"Ahora tenemos a Jesús, quien es nuestra vida y salvación" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Añoranzas" - 26/11/2020

Añoranzas

¡Cómo quisiera que rasgaras los cielos y bajaras! ¡Que los montes se derritieran ante ti como ante un fuego abrasador que todo lo funde, como un fuego que hace hervir el agua! ¡Así tu nombre sería reconocido por tus enemigos, y las naciones temblarían en tu presencia! 

Cuando tú descendiste e hiciste maravillas que nunca imaginamos, los montes temblaron ante ti. Nunca antes hubo oídos que lo oyeran ni ojos que lo vieran, ni nadie supo de un Dios que, como tú, actuara en favor de aquellos que en él confían. Tú has salido al encuentro de los que practican la justicia con alegría, y de los que se acuerdan de ti y siguen tus enseñanzas. Pero te enojas si pecamos y no dejamos de pecar. ¿Acaso podremos alcanzar la salvación? 

Todos nosotros estamos llenos de impureza; todos nuestros actos de justicia son como un trapo lleno de inmundicia. Todos nosotros somos como hojas caídas; ¡nuestras maldades nos arrastran como el viento! Ya no hay nadie que invoque tu nombre, ni que se despierte y busque tu apoyo. Por eso nos diste la espalda, y nos dejaste caer en poder de nuestras maldades. Pero tú, Señor, eres nuestro padre; nosotros somos el barro y tú eres quien nos da forma; todos nosotros somos obra de tus manos. No te enojes demasiado, Señor, ni tengas presente nuestra iniquidad todo el tiempo. Toma en cuenta que todos nosotros somos tu pueblo. 

Isaías 64:1-9

Escucha las palabras de Isaías: “¡Cómo quisiera que rasgaras los cielos y bajaras!”. Isaías anhela que Dios se acerque, anhela la presencia del Señor. Le duele estar alejado del agua viva, del aliento de la vida. Recuerda los viejos tiempos, cuando Israel había caminado con Dios por el desierto y se había encontrado con Él en el monte Sinaí. Esos sí eran días felices, piensa Isaías.

Pero ya no es así. ¿Por qué? Porque el pueblo se ha comportado mal en sus palabras, pensamientos y acciones; se han separado de la fuente de la vida, de Dios mismo, y sufren por ello. E Isaías confiesa que esto también es cierto para él.

Y también es cierto para nosotros. Nosotros también nos hemos alejado del Señor y anhelamos al Dios que hemos abandonado. Pero al igual que Isaías y el pueblo de Israel, no podemos regresar a la presencia de Dios por nuestra cuenta. O Dios rasga los cielos y desciende, o estamos perdidos. Es así de simple.

Desde su momento en la historia, Isaías suplica a Dios: “No te enojes demasiado, Señor, ni tengas presente nuestra iniquidad todo el tiempo”. Tiene esperanza porque sabe que Dios es misericordioso. Pero desde nuestro momento en la historia tenemos algo aún mejor: el conocimiento de que Dios ya ha escuchado nuestras oraciones, ha abierto los cielos y ha bajado en la persona de Jesucristo, nuestro Salvador, nacido para librarnos.

Ya no necesitamos añorar los buenos viejos tiempos de la presencia de Dios en el Sinaí. Tenemos algo mucho mejor: Dios en la carne, cargando nuestros pecados en la cruz, dejándolos en la tumba y resucitando de entre los muertos tres días después. Ahora tenemos a Jesús, quien es nuestra vida y salvación. Nuestros corazones anhelantes pueden estar satisfechos, porque Él nos ha dicho: “No te dejaré ni te desampararé jamás” (Hebreos 13: 5b).

ORACIÓN: Señor, déjame vivir siempre en Tu presencia. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando anhelas a Dios?

2.- ¿Cómo sabes que Jesús está contigo, más allá de que lo sientas o no?

