"Dios nos ofrece vida, esperanza, alegría, perdón, sanidad, consuelo, un lugar al que pertenecer; y nosotros nos alejamos como compradores nerviosos" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "¿Libres?" - 29/07/2020

¿Libres?

[Dice el Señor] Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero. ¿Por qué gastan su dinero en lo que no alimenta, y su sueldo en lo que no les sacia? Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida. Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán. Yo haré con ustedes un pacto eterno, que es el de mi invariable misericordia por David. Yo lo puse como testigo para los pueblos, y como jefe y maestro de las naciones. Por causa del Señor tu Dios, por el Santo de Israel que te ha honrado, llamarás a gente que no conocías; pueblos que nunca te conocieron correrán a ti. 

Isaías 55:1-5

Hace algunos años tuve que hacer muchos trámites de inmigración para la comunidad vietnamita de St. Louis. Hacer el papeleo correctamente es muy difícil: hay páginas y páginas y páginas de cosas para completar. Así que todos los domingos me sentaba en un escritorio en la iglesia y ayudaba a las personas a llenar sus solicitudes, sin cobrarles nada.

Ahora odio el papeleo. Pero me quedé estupefacta al descubrir que algunas personas, incluidos algunos de mis propios parientes, no venían a pedirme ayuda a mí, sino que iban con otras personas de la comunidad que hablaban muy poco inglés… y que les cobraban un disparate por ayudarlas a llenarlos ¡en forma equivocada!

¿Por qué preferirían de esa forma, en vez de buscar la ayuda de alguien que sabía inglés y que no les cobraba nada? Finalmente, alguien me dijo: “Como lo hacías gratis, no pensamos que pudiera ser bueno”.

Eso es más o menos lo que le hacemos a Dios, ¿no? Él nos dice: “Todos los que tengan sed: Vengan a las aguas, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman… Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán”. Dios nos ofrece vida, esperanza, alegría, perdón, sanidad, consuelo, un lugar al que pertenecer; y nosotros nos alejamos como compradores nerviosos. ¿Cómo podría ser real? ¡El precio es muy bajo!

Excepto que no lo es. Oh, para nosotros el precio es bajo, de hecho, es completamente gratis. Pero eso solo es posible porque Dios mismo ha pagado ese precio en su totalidad. Eso es lo que Jesús vino a hacer cuando se convirtió en ser humano. Le costó algo dejar a un lado su gloria, nacer entre nosotros en la pobreza, pasar años cubriendo las necesidades de multitudes de personas, sufrir, morir y ser enterrado. Jesús pagó ese precio, y lo hizo con gusto: porque nos ama.

¿Deberíamos sentirnos mal por eso? ¡De hecho no! Lo que Dios quiere de nosotros es simple: “¡Ven… ven… ven!” , nos dice. “Deléitense con la mejor comida… escuchen y vivirán. Yo haré con usted un pacto eterno, que es el de mi invariable misericordia”. No hay ninguna trampa, ni ningún costo oculto, ni ninguna sorpresa final. Lo que Dios quiere es que seas bendecido, que seas su hijo amado, que compartas la vida de resurrección de Jesús, nuestro Salvador. ¡Así que pruébalo!

ORACIÓN: Querido Señor, en un mundo lleno de personas no confiables, ayúdame a confiar en ti. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez te has perdido algo bueno porque creías que era demasiado bueno para ser verdad?

2.- ¿Cómo sabes que Dios es confiable?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

"Y se mantendrá firme como una gran roca cuando el poder de todos los llamados "dioses" se rompa contra Él como las olas del océano" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Soy yo: no tengas miedo" - 15/07/2020

Soy yo; no tengas miedo

Así dice el Señor, el Rey y Redentor de Israel, el Señor de los ejércitos: «Yo soy el primero; yo soy también el último. Fuera de mí no hay otro Dios. ¿Quién puede proclamar lo que está por venir? ¿Quién puede declararlo y ponerlo en orden ante mí, como lo hago yo desde que establecí al pueblo antiguo? ¡Anuncien lo que viene, lo que está por venir! No temas; no te intimides. ¿Acaso no te lo dije y te lo hice saber desde la antigüedad? Por lo tanto, ustedes son mis testigos. No hay más Dios que yo. No hay otro Fuerte; no conozco a ninguno». 

