“Jesucristo es también nuestra Roca y Fortaleza” - Cita del devocional cristiano de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Un lugar seguro" - 02/02/2021

Un lugar seguro

¿Hasta cuándo harán planes todos ustedes con la intención de derrotar a un solo hombre? ¡Lo ven como pared desplomada! ¡Lo ven como una cerca en el suelo! Conspiran para despojarlo de su grandeza; les agrada decir mentiras; ¡bendicen con los labios, pero maldicen con el corazón! Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo en él he puesto mi esperanza. Sólo Dios es mi salvación y mi roca; porque él es mi refugio, no resbalaré.

Salmo 62:3-6

Probablemente sea seguro decir que la mayoría de nosotros, en un momento u otro, nos hemos sentido golpeados y atacados como “una pared desplomada, como una cerca en el suelo”. Es posible que nos sintamos atacados por una enfermedad, dolor o culpa, por circunstancias difíciles o, como en el momento de escribir este devocional, el miedo, el aislamiento y las restricciones de una pandemia mundial.

El salmista David fue atacado por enemigos que buscaban su ruina, personas que eran engañosas y se complacían en la falsedad. Cuando David estaba por caer, supo que solo había un lugar seguro donde hacerlo: solo Dios era su roca y su fortaleza. En Dios, el salmista tenía un lugar para resguardarse y para mantenerse firme en la esperanza.

Cuando el mundo que nos rodea no puede proporcionar la esperanza que anhelamos tener y no podemos encontrar dentro de nosotros la fuerza que necesitamos, cuando estamos a punto de caer, tenemos un lugar seguro donde hacerlo. Jesucristo es también nuestra Roca y Fortaleza. 

Jesús sabe lo que es estar bajo ataque. Una vez fue golpeado. Sus enemigos lo rechazaron, se complacieron en la falsedad, buscando de atrapar a Jesús para presentar acusaciones en su contra. Finalmente, y con éxito, planearon su muerte. Jesús soportó el rechazo, la traición, la condenación y la muerte. Sin embargo, y a pesar de todo, el Salvador no amenazó ni injurió a los enemigos que lo maltrataban, sino que entregó su vida para expiar sus pecados, nuestros pecados, los pecados del mundo.

Al igual que el salmista, su antepasado David, Jesús perseveró con esperanza, mirando a su Padre celestial, remitiendo “su causa al que juzga con justicia” (1 Pedro 2: 23b). Jesús fue llevado a la muerte para nuestra salvación y, en la primera mañana de Pascua, la esperanza se cumplió —¡para Él y para nosotros!— cuando Dios lo levantó de la tumba.

Nuestro Señor y Salvador ha sido elevado a la posición más alta a la diestra del Padre. A él se le ha dado toda la autoridad en el cielo y en la tierra. Jesús nos dice: “En el mundo tendrán aflicción”, por lo que habrá ocasiones en que seremos atacados por el enemigo. Sin embargo, Jesús continúa con palabras de consuelo: “Pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Él es nuestra roca, nuestra fortaleza y nuestra salvación. Él es el lugar seguro de donde no podemos ser movidos.

ORACIÓN: Jesús, Tú eres mi roca, mi salvación y mi fortaleza. Solo en ti pongo mi esperanza. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo trató Jesús a los que lo maltrataron?

2.- ¿Qué quiere que hagamos por nuestros enemigos?

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Editado por CPTLN – Chile – MGH

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"En Cristo somos restaurados y salvos. Ahora vivimos en la luz que es el rostro resplandeciente del favor de Dios" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Lágrimas para beber" - 25/11/2020

Lágrimas para beber

Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te mostrarás indignado contra la oración de tu pueblo? Nos has dado a comer lágrimas en vez de pan; nos has hecho beber lágrimas en abundancia. Nos has puesto en ridículo ante nuestros vecinos; nuestros enemigos se burlan de nosotros. ¡Restáuranos, Dios de los ejércitos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvados! 

Salmo 80:4-7

No es inusual escuchar en los salmos una súplica a Dios para que responda a las oraciones personales del salmista. En el Salmo 39: 12a, el salmista dice: “Señor, ¡escucha mi oración! ¡Atiende a mi clamor!”, y en el Salmo 61: 1: “Dios mío, ¡escucha mi clamor! ¡Atiende mi oración!”. 