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"Jesús, el exaltado Hijo del Hombre, la Vid verdadera, resucitó de la muerte para darnos vida ahora y para siempre" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "La vid verdadera" - 30/09/2020

La vid verdadera

Dios de los ejércitos, ¡vuélvete a nosotros! Desde el cielo dígnate mirarnos, y reconsidera; ¡ven y ayuda a esta viña! ¡Es la viña que plantaste con tu diestra! ¡Es el renuevo que sembraste para ti!… Pero posa tu mano sobre tu hombre elegido, sobre el hombre al que has dado tu poder. Así no nos apartaremos de ti. Tú nos darás vida, y nosotros invocaremos tu nombre. 

Salmo 80:14-15, 17-18

El salmista escribe: “Desde Egipto trajiste una vid; expulsaste a las naciones, y la plantaste” (Salmo 80:8). 

Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto y lo plantó, su vid escogida, en la tierra prometida. Esta vid de Israel fue el hijo que Dios llamó de Egipto (ver Oseas 11:1). Los plantó para que fueran un pueblo fortalecido para adorarlo y servirlo, para ser una luz para las naciones. Sin embargo, la vid se rebeló y se apartó del Señor que los había salvado, negándose a producir el fruto de la fe que Dios buscaba en su viña. 

El Señor permitió que su viña fuera invadida por enemigos, sus muros derribados. El salmista suplica a Dios que tenga misericordia de la vid sufrida de Israel: “Desde el cielo dígnate mirarnos, y reconsidera; ¡ven y ayuda a esta viña! ¡Es la viña que plantaste con tu diestra!”.

Al hablar de la vid de Israel plantada hace tanto tiempo, nuestro salmo predice otra vid plantada en la tierra. Este descendiente de la vid de Israel es el Hijo de Dios, fortalecido para el propio propósito de Dios. Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, dijo de sí mismo: “Yo soy la Vid verdadera” (Juan 15:1a). Esta Vid verdadera, este Hijo, se convertiría en la diestra del Varón de Dios, pero antes de que Jesús fuera exaltado a esa alta posición, la Vid verdadera tuvo que morir para dar vida a sus ramas.

Así como la viña de Israel fue quebrada y pisoteada una vez, Jesús, el Hijo del Hombre, fue ejecutado a manos de sus enemigos. El Hijo fue golpeado, burlado y clavado en una cruz. Pero incluso entonces el Hijo fue lo suficientemente fuerte para soportar el peso del pecado del mundo, lo suficientemente fuerte como para sufrir en una debilidad indefensa, soportando la pena de muerte que merecíamos. Pero Dios tenía consideración por esta Vid, el Hijo perfecto y obediente que Él había fortalecido para sí mismo. La Vid verdadera resucitó en la primera mañana de Pascua, y después de 40 días ascendió triunfalmente, exaltado para reinar a la diestra de Dios.

Jesús, el exaltado Hijo del Hombre, la Vid verdadera, resucitó de la muerte para darnos vida ahora y para siempre. En el bautismo estamos unidos a él, sepultados y resucitados con él. Mediante la fe en su Nombre damos el fruto del amor y las buenas obras, trayendo gloria al Padre y demostrando al mundo que somos discípulos de Jesús, pámpanos de la Vid verdadera.

ORACIÓN: Señor Dios, míranos con misericordia y perdona nuestros pecados. Como pámpanos de Jesús, la Vid verdadera, ayúdanos a crecer fuertes en la fe y activos en el amor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué el Antiguo Testamento se refiere al antiguo Israel como una vid? ¿Te resultan útiles las imágenes que crea el uso de ilustraciones de viñas, viñedos y frutas?

2.- ¿Hay alguien en tu vida que te haya fortalecido con su presencia constante?

