“…Cuando miramos la historia humana, vemos que solo los delincuentes prometen una vida fácil” - Frase del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Penumbra y perdición" - 24/06/2020

Penumbra y perdición

El profeta Jeremías le respondió al profeta Jananías, también delante de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaba reunido en la casa del Señor. Le dijo: «Así sea. Que así lo haga el Señor y confirme tu profecía, de que los utensilios de la casa del Señor, y todos los que fueron llevados a Babilonia, volverán a este lugar. Sin embargo, escucha lo que voy a decirte, a ti en primer lugar, y también a todo el pueblo: Los profetas que nos antecedieron a ti y a mí, anunciaron guerras, aflicción y peste contra muchos países y contra grandes reinos. Si el profeta anuncia paz, y sus palabras se cumplen, entonces se le reconoce como un profeta verdadero, enviado por el Señor».

Jeremías 28:5-9

Este pasaje de Jeremías me causa gracia. Veamos el contexto: como profeta del Señor, Jeremías había estado advirtiendo a la gente acerca de su maldad, diciéndoles que las cosas solo empeorarán si no se arrepentían. El rey de Babilonia ya se había llevado a muchos hebreos, a su rey y algunos de los muebles del templo. Y lo que les espera es aún peor.

Pero hay otro hombre, que también dice ser un verdadero profeta, que les dice: “No, no va a suceder. Dios va a traer a todas esas personas y cosas de regreso a casa muy pronto y tendremos paz y todo va a estar bien”.

Jeremías no lo soporta. Incluso se pone un poco sarcástico, y le dice: “¡Amén! ¡Espero que el Señor haga exactamente lo que dijiste! Pero debes recordar una cosa: en el pasado, todos los verdaderos profetas predijeron cosas terribles como guerra, hambre y enfermedad. Entonces, cuando aparece un profeta como tú y predice paz, bueno, solo tendremos que esperar y ver si lo que dices se hace realidad. Entonces sabremos si el Señor te envió. ¡Porque realmente no lo creo!”.

Por supuesto que sabemos el final de la historia. El otro profeta era un mentiroso, y lo que dijo no se hizo realidad. Y cuando miramos la historia humana, vemos que solo los delincuentes prometen una vida fácil. Todos esos anuncios sobre duplicar tu dinero, perder 50 libras o curar el cáncer, bueno, resultan ser mentiras. La vida es más dura que eso.

Eso no quiere decir que las cosas buenas nunca sucedan. Dios nos ha prometido perdón, alegría y vida eterna. ¿Qué podría ser mejor que eso?

Pero todas esas cosas tienen un precio muy alto. Oh, no para nosotros, aunque sin duda tendremos algo de sufrimiento en el camino. Pero el precio real fue pagado por el mismo Señor. Para darnos todas esas cosas buenas, Dios mismo se convirtió en un ser humano y caminó por el largo y duro camino hacia el Calvario. Él se unió a nuestro sufrimiento. No, mejor que eso: Él tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo y nos liberó. Él tomó nuestro lugar y murió nuestra muerte, y luego resucitó de los muertos para compartir su victoria y vida eterna con nosotros, aquellos a quienes ama.

Es cierto que la vida es difícil, como todos sabemos, y que no hay respuestas fáciles. Pero hay Uno que ha superado todos los problemas y males por nosotros: nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN: Señor, cuando tengo problemas, ayúdame a confiar solo en ti. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez te ha engañado alguien que te promete más de lo que podría cumplir?

2.- ¿De qué manera te reconforta saber que Jesús nunca te va a mentir?

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"Podemos clamar al Señor y saber que Él nos escucha…" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Enojado con Dios" - 17/06/2020

Enojado con Dios

Tú, Señor, me sedujiste, y yo me dejé seducir. Fuiste más fuerte que yo, y me venciste. Todos los días se me ofende; todo el mundo se burla de mí. Cada vez que hablo, levanto la voz y grito «¡Violencia! ¡Destrucción!». No hay día, Señor, en que tu palabra no sea para mí motivo de afrenta y de escarnio. Me había propuesto no pensar más en ti, ni hablar más en tu nombre, ¡pero en mi corazón se prendía un fuego ardiente que me calaba hasta los huesos! Traté de soportarlo, pero no pude.

