Chismes y juicios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 24/09/2019

Chismes y juicios

Es mejor que se te invite a subir, y no ser humillado en presencia del príncipe. Lo que veas con tus propios ojos no lo pongas enseguida en disputa, no sea que al final no sepas qué hacer, y tu prójimo acabe por ponerte en vergüenza. Defiende tu caso ante tu compañero, y no reveles a nadie el secreto; no sea que alguien te oiga y te deshonre, y ya no puedas reparar tu mala fama.

Proverbios 25:7b-10

¿Alguna vez te han juzgado mal?

Una vez conocí a un hombre que trepó por el exterior de una casa tratando de entrar por una ventana del segundo piso. Un año o dos después, fue acusado públicamente de tener una aventura con la joven que vivía en esa casa. “Estaba tratando de trepar por su ventana para que su madre no lo supiera”, dijo el acusador. “¡Lo vi con mis propios ojos!”.

Desafortunadamente para el acusador, yo también lo vi con mis propios ojos. Yo estuve ahí. La madre de la mujer lo había llamado porque su hija se había encerrado en su habitación y había amenazado con suicidarse. No hubo respuesta cuando llamó por la puerta, y temía que su hija estuviera muerta en la habitación. Por eso le pidió al hombre que trepara la pared.

Sacar conclusiones es un rasgo muy humano, pero también es terriblemente dañino. Los chismes y los rumores pueden destruir las relaciones y la reputación. Dios nos advierte sobre esto porque nos ama y no quiere vernos perjudicados. ¡Tampoco quiere vernos dañar a nuestros vecinos!

Pero no es fácil controlar el impulso de chismear, juzgar, llegar a una conclusión. ¿Y has notado que esas conclusiones siempre son malas? Nadie parece saltar a conclusiones halagadoras. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien chismear sobre el buen comportamiento de otra persona?

El chisme es muy difícil de resistir. Como dice la Biblia: “Los chismes empalagan, pero calan hasta lo más profundo” (Proverbios 18:8).

Solo hay una solución permanente a la tentación de chismear, y es que debemos aprender, realmente aprender, a amar a nuestro prójimo. Es mucho menos probable que difundamos juicios perjudiciales sobre las personas que amamos. Más bien protegeremos su reputación lo mejor que podamos, ya sea que estén presentes para escuchar la conversación o no. Y si nos encontramos con algo que a primera vista parece perjudicial, algo que nos hace sospechar que están involucrados en el mal, se lo diremos en privado, en lugar de difundirlo.

Pero eso solo complica el problema un nivel más. Ahora la pregunta es: “¿Cómo podemos aprender a amar a nuestro prójimo?”. No es algo natural para nosotros. Solo podemos hacerlo si el Espíritu Santo de Dios está viviendo en nosotros, amando a esas personas a través de nosotros, haciéndolo por nosotros.

El apóstol Juan nos dice: “Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Aunque pudo haberlo hecho, Jesús se negó a juzgarnos y condenarnos por nuestras vidas desastrosas. En cambio, vino a ser nuestro Salvador, a sufrir y morir por nosotros, a resucitar de entre los muertos por nosotros y a transformarnos con su poder. Nos está haciendo más y más como él. “Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, escribe Pablo (Romanos 8:1). Y, con la ayuda del Espíritu Santo, aprenderemos a mostrar esa misma misericordia a los que nos rodean.

ORACIÓN: Querido Señor, gobierna mi lengua y déjame hablar con el cuidado y el amor que tú hablas. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué haces cuando estás tentado a chismear?

2.- ¿Cómo ha usado Jesús su palabra para amarte y cuidarte?

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La Sabiduría de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 27/06/2019

La Sabiduría de Dios

¿Acaso no está llamando la sabiduría? ¿Qué, no deja oír su voz la inteligencia? Se para en las colinas, junto al camino; se queda esperando en las encrucijadas. Deja oír su voz a un lado de las puertas; a la entrada misma de la ciudad exclama: “A ustedes, los hombres, los llamo; a ustedes, los hombres, dirijo mi voz”.

Proverbios 8: 1-4

El libro de Proverbios nos presenta a la sabiduría como a una mujer que llama a las personas a que acudan a ella en busca de ayuda. Quiere que las personas sean sabias, que aprendan la sabiduría que Dios da, y para ello sube a las colinas y va hasta las encrucijadas, para tratar de llamarles la atención.

Ella dice: “Muchachos ingenuos, ¡entiendan! Jóvenes necios, ¡recapaciten! ¡Óiganme, que lo que voy a decirles son cosas muy justas e importantes… El que me halla, ha encontrado la vida y alcanzado el favor del Señor. El que peca contra mí, se daña a sí mismo; el que me aborrece, ama a la muerte” (Proverbios 8:5-6, 35-36).

¿Por qué habla a los gritos? ¿Por qué tiene que ir por todas partes, en vez de quedarse quieta? La respuesta es simple: las personas no le prestan atención.

Ya sea hace miles de años u hoy en día, los seres humanos somos tercos e insensatos: nos apartamos de la sabiduría, no importa cuán fuerte sea su voz. A veces pienso que la sabiduría necesita algo más que su voz: ¡necesita una red para atraparnos!

La necedad humana debe ser algo realmente frustrante para Dios. Él nos dice qué es bueno y correcto, pero ¿acaso le escuchamos? Por lo general, no. Somos como las ovejas tontas de las que habla Isaías: “Todos perderemos el rumbo, como ovejas, y cada uno tomará su propio camino” (Isaías 53:6a). Hacemos cosas que nos dañan a nosotros y a otras personas, aun cuando lo sabemos. La sabiduría puede estar clamando, ¡pero no la escuchamos!

Es por ello que Dios tomó el asunto en sus manos. Como nosotros no íbamos a él, él vino a nosotros. Vino a nuestro mundo como un bebé humano en la persona de Jesucristo, nuestro Salvador. Jesús creció entre nosotros y vivió nuestra vida, sirviendo a quienes le rodeaban y enseñando con toda la sabiduría de Dios.

Al igual que la figura de la sabiduría en Proverbios, él pasó sus días en las encrucijadas y las puertas de la ciudad, allí donde pudieran escucharlo, llamando a las personas a él. Y luego llevó a cabo el acto supremo de la sabiduría de Dios yendo a la cruz a morir por nosotros. Pablo lo llama “Cristo crucificado, que para los judíos es ciertamente un tropezadero, y para los no judíos una locura, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:23-25).

Ningún ser humano podría haber imaginado que Dios elegiría salvarnos no con poder, sino con el sufrimiento; no con la sabiduría humana, sino rebajándose para ser uno de nosotros. Y porque Jesús nació, sufrió, murió y resucitó por nosotros, ahora tenemos vida eterna y participamos de la sabiduría divina que da vida. El Espíritu Santo de Dios vive en nosotros y renueva constantemente nuestras vidas.

“¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién ha entendido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que él tenga que devolverlo? Ciertamente, todas las cosas son de él, y por él, y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:33, 36).

ORACIÓN: Señor, hazme sabio para confiar en tu Hijo Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

  1. ¿Qué crees que hace que algo sea sabio?
  2. ¿Qué quiere decir que “lo insensato de Dios es más sabio que los hombres”?

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Sabiduría proverbial. Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 10/01/2019

Sabiduría proverbial

Es mejor ser humilde entre los humildes que compartir despojos con los soberbios. Proverbios 16:19

 

 

¡Cuán contraria a nuestro pensamiento humano parece ser a veces la Palabra de Dios!

 

Fijémonos en el texto para hoy del libro de Proverbios. ¿Será cierto? ¿Será cierto que es mejor humillarse con los oprimidos que compartir el botín con los orgullosos?”.

 

La Palabra de Dios dice que sí. Evidentemente, es mejor ser quien ha sufrido por culpa de otro, que quien hace sufrir a otro. Esta verdad confirma que los caminos de Dios no son nuestros caminos.

 

Cuando miramos la vida de Jesucristo, vemos este principio en acción. Como el Cordero de Dios sin mancha, Jesús llevó nuestros pecados a la cruz, pagó el precio de nuestra redención y resucitó de la tumba victorioso sobre Satanás.

 

Sin embargo, camino al Gólgota, el Salvador fue oprimido, severamente oprimido y golpeado. Aun así, Pedro dice que: “Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia” (1 Pedro 2:23). Jesucristo se “humilló en espíritu”, y confió en Dios.

 

Cuando con fe depositamos nuestra confianza en Dios, quien juzga con justicia, estamos actuando como Cristo actuó. Cuando el mundo nos oprime, cuando nuestros amigos nos fallan, cuando los demás se alegran en nuestra miseria, confiemos en Dios.

 

En los momentos más difíciles y oscuros de su vida, Jesús confió en el poder que su Padre tiene sobre el mundo y todas las circunstancias de la vida.

 

Nosotros también podemos hacerlo.

 

ORACIÓN: Padre celestial, recuérdanos de confiar en ti como lo hizo Jesús. A través de tu Espíritu Santo danos valor para saber que, aun cuando nos sintamos derrotados, tú nos amas y nos cuidas. En el nombre de Jesús. Amén.

 

 

Biografía del autor: Esta devoción está basada en un texto enviado por un voluntario de la Oficina de Cristo Para Todas Las Naciones en Brasil.

 

 

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