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"Ustedes tienen que serme santos, porque yo, el Señor, soy santo. Yo los he apartado a ustedes de los otros pueblos, para que sean míos" (Levítico 20:26) - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Santificado por Dios" - 24/09/2020

Santificado por Dios

La palabra del Señor vino a mí, y me dijo: 

«Ustedes en la tierra de Israel acostumbran repetir aquel refrán que dice: “Los padres se comieron las uvas agrias, y a los hijos les dio la dentera”. ¿En verdad lo creen? Vivo yo, que ese refrán nunca más volverá a repetirse en Israel». Todos ustedes son míos. Lo mismo el padre que el hijo. Sólo morirá quien peque. Nadie más…

»Escúchenme ahora, pueblo de Israel. Tal vez digan: “Los caminos del Señor no son rectos”. ¿Pero en verdad no son rectos? ¿No es, más bien, que los caminos de ustedes son torcidos? Si el justo deja de ser justo, e incurre en actos malvados, merece la muerte, ¡y morirá por la maldad que cometió! Pero si el malvado se aparta de su maldad y se apega al derecho y a la justicia, habrá salvado su vida por fijarse en todas las transgresiones que había cometido y apartarse de ellas. Así que no morirá, sino que vivirá. 

»Pero si aun así el pueblo de Israel sigue diciendo: “Los caminos del Señor no son rectos”, ¿en verdad no son rectos mis caminos, pueblo de Israel? ¡Lo cierto es que son los caminos de ustedes los que no son rectos! Así que, pueblo de Israel, voy a juzgar a cada uno de ustedes según sus caminos. Por lo tanto, vuélvanse a mí y apártense de todas sus transgresiones, para que su maldad no sea la causa de su ruina. 

»Pueblo de Israel, ¿por qué tienen que morir? Apártense de todas las transgresiones que han cometido, y forjen en ustedes un corazón y un espíritu nuevos, porque yo no quiero que ninguno de ustedes muera. Así que vuélvanse a mí, y vivirán. 

Ezequiel 18:1-4, 25-32

Los profetas del antiguo Israel estaban muy ocupados. Si Israel no perseguía dioses falsos y practicaba el paganismo, estaba encontrando otras formas de racionalizar sus pecados. En este caso, Israel culpaba de su continua pecaminosidad a las transgresiones de sus antepasados. “Los padres se comieron las uvas agrias, y a los hijos les dio la dentera”.

Al sacar a la luz este viejo y gastado proverbio, Israel quería librarse del castigo de Dios, uno que estaba cayendo sobre ellos a través del azote de Babilonia. Querían tratar de eludir el llamado de Dios a ser santos. Las órdenes de marcha de Israel fueron claras como el cristal desde los días de Moisés. “Ustedes tienen que serme santos, porque yo, el Señor, soy santo. Yo los he apartado a ustedes de los otros pueblos, para que sean míos” (Levítico 20:26).

Lo mismo sucedía en los tiempos del Nuevo Testamento. Pedro escribe: “Pórtense como hijos obedientes, y no sigan los dictados de sus anteriores malos deseos, de cuando vivían en la ignorancia. Al contrario, vivan una vida completamente santa, porque santo es aquel que los ha llamado. Escrito está: «Sean santos, porque yo soy santo»” (1 Pedro 1:14-16).

Pero, ¿cómo podemos ser santos? ¿Cómo podemos estar sin pecado ante Dios? Bueno, no podemos… por nuestra cuenta. Pero hay Uno que ha ido antes que nosotros derramando Su sangre, dando Su vida por el mundo y luego, en la victoria de Pascua, resucitando de la tumba para conquistar el pecado, la muerte y el diablo para siempre. Su nombre es Jesús. En él hay santidad de vida para todos los que le confían su vida con fe (ver Juan 3:16).

ORACIÓN: Padre Celestial, santifica nuestras vidas mediante el don de la fe en Tu Hijo Jesús. En Su Nombre oramos. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Qué cosas te han transmitido tus antepasados?

2.- ¿Sientes que has recibido algún rasgo negativo de tus padres o abuelos?

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“Dios nos ama porque nos ama. Esa es su naturaleza: ser ‘el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman’” - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "¿Por qué?" - 22072020

¿Por qué?