Jeremías 20:7-9

¿Alguna vez te has enojado con Dios? Cuando escucho a Jeremías, eso es lo que escucho: ira. Él dice: “Tú, Señor, me sedujiste, y yo me dejé seducir. Fuiste más fuerte que yo, y me venciste”. Esas son palabras fuertes, y puedo ver por qué. Jeremías ha estado sirviendo como profeta del Señor por bastante tiempo, ¿y qué recompensa ha tenido por ello? Burla, traición y odio, incluso de sus amigos más cercanos. Eso no era lo que Jeremías esperaba.

Sabes a qué me refiero, tú lo has vivido. Estás tratando de servir al Señor y vivir como cristiano, y de repente te encuentras inmerso en un desastre. Alguien que amas se enferma gravemente y debes hacerte cargo de su cuidado… te quedas sin trabajo y todos tus planes se desmoronan… un hijo o un hermano se sale de los rieles y tienes que ir al rescate. Nada de esto era parte de tu plan. ¿Por qué Dios permitiría que sucedieran esas cosas?

Jeremías no recibe una respuesta; después de todo, Dios es Dios y hace lo que quiere. Como dice Jeremías: “Fuiste más fuerte que yo, y me venciste”. Entonces se enoja. Pero hay más. Mira lo que dice a continuación: “Pero tú, Señor, estás conmigo como un poderoso guerrero… ¡en tus manos he puesto mi causa! ¡Canten salmos al Señor! ¡Cántenle alabanzas! ¡El Señor es quien libra al pobre de morir a manos de los malignos!” (Jeremías 20:11a, 12b-13).

Disgustado como está, Jeremías todavía se apoya en el Señor en busca de fuerza. Todavía confía en Él, lo ama, lo sigue y espera ayuda y salvación de él. Nosotros podemos hacer lo mismo, incluso en medio de nuestros problemas. Podemos clamar al Señor y saber que Él nos escucha, incluso cuando estamos enojados o cuando el nivel de estrés en nuestras vidas está al máximo. Podemos hacer esto porque sabemos que el Señor es completamente confiable y que no nos olvidará, sino que nos escuchará y ayudará.

Después de todo, Jesús es Aquel de quien el Espíritu Santo dijo: “Con todo, él llevará sobre sí nuestros males, y sufrirá nuestros dolores, mientras nosotros creeremos que Dios lo ha azotado, lo ha herido y humillado. Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados” (Isaías 54: 4-5). El Dios que sufrió y murió por nosotros en una cruz es el mismo Dios que resucitó de los muertos y que nos llevará con Él a través del sufrimiento a la vida eterna.

ORACIÓN: Señor, ten piedad de mí cuando estoy abrumado. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo te sientes con Dios cuando tienes dificultades?

2.- ¿Cómo encuentras ayuda en Dios cuando estás luchando?

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Agua viva para nuestras raíces | Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile | 05032019

Agua viva para nuestras raíces

Pero bendito el hombre que confía en mí, que soy el Señor, y que en mí pone su confianza. Ese hombre es como un árbol plantado junto a los arroyos; echa sus raíces junto a las corrientes, y no se da cuenta cuando llega el calor; sus hojas siempre están verdes, y en los años de sequía no se marchita ni deja de dar fruto.

Jeremías 17:7-8

 

Cuando estaba en la universidad, le hicimos una broma a algunos de nuestros amigos. La puerta del apartamento donde vivían se abría a un corto pasillo, así es que buscamos un cardo gigante y lo entramos en el pasillo, dejando la puerta completamente bloqueada. Cuando nuestros amigos quisieron salir, tuvieron que hacerlo por una ventana. Afortunadamente, ¡estaban a solo tres pies del suelo!

 

Esa broma solo fue posible porque los cardos son fáciles de arrancar, ya que viven en lugares donde la tierra está seca porque la lluvia es escasa. Esto hace que las raíces se quiebren y las plantas salgan rodando por las calles, donde las encuentran estudiantes y las utilizan para burlarse de sus amigos.

