"Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho ‘Busquen mi rostro’, porque quiere que lo encuentren" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Jugando a las escondidas" - 15/09/2020

Jugando a las escondidas

Cuando dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió: «Tu rostro, Señor, buscaré». No escondas Tu rostro de mí; No rechaces con ira a Tu siervo; Tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, Oh Dios de mi salvación. 

Salmo 27:8-9

Cuando se juega a las escondidas, por lo general es más divertido esconderse que buscar a quienes están escondidos.

En nuestro salmo, solo hay Uno que se esconde y muchos que buscan. Dios dice: “Busquen mi rostro”, y las personas de todo el mundo han estado haciendo eso desde que Adán y Eva fueron expulsados del Edén. 

Dios nos da pistas de su existencia para que lo podamos encontrar, como escribe el apóstol Pablo: “Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa” (Romanos 1:20). La presencia y el poder de Dios deben ser obvios, porque como dice Pablo: “Él no está lejos de ninguno de nosotros” (Hechos 17:27b). Sin embargo, elegimos adorar y servir “a la criatura en lugar del Creador” (Romanos 1:25b), buscando a Dios en los lugares equivocados.

Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho “Busquen mi rostro”, porque quiere que lo encuentren. 

Dios se reveló en la creación, en sus poderosos actos y en su Palabra. También se reveló a los patriarcas y profetas. Sin embargo, había más por revelar: Dios mismo vino a su pueblo. “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo” (Hebreos 1:1-2a). 

Quiso el Padre que en Jesucristo “habitara toda la plenitud” (Colosenses 1:19b). Escondido en carne humana en la persona de Su Hijo, Dios entró en el mundo como si dijera: “¡Aquí estoy! ¡Busca mi rostro! Dios mismo estaba escondido y por el poder del Espíritu revelado a los ojos de la fe, en un bebé en un pesebre, en la víctima sufriente en la cruz y en el Señor resucitado y glorificado.

La Palabra de Dios revela dónde se encuentra. Al pie de la cruz vemos a Jesús —Dios el Hijo— cargando el peso de nuestro pecado y vergüenza, la culpa de nuestra búsqueda egoísta de dioses de nuestra propia elección. En el testimonio de la Palabra vemos las cicatrices de los clavos en las manos y los pies del Señor resucitado. En su Santa Cena recibimos el cuerpo y la sangre de Jesús, dados y derramados para el perdón de nuestros pecados. 

Por el amor de Jesús, Dios nunca esconderá Su rostro de nosotros ni nos desechará. El Dios de nuestra salvación no nos abandonará. Buscamos su rostro y no lo encontramos. Pero Él sí nos encontró.

ORACIÓN: Señor y Salvador, cuando estábamos perdidos en el pecado tú viniste a buscarnos y encontrarnos. Mantennos fuertes en la fe hasta que finalmente te veamos cara a cara. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que Dios esconde hoy su rostro de nosotros? ¿De qué manera?

2.- ¿En qué momentos piensas en la muerte y resurrección de Jesús?

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"Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Recordados y olvidados" - 08/09/2020

Recordados y olvidados

No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados. Tan alta como los cielos sobre la tierra, es su misericordia con los que le honran. Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones. 

Salmo 103:10-12

No es de extrañar que Dios recuerde. Después de todo, Él es Dios, nuestro Creador omnipotente y omnisciente, quien dice: “Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes” (Isaías 55: 9). 

Dios recordó y cumplió su promesa de pacto, enviando a su Ungido, el Mesías tan esperado, su único Hijo. Sin embargo, las Escrituras también nos aseguran que hay algunas cosas que, sorprendentemente, Dios no recuerda. “Yo, y nadie más, soy el que borra tus rebeliones, porque así soy yo, y no volveré a acordarme de tus pecados” (Isaías 43:25). Su nuevo pacto es un pacto de olvido: “…haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá… no volveré a acordarme de su pecado” (Jeremías 31: 31b, 34b).

Nuestros pecados son lavados en la sangre de Jesús, la sangre de ese nuevo pacto. Dios no recuerda esos pecados ni los tiene en nuestra contra, pero con demasiada frecuencia nosotros sí los recordamos. Nuestros pecados pueden cobrar gran importancia a nuestros ojos. Nos asustamos, nos preguntamos si de verdad estamos perdonados, incluso imaginamos que no podemos ser perdonados. ¿Tomará Dios ciertos pecados contra nosotros, esos pecados que encontramos tan difíciles de olvidar? Quizás Él perdona todo lo demás, pero ¿qué hay de esos pecados que tanto nos avergüenzan, los que hemos confesado pero no podemos olvidar?

