"En cualquier lugar al que vayamos en la tierra, norte, sur, este u oeste, la mano poderosa de Dios nos mantiene firmemente sujetos" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Seguros en Sus manos" - 13/01/2021

Seguros en Sus manos

¿Dónde puedo esconderme de tu espíritu? ¿Cómo podría huir de tu presencia? Si subiera yo a los cielos, allí estás tú; si me tendiera en el sepulcro, también estás allí. Si levantara el vuelo hacia el sol naciente, o si habitara en los confines del mar, aun allí tu mano me sostendría; ¡tu mano derecha no me soltaría! 

Salmo 139:7-10

¿Por qué querríamos huir del Espíritu Santo? ¿Por qué huiríamos de la presencia de Dios? Quizás pensemos que tenemos una razón para hacerlo. Adán y Eva trataron de huir de Dios, con la intención de ocultar su culpa y vergüenza. Al igual que nuestros primeros padres, hay veces en que podemos sentirnos culpables y avergonzados de nuestros pensamientos y acciones. Sin embargo, y por más indignos que nos sintamos de estar en la presencia del Señor, podemos estar seguros de que Él espera ansiosamente perdonarnos.

El salmista David no está realmente tratando de escapar del juicio. Ya ha confesado que el Señor lo conoce por dentro y por fuera, y ciertamente sabe dónde está: “Tu presencia me envuelve por completo; la palma de tu mano reposa sobre mí” (Salmo 139: 5). Por más que lo intentara, David no podía escapar, y lo sabe. Pero su pregunta: “¿Dónde puedo esconderme?” no es un intento de escapar, sino una declaración de seguridad y confianza que también nosotros confesamos. No hay lugar al que podamos ir donde Dios no esté. Si ascendemos al cielo, bueno, por supuesto que Dios está allí. En cualquier lugar al que vayamos en la tierra, norte, sur, este u oeste, la mano poderosa de Dios nos mantiene firmemente sujetos.

Incluso cuando nos “tendemos en el sepulcro” Dios está con nosotros, porque nuestro Salvador Jesucristo ha estado allí antes que nosotros. Jesús tomó sobre sí mismo los pecados que amenazaban con separarnos de Dios por toda la eternidad, cada pecado que nos hace querer correr y escondernos. Por el bien de nuestra salvación, el Hijo de Dios sufrió la pena de muerte que merecíamos por nuestros pecados y se “tendió en el sepulcro”.

Pero el lugar de los muertos no pudo contener a nuestro poderoso Salvador y, en la primera mañana de Pascua, Jesús resucitó triunfante sobre la muerte y la tumba, ascendiendo al cielo para reinar como Rey sobre todas las cosas, sobre todo lugar del cielo y de la tierra. Él es el Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas, el Pastor que promete: “Las que son mis ovejas, oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen. Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10: 27-28). 

Dondequiera que vayamos, Jesús está allí sosteniéndonos en sus manos.

ORACIÓN: Dios Todopoderoso y Salvador, dondequiera que vaya, sostenme con seguridad en tus manos. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Es posible huir — y mantenerse alejado — de Dios?

2.- Dios quiere que estemos cerca de él. ¿Qué haces para lograrlo en tu vida diaria?

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"Entonces, ¿qué significa el juicio de Dios para nosotros? Significa el fin del mal, el desarraigo final de la maldad..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Démosle gloria" - 22/10/2020

Démosle gloria

Luego vi otro ángel, el cual volaba en medio del cielo. Tenía el evangelio eterno, para predicarlo a los habitantes de la tierra, es decir, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Ese ángel decía con fuerte voz: “Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua”. 

Apocalipsis 14:6-7

No sé ustedes, pero cuando pienso en el Día del Juicio Final no lo espero con ansias. ¡Suena tan aterrador! Todas las personas que alguna vez han vivido estaremos de pie ante Dios, sin ningún lugar donde escondernos y sin forma de ocultar ninguna de las cosas malas que hemos dicho, pensado o hecho… ¡Ay!

Y, sin embargo, eso no es lo que dice el ángel en la lectura de hoy. Él dice: “Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado”. Denle gloria… ¿por qué? Gloria es algo que solemos dar por algo muy bueno. Por ejemplo, a quien gana una carrera en los Juegos Olímpicos, o a quien salva una ciudad del fuego o de inundaciones. ¿Pero esto?

El ángel tiene razón, por supuesto. Porque el Día del Juicio de Dios es algo bueno para aquellos de nosotros que pertenecemos a Jesús, ya que hemos sido perdonados, lavados y renovados. Cuando lleguemos a ese día no tendremos por qué tener miedo. Ya hemos sido absueltos, declarados “no culpables”, perdonados, liberados, rescatados de todos nuestros males. Jesús ha hecho eso por nosotros a través de su sufrimiento y muerte en la cruz. Su muerte y resurrección nos sacaron del juicio y nos llevaron al glorioso alivio y seguridad de los hijos de Dios. Esto es para todos, sin excepción: todos los que confían en Jesús.

Entonces, ¿qué significa el juicio de Dios para nosotros? Significa el fin del mal, el desarraigo final de la maldad, el momento en que abrimos los ojos después de una larga y terrible pesadilla. Es como cuando el médico nos declara curados después de una enfermedad prolongada, como cuando la policía llama para decir que atrapó a quien nos hizo daño, como un mensaje de texto que nos dice que nuestra familia está a salvo después de un terremoto o huracán. Es la limpieza final de la guerra de Dios contra el mal, que Jesús ganó para nosotros cuando murió en el Calvario y resucitó de entre los muertos tres días después.

Entonces comienza la nueva vida, los nuevos cielos y tierra. Comienza la felicidad, la paz y el gozo, una vida que ningún ser humano ha tenido desde que Adán y Eva se equivocaron en el Jardín del Edén. Esa es la vida que Dios quiso para la humanidad: una vida plena, abundante, bendecida y gozosa. Y va a ser nuestra a partir del Día del Juicio. ¿Por qué? Por Jesús.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a esperar el Día del Juicio confiando y regocijándome porque ya has tenido misericordia de mí. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo te sientes cuando piensas en el día del juicio final?

2.- ¿Qué esperas más del cielo y la tierra nuevos de Dios?

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Mide tus palabras

¿Acaso has comido del árbol del que yo te ordené que no comieras? Y el hombre espondió: “La mujer que me diste por compañera fue quien me dio del árbol, y yo comí”. Entonces Dios el Señor le dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?”. Y la mujer dijo: “La serpiente me engañó, y yo comí”. Génesis 3:11b-13

 

Amy había decidido tatuarse en el brazo la palabra preciosa. El artista que lo haría escribió una muestra en su computadora, se la mostró a Amy para que viera cómo iba a quedar y luego comenzó a tatuarle el brazo.

Sólo al final, cuando el tatuaje estaba terminado, Amy notó que la palabra estaba mal escrita: en vez de preciosa, el tatuaje decía precisa.

Amy estaba molesta… el artista también estaba molesto… la discusión terminó en la corte.

Amy culpaba al artista, y viceversa. Finalmente, el juez sentenció que Amy no podía culpar a nadie más que a sí misma por el error, ya que ella había aprobado el diseño antes de que fuera permanente.

Al ser humano le gusta culpar a otros por sus errores. Veamos a Adán y Eva. Después que Dios los confrontara por haber comido del árbol prohibido, Eva culpó a la serpiente por haberla tentado.

¿Y Adán? Él fue más allá en su acusación, primero trató de culpar a Eva… pero incluso implicó a Dios mismo: “La mujer que me diste por compañera fue quien me dio del árbol, y yo comí”.

A través de los siglos el Señor ha escuchado innumerables excusas. Tan constantes somos para excusarnos a nosotros mismos, que Jesús dice que, en el Día del Juicio, el perdido tratará de justificarse diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, o con sed, o forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?”.

Simplemente no nos gusta admitir que estamos en falta, ¿verdad?

Esto es triste, porque el Gran Médico no puede hacer mucho por quienes piensan que están sanos y saludables. En la parábola de Jesús fue el recaudador de impuestos quien confesó: “Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador” (Lucas 18:13b), y fue él quien regresó a su casa perdonado.

Juan lo dijo muy claramente: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:9-10).

ORACIÓN: Señor, confieso que soy pecador. Mis pensamientos, mis palabras y mis acciones no son lo que deberían ser. Te doy gracias porque Jesús vino a este mundo para salvarme a mí y a todos. Envía tu Espíritu Santo para que cada alma enferma admita su necesidad y encuentre el perdón en la cruz del calvario y la tumba vacía. En el nombre del Salvador. Amén.

 

Publicado originalmente en Paraelcamino.com

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