Tú eres un pueblo santo para el Señor tu Dios. El Señor tu Dios te ha escogido para que le seas un pueblo especial, por encima de todos los pueblos que están sobre la tierra. El Señor los quiere, y los ha escogido, no porque ustedes sean más numerosos que todos los pueblos, pues ustedes eran el pueblo más insignificante de todos, sino porque el Señor los ama y porque quiso cumplir el juramento que les hizo a sus padres. Por eso el Señor los ha sacado con mano poderosa; por eso los ha rescatado de la esclavitud y del poder del faraón, el rey de Egipto. Sábelo bien: el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman y cumplen sus mandamientos, hasta mil generaciones…

Deuteronomio 7:6-9

¿Por qué me ama Dios? Esta es una pregunta con la que casi todos tenemos que lidiar en algún momento. ¿Me ama porque soy tan maravilloso? ¿Porque soy tan dotado, hermoso o inteligente? ¿Me ama porque hago muchas buenas obras? Y si me ama por alguna de estas razones… ¿podría perder entonces Su amor? Porque no siempre puedo ser bella, inteligente, respetable o moral.

En nuestra lectura de la Biblia para hoy, está claro que los israelitas estaban pensando en eso. De hecho, Moisés siente la necesidad de abordar esta pregunta directamente, diciéndoles: ¿Acaso Dios los amó y eligió para ser su pueblo porque son la nación más grande y más fuerte de la tierra? ¡No! De hecho, son la nación más pequeña y más débil. Entonces les explica la verdadera razón por la que Dios amó y eligió al pueblo de Israel: “Es porque el Señor los ama”. Básicamente, Moisés está diciendo: “Dios los ama porque los ama, porque esa es su naturaleza”.

La respuesta es la misma para todos los que a través de Jesús nos hemos convertido en hijos de Dios. Dios nos ama porque nos ama. Esa es su naturaleza: ser “el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman”. El amor de Dios por nosotros no se basa en nada que hayamos hecho. Se basa en el hecho que Él mismo es amor, y que muestra ese amor a través de Jesucristo, su Hijo. Como dice Pablo, “Dios muestra su amor por nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Nada de lo que podamos hacer podría ganar ese amor, y eso significa que no hay peligro de perderlo. Estamos a salvo en el amor de Dios. Somos amados, de verdad y para siempre, porque así es Dios. Y eso nos libera para amarlo a Él.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por amarme. Siembra tu amor en mi corazón. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cuáles son las razones humanas para amar a los demás?

2.- ¿Cómo se ha manifestado el amor libre de Dios por ti en tu vida?

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"Él (el Espíritu Santo) sabe cómo usarnos mejor y, en sus manos, no tenemos que preocuparnos por equivocarnos" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Salvado, ¿para qué?" - 10/06/2020

Salvado, ¿para qué?

Acamparon allí, delante del monte. El Señor llamó a Moisés desde el monte, y Moisés subió para hablar con Dios. Y Dios le dijo: «Habla con la casa de Jacob. Diles lo siguiente a los hijos de Israel: “Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo los he tomado a ustedes y los he traído hasta mí sobre alas de águila. Si ahora ustedes prestan oído a mi voz, y cumplen mi pacto, serán mi tesoro especial por encima de todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y un pueblo santo”.

Éxodo 19:2b-6b

Luego de liberar a los israelitas y llevarlos al Monte Sinaí, Dios les dijo cuáles eran sus planes para ellos: serían su pueblo elegido, “un reino de sacerdotes y un pueblo santo”. Cuando era pequeña solía estar un poco celosa de eso. “¿Cómo es que llegan a ser especiales?”, pensaba. “¿Acaso son mejores que yo?”.

Pero por supuesto que no era eso lo que Dios estaba diciendo. Dios los escogió para hacer un trabajo: llevar al resto de las personas de la tierra a la fe en el Dios real.