Nuestro salmo nos asegura: “[Dios] No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados”. Dios nos trata según su gracia. Por esa gracia fue que envió a su Hijo Jesús a nacer entre nosotros y ser el Cordero que entregó su vida como sacrificio perfecto por nuestros pecados. Jesús cargó con esa culpa que es tan difícil para nosotros dejar de lado. El registro de la deuda contra nosotros ha sido cancelado (ver Colosenses 2:14). En la cruz de Jesús, Dios canceló nuestros pecados, no porque seamos dignos o merecedores, sino porque su amor por nosotros es tan alto como los cielos sobre la tierra. Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir.

Cuando nos sentimos tentados a desenterrar el recuerdo de nuestros pecados, podemos volvernos a nuestro Salvador y, a través de Él, recordar el amor inconmensurable de Dios y la profundidad de su olvido. Su amor es tan ancho y alto como la cruz toscamente labrada que una vez fue levantada fuera de Jerusalén. Su olvido de nuestros pecados es tan profundo y oscuro como la tumba vacía de Pascua.

ORACIÓN: Señor Jesús, cuando estemos atormentados por el pecado y la culpa, vuelve nuestros corazones y mentes a ti, a la cruz y la tumba vacía, y a tu amor inconmensurable. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué dice de nuestros pecados el que Dios los quite “tan lejos como está el oriente del occidente”?

2.- ¿De qué maneras practicas el perdón con los demás?

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“Cuando dejamos de intentar ocultar nuestros pecados y los confesamos a Dios, Él es ‘fiel y justo para perdonarnos” - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Bendecidos y perdonados" - 01/09/2020

Bendecidos y perdonados

¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño! 

Salmo 32:1-2 (LBLA)

Este es uno de los siete salmos penitenciales; los otros son los Salmos 6, 38, 51, 102, 130 y 143. Estos salmos de arrepentimiento fueron agrupados de esta manera en los primeros siglos de la iglesia. A menudo se usan en la adoración, especialmente durante la temporada de Cuaresma, pero no están limitados a ella ya que proporcionan palabras para las oraciones diarias de arrepentimiento.

Según el salmista David, las bendiciones recaen sobre la persona cuyas transgresiones son perdonadas, cuyos pecados son cubiertos. Las bendiciones llegan a aquel “en cuyo espíritu no hay engaño”. Cuando se trata de cuestiones de arrepentimiento, el apóstol Juan explica con más detalle esa necesaria falta de engaño: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 8-9).

El pecado es engañoso y fácilmente nos ciega a nuestra necesidad de arrepentimiento y de un Salvador. En estos salmos penitenciales, la Palabra de Dios rompe el engaño y nos revela esas necesidades. David describe los resultados espirituales y físicos de sus inútiles intentos por ocultar su pecado: “Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano” (Salmo 32:3-4).

Un salmo anterior describe el sufrimiento de nuestro Señor en la cruz con palabras que reflejan la lucha del salmista con el pecado oculto: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?… Soy derramado como agua, y todos mis huesos están descoyuntados” (Salmo 22:1, 14a). Jesús cargó en su cuerpo los pecados del mundo, los pecados que lo hicieron gemir y descoyuntaron sus huesos. En la cruz, donde el Hijo de Dios fue abandonado al sufrimiento y la muerte, se reveló la terrible ira de Dios contra el pecado. Él pagó allí el precio que nosotros teníamos que pagar por nuestra sanidad y perdón, porque “sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados” (Hebreos 9:22b).

El salmista reconoció sus pecados, confesó sus transgresiones al Señor y recibió el perdón. Cuando dejamos de intentar ocultar nuestros pecados y los confesamos a Dios, Él es “fiel y justo para perdonarnos”. A través de la muerte redentora y resurrección triunfante de Jesucristo somos bendecidos: nuestras transgresiones son perdonadas, nuestros pecados cubiertos.