En el salmo de hoy, la petición es diferente. El salmista ruega a Dios no por él mismo, sino por el pueblo de Israel. Los israelitas casi se ahogan en sus lágrimas. Dios les había dado lágrimas para comer y beber. Para empeorar las cosas, los enemigos se burlan de ellos israelitas y, sin duda, se burlan de un Dios que aparentemente se niega a escuchar las oraciones de su propio pueblo.

Sabemos lo que significa ahogarnos en nuestras propias lágrimas. A través del miedo, la enfermedad y el dolor, puede parecer, al menos desde un punto de vista terrenal, que Dios no nos está escuchando y que nos hace “beber lágrimas en abundancia”. Los incrédulos se burlan de lo que perciben como la absoluta futilidad de la oración, negando la existencia de un Dios que escucha y contesta la oración.

Sin embargo, no estamos solos con nuestras lágrimas. Durante su ministerio terrenal, nuestro Señor también lloró. Sus lágrimas en la tumba de Lázaro impresionaron a los dolientes allí reunidos. Jesús lloró por Jerusalén y el sufrimiento que vendría a la ciudad que había rechazado a su Mesías. En la cruz Jesús clamó a su Padre y, aunque no sabemos si el Salvador derramó lágrimas de dolor y desolación, soportó el ridículo de sus enemigos mientras se reían de sus oraciones sin respuesta: “Ya que él confió en Dios, pues que Dios lo libre ahora, si lo quiere” (Mateo 27: 43a).

Sabemos que las oraciones de Jesús fueron escuchadas y respondidas. “Cuando Cristo vivía en este mundo, con gran clamor y lágrimas ofreció ruegos y súplicas al que lo podía librar de la muerte, y fue escuchado por su temor reverente” (Hebreos 5: 7). El Hijo de Dios reverente y obediente sufrió y murió en la cruz, pero el Padre lo salvó de la corrupción de la muerte y lo resucitó para convertirse en la fuente de nuestra salvación. En la Persona de Cristo Jesús, Dios mismo ha derramado lágrimas y ve nuestras lágrimas. Por amor a su Hijo, perdona nuestros pecados y escucha nuestras oraciones. En Cristo somos restaurados y salvos. Ahora vivimos en la luz que es el rostro resplandeciente del favor de Dios. A veces derramaremos lágrimas de angustia en la tierra, pero un día viviremos en la presencia de Dios para siempre y Él enjugará cada lágrima de nuestros ojos.

ORACIÓN: Padre Celestial, por amor a tu Hijo recuerda nuestras lágrimas y responde nuestras oraciones. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Podría ser la oración del salmista la que se dice de la iglesia de hoy?

2.- ¿Incluyes en tus oraciones a la iglesia, a tu nación y a los creyentes de todo el mundo?

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"No debemos adorar a la creación, sino reconocer a su Creador y adorarlo solo a Él" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Creados y redimidos" - 18/11/2020

Creados y redimidos

¡Grande es el Señor, nuestro Dios! ¡Gran Rey es él sobre todos los dioses! En su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo es también el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca. ¡Vengan, y rindámosle adoración! ¡Arrodillémonos delante del Señor, nuestro Creador! 

Salmo 95:3-6

Los dioses de otras religiones exigen y reclaman cosas. Muchos creen que las estrellas y los planetas controlan el destino humano, una afirmación falsa que da un estatus divino a los cuerpos celestes creados. Incluso la tierra misma se describe a veces como una diosa, personificada como la “madre naturaleza” o “madre tierra”. Quienes creen en estas falsas ideas “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y honraron y dieron culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25a).

Esos otros “dioses” no tienen ningún derecho real sobre la tierra o cualquier parte de la creación. Solo el Dios Trino es Dios. Como nos recuerda la Escritura: “Todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero el Señor es quien creó los cielos” (1 Crónicas 16:26). Por lo tanto, no debemos adorar a la creación, sino reconocer a su Creador y adorarlo solo a Él. Desde los valles más profundos y las profundidades del océano hasta las montañas más altas, la tierra pertenece al Señor porque Él creó todo. A su orden, “subieron a los montes, bajaron por los valles” (Salmo 104: 8a). Dios dio el cuidado de Su creación a los seres humanos que Él creó, diciéndoles: “¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la tierra! ¡Domínenla! ¡Sean los señores de los peces del mar, de las aves de los cielos, y de todos los seres que reptan sobre la tierra!” (Génesis 1: 28b).