Mira las palabras: “Serán para mí un reino de sacerdotes y un pueblo santo”. Piensa por un momento: ¿Para qué son los sacerdotes? Están allí para acercar a otras personas a Dios, para hablar la palabra de Dios a las personas y ayudarlas a acercarse a Dios en oración y adoración. Se suponía que Israel debía hacer eso con respecto al resto del mundo: rezar por ellos, testificarles y hacer todo lo posible para llevar a todas las naciones al Dios viviente, su creador y salvador.

Sin duda, cuando leemos el Antiguo Testamento no vemos mucho éxito en esta área. Hay ocasionales extranjeros que aparecen: personas como Ruth y Rahab, algunos de los soldados de David, la multitud mixta de extranjeros que se unieron a Israel cuando salieron de Egipto, fuera de la esclavitud. Entonces sí, algunos llegaron a la fe. Pero no se sabe qué podría haber sucedido si Israel no hubiera seguido alejándose del Señor. Su desobediencia e infidelidad como grupo significaba que el resto del mundo seguía en la oscuridad… hasta el día en que Jesús vino.

¿Y ahora? Ahora tenemos una segunda oportunidad para hacerlo bien. 1 Pedro 2:9 nos dice casi lo mismo que Dios les dijo a los israelitas: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. También somos salvos para servir, no para quedarnos sentados.

Al igual que los israelitas de ese tiempo, nosotros también somos pecadores. Pero tenemos una gran ventaja, no, ¡dos! Sabemos que Dios ya ha venido a este mundo como un ser humano para vivir, sufrir, dar su vida por nosotros y resucitar de entre los muertos. Sabemos claramente que quien confía en Él será rescatado del mal y tendrá vida y gozo para siempre. Y tenemos al Espíritu Santo viviendo en nosotros para hablar. Puede ser aterrador abrir la boca para hablar de Jesús. Pero si se lo pedimos, el Espíritu Santo se encargará de todo. Él sabe cómo usarnos mejor y, en sus manos, no tenemos que preocuparnos por equivocarnos. Es asunto suyo y lo hará bien.

ORACIÓN: Señor, úsame para ayudar a otros a confiar en Jesús, y ayúdame cuando tenga miedo o esté nervioso. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez has hablado con alguien sobre Jesús?

2.- ¿Lo volverías a hacer? ¿Por qué sí o por qué no?

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"Nadie que confíe en él debe tener miedo del juicio de Dios. Su sangre nos protege" - Cita del Devocional de Semana Santa de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Salvado por su sangre" - 09/04/2020

Salvado por su sangre

Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, y les dijo: “Tomen, coman; esto es mi cuerpo”. Después tomó la copa, y luego de dar gracias, la entregó a sus discípulos y les dijo: “Beban de ella todos, porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos, para perdón de los pecados”.

Mateo 26:26-28

Era la Pascua cuando Jesús se reunió con sus discípulos. Se congregaron para recordar la misericordia de Dios, cuando salvó al pueblo de Israel de muerte y lo libró de la esclavitud en Egipto.

La sangre fue una parte importante de la primera Pascua. El pueblo de Israel debía matar un cordero para la cena y usar la sangre para marcar las puertas de sus hogares. Cuando Dios pasó por la tierra de la esclavitud y mató a los primogénitos de los egipcios, los hijos de Israel estuvieron a salvo. La sangre fue su salvación.

Esta historia estaba en la mente de todos los discípulos, porque se contaba cada año en la celebración de la Pascua. Pero Jesús sabía lo que los discípulos no sabían. Sabía que en las próximas veinticuatro horas, Dios llevaría a cabo una salvación aún mayor que el rescate de los esclavos hebreos de Egipto. Dios iba a liberar a toda la humanidad de su esclavitud a los poderes del pecado y la oscuridad. Y la sangre liberadora sería la del Cordero Jesús.

No es de extrañar que Jesús dijera: “Beban de ella todos, porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos, para perdón de los pecados”. Esta es la sangre del Cordero de Dios, cuyo sufrimiento y muerte en la cruz nos liberaron del poder de la muerte. Nadie que confíe en él debe tener miedo del juicio de Dios. Su sangre nos protege. Y la resurrección de Jesús es la garantía de que todos compartiremos su vida eterna, no como esclavos asustados, sino como personas alegres de Dios.