Ser “bendecido” es recibir el favor de Dios, un favor que no merecemos, un favor concedido por la causa de Jesús. Lavados con la sangre de Jesús, cerramos nuestra oración de arrepentimiento con palabras de alabanza: “¡Alégrense en el Señor y regocíjense, justos; den voces de júbilo todos ustedes, los rectos de corazón!” (Salmo 32:11).

ORACIÓN: Dios Todopoderoso y Padre nuestro, te alabamos por el regalo de nuestro Salvador, cuya sangre nos ha limpiado del pecado. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿De qué manera cubre Dios nuestros pecados?

2.- ¿Cómo es posible el perdón de nuestros pecados?

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"Nosotros tenemos la promesa de un final mejor, un final que David ya sabía" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Seguridad en la angustia" - 18/08/2020

Seguridad en la angustia

Aunque yo ande en medio de la angustia, tú me vivificarás; extenderás tu mano contra la ira de mis enemigos, y tu diestra me salvará. El Señor cumplirá su propósito en mí; eterna, oh Señor, es tu misericordia; no abandones las obras de tus manos. 

Salmo 138:7-8

En algunas películas animadas, el personaje principal camina a través de un bosque aterrador por la noche, por supuesto, y a menudo en invierno. Los troncos de los árboles están tallados con caras de aspecto feroz y las ramas se extienden como dedos largos que intentan agarrar al viajero aterrorizado (que afortunadamente escapará del peligro).

Al igual que el salmista David, nosotros también “andamos en medio de la angustia”, pero no luchamos con árboles imaginarios y animados. Nuestros problemas son reales. Nuestro viaje puede incluir enfermedades, problemas familiares, la pérdida del hogar o empleo, preocupaciones financieras o dolor y pérdida. David enfrentó la ira de enemigos sin nombre, de la misma forma en que los terroríficos enemigos como el miedo, la duda, el pecado y la muerte nos alcanzan. Aun así, el salmista ofrece su alabanza. Dios preservó su vida, extendiendo su fuerte mano derecha para liberarlo de sus enemigos. Del mismo modo, Dios se acerca para preservarnos en medio de los problemas. Podemos confiar en Él porque su fuerte mano derecha ya nos ha librado del pecado y la muerte.

David proclama con confianza: “El Señor cumplirá su propósito en mí”. El apóstol Pablo nos asegura que el Señor cumplió su propósito en el rey pastor de Israel, diciendo: “Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres” (Hechos 13:36a). Cuando Dios logró sus propósitos a través de David, el gran rey de Israel se durmió en la muerte. El descendiente de David, nuestro Señor Jesús, vino a cumplir el propósito del Padre ofreciéndose a sí mismo como sacrificio por los pecados del mundo. Cuando la cruz se acercaba, Jesús dijo: “Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora»? Pero para esto he llegado a esta hora” (Juan 12:27).

Estábamos “en medio de la angustia”, angustia tan profunda que no podíamos escapar por nuestros propios esfuerzos. Sin embargo, “cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8b). Jesús nos libró del pecado, la muerte y el diablo. Estirado, con las manos y los pies clavados en el áspero madero de la cruz, Jesús sufrió y murió soportando la pena de muerte por nuestros pecados. Fue resucitado de la muerte en la primera mañana de Pascua, exaltado para reinar a la diestra de Dios. A través del bautismo estamos unidos con Jesús, enterrados y resucitados con él. Cada uno de nosotros es, en Cristo, una nueva creación, obra de las manos de Dios, “creada en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2:10b).

Con el salmista alabamos el amor constante de Dios que perdura para siempre. Sabemos que Él nunca abandonará la obra de sus manos, esas manos con cicatrices que se estiraron para salvarnos. El personaje de la película animada generalmente pasa de manera segura a través del bosque aterrador para “vivir feliz para siempre”. Nosotros tenemos la promesa de un final mejor, un final que David ya sabía: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (Salmo 23:6).

ORACIÓN: Padre celestial, acompáñanos en nuestras angustias y mantennos a salvo bajo tu cuidado, ahora y siempre. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Cuándo sientes que tu vida tiene propósito?

2.- ¿Qué miedos tienes? ¿Cómo te ayuda Dios con ellos?

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"Cuando el rostro resplandeciente de Dios se vuelve hacia nosotros, reflejamos su gloria" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Su rostro resplandeciente" - 11/08/2020

Su rostro resplandeciente

Su rostro resplandeciente

Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer su rostro sobre nosotros! ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación! 