Isaías 44: 6-8

Si alguna vez, estando solo en tu casa, te asustaste al escuchar que se abría una puerta detrás de ti, te dio gran alivio cuando tu cónyuge o amigo dijo: “No tengas miedo. Soy yo”.

Lo mismo sucede en nuestra lectura de hoy. “No temas, no te intimides”, dice, “No hay más Dios que yo. No hay otro Fuerte; no conozco a ninguno”. Todo está bien. Él es el único Dios. No tenemos que preocuparnos de que otros dioses nos sigan sigilosamente.

Eso suena extraño para la mayoría de nosotros, que hemos estado acostumbrados a la idea de un solo Dios desde que nacimos. Pero a lo largo de la historia, la humanidad ha tenido la tendencia de asociar los dioses como malas noticias, como seres a los que hay que aplacar o de lo contrario te enfermarán o matarán a tu familia o destruirán tu granja. Recordemos los dioses de la mitología griega. No eran útiles, amables o benevolentes. Si se involucraban con la humanidad, era porque querían algo.

Es cierto que las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero en nuestra cultura también existen dioses: dinero, prestigio, poder. Y quienes poseen una gran cantidad de estas cosas actúan como los antiguos dioses griegos, ¿no? En general, usan su poder para oprimir, dañar, explotar a otras personas. No son dioses seguros. Son peligrosos.

En contraste con todo esto, el verdadero Dios nos dice: “Yo soy el primero; yo soy también el último. Fuera de mí no hay otro Dios. ¿Quién puede proclamar lo que está por venir?… No temas; no te intimides… No hay más Dios que yo. No hay otro Fuerte; no conozco a ninguno”.

No tenemos que temer a los grandes poderes de nuestra cultura: los abusos de poder de los gobernantes, la corrupción, la codicia e indiferencia de los ricos y poderosos. No son dioses, por mucho que deseen que pensemos así. No tienen todo el poder. Eso le pertenece solo al Dios verdadero.

El Señor es nuestra seguridad, el refugio que nunca nos fallará. Y se mantendrá firme como una gran roca cuando el poder de todos los llamados “dioses” se rompa contra Él como las olas del océano. Le pertenecemos a Él; no seremos destrozados. Es por eso que podemos cantar con el escritor del Salmo 46: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en todos los problemas. Por eso no tenemos ningún temor. Aunque la tierra se estremezca, y los montes se hundan en el fondo del mar; aunque sus aguas bramen y se agiten, y los montes tiemblen ante su furia” (Salmo 46:1-3).

ORACIÓN: Padre, ayúdanos a confiar solo en ti. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando tienes miedo?

2.- ¿De qué manera te fortalece y consuela el saber que el único Dios verdadero está por encima de todo poder?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

"Dios usa su Palabra para dar forma a nuestra vida. Después de todo, ¡Él ya lo ha hecho!" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "A su debido tiempo" - 08/07/2020

A su debido tiempo

Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come, así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié. 

Isaías 55:10-11

“Eso fue una pérdida de tiempo”, pensé al terminar de leer un capítulo realmente oscuro de Isaías a mi familia, y luego me sentí culpable por pensar tal cosa. Estábamos tratando con versos como: “Por eso Moab aullará; todo Moab gemirá y será en gran manera abatida por causa de las tortas de uvas pasas de Quir Jaréset” (Isaías 16:7). ¡Trate de explicárselo a su hijo!

Sospecho que muchos sienten lo mismo al leer la Biblia, ya sea en casa o en la iglesia. Hay pasajes que no entendemos, a menudo porque no hemos leído el resto del libro y, por lo tanto, no sabemos lo que realmente está sucediendo. Lleva tiempo y paciencia familiarizarse con la Biblia, y con demasiada frecuencia no queremos dedicarle ese tiempo. Queremos resultados instantáneos, nos frustramos cuando no los conseguimos y luego nos sentimos culpables y queremos leer y escuchar aún menos. Es un círculo vicioso.

Dios nos aleja de tal desastre mental y nos da una imagen diferente de cómo funciona Su Palabra: es como la lluvia y la nieve que riegan la tierra, la cual finalmente produce el pan que comemos. Se necesita mucha lluvia y nieve para producir una cosecha, y a menudo no parece que esté haciendo mucho. Tu exposición a la Palabra de Dios puede ser igual: la sigues escuchando, la lees, pero ¿qué impacto tiene en tu vida? No puedes verlo… hasta más adelante, cuando realmente lo necesitas, y el Espíritu Santo lo trae a tu memoria.