Las personas bajo cuyo cuidado Dios puso al principio a su creación, se sumergieron voluntariamente a sí mismas y al mundo en las tinieblas del pecado y la muerte. Sin embargo, nuestro gran Dios y Rey amaba al mundo que había creado, por lo que envió a su Hijo a rescatarlo. Jesús tomó sobre sí mismo la culpa del pecado de la raza humana y sufrió la pena de muerte que nos correspondía a nosotros por nuestra rebelión contra nuestro Creador. ¡Ningún otro “dios” ha hecho eso! Luego, Jesús resucitó triunfante sobre la muerte en la mañana de Pascua.

Por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesús, nuestros pecados son borrados por la sangre del Salvador. Jesús, por quien y para quien fueron creadas todas las cosas, reina ahora en exaltada gloria sin compartir su dominio con los ídolos pues se le ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. En un gran día aún por venir, Jesús nuestro Señor regresará en gloria como Rey y Juez. Esta tierra presente pasará, y Dios creará un cielo y una tierra nuevos, haciendo nuevas todas las cosas.

Nuestro Creador y Salvador sostiene en su mano los lugares más profundos de la tierra y las montañas más altas. ¡Y nos sostiene también a nosotros! Por el poder del Espíritu Santo, solo hay una respuesta que podemos dar: “¡Vengan, y rindámosle adoración! ¡Arrodillémonos delante del Señor, nuestro Creador!”

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, por tu amor por el mundo enviaste a tu Hijo para que fuera su Salvador. Ayúdanos a ser buenos administradores de tu creación y fieles testigos de Jesús nuestro Señor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez algo en la naturaleza te ha hecho pensar “aquí veo la mano de Dios”? ¿Qué fue?

2.- ¿Te ha dado Dios el privilegio de cuidar a otras personas? ¿Quiénes son y cómo los cuidas?

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"La sabiduría piadosa, un don del Espíritu Santo que habita en nosotros, nos enseña a mirar al futuro con esperanza en Cristo..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Sabiduría de lo alto" - 11/11/2020

Sabiduría de lo alto

Setenta años son los días de nuestra vida; ochenta años llegan a vivir los más robustos. Pero esa fuerza no es más que trabajos y molestias, pues los años pronto pasan, lo mismo que nosotros. ¿Quién conoce la fuerza de tu ira, y hasta qué punto tu enojo debe ser temido? ¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría! 

Salmo 90:10-12

Si bien estas no son palabras muy alentadoras, debemos reconocer que es difícil estar en desacuerdo con el salmista. Algunas personas viven más de 100 años, aunque es raro, y si bien muchos celebran 90 años o más, el salmista observa acertadamente que los años de nuestra vida son 70 u 80. Cualquiera que sea el número de años involucrados, podemos estar de acuerdo en que la duración de una vida no es más que “trabajos y molestias”.

¿Vivimos con temor de la ira y el juicio de Dios? ¿Es esa la fuente de nuestro problema? El salmista está preocupado por eso: “Tienes ante ti nuestras maldades; ¡pones al descubierto nuestros pecados!” (Salmo 90:8). Con él oramos por una comprensión realista de nuestra limitada esperanza de vida, “para que en el corazón acumulemos sabiduría”. Pero, ¿buscamos y seguimos la sabiduría divina revelada en la Palabra de Dios o la del mundo?

La sabiduría del mundo nos dice (como se expresa en la parábola de Jesús): “Ya puede descansar mi alma, pues ahora tengo guardados muchos bienes para muchos años. Ahora, pues, ¡a comer, a beber y a disfrutar!” (Lucas 12:19b). La sabiduría de lo alto nos dice: “Más bien, anímense unos a otros día tras día, mientras se diga ‘Hoy’, para que el engaño del pecado no endurezca a nadie” (Hebreos 3:13). La sabiduría del mundo afirma que el arrepentimiento y la fe son innecesarios y que la cruz es una tontería. ¿Qué puede importar, dice, que un rabino judío fuera crucificado por los romanos hace siglos? La sabiduría de la Palabra responde: “Porque Dios no permitió que el mundo lo conociera mediante la sabiduría, sino que dispuso salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Ante el desprecio del mundo, predicamos con valentía a Jesucristo crucificado (ver 1 Corintios 2:2).