Salmo 67:1-2

¿Qué significa que el rostro de Dios resplandece sobre nosotros? Podemos imaginar la mirada en los rostros de las personas cuando dan la bienvenida a sus seres queridos que llegan a casa después de una larga ausencia. Su amor y alegría son evidentes. El rostro resplandeciente de Dios es parte de la bendición que ordenó a los sacerdotes que usaran para el pueblo de Israel: “Que el Señor te bendiga, y te cuide! ¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia! ¡Que el Señor alce su rostro sobre ti, y ponga en ti paz! ‘De esta manera invocarán ellos mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré” (Números 6:24-27). A la luz del rostro resplandeciente de Dios, las personas serían bendecidas y marcadas con el Nombre de Dios como Su pueblo santo.

Que el rostro de Dios resplandezca sobre ti significa que Él te está mirando con favor. Las Escrituras hablan de aquellos que no disfrutan de la bendición del rostro resplandeciente de Dios, soportando en cambio su terrible ira: “El rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria” (Salmo 34:16). La oración en nuestro salmo pidiendo que Dios sea misericordioso con nosotros, nos bendiga y haga que su rostro resplandezca sobre nosotros, ya ha sido respondida en Cristo Jesús, nuestro Señor. Aunque no merecíamos su amor y bendición, Dios fue amable con nosotros y nos envió el regalo de su Hijo para ser nuestro Salvador. En Cristo sabemos exactamente lo que significa que el rostro de Dios brille sobre nosotros.

El favor de Dios se ve cuando Jesús cumplió el propósito para el que había venido. “Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén” (Lucas 9:51). Cuando se acercaba el tiempo señalado de su muerte, Jesús volvió su rostro hacia la cruz. Con pasos decididos caminó hacia Jerusalén, donde tomaría sobre sí la carga del pecado del mundo. El rostro de Dios brilla sobre nosotros porque en ese día oscuro, fuera de Jerusalén, el rostro de Dios se apartó de Su Hijo sufriente.

Nuestro salmo le pide a Dios que nos bendiga y haga que Su rostro resplandezca sobre nosotros. ¿Por qué? Le pedimos su bendición para que su camino “sea conocido en la tierra” y su poder salvador sea conocido “entre todas las naciones”. Cuando el rostro resplandeciente de Dios se vuelve hacia nosotros, reflejamos su gloria. “Los que a él acuden irradian alegría; no tienen por qué esconder su rostro” (Salmo 34:5). Reflejamos la bendición de Dios en actos de amor y servicio. Con el poder del Espíritu Santo, proclamamos la Buena Noticia del rostro resplandeciente de Dios en Jesús a un mundo perdido en la oscuridad. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, vivimos en la luz resplandeciente de tu amor y misericordia. Ayúdanos por Tu Espíritu a reflejar esa luz a los demás. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Puedes dar algún ejemplo de la gracia de Dios en tu vida?

2.- ¿Cómo puedes reflejar la gloria de Dios a los demás a través de tu vida?

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"Ahora Él reina en gloria, siempre listo para escuchar nuestros gritos de angustia y nuestras canciones de alabanza" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Él descendió" - 04/08/2020

Él descendió

Pero en mi angustia, Señor, a ti clamé; a ti, mi Dios, pedí ayuda, y desde tu templo me escuchaste; ¡mis gemidos llegaron a tus oídos! La tierra tembló y se estremeció; las montañas se cimbraron hasta sus cimientos; ¡se sacudieron por la indignación del Señor!… El Señor inclinó el cielo, y descendió; bajo sus pies había una densa oscuridad. 

Salmo 68:6-7, 9

Muchas veces las Escrituras dicen que Dios “descendió”. Descendió para inspeccionar la torre de Babel y, como juicio al orgullo humano, confundió el lenguaje de los constructores y los dispersó por la tierra. Descendió en una nube y fuego en el Monte Sinaí para dar su Ley a Israel. En nuestro salmo, el Dios que “habita en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16a) se cubre en la oscuridad y desciende para rescatar a su siervo David con tal ira y poder que inclina los cielos.