 

Los cardos son todo lo contrario de los árboles de los que habla el profeta Jeremías en este pasaje. Esos árboles nunca se secan. Sus raíces se adentran en el suelo, recogiendo el agua de un arroyo cercano. No importa si el verano es caluroso o incluso si las lluvias no llegan. Mientras el arroyo esté allí, el árbol permanecerá verde y dará frutos. El arroyo hace toda la diferencia.

 

Jeremías dice que lo mismo sucede con quienes confiamos en el Señor. Él es el agua que necesitamos para prosperar y crecer. Él es nuestra vida. Mientras estemos enraizados en el Señor, estaremos vivos y fructificaremos. No somos cardos condenados a que el viento nos lleve rodando por donde quiera.

 

Esto no significa que no tengamos años difíciles. Incluso para un árbol plantado al lado de un arroyo existen todavía los veranos calurosos. Y todavía hay años de sequía en los que la lluvia nunca llega. Para los cristianos también hay tiempos difíciles: sufrimos por las personas que amamos, pasamos por enfermedades y pérdidas, tenemos problemas familiares, legales, financieros o de trabajo. Y sin embargo, el Señor siempre está con nosotros dándonos su vida. Aunque en la superficie parezca que nada está sucediendo, toda la acción está en las raíces.

 

Si estás pasando por un momento difícil, aférrate al Señor. Jesús entiende lo que estás sufriendo y ha prometido quedarse contigo. Él no te dejará solo, sino que te fortalecerá. Por amor a ti dio su vida en la cruz y tres días después se levantó de entre los muertos. Si te amó tanto como para hacer todo eso, también te va a ayudar ahora en tus problemas.

 

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, dame de tu agua de vida para que mis raíces crezcan firmes en ti. Amén.

 

 

Dra. Kari Vo

 

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Él tendrá compasión - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 22/02/2019

Él tendrá compasión

Dios nos lo ha impuesto. Así que callemos y confiemos. Hundamos la cara en el polvo. Tal vez aún haya esperanza. Demos la otra mejilla a quien nos hiera. ¡Cubrámonos de afrentas! El Señor no nos abandonará para siempre; nos aflige, pero en su gran bondad también nos compadece. No es la voluntad del Señor afligirnos ni entristecernos.

Lamentaciones 3:28-33

 

 

Jeremías estaba aprendiendo, como lo había hecho Isaías, que Dios dice: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes” (Isaías 55: 8-9).

 

Estaba aprendiendo por experiencia personal lo que el salmista ya sabía: que los caminos de Dios son imposibles de descubrir. Por más astutos y perspicaces que seamos o tratemos de ser, siempre hay un misterio que trasciende nuestra comprensión de lo que nos sucede. Esto no es un pensamiento consuelo, sino más bien es reconocer que la finitud del hombre nunca podrá aprehender lo infinito; que lo que Dios tiene en mente, los patrones maestros que Él está tejiendo, siempre es mayor que lo que podamos comprender.

 

Somos “santos sufrientes”. Podemos decir que la injusticia parece estar caminando sobre la faz de la tierra. Lo primero que comienza a suceder con los santos sufrientes es que en medio de todo, y al igual que Jeremías, debemos reconocer el propósito de Dios. Ningún ser humano, gobierno, sínodo o empresa que se interponga ante Dios permanecerá para siempre. Cuando el Antiguo Testamento habla del temblor de los cimientos, es porque el Primer Mandamiento puede convertirse nuevamente en el mandamiento gobernante, amándolo a Él en primer lugar y por sobre todas las cosas.

 

Jeremías no anduvo predicando una especie de pensamiento positivo del Evangelio de “ten esperanza, no importa lo mal que se vean las cosas”. Él siempre tuvo esperanza en Dios, pues se dio cuenta de que Dios es el proveedor de todas las cosas, el Rey de todos los reyes, y el Señor de todos los señores. Cuando comenzamos a confiar en algo que no es Dios, Él va a permitir que algo suceda para que, en medio de eso, Él sea revelado como el único Rey que reina por siempre. Reconoce, entonces, que Dios siempre tiene un propósito, y espera en él.