Dios nos da una promesa en la que podemos confiar: “Mi Palabra… no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié”. Dios usa su Palabra para dar forma a nuestra vida. Después de todo, ¡Él ya lo ha hecho! Fue a través de su Palabra que fuiste bautizado, y fue también a través de su Palabra que llegaste a conocer y confiar en Jesús como tu Salvador, quien sufrió, murió y resucitó de entre los muertos por ti. Confía entonces en que Dios va a usar su Palabra en tu vida en el futuro.

ORACIÓN: Padre, gracias por el regalo de tu palabra. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuál es tu parte favorita de la Biblia? ¿Por qué?

2.- ¿Recuerdas algún momento en que Dios usó su Palabra para ayudarte, fortalecerte, consolarte o guiarte?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

"Pero Cristo ha llevado todo esto a la cruz: la pretensión, el amor propio, la búsqueda de la gloria, el juego y la falsa modestia". - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile: ¿A quién queremos engañar? - 17/02/2020

¿A quién queremos engañar?

“¿Qué sentido tiene que ayunemos, si no nos haces caso? ¿Para qué afligir nuestro cuerpo, si tú no te das por enterado?”. Pero resulta que cuando ayunan sólo buscan su propia satisfacción, ¡y mientras tanto oprimen a todos sus trabajadores!

Sólo ayunan para estar peleando y discutiendo, y para dar de puñetazos impunemente. Si quieren que su voz sea escuchada en lo alto, no ayunen como hoy día lo hacen.

¿Acaso lo que yo quiero como ayuno es que un día alguien aflija su cuerpo, que incline la cabeza como un junco, y que se acueste sobre el cilicio y la ceniza? ¿A eso le llaman ayuno, y día agradable al Señor?

Más bien, el ayuno que yo quiero es que se desaten las ataduras de la impiedad, que se suelten las cargas de la opresión, que se ponga en libertad a los oprimidos, ¡y que se rompa todo yugo!

Ayunar es que compartas tu pan con quien tiene hambre, que recibas en tu casa a los pobres vagabundos, que cubras al que veas desnudo, ¡y que no le des la espalda a tu hermano!

Si actúas así, entonces tu luz brillará como el alba, y muy pronto tus heridas sanarán; la justicia será tu vanguardia, y la gloria del Señor será tu retaguardia.

Entonces clamarás, y el Señor te responderá; lo invocarás, y él te dirá: “Aquí estoy. Si quitas de tu medio el yugo, el dedo amenazador, y el lenguaje hueco”.

Isaías 58:3-9

¿Alguna vez has hecho algo sin hacerlo de corazón? Es difícil mantener la fachada, pero forzamos una sonrisa y seguimos adelante con la esperanza de haber podido complacer a la otra persona. Sin embargo, estamos realmente ansiosos por quitarnos la máscara que oculta nuestra falta de sinceridad.

Parece que los seres humanos han estado actuando así durante mucho tiempo. El antiguo Israel no era ajeno a la idea de “mantener las apariencias“. De hecho, hicieron todo lo posible para hacer exhibiciones externas de obediencia a Dios, incluso defendiendo sus acciones. Pero su corazón no estaba puesto en eso, e insultaron la omnisciencia de Dios al pensar que Él no vería a través de su farsa falsa (versículos 6-9).

Jesús también reprendió la adoración falsa cuando criticó a los escribas y fariseos por su espectáculo externo y la dureza de sus corazones. Citando a Isaías, dijo: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí; no tiene sentido que me honren, si sus enseñanzas son mandamientos humanos. Porque ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, y se aferran a la tradición de los hombres” (ver Marcos 7:1-13).

Lo triste es que así es nuestra naturaleza también. Este es nuestro orgullo maldito. Miopes y sordos a las necesidades de los demás mantenemos la farsa, nos engañamos a nosotros mismos y estamos más que felices de hacerlo.

Pero Cristo ha llevado todo esto a la cruz: la pretensión, el amor propio, la búsqueda de la gloria, el juego y la falsa modestia. Él puso fin a nuestro pecado, de una vez por todas, a través de Su sangre derramada, de su muerte y de su gloriosa resurrección.