Siglos después, Dios una vez más “inclinó el cielo y descendió” para rescatarnos de un “poderoso enemigo” que era más fuerte que nosotros (Salmo 18:17). Dios el Hijo dejó su morada de luz y se humilló para ser concebido en la oscuridad del vientre de una virgen. Mientras nuestro pequeño Salvador dormía en un pesebre en Belén, la oscuridad se volvió brillante como el día cuando un ángel anunció la noticia de su nacimiento a pastores en los campos cercanos. “Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor”, dijo el ángel (Lucas 2:11). Esa buena noticia es para nosotros también. El Hijo de Dios descendió de los reinos de la luz para habitar en un mundo oscurecido por el pecado. ¡Él descendió por ti!

Para rescatarnos nuestro Señor Jesús, la Luz del mundo, fue clavado en una cruz. Él cargó nuestros pecados en su cuerpo mientras la espesa oscuridad lo rodeaba. No hubo una voz atronadora desde el cielo para responder a su grito desolado: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27: 46b). Muriendo en una oscuridad silenciosa, Jesús dispersó a nuestros enemigos y nos rescató del pecado, la muerte y el diablo. Tres días después, a la luz de la primera mañana de Pascua, la tierra tembló cuando un ángel descendió para quitar la piedra que bloqueaba la puerta de la tumba de Jesús. El Hijo de Dios se levantó de entre los muertos, dejando atrás la oscuridad de la muerte y la tumba.

Ni siquiera habíamos gritado de angustia como el salmista. Atrapados en el pecado, no éramos conscientes de nuestra necesidad. Aun así, el Hijo de Dios descendió para rescatarnos, porque “cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8b). Ahora Él reina en gloria, siempre listo para escuchar nuestros gritos de angustia y nuestras canciones de alabanza. En un día por venir, el Salvador nuevamente inclinará los cielos y descenderá, no en la oscuridad silenciosa como en su nacimiento en Belén, sino en poder y gloria. Él vendrá como Rey de reyes y Señor de señores para rescatarnos, resucitarnos de la muerte como fue resucitado y llevarnos a morar en Su presencia por toda la eternidad.

ORACIÓN: Señor Jesús, esperamos el día de tu regreso. En tu nombre oramos. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Reconoces que Dios interactúa en tu vida?

2.- ¿Esperas con ansias el regreso del Señor en el último día?

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"El amor firme y duradero del Señor de los señores se revela en las grandes maravillas que solo Dios puede hacer" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Su misericordia" - 28/07/2020

Su misericordia

Alabemos al Señor de señores; ¡su misericordia permanece para siempre! El Señor hace grandes maravillas. ¡Su misericordia permanece para siempre! El Señor creó los cielos con sabiduría. ¡Su misericordia permanece para siempre! 

Salmo 136:3-5

En nuestros servicios de adoración a menudo repetimos respuestas como: “El Señor sea contigo… y con tu espíritu”, mientras que algunos de los himnos que cantamos tienen estribillos que se repiten al final de cada verso. En el salmo para hoy, las mismas palabras de alabanza se repiten en cada versículo: “Su misericordia permanece para siempre”.

El amor firme y duradero del Señor de los señores se revela en las grandes maravillas que solo Dios puede hacer. El salmo nos da una lista detallada de muchas de esas maravillas. Con su Palabra, el Señor creó los cielos y la tierra e hizo el sol, la luna y las estrellas. Luego, el salmo continúa describiendo las maravillas hechas por Dios en la historia de Israel. “Hirió de muerte a los primogénitos egipcios” y sacó de la esclavitud “de Egipto a los israelitas” (vs 10-11). Dios dividió el Mar Rojo para que Israel pudiera cruzar, pasando de manera segura por tierra firme. El Señor derrocó al faraón y sus ejércitos. Dios guió a su pueblo a través del desierto en su camino hacia la tierra prometida. Dios luchó por su pueblo, derribando reyes enemigos y dando la tierra a Israel como su herencia. Se acordó y rescató a su pueblo. ¿Por qué hizo el Señor de señores estas grandes maravillas por Israel? “Porque su misericordia permanece para siempre”.

Si tuviéramos que componer nuestros propios versos de alabanza y acción de gracias, ¿qué detalles incluiríamos? ¿Por qué cosas daríamos gracias a Dios? ¿Cómo se nos ha revelado su amor firme y duradero? 