 

También se nos recuerda que otra razón por la que esperamos en Dios es que el sufrimiento que consideramos tan malo, el sufrimiento que termina en la muerte y que nos separa de quienes más nos importan, tiene lugar bajo el mismo Dios quien, aunque hace caer los imperios humanos, nos mantiene seguros en su hijo Jesucristo. Las historias de resurrección de la hija de Jairo, de Lázaro y de su Jesús mismo nos recuerdan que Él tiene la victoria sobre la muerte. Y esa victoria que da también a sus “santos sufrientes”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, aunque la vida a veces puede parecer sombría, en tu Hijo, nuestro último vencedor, tenemos confianza para esta vida y la vida venidera. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

 

 

Rev. Edward Wessling

 

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Jesús está con nosotros - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 19/02/2019

Jesús está con nosotros

Y el Señor extendió su mano, me tocó la boca y me dijo: «Yo, el Señor, he puesto mis palabras en tu boca. Date cuenta de que este día te he puesto sobre naciones y reinos, para que arranques y destruyas, para que arruines y derribes, para que construyas y plantes» Jeremías 1:9-10

 

 

¡Pobre Jeremías! Imagina ser un joven, probablemente un adolescente, y que Dios te imponga tal responsabilidad: ser un profeta con el poder de afectar el destino de las naciones y los reinos. Debe haber sido aterrador. No es de extrañar que Jeremías se quisiera zafar, diciendo: “¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! ¡Date cuenta de que no sé hablar! ¡No soy más que un muchachito!”.

 

Pero Dios no lo iba a permitir: “No digas que sólo eres un muchachito, porque harás todo lo que yo te mande hacer, y dirás todo lo que te ordene que digas. No temas delante de nadie, porque yo estoy contigo y te pondré a salvo” (Jeremías 1: 6-8).

 

Puede que no enfrentemos exactamente las mismas presiones que Jeremías, pero tenemos nuestras propias responsabilidades. Quizás seamos padres o abuelos a cargo de pequeñas vidas humanas. O quizás seamos maestros o mentores de algún tipo, responsables de guiar las mentes y acciones de las personas a nuestro cuidado. Quizás seamos empleadores o gerentes, afectando el sustento de los que están bajo nosotros. O quizás hacemos un trabajo que afecta la salud pública o el bienestar financiero de las personas cuyo dinero manejamos. Incluso hasta podríamos ser funcionarios de gobierno que tomamos decisiones que afectan nuestra vida en común.

 

Sea cual sea nuestra responsabilidad, es común y útil que nos sintamos como Jeremías: “No estoy a la altura de esta tarea, Señor. No soy suficiente”. Tenemos razón al sentirnos así, porque es verdad. No somos suficientes. No podemos, en nosotros mismos, hacer el trabajo que Dios nos ha confiado.

 

Pero miremos lo que Dios hizo con Jeremías: le tocó la boca, que simbolizaba el trabajo que Jeremías estaría haciendo, y dijo: “Yo te llamé … Yo te envío … Yo estoy contigo para librarte”. Jeremías no iba a llevar a cabo su ministerio por su cuenta. Tampoco nosotros estamos haciendo nuestro trabajo por nuestra cuenta. Dios nos ha dado algo aún mayor que nuestras responsabilidades: Su presencia, Su guía y Su protección.

 

Por supuesto que nos ponemos nerviosos cuando empezamos una nueva responsabilidad. Pero Jesús está con nosotros. Él ya ha andado por donde debemos andar ahora y ha sido responsable no solo por una persona o un grupo de personas, sino por toda la humanidad. Cuando vino a la tierra para salvarnos, el destino de la raza humana estaba sobre sus hombros. Y al colgar de la cruz, en su hora más débil, soportó la carga de la culpa del pecado de todos nosotros para que, a través de su muerte, pudiéramos ser salvos. La responsabilidad fue solo suya. Ahora que ha resucitado de entre los muertos y vive para siempre junto al Padre, no cabe duda de que puede ayudarnos con las nuestras.

 

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, ayúdame con las responsabilidades que me has asignado, para que tú mismo puedas manejarlas a través de mí. Amén.

 

Dra. Kari Vo

 

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