Oración: Señor, dame tu cuerpo y sangre para comer y beber en tu cena, porque tú eres mi vida. Amén.

Para reflexionar

1.- ¿En qué piensas cuando vas a la comunión?

2.- ¿De qué cosa específica te ha liberado la sangre de Jesús?

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¿Insomnio? ¿Cansancio excesivo? ¿Malestar estomacal? Puede ser ansiedad.

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"Pero Cristo ha llevado todo esto a la cruz: la pretensión, el amor propio, la búsqueda de la gloria, el juego y la falsa modestia". - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile: ¿A quién queremos engañar? - 17/02/2020

¿A quién queremos engañar?

“¿Qué sentido tiene que ayunemos, si no nos haces caso? ¿Para qué afligir nuestro cuerpo, si tú no te das por enterado?”. Pero resulta que cuando ayunan sólo buscan su propia satisfacción, ¡y mientras tanto oprimen a todos sus trabajadores!

Sólo ayunan para estar peleando y discutiendo, y para dar de puñetazos impunemente. Si quieren que su voz sea escuchada en lo alto, no ayunen como hoy día lo hacen.

¿Acaso lo que yo quiero como ayuno es que un día alguien aflija su cuerpo, que incline la cabeza como un junco, y que se acueste sobre el cilicio y la ceniza? ¿A eso le llaman ayuno, y día agradable al Señor?

Más bien, el ayuno que yo quiero es que se desaten las ataduras de la impiedad, que se suelten las cargas de la opresión, que se ponga en libertad a los oprimidos, ¡y que se rompa todo yugo!

Ayunar es que compartas tu pan con quien tiene hambre, que recibas en tu casa a los pobres vagabundos, que cubras al que veas desnudo, ¡y que no le des la espalda a tu hermano!

Si actúas así, entonces tu luz brillará como el alba, y muy pronto tus heridas sanarán; la justicia será tu vanguardia, y la gloria del Señor será tu retaguardia.

Entonces clamarás, y el Señor te responderá; lo invocarás, y él te dirá: “Aquí estoy. Si quitas de tu medio el yugo, el dedo amenazador, y el lenguaje hueco”.

Isaías 58:3-9

¿Alguna vez has hecho algo sin hacerlo de corazón? Es difícil mantener la fachada, pero forzamos una sonrisa y seguimos adelante con la esperanza de haber podido complacer a la otra persona. Sin embargo, estamos realmente ansiosos por quitarnos la máscara que oculta nuestra falta de sinceridad.

Parece que los seres humanos han estado actuando así durante mucho tiempo. El antiguo Israel no era ajeno a la idea de “mantener las apariencias“. De hecho, hicieron todo lo posible para hacer exhibiciones externas de obediencia a Dios, incluso defendiendo sus acciones. Pero su corazón no estaba puesto en eso, e insultaron la omnisciencia de Dios al pensar que Él no vería a través de su farsa falsa (versículos 6-9).

Jesús también reprendió la adoración falsa cuando criticó a los escribas y fariseos por su espectáculo externo y la dureza de sus corazones. Citando a Isaías, dijo: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí; no tiene sentido que me honren, si sus enseñanzas son mandamientos humanos. Porque ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, y se aferran a la tradición de los hombres” (ver Marcos 7:1-13).

Lo triste es que así es nuestra naturaleza también. Este es nuestro orgullo maldito. Miopes y sordos a las necesidades de los demás mantenemos la farsa, nos engañamos a nosotros mismos y estamos más que felices de hacerlo.

Pero Cristo ha llevado todo esto a la cruz: la pretensión, el amor propio, la búsqueda de la gloria, el juego y la falsa modestia. Él puso fin a nuestro pecado, de una vez por todas, a través de Su sangre derramada, de su muerte y de su gloriosa resurrección.