La sabiduría del mundo encuentra la felicidad para hoy y la esperanza para el futuro en actividades egocéntricas, pero como dijo sabiamente Pablo: “Si nuestra esperanza en Cristo fuera únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres” (1 Corintios 15: 9). Esta esperanza es una esperanza mundana y tristemente limitada. La sabiduría piadosa, un don del Espíritu Santo que habita en nosotros, nos enseña a mirar al futuro con esperanza en Cristo, a esperar con confianza el día de su regreso y la resurrección de nuestro cuerpo glorificado (¡y sin edad!). Cada año que el Señor nuestro Dios nos concede, con sabiduría piadosa y con humilde arrepentimiento nos unimos al salmista en agradecimiento: “¡Sácianos de tu misericordia al empezar el día, y todos nuestros días cantaremos y estaremos felices!” ( Salmo 90:14).

ORACIÓN: Señor, a lo largo de nuestros años, ayúdanos por tu Espíritu a crecer en la sabiduría de tu santa Palabra. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Le temes a la vejez? ¿Cómo vives de manera diferente ahora que cuando eras más joven?

2.- ¿Qué haces para acumular sabiduría en tu corazón? ¿Qué significa para ti tener sabiduría en tu corazón?

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"Éramos pobres y afligidos, pero ahora, por la gracia de Dios mediante la fe en Jesús, la gloria del Reino es nuestra..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Pobre y afligido" - 04/11/2020

Pobre y afligido

Pero que se alegren en ti todos los que te buscan; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Grande es nuestro Dios!». Pero yo estoy pobre y afligido; ¡ven pronto, oh Dios, en mi ayuda! Tú eres mi ayuda; ¡eres mi libertador! ¡No tardes, Señor! 

Salmo 70:4-5

Este salmo presenta un gran contraste: Dios es grande, mientras que yo estoy pobre y afligido. Sin embargo, a menudo creemos que es al revés: nosotros somos los geniales que, al adorar y alabar a Dios, le hacemos un favor. O a veces preferimos que Él permanezca en un segundo plano hasta que realmente lo necesitemos. La triste realidad es que lo necesitamos en todo momento, estemos dispuestos a admitirlo o no. Ya antes de que supiéramos nuestra necesidad, antes de que naciéramos, Dios decidió salvarnos enviando a su hijo Jesús a buscar y salvar a los perdidos. Éramos pobres y necesitados, perdidos en el pecado, pero “cuando aún éramos débiles, Cristo murió por los pecadores” (Romanos 5:6).

La Palabra de Dios revela nuestra necesidad y el Espíritu Santo nos convence del pecado, justicia y juicio. La Ley de Dios nos sirve de espejo a través del cual el Espíritu nos muestra nuestro pecado, el mal que hacemos y el bien que dejamos sin hacer. La Palabra revela nuestra falta de justicia y nuestra condición de pecadores caídos ante Dios, cuyo pago es la muerte. Pero el Evangelio nos revela que ese Dios grande se encargó de remediar nuestra desesperada situación. Dios Hijo se convirtió, en nuestro lugar, en “pobre y afligido”. Él tomó nuestro pecado sobre sí mismo y colgó en debilidad y vergüenza en la cruz, donde sufrió la pena de muerte que el justo juicio de Dios exigía contra el pecado. Jesús nos cubre con su justicia y pureza, su justa posición ante Dios. Por fe en él recibimos la herencia de gloria que será nuestra por toda la eternidad.

“¡Ven pronto, oh Dios, en mi ayuda!”. A través de la muerte y resurrección de su Hijo, Dios nos rescató del pecado, la muerte y Satanás y está listo para ayudarnos, siempre presente con su misericordia y perdón. Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Éramos pobres y afligidos, pero ahora, por la gracia de Dios mediante la fe en Jesús, la gloria del Reino es nuestra, no por nuestros propios esfuerzos o logros (¡no somos tan grandes como pensamos!), sino por la muerte redentora y la resurrección triunfante de Jesús, el Hijo de Dios.