Él nos ofrece una nueva vida de amor a Dios y compasión hacia los demás. Esta vida también puede ser tuya.

ORACIÓN: Querido Jesús, ayúdanos a consagrar nuestra vida a Ti. En tu nombre. Amén.

Esta devoción diaria fue escrita por Paul Schreiber.

Para reflexionar:

1.- ¿Puedes recordar la última vez que hiciste algo por alguien que no querías hacer?

2.- ¿Cuán importante es para ti el ocuparte de los problemas sociales?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

"La Biblia nos advierte que los cristianos compartiremos los sufrimientos de Cristo, tal como lo hizo María". - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 12/02/2020

Sufrimiento compartido y gozo

Simeón los bendijo, y a María, la madre del niño, le dijo: «Tu hijo ha venido para que muchos en Israel caigan o se levanten. Será una señal que muchos rechazarán y que pondrá de manifiesto el pensamiento de muchos corazones, aunque a ti te traspasará el alma como una espada».

Lucas 2:34-35

¿Qué habrá sentido María al escuchar esas palabras? Su bebé tenía apenas más de un mes, pero el Espíritu Santo ya estaba hablando a través de Simeón para anunciar lo que vendría en el futuro: la ira y la amarga controversia, la oposición a su ministerio y, finalmente, el sufrimiento y la muerte en la cruz. Ese sufrimiento no podría ser evitado, porque la humanidad tenía que ser salvada. Y María compartiría sus sufrimientos. Esa fue la advertencia.

Y por supuesto que lo hizo. Vio cómo los líderes religiosos se oponían a su hijo mayor. Vio cómo casi lo apedrean después de su primer sermón. Vio el desprecio público y la burla que él soportaba de parte de quienes lo odiaban. Y vio cómo lo colgaron de la cruz.

¿Habrá llegado a entender María por qué era necesario todo este sufrimiento? Seguramente lo entendió después de la Pascua, cuando Jesús resucitó de entre los muertos. ¿Pero y antes de eso, cuando Herodes intentó matarlo, cuando tuvieron que ir a refugiarse en Egipto? ¿Habrá tenido días en los que ella se pregunta por qué Dios permitía tanto dolor en sus vidas?

No lo sabemos. Pero sí sabemos que en nuestra vida también hay sufrimientos que no podemos entender ni encontrarle razón. Y entonces le preguntamos a Dios: “¿Por qué?”. Llegamos a sentir tanto dolor, que no podemos pensar en otra cosa. Así debe haberse sentido María cuando su Hijo estaba colgado en la cruz. En momentos así, lo único que podemos hacer es aferrarnos a Dios confiando en que hay una razón, y que Él finalmente hará que todas las cosas obren para nuestro bien.

Y la única razón por la que podemos confiar así es Jesús mismo, el Salvador que nació entre nosotros para llevar nuestro sufrimiento y pecado. Isaías nos dice: “Será despreciado y desechado por la humanidad entera. Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento… Con todo, él llevará sobre sí nuestros males, y sufrirá nuestros dolores… y por su llaga seremos sanados” (Isaías 53:3a, 4a, 5b). Con su sufrimiento pagó por todos los pecados del mundo. Con su muerte y resurrección nos dio la vida.

La Biblia nos advierte que los cristianos compartiremos los sufrimientos de Cristo, tal como lo hizo María. “El siervo no es mayor que su señor” (Juan 13:16b), nos dice Jesús. Nosotros también vamos a experimentar rechazo por amar a Cristo. Y en el curso de nuestro servicio a Dios podemos esperar que haya momentos de gran dolor, momentos en los que simplemente no entendemos lo que Dios está haciendo. Pero, aunque no entendamos, podemos confiar en Él, tal como lo hizo María cuando le dijo al ángel: «Yo soy la sierva del Señor. ¡Cúmplase en mí lo que has dicho!» (Lucas 1:38b). Y confiando en Jesús y compartiendo sus sufrimientos, también podemos esperar y compartir su resurrección y su gozo.

ORACIÓN: Padre celestial, por tu Espíritu Santo, mantennos cerca de tu Hijo cuando los tiempos sean buenos y cuando no lo sean. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Rev. Minh Chau Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que la fe de María se puso a prueba cuando escuchó las palabras de Simeón sobre su Hijo?