Él nos ofrece una nueva vida de amor a Dios y compasión hacia los demás. Esta vida también puede ser tuya.

ORACIÓN: Querido Jesús, ayúdanos a consagrar nuestra vida a Ti. En tu nombre. Amén.

Esta devoción diaria fue escrita por Paul Schreiber.

Para reflexionar:

1.- ¿Puedes recordar la última vez que hiciste algo por alguien que no querías hacer?

2.- ¿Cuán importante es para ti el ocuparte de los problemas sociales?

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¿Esforzarse más? - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 02/10/2019

¿Esforzarse más?

(Moisés dijo) Fíjate bien: hoy he puesto delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Lo que yo te mando hoy es que ames al Señor tu Dios, que vayas por sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado… Hoy pongo a los cielos y a la tierra por testigos contra ustedes, de que he puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan; y para que ames al Señor tu Dios, y atiendas a su voz, y lo sigas, pues él es para ti vida y prolongación de tus días.

Deuteronomio 30:15-16a, 19-20a

A veces puede ser muy desalentador hablar con personas que no son cristianas. “El cristianismo es demasiado extremo”, dicen. “No necesitamos un Salvador. ¿Por qué alguien tiene que morir para mejorar las cosas? No, solo tenemos que esforzarnos más. Todos deberían vivir una buena vida, seguir los Diez Mandamientos, y tendríamos el cielo en la tierra en poco tiempo. Es así de simple”.

A veces se quejan de Dios. “Después de todo, él podría ser un poco más útil”, dicen. “Podría hacer milagros en público, así todos veríamos que es real con nuestros propios ojos. ¡Entonces todos creerían! Y debería castigar a los malhechores de una manera drástica para que la gente aprenda de sus errores. Es culpa de Dios, de verdad. ¿Por qué no lo intenta de esta manera?”.

Lo frustrante es que Dios ya lo ha intentado de esa manera: todo el Antiguo Testamento es un registro de ello. En el pasaje de la Biblia que tenemos para hoy, Dios lo explica con palabras que un niño podría entender: “He puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan; y para que ames al Señor tu Dios, y atiendas a su voz, y lo sigas, pues él es para ti vida y prolongación de tus días”.

En los primeros cinco libros de la Biblia, Dios explica sus mandamientos con lujo de detalles: los escribe, le dice a la gente que los memorice y les da maestros y jueces para responder preguntas; hace milagros en frente de ellos para que nadie pueda dudar de su existencia. Dios satisfizo cada demanda humana, pero ni siquiera eso funcionó.

A pesar de tener todas esas ventajas, Israel logró equivocarse de todas las maneras posibles. Hizo el mal con tanta frecuencia y persistencia, que Dios finalmente tuvo que enviarlos al exilio durante 70 años, lejos de su propio país. El plan brillante y obvio había fallado.

Esto no fue una sorpresa para Dios, por supuesto. Él sabe cómo somos. ¡Pero fue una sorpresa para la mayoría de nosotros! La historia de Israel es nuestra historia y es una historia que necesitamos escuchar, de modo que descartemos de una vez por todas la loca idea de que de alguna manera podemos esforzarnos más y así ser nuestros propios salvadores. Israel no pudo hacerlo. Nosotros tampoco podemos.

Es por eso que el plan de Dios para nosotros es, y siempre ha sido, enviar a Jesús para que sea nuestro Salvador. No podemos guardar los Mandamientos, pero Jesús sí. No podemos limpiar nuestros corazones, pero Jesús sí. No podemos pasar de la muerte a la vida, pero Jesús sí. Por eso necesitamos un Salvador. Porque ningún esfuerzo que hagamos va a funcionar. ¡Pero Jesús sí!

ORACIÓN: Gracias, Señor, por salvarnos. En el nombre de Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo te hace sentir saber que Jesús ya ha cumplido todos los requisitos de la Ley por ti?

2.- ¿Cómo planeas usar la libertad y la nueva vida que Jesús ha ganado para ti?

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