"La sabiduría piadosa, un don del Espíritu Santo que habita en nosotros, nos enseña a mirar al futuro con esperanza en Cristo..." - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "Sabiduría de lo alto" - 11/11/2020

Sabiduría de lo alto

Setenta años son los días de nuestra vida; ochenta años llegan a vivir los más robustos. Pero esa fuerza no es más que trabajos y molestias, pues los años pronto pasan, lo mismo que nosotros. ¿Quién conoce la fuerza de tu ira, y hasta qué punto tu enojo debe ser temido? ¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría! 

Salmo 90:10-12

Si bien estas no son palabras muy alentadoras, debemos reconocer que es difícil estar en desacuerdo con el salmista. Algunas personas viven más de 100 años, aunque es raro, y si bien muchos celebran 90 años o más, el salmista observa acertadamente que los años de nuestra vida son 70 u 80. Cualquiera que sea el número de años involucrados, podemos estar de acuerdo en que la duración de una vida no es más que “trabajos y molestias”.

¿Vivimos con temor de la ira y el juicio de Dios? ¿Es esa la fuente de nuestro problema? El salmista está preocupado por eso: “Tienes ante ti nuestras maldades; ¡pones al descubierto nuestros pecados!” (Salmo 90:8). Con él oramos por una comprensión realista de nuestra limitada esperanza de vida, “para que en el corazón acumulemos sabiduría”. Pero, ¿buscamos y seguimos la sabiduría divina revelada en la Palabra de Dios o la del mundo?

La sabiduría del mundo nos dice (como se expresa en la parábola de Jesús): “Ya puede descansar mi alma, pues ahora tengo guardados muchos bienes para muchos años. Ahora, pues, ¡a comer, a beber y a disfrutar!” (Lucas 12:19b). La sabiduría de lo alto nos dice: “Más bien, anímense unos a otros día tras día, mientras se diga ‘Hoy’, para que el engaño del pecado no endurezca a nadie” (Hebreos 3:13). La sabiduría del mundo afirma que el arrepentimiento y la fe son innecesarios y que la cruz es una tontería. ¿Qué puede importar, dice, que un rabino judío fuera crucificado por los romanos hace siglos? La sabiduría de la Palabra responde: “Porque Dios no permitió que el mundo lo conociera mediante la sabiduría, sino que dispuso salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Ante el desprecio del mundo, predicamos con valentía a Jesucristo crucificado (ver 1 Corintios 2:2).

La sabiduría del mundo encuentra la felicidad para hoy y la esperanza para el futuro en actividades egocéntricas, pero como dijo sabiamente Pablo: “Si nuestra esperanza en Cristo fuera únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres” (1 Corintios 15: 9). Esta esperanza es una esperanza mundana y tristemente limitada. La sabiduría piadosa, un don del Espíritu Santo que habita en nosotros, nos enseña a mirar al futuro con esperanza en Cristo, a esperar con confianza el día de su regreso y la resurrección de nuestro cuerpo glorificado (¡y sin edad!). Cada año que el Señor nuestro Dios nos concede, con sabiduría piadosa y con humilde arrepentimiento nos unimos al salmista en agradecimiento: “¡Sácianos de tu misericordia al empezar el día, y todos nuestros días cantaremos y estaremos felices!” ( Salmo 90:14).

ORACIÓN: Señor, a lo largo de nuestros años, ayúdanos por tu Espíritu a crecer en la sabiduría de tu santa Palabra. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Le temes a la vejez? ¿Cómo vives de manera diferente ahora que cuando eras más joven?

2.- ¿Qué haces para acumular sabiduría en tu corazón? ¿Qué significa para ti tener sabiduría en tu corazón?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones

Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:

Cuál va a ser tu legado - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN - Chile. 29/01/2019

¿Cuál va a ser tu legado?

Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; tú me has dado seguridad desde mi juventud… No me deseches cuando llegue a la vejez; no me desampares cuando mis fuerzas se acaben. Salmo 71:5, 9

 

La abuela solía decir con un acento alemán: “¡Nos volvemos viejos demasiado pronto e inteligentes demasiado tarde!”.

 

Entre los 20 y 40 años somos invencibles. Si tenemos que hacer alguna corrección en nuestra vida, aún nos queda mucho tiempo; no hay problema. Luego llegan los 50 y la montaña rusa de la vida se acelera. Volamos por las curvas y nos sumergimos en el túnel, saliendo por el otro lado con frenos estridentes que nos deslizan hasta los 60 años. La edad de oro de la jubilación se abre ante nosotros. No puede ser. ¡No estoy listo para la jubilación, mucho menos para la tumba!

 

Pero cuando la muerte se apodera de nuestros padres junto con los hermanos mayores, los tíos, las tías y los primos, nos damos cuenta que, en el orden de la vida, no podemos estar muy lejos. Entonces comenzamos a reflexionar seriamente sobre nuestro legado, nuestras relaciones con la familia, el trabajo y la sociedad. Pensamos en el bien que creemos haber hecho, en el bien que soñamos con hacer y en el que nunca hicimos. Nos preguntamos cómo seremos recordados.

 

El salmista mira la vida desde otro ángulo: alaba al Señor por su constante salvación. “¡Mi roca y mi fortaleza! ¡No me abandones!”. Espera con certeza que, incluso a través de grandes y graves problemas, Dios lo revivirá una vez más. Desde el vientre de su madre, el Señor lo llevó a la luz del día. Desde su juventud, el Señor ha sido su confianza. Ahora en su vejez, tiene una última petición: “¡Oh Señor, cuando la vejez destruya mis fuerzas, no me desampares!”.

 

Aquí está el legado más grande que un cristiano puede dejar en la tierra: ser conocido por otros como alguien que confiaba en el Señor tanto en los días buenos como en los malos, en el sol y en la tormenta, al principio y al final de la vida. “Esta es la obra de Dios”, dijo Jesús, “que crean en aquel que él ha enviado” (Juan 6: 29b). Cristo es la obra principal. De él fluyen nuestro legado, nuestras obras, nuestra profesión, nuestra vida medida en días de dolor y tristeza, alegría y esperanza, fortaleza y debilidad.

 

La vejez tiene una característica principal: la debilidad. Las rodillas se debilitan, la espalda se debilita, el estómago se debilita, las articulaciones duelen y los músculos se atrofian.

 

La vejez puede ser una época de interminables quejas y protestas contra nuestro Creador. Eso es exactamente lo que hacen muchos cristianos. O bien, la vejez puede ser el amanecer de una nueva actitud gloriosa hacia la vida.

 

Toda nuestra vida hemos confiado en nosotros mismos para hacer el trabajo. Si bien le dimos a Dios el crédito por nuestro éxito, nuestro corazón reservó una gran parte para nosotros. Ahora, en la vejez, cuando nuestra fuerza va disminuyendo lentamente, solo nos queda una súplica: “¡Querido Señor, no me desampares en mi vejez! Deja que mi legado sea que confíe en ti hasta mi último aliento”.

 

ORACIÓN: Padre celestial, enséñame hoy, antes de que los cabellos grises adornen mi cabeza, que el mayor legado que puedo dejar a mi familia es confiar en Ti para todas las cosas. Amén.

 

 

Dr. Mark Schreiber

 

 

© Copyright 2019 Cristo Para Todas Las Naciones