2.- ¿Cómo te sientes cuando un familiar o amigo es tratado injustamente y hay poco o nada que puedas hacer para ayudarlo?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

"La colina de su cruz se ha convertido en la más alta, y la Palabra del Señor ha salido para dar vida al mundo entero" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 6/02/2020

La montaña más alta

Visión de Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén: En los últimos días el monte de la casa del Señor será confirmado como cabeza de los montes; será exaltado por encima de las alturas, y hacia él correrán todas las naciones. Muchos pueblos vendrán y dirán: «¡Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob! Él nos guiará por sus caminos, y nosotros iremos por sus sendas. Porque la enseñanza saldrá de Sión; de Jerusalén saldrá la palabra del Señor. Él juzgará entre las naciones, y dictará sentencia a muchos pueblos. Y ellos convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. Ninguna nación levantará la espada contra otra nación, ni se entrenarán más para hacer la guerra». Vengan ustedes, los de la casa de Jacob; caminemos a la luz del Señor.

Isaías 2:1-5

La ciudad de Jerusalén está construida en medio de varias montañas: podríamos llamarlas colinas, al menos en comparación con las montañas como las Rocosas o la Sierra Madre. No son particularmente altas. Por ejemplo, el monte de los Olivos está a 826 m sobre el nivel del mar; el monte Moriah está a 740 m, etcétera. Claramente, no es una tierra plana, pero parece exagerado decir: “el monte de la casa del Señor será confirmado como cabeza de los montes; será exaltado por encima de las alturas”. Y es aún más extraño hablar de todas las personas del mundo corriendo hacia esa montaña.

Pero Isaías está hablando simbólicamente. Y, sin embargo, las cosas reales que está describiendo son aún más increíbles y menos probable que sucedan en la opinión humana. Él dice que la gente de todo el mundo buscará al Dios de Israel, que lo escucharán y lo obedecerán. Incluso dice que no habrá más guerra.

¿Cómo pueden ser ciertas estas cosas? Pues Jesús mismo las dice cuando habla con sus discípulos justo antes de su muerte: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora será expulsado el príncipe de este mundo. Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo”. El escritor del Evangelio de Juan explica que Jesús dijo esto para anunciar “de qué muerte iba a morir” (Juan 12: 31- 33).

Lo que Jesús dijo se hizo realidad. Ciertamente fue clavado en una cruz y levantado en una pequeña colina llamada Gólgota fuera de las puertas de Jerusalén. El Dios de Israel eligió voluntariamente sufrir y morir por su pueblo; y no solo por el pueblo de Israel, sino por todos los pueblos del mundo, incluidos tú y yo. Con su sufrimiento y muerte destruyó el poder que el pecado, la muerte y el diablo tenían sobre toda la raza humana. Y con su resurrección nos trajo la vida eterna, un regalo gratis para todos los que confían en Él, todos los que reciben este regalo de sus manos.

Hemos visto que las palabras de Jesús se hacen realidad. En los últimos 2.000 años Jesús ha atraído a la gente hacia sí mismo y continúa atrayéndonos a Él en fe hoy. Y la gente del mundo está corriendo hacia Él: personas de África, Asia, Europa, América e incluso de tu vecindario. La colina de su cruz se ha convertido en la más alta, y la Palabra del Señor ha salido para dar vida al mundo entero. ¡Gracias a Dios por su maravilloso milagro!

ORACIÓN: Señor, trae a muchas más personas a la fe en ti y úsame como mejor veas para que la gente confíe en ti. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuál es la montaña más alta que has visitado? ¿La subiste?

2.- ¿Cómo podrías ayudar a un amigo a descubrir el amor de Jesús?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

Editado por CPTLN-Chile ® / MGH – febrero de 2020

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

El Siervo de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 07/01/2020

El Siervo de Dios

“¡Aquí está mi siervo, mi escogido, en quien me complazco! Yo lo sostengo; sobre él reposa mi espíritu. Él traerá la justicia a las naciones”.

Isaías 42:1

El domingo pasado comenzamos la época de Epifanía. Durante este tiempo celebramos el bautismo de Jesús, cuando su primo Juan lo bautizó en el río Jordán, al igual que el día de nuestro bautismo.

Pero en el bautismo de Jesús hay algo extraño. Tú y yo sabemos por qué fuimos bautizados: éramos pecadores y por tanto enemigos de Dios, por lo que, a través de nuestro bautismo, Dios nos hizo hijos suyos limpios y santos en base a los méritos de Jesús.