ORACIÓN: Dios nuestro Salvador, en todo momento de necesidad sé nuestra ayuda y nuestro libertador. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué adjetivos usarías para describir a Dios basado en tu propia experiencia?

2.- ¿Prefieres resolver tus problemas por ti mismo, o buscas la ayuda de Dios?

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"Quizás tu mundo se está desmoronando y estás exigiendo saber cómo Dios puede permitir que esto suceda. Después de todo, eres su hijo..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Dáselo a Dios" - 03/11/2020

Dáselo a Dios

Señor, ¿cuánto más seguirás viendo esto? ¡Salva mi vida de las garras de estos leones! ¡Es la única vida que tengo! 

Salmo 35:17

Recientemente, un amigo me relató un incidente en el que un hombre perdió a toda su familia en un incendio. Me contó que se puso tan mal, que tuvo que ser sedado. El comentario de mi amigo fue: “Todos se preguntaban cómo Dios podía permitir que sucediera algo así“.

De hecho, habló por muchos. Cuando vemos que suceden cosas malas a nuestro alrededor, nos preguntamos cómo Dios no hizo nada. Cuando un desastre natural produce una gran pérdida de vidas, exigimos saber dónde estaba Dios: ¿por qué no intervino?

El salmista quiere saber lo mismo del Señor. Temiendo por su seguridad personal, parece que sus palabras acusan a Dios de complacencia mientras el enemigo trama su destrucción.

De manera similar a veces, cuando nos encontramos con situaciones desagradables, en nuestra angustia acusamos a Dios de ser complaciente, despreocupado y distante. Quizás en estos momentos te estés haciendo esa misma pregunta. Quizás tu mundo se está desmoronando y estás exigiendo saber cómo Dios puede permitir que esto suceda. Después de todo, eres su hijo: fuiste bautizado en el Nombre del Dios Trino y participas de la Santa Comunión. Entonces, ¿por qué Dios permite que te sucedan cosas tan malas? No sé qué te ha pasado, por qué y tampoco sé cuánto dolor estás experimentando. Pero sí sé esto: en los momentos en que me he enfrentado a situaciones difíciles, siempre he encontrado el consuelo de Dios en el libro de los Salmos.

Es por ello que me gustaría llamar tu atención sobre el Salmo 42, donde su autor lamenta lo malo que le ha sucedido y dice que la gente le pregunta dónde está su Dios. Sus críticas y comentarios indican que creen que si Dios lo amara, todas esas cosas malas no le estarían sucediendo. Sin embargo, y a pesar de todo eso, el salmista se niega a enfocarse en lo malo. En cambio, dice: “¿Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador!” (Salmo 42:11).

Por supuesto que no podemos hacer la vista gorda ante el sufrimiento o fingir que no es real. Pero sí podemos encontrar la ayuda y la fuerza de Dios para seguir adelante. A Él le importamos tanto, que envió a su hijo Jesús a sufrir y morir para darnos esperanza eterna. Parados ante el pesebre, la cruz y la tumba vacía sabemos, sin lugar a dudas, que nuestro Dios nos ama y siempre hará lo mejor para nosotros.

ORACIÓN: Querido Señor, cuando la vida es dolorosa y estoy lleno de dudas ayúdame a recordar que puedo contar contigo. En el nombre de Jesús. Amén.

Tshepo G. Kutumela, LHM Sudáfrica

Para reflexionar:

1.- Cuando estás pasando por tiempos difíciles, ¿a qué o a quién recurres en busca de ayuda?

2.- ¿Cuál es tu pasaje favorito de la Biblia cuando necesitas ser fortalecido y consolado?

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"Nuestro Dios ‘hizo los cielos’ y la tierra. Él es el Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, cuyo ‘esplendor y majestad están ante Él" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Un Dios" - 14/10/2020

Un Dios

El Señor es grande, y digno de alabanza; ¡es temible, más que todos los dioses! Todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero el Señor es quien creó los cielos. En su presencia hay alabanza y magnificencia; en su santuario hay poder y gloria.

Salmo 96:4-6

En nuestra cultura, muchos creen que no existe una verdad absoluta en materia espiritual. Algo que para una persona es cierto puede no serlo para otra. Algunas personas prefieren crear su propia religión o espiritualidad, combinando prácticas tomadas de diversas religiones. Las encuestas han indicado que algunos jóvenes cristianos pueden incluso mostrarse reacios a compartir las Buenas Nuevas de Jesús por temor a imponer sus creencias a otros o insultar las prácticas religiosas de aquellos a quienes testifican.