En un maravilloso misterio, el Dios de Israel, el Señor de señores, tomó carne humana y nació entre nosotros para ser nuestro Salvador. Jesús sufrió y murió en la cruz derribando el pecado, la muerte y Satanás, para liberarnos de la esclavitud del pecado. El Salvador crucificado se levantó triunfante de la muerte y nos guía ahora por el “desierto” de esta vida terrenal. Él nos sostiene con su Palabra y nos nutre con su santa Cena, perdonándonos y restaurándonos. Cuando lleguemos al final de este viaje terrenal, tenemos la promesa segura de Jesús: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25b-26). ¿Por qué ha hecho todo esto por nosotros? Porque “su misericordia permanece para siempre”.

Finalmente, cuando Jesús regrese en el último día, nos resucitará corporalmente de nuestras tumbas. Dios nuestro Creador hará nuevos cielos y una nueva tierra y nos dará la bienvenida a Su presencia eterna. Allí, delante de su trono, podremos ofrecer en alabanza el estribillo que tan bien conocemos: “¡Su misericordia permanece para siempre!”.

ORACIÓN: Señor Dios, tus maravillas son incontables. Te alabamos por el amor constante y duradero revelado en Jesús, nuestro Salvador. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué significa para tu vida que el amor de Dios permanece para siempre?

2.- Completa esta oración: “Experimenté el amor de Dios cuando _______”.

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“¿Te acuerdas y preocupas por mí, Señor? La respuesta en Cristo Jesús es siempre ‘¡Sí!” - Cita del Devocional de Hoy de Critso Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Coronado de gloria" - 02/06/2020

Coronado de gloria

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta? Hiciste al hombre poco menor que un dios, y lo colmaste de gloria y de honra.

Salmo 8:3-5

Si alguna vez has mirado un cielo nocturno despejado, sabes que la vista de la vasta extensión de estrellas puede hacerte sentir muy pequeño. David el salmista debe haber tenido una experiencia similar durante las noches solitarias cuando cuidaba las ovejas de su familia. Ante tanta inmensidad, seguramente David se habrá sentido pequeño e insignificante: “¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta?”.

En tal inmensidad del espacio y entre las innumerables estrellas, ¿será que Dios se da cuenta y se preocupará de las personas que creó, seres comparativamente pequeños? Las Escrituras nos aseguran que el Dios que sabe incluso hasta cuando un pequeño gorrión cae, que lleva la cuenta de los cabellos en nuestras cabezas, nos conoce y se preocupa por nosotros. Dios nos ha hecho “un poco menor que un dios” y nos ha colmado a todos con gloria y honor como portadores de su imagen, dándonos dominio sobre su creación.

Pero las palabras de este salmo, inspiradas por el Espíritu, van más allá de los pensamientos de un pastor cautivado por el cielo nocturno. El escritor de Hebreos usa las palabras del salmo para dirigir nuestra atención a un Hombre en particular, Dios en carne humana, nuestro Salvador Jesucristo. En las palabras proféticas del salmo se nos recuerda que Jesús, el Hijo del Hombre, fue hecho “un poco menor que los ángeles” (Hebreos 2:7b). Jesús se humilló a sí mismo, dejando a un lado su majestad divina, para nacer de una virgen, para dormir envuelto en pañales en un pesebre en Belén. Jesús se humilló a sí mismo, sufriendo traición y arresto. Ninguna legión de seres celestiales acudió en su ayuda. Por nuestro bien fue clavado en una cruz y coronado no con gloria, sino con espinas.

Pero el Hijo del Hombre, descendiente de ese pastor David que contemplaba las estrellas, resucitó de la muerte y está ahora coronado de gloria y honor, y Dios ha puesto “todas las cosas debajo de sus pies (Hebreos 2:8b). Cuando miramos los cielos, la luna y las estrellas que Dios ha creado, o cuando estamos perdidos en un lugar de oscuridad y tristeza, podemos preguntar en oración: ¿Te acuerdas y preocupas por mí, Señor? La respuesta en Cristo Jesús es siempre “¡Sí!”. Cristo Jesús sufrió, murió y resucitó de entre los muertos para que pudieras ser suyo. Eres el hijo precioso de Dios. “Así, cuando se manifieste el Príncipe de los pastores, ustedes recibirán la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:4).