Pero ¿por qué fue bautizado Jesús, si no era pecador, nunca hizo nada malo y no era enemigo de Dios? Si Jesús era el Hijo de Dios, entonces ¿por qué fue bautizado?

Juan también quería saber la razón. Se sintió raro al tener que bautizar a alguien tan inocente. Pero Jesús le dijo: “Por ahora, déjalo así, porque conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15b).

Probablemente hay muchas razones por las cuales Jesús fue bautizado. Pero una de ellas tuvo que ver con su obra. Cuando Jesús fue bautizado, comenzó su ministerio público al mundo. Esta es la obra a la que alude Isaías en nuestra lectura del Antiguo Testamento para hoy.

¿Qué clase de siervo era Jesús? Isaías lo describe muy bien. Comienza diciendo: “¡Aquí está mi siervo, mi escogido, en quien me complazco! Yo lo sostengo”. Eso significa que Jesús dependió de Dios todo el tiempo. No trató de hacer las cosas con su propio poder o fuerza. Confió en Dios para todo lo que necesitaba.

Cuando Jesús fue bautizado, Dios habló desde el cielo y dijo: “Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco” (Marcos 1: 11b). Esto significa que Dios está contento con Jesús. Estas palabras eran ciertas en ese entonces, y aún lo son hoy.

Jesús es el siervo del Señor. Él es quien cumplió perfectamente la Ley de Dios; Él fue a la cruz y murió por nuestros pecados, y resucitó de la muerte tres días después, para vencer el pecado, la muerte y el diablo en nuestro nombre. Hizo estas cosas por nosotros, porque nos ama.

Ahora nos invita a seguir con su obra para los demás. Ese es uno de los regalos que recibimos en nuestro bautismo: la oportunidad de servicio al pueblo de Dios.

Este es un regalo bendito que Dios nos da. Abracémoslo de todo corazón y vivamos para Él en todo el año 2020.

ORACIÓN: Padre celestial, nos has llamado hacia ti a través de la vida, muerte y resurrección de tu Hijo Jesús. Enséñanos a aferrarnos a Él con fe, amándote para siempre. Amén.

Rev. Minh Chau Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuáles son las cualidades de siervo que Jesús mostró cuando estuvo en la tierra?

2.- ¿Cómo podemos vivir de una manera que sea agradable a Dios?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Las talentosas manos de un alfarero - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 14/11/2019

Las talentosas manos de un alfarero

Pero tú, Señor, eres nuestro padre; nosotros somos el barro y tú eres quien nos da forma; todos nosotros somos obra de tus manos.

Isaías 64:8

“Cuando el Señor te envía aguas de tribulación, Él espera que nades en ellas”. Algo así dijo un evangelista de Mississippi en una de las transmisiones del programa “El resto de la historia”, de Paul Harvey.

Nadie elegiría nadar en las aguas de las tribulaciones por el resto de su vida. Sin embargo, nuestro Padre permite que muchos de sus hijos pasen por experiencias que parecen ser insoportables. Después de una pérdida devastadora o después de semanas y meses de perpetua angustia, nos preguntamos aturdidos: “¿Por qué?”.

Isaías escribió: “¡Ay de aquel que discute con su Hacedor! ¡Un tiesto más entre los tiestos de la tierra! El barro no le pregunta al alfarero: “¿Qué es lo que haces?”. ¿Acaso le señala: “Tu obra no tiene manos?”. Esta severa advertencia se ha convertido para mí en una fuente sólida de consuelo. Quizás el Espíritu Santo también usa estas palabras en tu vida.

Señor, sabes que tus hijos no son más que barro. A menudo la vida nos rompe y nos rompe hasta que creemos que nuestras vidas son inútiles, sin valor.

Sin embargo, te deleitas al recogernos, Padre, nos das forma, nos moldeas y nos aprietas hasta que nos convertimos en recipientes agradables, hermosas vasijas que contienen tu amor. Te esfuerzas mucho en nosotros. Dedicas mucho tiempo a pensar creativamente en Tu artesanía hasta que, poco a poco, nos convertimos en vasijas únicas al servicio del Rey de reyes. Nos convertimos en tu nueva creación. A nosotros, que éramos solo uno de los innumerables tiestos rotos e inútiles, se nos ha dado un propósito y un valor. Y te alabamos por tu obra en nosotros.

