero está bien. Sabemos que la promesa de Dios es segura. Veremos el fruto de su obra en su reino, o antes. El mismo Dios que puede tomar una ciudad en ruinas y transformarla en una feliz madre de hijos puede tomar nuestras vidas rotas y transformarnos en hijos de Dios vivos y gozosos.

ORACIÓN: Amado Padre, transforma mi vida a través del poder de tu Santo Espíritu. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

* ¿Has visto alguna ciudad, o parte de una ciudad, que está en ruinas?

* ¿Qué áreas de tu vida se sienten así?

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