ORACIÓN: Señor Jesús, que te humillaste para salvarnos, te pedimos que nos cuides y mantengas bajo tu cuidado hoy y siempre. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué te sorprende más cuando miras un cielo lleno de estrellas?

2.- ¿Qué significa para ti que Dios ha coronado a la humanidad con “gloria y honor”?

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“La iglesia continúa creciendo a medida que los cristianos en todas partes continúan dando testimonio de Jesús…” - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Ven, Señor Jesús" - 19/05/2020

Ven, Señor Jesús

¡Levántese Dios, y sean esparcidos sus enemigos! ¡Huyan de su presencia quienes lo aborrecen! Dios los despejará como si despejara el humo; ¡como si derritiera cera delante del fuego! Así perecen los impíos delante de Dios. Pero los justos se alegrarán delante de Dios; ¡llenos de gozo, saltarán de alegría!

Salmo 68:1-3

Las organizaciones que monitorean la persecución mundial de los seguidores de Jesús dicen que, en la actualidad, más de 260 millones de cristianos en 50 países sufren niveles de persecución altos a severos.

Cada año miles de creyentes mueren a manos de sus perseguidores, mientras que muchos más sufren encarcelamiento o la pérdida de iglesias, hogares y empleos. Sin embargo, estas cifras terribles no son inesperadas. Jesús dijo que sus seguidores serían odiados así como lo odiaban a él (ver Juan 15:18). Y a pesar de que Jesús dijo que somos bendecidos cuando sufrimos a causa de su Nombre, durante siglos los santos de todo el mundo han gritado con el salmista: “¿Hasta cuándo, Señor?” (Salmo 13:1a). Sin embargo, tales circunstancias no continuarán para siempre. Se acerca el día en que ‘Dios se levantará’ y ‘sus enemigos serán esparcidos’.

Sabemos que ese día ciertamente llegará porque ya hubo un tiempo en que Dios se levantó en poder y majestad, dispersando a sus enemigos. En esos días, su majestuoso poder estaba velado en carne humana y escondido en debilidad y sufrimiento. Jesús nuestro Salvador, verdadero Dios y verdadero hombre, fue rechazado y traicionado por aquellos a quienes vino a salvar y fue injustamente condenado a muerte. Pero en la debilidad y sufrimiento de su muerte en la cruz, Jesús destruyó el poder del diablo y nos libró del temor a la muerte (ver Hebreos 2:14-15). Al tercer día el Hijo de Dios se levantó corporalmente de la tumba triunfando sobre la muerte, dispersando a sus enemigos, nuestros enemigos: el pecado, la muerte y Satanás.

Poco después de que Jesús ascendió, comenzó la persecución contra sus seguidores. El mundo, con el odio que Jesús había predicho, comenzó su asalto a su cuerpo, la iglesia, un asalto que continúa hasta nuestros días. Sin embargo, incluso a través del sufrimiento y la muerte, el Señor de la iglesia sostiene seguro a su pueblo en sus manos. La iglesia continúa creciendo a medida que los cristianos en todas partes siguen dando testimonio de Jesús, orando para que el Espíritu llame incluso a sus perseguidores a la fe en el Salvador. Como Jesús dijo de su iglesia: “Las puertas del Hades no podrán vencerla” (Mateo 16:18b). Pero finalmente, un día, toda persecución cesará.

En el último día, cuando Jesús regrese en gloria como Juez y Rey, este salmo se cumplirá total y finalmente. Dios se levantará y sus enemigos se dispersarán sin ningún lugar a donde correr. Aquellos que odiaron al Salvador y lo rechazaron como Señor huirán delante de Él. La muerte, el último enemigo, será destruido ya que todos los santos, una vez tan odiados por el mundo, se levantarán corporalmente de sus tumbas, vestidos de inmortalidad (ver 1 Corintios 15:26, 53). Según el justo juicio de Dios, los impíos perecerán. En ese día, como dice el salmista, nos alegraremos y exultaremos ante Dios. ¡Estaremos jubilosos de alegría! ¡Ven Señor Jesús!

ORACIÓN: Señor Jesús, buen pastor, has prometido que nadie te arrebatará tus ovejas de tu mano. Con tu palabra, cuerpo y sangre, nutre y sostén tu iglesia sufriente hasta que regreses. Amén. ¡Ven rápido, Señor!

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo dispersa Dios a sus enemigos? ¿Puedes dar un ejemplo?