Sin embargo, debemos pagar el precio. El alfarero entrega las vasijas al horno y ellas salen fuertes como un diamante y brillantes como un espejo. Pero el barro que nunca pasa por el fuego nunca será fuerte. En el fondo de mi corazón sé que esto es así. Pero en la sofocante oscuridad del horno, yo también grito: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué? ¿Por qué me has hecho esto? ¿Qué estás haciendo? ¿Cuál es este diseño que tienes para mi vida?

A veces dudo del proceso y culpo al Diseñador. Padre, olvidé tu amor inalterable. Olvidé la carga insoportable que Tu Hijo soportó por el dolor del mundo. Él también gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué?”.

Jesús sufrió antes que yo toda mi incertidumbre y angustia. Sufrió para poder calmar para siempre mis dudas de Tu amor, para que nunca dudara de Tu presencia, incluso cuando paso por el fuego. Llena la soledad de mi angustia con Tu paz. Dame fuerzas para seguir. Yo que no soy más que arcilla, anhelo tu gloria. Por la sangre del Salvador, revélame un destello de la gloria de Tu plan para mí.

ORACIÓN: Padre celestial, tú eres el alfarero; yo soy el barro. Haz de mí una vasija apta para el servicio en tu reino. En el nombre de Jesús. Amén.

The Lutheran Layman, agosto de 1980, Jane Fryar.

Para reflexionar:

1.- ¿Te has puesto a pensar en cómo Dios está trabajando en tu vida para convertirte en un instrumento para Sus propósitos?
2.- ¿Cómo haces para mantenerte dispuesto y moldeable a lo que Dios está haciendo en tu vida?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Consolados en Jerusalén

Todos ustedes, los que aman a Jerusalén, ¡alégrense y regocíjense con ella! ¡Llénense de regocijo por ella, todos los que por ella se han entristecido! Porque ella los amamantará en sus pechos, y los consolará y dejará satisfechos; ustedes serán amamantados, y disfrutarán de las delicias de su gloria. Ciertamente, el Señor ha dicho: «¡Miren! Voy a extender sobre ella la paz y la riqueza de las naciones, como si fueran un río desbordado. Ustedes serán amamantados y llevados en brazos, y mimados en el regazo. Yo los consolaré a ustedes como consuela una madre a sus hijos, y en Jerusalén hallarán consuelo».

Isaías 66:10-13

Jerusalén significó muchas cosas para el pueblo en los días de Isaías. Además de ser la capital nacional y la sede de su rey, Jerusalén era el lugar donde Dios había colocado Su templo, el lugar donde todo Israel debía ir a adorar cada año. Eso le dio a Jerusalén un lugar especial en la mente y el corazón del pueblo: simbolizaba el reino de Dios, el lugar donde Dios se acerca a su pueblo y se reunía con ellos en paz.

Desafortunadamente, eso no era todo lo que Jerusalén significaba, como lo deja claro la mayoría del Antiguo Testamento. También era un lugar conocido por el pecado, un lugar donde la idolatría continuaba, a veces en el mismo templo de Dios. Era un lugar donde se oprimía a los pobres y se aceptaban sobornos para pervertir la justicia. Un lugar donde los horrores como el canibalismo ocurrieron durante los días en que estuvo sitiada. Jesús mismo se refirió a ella como “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti!” (Lucas 13:34a).

¡No es de extrañar que los profetas de Dios parezcan tener una relación de amor-odio con Jerusalén! Era un símbolo de lo mejor… pero también podía ser un símbolo de lo peor.

¿Te suena familiar? A mí sí. Jerusalén, en muchos aspectos, se asemeja a la iglesia cristiana aquí en la tierra: un lugar bueno y malo a la vez. Un lugar donde nos reunimos en la adoración y comunión, donde servimos juntos al pueblo de Dios y mostramos preocupación y amor los unos por los otros. Pero también es un lugar donde hay luchas de poder y frialdad de corazón, e incluso maldades históricas como las Cruzadas y la Inquisición. Como escribe Santiago: “Hermanos míos, ¡esto no puede seguir así! ¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga?” (Santiago 3:10b-11). Quienes amamos a la iglesia podemos caer en la desesperación. Vemos la gloria a la que Dios nos ha llamado como miembros del cuerpo de Cristo, los embajadores de Jesús en este mundo. Y luego vemos … ¿qué? Nuestro pecado, avergonzando el Nombre que llevamos. ¿Quién nos puede ayudar?