El salmista no tiene tales preocupaciones. Él declara con valentía: “Todos los dioses de los pueblos son ídolos”. El profeta Isaías se burla del artesano que corta un árbol y usa parte de la madera para cocinar y otra parte para tallar un ídolo y rezarle: “Ponme a salvo, porque tú eres mi dios” (Isaías 44:17b). El apóstol Pablo, al captar la atención de su audiencia ateniense al señalar cuán religiosos son, no duda en decirles que Dios no se asemeja “al oro o a la plata, o a la piedra o a esculturas artísticas”, o que es producto de la imaginación humana. Al contrario, describe abiertamente tales creencias como producto de los “tiempos de ignorancia” que el Dios verdadero ya no pasará por alto (ver Hechos 17:29-30).

Nuestro Dios “hizo los cielos” y la tierra. Él es el Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, cuyo “esplendor y majestad están ante Él”. Él se ha revelado en su Palabra y en la persona de su Hijo Jesucristo: “Dios, que muchas veces y de distintas maneras habló en otros tiempos a nuestros padres por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y mediante el cual hizo el universo” (Hebreos 1:1-2). El Señor que hizo los cielos dejó su morada celestial para vivir entre nosotros. En el Edén había decretado la pena de muerte por el pecado humano, y en Cristo Jesús tomó esa pena sobre sí mismo, sufriendo y muriendo en la cruz. Jesús se levantó victorioso de la tumba. En su muerte y resurrección, por medio de la fe en su Nombre, tenemos perdón y vida eterna. ¡Ningún ídolo puede hacer eso!

Como hermanos y hermanas en Cristo Jesús, nos reunimos a adorar al único Dios verdadero y a llevar la Buena Nueva de la vida, muerte y resurrección de Jesús al mundo. Si bien estamos de acuerdo con el salmista en que “los dioses de los pueblos son ídolos inútiles”, el apóstol Pedro nos aconseja ser algo más discretos en nuestro testimonio cristiano: “…honren en su corazón a Cristo, como Señor, y manténganse siempre listos para defenderse, con mansedumbre y respeto, ante aquellos que les pidan explicarles la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:15).

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, solo Tú eres el Dios verdadero, el Creador de todas las cosas. Ayúdanos por tu Espíritu a ser testigos fieles de tu amor y salvación, por medio de Jesús nuestro Señor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué “dioses” hay en nuestra sociedad?

2.- Para las personas que mantienen sus “opciones abiertas” cuando se trata de Dios, ¿cuáles podrían ser algunos obstáculos a la fe verdadera?

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"Mientras esperamos el regreso de Jesús y el día de nuestra resurrección, aprendemos sus caminos y voluntad en las verdades de su Palabra" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Esperando" - 23/09/2020

Esperando

Señor, dame a conocer tus caminos; ¡enséñame a seguir tus sendas! Todo el día espero en ti; ¡enséñame a caminar en tu verdad, pues tú eres mi Dios y salvador! Recuerda, Señor, que en todo tiempo me has mostrado tu amor y tu misericordia. 

Salmo 25:4-6

Estamos acostumbrados a esperar. A veces podemos disfrutar esperando si la espera es por algo bueno. En otras ocasiones, la espera es tediosa y quizás preocupante, pero eso no cambia el hecho de que tenemos que esperar: por las vacaciones o visitas, por citas, en la fila de una tienda o junto a la cama de un ser querido en el hospital. Aunque estamos acostumbrados a esperar, es posible que seamos algo menos pacientes cuando se trata de esperar al Señor. Esperamos respuestas y acción ahora mismo, olvidando que los tiempos de Dios y los nuestros no son iguales.

Los salmos hablan de nuestra necesidad de esperar. “¡Espera en el Señor! ¡Infunde a tu corazón ánimo y aliento! ¡Sí, espera en el Señor!” (Salmo 27:14). “Guarda silencio ante el Señor, y espera en él” (Salmo 37:7a). Los salmos también nos recuerdan el tiempo del Señor en comparación con el nuestro: “Para ti, mil años son, en realidad, como el día de ayer, que ya pasó; ¡son como una de las vigilias de la noche!” (Salmo 90:4). Nuestro salmo de hoy expresa el anhelo que podemos sentir mientras esperamos que Dios actúe: “Todo el día espero en ti”.

El pueblo de Dios siempre ha esperado. Dios prometió enviar a Su Ungido, el Mesías. Llamó a Abraham para que fuera el padre de la nación en la que nacería el Mesías. Pero incluso Abraham tuvo que esperar con fe, “sin haber recibido lo que se les había prometido, y sólo llegaron a ver esto a lo lejos” (Hebreos 11:13b). Muchas generaciones después, la promesa se cumplió y el Mesías nació en Belén. Durante su ministerio terrenal, Jesús el Mesías también esperó. El Evangelio de Juan informa repetidamente: “Su hora aún no había llegado” (Juan 7:30b).

Finalmente llegó la hora. Se cumplieron las promesas de Dios “desde la antigüedad”. Jesús fue crucificado, ofrecido como el sacrificio perfecto por los pecados del mundo. Su cuerpo fue bajado y enterrado en una tumba prestada. Sin entender aún la promesa de Jesús de resucitar, los discípulos se escondieron atemorizados, esperando ser arrestados y asesinados como había sido su Señor. Pero la de ellos fue una espera breve: solo tres días, porque el tercer día, la primera mañana de Pascua, Jesús se levantó de entre los muertos como lo había prometido. Con Él se levantó la promesa cierta y segura de nuestra resurrección a la vida en el Día Final.

Mientras esperamos el regreso de Jesús y el día de nuestra resurrección, aprendemos sus caminos y voluntad en las verdades de su Palabra. Él nos guía por el Espíritu Santo a caminar por sus sendas. Sabemos que podemos confiar en su misericordia y su amor inquebrantables que “son desde el principio”. Esperamos ansiosamente a nuestro Salvador “todo el día”, y mientras esperamos, oramos: “¡Ven, Señor Jesús!”

ORACIÓN: Señor Jesús, consuélanos con tu Palabra en todas las circunstancias de espera ansiosa. Llénanos de esperanza y de la certeza de que siempre cumples tus promesas. ¡Ven pronto, Señor! Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Confías en los consejos de otros, o prefieres guiarte por tu propia experiencia?

2.- ¿Qué tan bueno eres esperando que suceda algo? ¿Cuándo eres más impaciente?

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"Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho ‘Busquen mi rostro’, porque quiere que lo encuentren" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Jugando a las escondidas" - 15/09/2020

Jugando a las escondidas

Cuando dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió: «Tu rostro, Señor, buscaré». No escondas Tu rostro de mí; No rechaces con ira a Tu siervo; Tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, Oh Dios de mi salvación. 

Salmo 27:8-9

Cuando se juega a las escondidas, por lo general es más divertido esconderse que buscar a quienes están escondidos.

En nuestro salmo, solo hay Uno que se esconde y muchos que buscan. Dios dice: “Busquen mi rostro”, y las personas de todo el mundo han estado haciendo eso desde que Adán y Eva fueron expulsados del Edén. 

Dios nos da pistas de su existencia para que lo podamos encontrar, como escribe el apóstol Pablo: “Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa” (Romanos 1:20). La presencia y el poder de Dios deben ser obvios, porque como dice Pablo: “Él no está lejos de ninguno de nosotros” (Hechos 17:27b). Sin embargo, elegimos adorar y servir “a la criatura en lugar del Creador” (Romanos 1:25b), buscando a Dios en los lugares equivocados.

Muchos eligen encontrar dioses falsos y adorar cosas creadas. Pero Dios ha dicho “Busquen mi rostro”, porque quiere que lo encuentren. 

Dios se reveló en la creación, en sus poderosos actos y en su Palabra. También se reveló a los patriarcas y profetas. Sin embargo, había más por revelar: Dios mismo vino a su pueblo. “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo” (Hebreos 1:1-2a). 

Quiso el Padre que en Jesucristo “habitara toda la plenitud” (Colosenses 1:19b). Escondido en carne humana en la persona de Su Hijo, Dios entró en el mundo como si dijera: “¡Aquí estoy! ¡Busca mi rostro! Dios mismo estaba escondido y por el poder del Espíritu revelado a los ojos de la fe, en un bebé en un pesebre, en la víctima sufriente en la cruz y en el Señor resucitado y glorificado.

La Palabra de Dios revela dónde se encuentra. Al pie de la cruz vemos a Jesús —Dios el Hijo— cargando el peso de nuestro pecado y vergüenza, la culpa de nuestra búsqueda egoísta de dioses de nuestra propia elección. En el testimonio de la Palabra vemos las cicatrices de los clavos en las manos y los pies del Señor resucitado. En su Santa Cena recibimos el cuerpo y la sangre de Jesús, dados y derramados para el perdón de nuestros pecados. 

Por el amor de Jesús, Dios nunca esconderá Su rostro de nosotros ni nos desechará. El Dios de nuestra salvación no nos abandonará. Buscamos su rostro y no lo encontramos. Pero Él sí nos encontró.

ORACIÓN: Señor y Salvador, cuando estábamos perdidos en el pecado tú viniste a buscarnos y encontrarnos. Mantennos fuertes en la fe hasta que finalmente te veamos cara a cara. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que Dios esconde hoy su rostro de nosotros? ¿De qué manera?

2.- ¿En qué momentos piensas en la muerte y resurrección de Jesús?

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"Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir" - Cita del Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Recordados y olvidados" - 08/09/2020

Recordados y olvidados

No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados. Tan alta como los cielos sobre la tierra, es su misericordia con los que le honran. Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones. 

Salmo 103:10-12

No es de extrañar que Dios recuerde. Después de todo, Él es Dios, nuestro Creador omnipotente y omnisciente, quien dice: “Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes” (Isaías 55: 9). 

Dios recordó y cumplió su promesa de pacto, enviando a su Ungido, el Mesías tan esperado, su único Hijo. Sin embargo, las Escrituras también nos aseguran que hay algunas cosas que, sorprendentemente, Dios no recuerda. “Yo, y nadie más, soy el que borra tus rebeliones, porque así soy yo, y no volveré a acordarme de tus pecados” (Isaías 43:25). Su nuevo pacto es un pacto de olvido: “…haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá… no volveré a acordarme de su pecado” (Jeremías 31: 31b, 34b).

Nuestros pecados son lavados en la sangre de Jesús, la sangre de ese nuevo pacto. Dios no recuerda esos pecados ni los tiene en nuestra contra, pero con demasiada frecuencia nosotros sí los recordamos. Nuestros pecados pueden cobrar gran importancia a nuestros ojos. Nos asustamos, nos preguntamos si de verdad estamos perdonados, incluso imaginamos que no podemos ser perdonados. ¿Tomará Dios ciertos pecados contra nosotros, esos pecados que encontramos tan difíciles de olvidar? Quizás Él perdona todo lo demás, pero ¿qué hay de esos pecados que tanto nos avergüenzan, los que hemos confesado pero no podemos olvidar?

Nuestro salmo nos asegura: “[Dios] No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados”. Dios nos trata según su gracia. Por esa gracia fue que envió a su Hijo Jesús a nacer entre nosotros y ser el Cordero que entregó su vida como sacrificio perfecto por nuestros pecados. Jesús cargó con esa culpa que es tan difícil para nosotros dejar de lado. El registro de la deuda contra nosotros ha sido cancelado (ver Colosenses 2:14). En la cruz de Jesús, Dios canceló nuestros pecados, no porque seamos dignos o merecedores, sino porque su amor por nosotros es tan alto como los cielos sobre la tierra. Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir.

Cuando nos sentimos tentados a desenterrar el recuerdo de nuestros pecados, podemos volvernos a nuestro Salvador y, a través de Él, recordar el amor inconmensurable de Dios y la profundidad de su olvido. Su amor es tan ancho y alto como la cruz toscamente labrada que una vez fue levantada fuera de Jerusalén. Su olvido de nuestros pecados es tan profundo y oscuro como la tumba vacía de Pascua.

ORACIÓN: Señor Jesús, cuando estemos atormentados por el pecado y la culpa, vuelve nuestros corazones y mentes a ti, a la cruz y la tumba vacía, y a tu amor inconmensurable. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Qué dice de nuestros pecados el que Dios los quite “tan lejos como está el oriente del occidente”?

2.- ¿De qué maneras practicas el perdón con los demás?

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