2.- ¿Has sufrido persecución en tu vida? ¿Cómo la manejaste?

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"Dios escucha nuestras oraciones y, según su voluntad y tiempo perfecto, nos librará" - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Liberado de la muerte" - 20/04/2020

Liberado de la muerte

Los lazos de la muerte me envolvieron, y me angustié al verme tan cerca del sepulcro; mi vida era de angustia y de aflicción constante. Pero en el nombre del Señor clamé: «Señor, ¡te ruego que me salves la vida!».

Salmo 116:3-4

“Luego de cantar el himno, fueron al monte de los Olivos” (Mateo 26:30). En la noche en que fue traicionado, Jesús y sus discípulos terminaron su cena de Pascua y cantaron un himno antes de continuar hacia Getsemaní. El himno pudo haber sido parte del Hallel (Salmos 113 a 118), cantado durante la celebración de la Pascua. Entonces, tal vez, la noche antes de ser crucificado, Jesús cantó estas palabras proféticas: “Los lazos de la muerte me envolvieron, y me angustié al verme tan cerca del sepulcro; mi vida era de angustia y de aflicción constante” (Salmo 116:3).

Enredado en las trampas de la muerte inminente, la muerte esperándolo, Jesús sufrió angustia y aflicción. Le dijo a sus discípulos: “Siento en el alma una tristeza de muerte” (Mateo 26:38b). Con su sudor cayendo al suelo como grandes gotas de sangre, Jesús gritó en oración a su Padre pidiéndole que la copa del sufrimiento pasara de él, la terrible copa de la ira de Dios contra el pecado humano. Sin embargo, obediente a su Padre, Jesús también oró: “Pero que no sea como yo lo quiero, sino como lo quieres tú” (Mateo 26:39b).

La oración de Jesús fue respondida de acuerdo con la voluntad del Padre. Había llegado la hora. El traidor de Jesús llegó, y el Salvador fue entregado en manos de sus enemigos. A la mañana siguiente, el día que llamamos Viernes Santo, Jesús fue clavado a la cruz. Llevando nuestros pecados en su propio cuerpo, drenó hasta el final la copa del sufrimiento, la copa de la ira y el juicio de Dios. El Hijo de Dios sufrió la pena de muerte para salvarnos a nosotros.

El salmo que Jesús había cantado unas pocas horas antes contenía palabras de angustia; también predijo lo que seguiría al terrible sufrimiento de la cruz. Antes de su crucifixión, Jesús cantó estas palabras de confianza y esperanza: “Tú, Señor, me libraste de la muerte, enjugaste mis lágrimas y no me dejaste caer. Por eso, Señor, mientras tenga vida, viviré según tu voluntad” (Salmo 116:8-9). En la primera mañana de Pascua, el Hijo de Dios fue liberado de la muerte y la tumba, y por fe en su Nombre, también nosotros somos liberados de las trampas del pecado y la muerte.

Cuando sufrimos angustia y aflicción luchando contra el miedo, la enfermedad, la muerte y la pérdida, la oración del salmo es nuestra oración y sus palabras de esperanza son también nuestras palabras: “¡Oh Señor, libra mi alma!”. Dios escucha nuestras oraciones y, según su voluntad y tiempo perfecto, nos librará. Cuando nuestro Salvador crucificado y resucitado regrese en gloria, seremos resucitados de la muerte y de la tumba, así como Él resucitó. ¡En ese gran día caminaremos para siempre en la tierra de los vivos y nuestro Señor viviente caminará con nosotros!

ORACIÓN: Poderoso Señor resucitado, que sufriste angustias y aflicciones para librarnos del pecado y la muerte, camina con nosotros ahora cuando estemos en apuros y libéranos de acuerdo a tu sabia voluntad, mientras esperamos el día en que caminaremos contigo en gloria. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo o dónde encuentras la fuerza para hacer “lo que es necesario”?

2.- ¿De qué manera la victoria de Jesús sobre los más grandes problemas de la vida te da esperanza y valor cuando estás deprimido?

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Banner de Vivenciar.net que muestra a niña sosteniendo una muñeca en brazos, ambas usando mascarillas para protegerse del coronavirus, y el siguiente mensaje: "Queremos acompañarte a enfrentar este momento difícil. ¡Te esperamos!"

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