Solo Dios puede verdaderamente limpiar y enderezar la manifestación terrenal de su reino. Solo Jesús puede purificarnos a nosotros, el pueblo de Dios, y convertirnos en “irreprensibles y sencillos, e intachables hijos de Dios en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo, aferrados a la palabra de vida” (Filipenses 2:15-16a). Él puede hacer esto, y lo hará. ¿Cómo no va a hacerlo si ya ha dado su vida por nosotros, para hacernos suyos?

ORACIÓN: Querido Padre, limpia tu iglesia y ayuda al mundo a ver a tu hijo Jesús a través de nosotros. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Por qué crees que Jerusalén pudo ser al mismo tiempo la ciudad de Dios y el lugar donde se mató a los profetas de Dios?

¿Qué haces para que tu iglesia sea un lugar abierto y de servicio a tu comunidad?

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Jesús sufrió en nuestro lugar - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 26/02/2019

Jesús sufrió en nuestro lugar

En el año que murió el rey Uzías, yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. El borde de su manto cubría el templo. Dos serafines permanecían por encima de él… Uno de ellos clamaba al otro y le decía: “¡Santo, santo, santo, es el Señor de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!”. Entonces dije yo: “¡Ay de mí! ¡Soy hombre muerto! ¡Mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos, aun cuando soy un hombre de labios impuros y habito en medio de un pueblo de labios también impuros!”. Entonces uno de los serafines voló hacia mí. En su mano llevaba un carbón encendido, que había tomado del altar con unas tenazas. Con ese carbón tocó mi boca, y dijo: “Con este carbón he tocado tus labios, para remover tu culpa y perdonar tu pecado”.

Isaías 6:1-2a, 3, 5-7

 

En este pasaje, el profeta Isaías nos da una de las más hermosas descripciones de Jesús en el Antiguo Testamento. (Sí, es Jesús; Juan 12:41 deja en claro que Isaías estaba viendo la gloria de Jesús).

 

Isaías ve a Jesús “alto y sublime”, sentado en el templo entre los ángeles. Los serafines claman: “Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; ¡Toda la tierra está llena de su gloria!”. El humo del incienso llena el templo.

 

Isaías no puede lidiar con eso. Está dominado por la gloria y santidad de Jesús. El contraste con su pecado es demasiado. Y así, Isaías también clama, pero no para decir “santo, santo, santo”. Por el contrario, dice: “¡Ay de mí! ¡Porque estoy perdido!”. Sus “labios impuros” no pueden decir nada más. Solo puede confesar su propia impiedad en la presencia del Dios santo.

 

Ese es nuestro problema, también, ¿no es así? Somos impuros por naturaleza. Tratamos de hacer lo correcto, pero a menudo pecamos con nuestros labios. Mentimos, engañamos y torcemos la verdad. Nos envanecemos, chismoseamos y devolvemos la agresión. Usamos nuestro discurso para derribar a otros en lugar de edificarlos. Al igual que Isaías, tenemos que gritar: “¡Ay de mí!”.

 

Y Dios también tiene misericordia de nosotros, tal como lo hizo con Isaías. Un ángel voló hasta Isaías con un carbón ardiente tomado del altar de Dios. El carbón estaba tan caliente, que el ángel tuvo que llevarlo con pinzas. Y lo llevó a los labios de Isaías, diciendo: “Con este carbón he tocado tus labios, para remover tu culpa y perdonar tu pecado”.

 

¿Notas algo extraño en esta historia? En ninguna parte dice que el carbón ardiente hirió a Isaías. El ángel se lo pone en los labios e Isaías es perdonado, purificado. Pero él no parece estar sufriendo. ¿Quién se llevó el sufrimiento?

 

Nuestro Señor Jesucristo lo hizo. El carbón ardiente vino del altar de Dios, que apuntaba a la cruz de Jesús. En ese altar Jesús se ofreció a sí mismo por nuestros pecados, haciéndose expiación por nosotros para que pudiéramos ser purificados. El sufrimiento es de Jesús; el perdón es de nosotros.

 

¡Cuánto nos ama!

 

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por llevarte el sufrimiento que nos pertenecía y por limpiarnos nuevamente. Amén.

 

Dr. Kari Vo

 

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones

 


Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail: