El hijo que esperábamos - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 28/01/2020

El hijo que esperábamos

Al año siguiente, Elcana fue con toda su familia a ofrecer su sacrificio al Señor y cumplir con su voto. Pero Ana le dijo a su marido: «Yo no iré hasta que destete al niño. Entonces lo llevaré y lo presentaré al Señor, para que se quede allá para siempre». Y Elcana le respondió: «Haz lo que creas que es mejor. Quédate hasta que lo destetes, y que el Señor cumpla su palabra». Y Ana se quedó y crio a su hijo hasta que lo destetó.

Después, lo llevó con ella a la casa del Señor en Silo, y además llevó tres becerros, veinte litros de harina y una vasija de vino. El niño aún era muy pequeño. En cuanto mataron el becerro, el niño fue llevado a Elí. Y ella le dijo: «Señor mío, ¡que tengas una larga vida! Yo soy aquella mujer que estuvo aquí, junto a ti, orando al Señor. Oraba por este niño, y el Señor me lo concedió. He venido porque prometí dedicarlo al Señor para toda la vida. ¡Para siempre será del Señor!». Y allí adoró al Señor.

1 Samuel 1:21-28

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento podemos encontrar casos de parejas que esperaban desesperadamente tener hijos, pero no lo lograban. Existen los casos bien conocidos de Abraham y Sara antes del nacimiento de Isaac (ver Génesis 21:1-6) y Zacarías e Isabel (o Elizabeth) (ver Lucas 1:5-24).

En 1 Samuel tenemos otro ejemplo: el de Elcana y Ana antes del nacimiento de Samuel. Como fue el caso de los padres de Isaac y Juan, Elcana y Ana siempre habían esperado y pedido a Dios que les concediera un hijo, y esto finalmente les sucedió (ver 1 Samuel 1:19-20).

El nacimiento del primogénito era algo muy importante en el mundo antiguo. Para este niño existían ciertos derechos especiales, como una doble porción de la herencia familiar. Él también heredaría el papel de su padre como jefe de la familia al fallecer su padre. Pero a ningún primer hijo se le ha dado mayor privilegio y significado que el propio Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Esto es lo que el apóstol Pablo dice de Jesús en Colosenses 1:15-20: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. En él fue creado todo lo que hay en los cielos y en la tierra, todo lo visible y lo invisible; tronos, poderes, principados, o autoridades, todo fue creado por medio de él y para él. Él existía antes de todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para tener la preeminencia en todo, porque al Padre le agradó que en él habitara toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

Jesús, el que ha hecho todo bien.

ORACIÓN: Padre celestial, fija nuestros ojos en tu Hijo: el primero, el último, el principio y el fin. En su nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué crees que para algunas personas es un asunto tan serio el no poder tener hijos?

2.- ¿Por qué era importante que Jesús naciera en este mundo? © Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

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El deseo del corazón. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 03012019

El deseo del corazón

También estaba allí Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ana era una profetisa de edad muy avanzada. Desde su virginidad, había vivido siete años de matrimonio, y ahora era una viuda de ochenta y cuatro años. Nunca se apartaba del templo, sino que de día y de noche rendía culto a Dios con ayunos y oraciones. En ese mismo instante Ana se presentó, y dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Lucas 2:36-38

 

 

Lucas nos da muchos detalles de la vida de Ana: de dónde provenía, que había estado casada y que tenía al menos 84 años. Ana está en el templo a toda hora y, si bien va a su casa de vez en cuando para lavarse o cambiarse de ropa, es allí donde se la encuentra día y noche adorando a Dios. Allí es donde su corazón más desea estar: ante la presencia de Dios.

 

Muchas personas mayores son así: su placer más profundo está en el Señor. Siempre están en la iglesia, ¡y conocen sus Biblias mejor de lo que uno alguna vez lo hará! Son las personas que uno quiere que oren por uno, porque se puede sentir la conexión que tienen con Dios. ¿Conoces a alguien así?

 

Pero Ana todavía esperaba algo: la redención de Jerusalén, la venida del Mesías, el nacimiento de Jesús que Dios había prometido. Y entonces llegó el día en que los padres de Jesús lo llevaron al templo para presentarlo ante el Señor. Los deseos de Ana se habían hecho realidad: podía ver y tocar al Mesías. ¡Jesús había nacido para salvar a su pueblo! Inmediatamente comenzó a contar a otros la noticia: “¡Ahí está, vayan a verlo!”.

 

Tú también tienes un deseo en tu corazón. ¿Cuál sería el momento culminante de tu vida? ¿Cómo se relaciona con Jesús, tu salvador?

 

ORACIÓN: Señor, tú conoces mis deseos más profundos. Vuélvelos a Ti, para que pueda estar satisfecho. Amén.

 

 

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
Nombra al menos uno de los deseos profundos de tu corazón. ¿Por qué es tan importante?
¿Qué estás haciendo mientras esperas que se haga realidad?

 

 

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