"Jesús, el exaltado Hijo del Hombre, la Vid verdadera, resucitó de la muerte para darnos vida ahora y para siempre" - Cita del Devocional de Hoy de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile "La vid verdadera" - 30/09/2020

La vid verdadera

Dios de los ejércitos, ¡vuélvete a nosotros! Desde el cielo dígnate mirarnos, y reconsidera; ¡ven y ayuda a esta viña! ¡Es la viña que plantaste con tu diestra! ¡Es el renuevo que sembraste para ti!… Pero posa tu mano sobre tu hombre elegido, sobre el hombre al que has dado tu poder. Así no nos apartaremos de ti. Tú nos darás vida, y nosotros invocaremos tu nombre. 

Salmo 80:14-15, 17-18

El salmista escribe: “Desde Egipto trajiste una vid; expulsaste a las naciones, y la plantaste” (Salmo 80:8). 

Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto y lo plantó, su vid escogida, en la tierra prometida. Esta vid de Israel fue el hijo que Dios llamó de Egipto (ver Oseas 11:1). Los plantó para que fueran un pueblo fortalecido para adorarlo y servirlo, para ser una luz para las naciones. Sin embargo, la vid se rebeló y se apartó del Señor que los había salvado, negándose a producir el fruto de la fe que Dios buscaba en su viña. 

El Señor permitió que su viña fuera invadida por enemigos, sus muros derribados. El salmista suplica a Dios que tenga misericordia de la vid sufrida de Israel: “Desde el cielo dígnate mirarnos, y reconsidera; ¡ven y ayuda a esta viña! ¡Es la viña que plantaste con tu diestra!”.

Al hablar de la vid de Israel plantada hace tanto tiempo, nuestro salmo predice otra vid plantada en la tierra. Este descendiente de la vid de Israel es el Hijo de Dios, fortalecido para el propio propósito de Dios. Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, dijo de sí mismo: “Yo soy la Vid verdadera” (Juan 15:1a). Esta Vid verdadera, este Hijo, se convertiría en la diestra del Varón de Dios, pero antes de que Jesús fuera exaltado a esa alta posición, la Vid verdadera tuvo que morir para dar vida a sus ramas.

Así como la viña de Israel fue quebrada y pisoteada una vez, Jesús, el Hijo del Hombre, fue ejecutado a manos de sus enemigos. El Hijo fue golpeado, burlado y clavado en una cruz. Pero incluso entonces el Hijo fue lo suficientemente fuerte para soportar el peso del pecado del mundo, lo suficientemente fuerte como para sufrir en una debilidad indefensa, soportando la pena de muerte que merecíamos. Pero Dios tenía consideración por esta Vid, el Hijo perfecto y obediente que Él había fortalecido para sí mismo. La Vid verdadera resucitó en la primera mañana de Pascua, y después de 40 días ascendió triunfalmente, exaltado para reinar a la diestra de Dios.

Jesús, el exaltado Hijo del Hombre, la Vid verdadera, resucitó de la muerte para darnos vida ahora y para siempre. En el bautismo estamos unidos a él, sepultados y resucitados con él. Mediante la fe en su Nombre damos el fruto del amor y las buenas obras, trayendo gloria al Padre y demostrando al mundo que somos discípulos de Jesús, pámpanos de la Vid verdadera.

ORACIÓN: Señor Dios, míranos con misericordia y perdona nuestros pecados. Como pámpanos de Jesús, la Vid verdadera, ayúdanos a crecer fuertes en la fe y activos en el amor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué el Antiguo Testamento se refiere al antiguo Israel como una vid? ¿Te resultan útiles las imágenes que crea el uso de ilustraciones de viñas, viñedos y frutas?

2.- ¿Hay alguien en tu vida que te haya fortalecido con su presencia constante?

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Unidos a Él - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 06092019

Unidos a Él

(Jesús dijo:) Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada… Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará.

Juan 15:5,7 (DHH)

Todos los años las inundaciones, tornados y tormentas azotan nuestra tierra, destruyendo o dañando cientos de hogares y dejando a miles de personas sin hogar. Y cuando se les pregunta: “¿Van a reconstruir?”. La respuesta que se escucha una y otra vez es: “Sí, vamos a reconstruir. Nos vamos a quedar. ¡No vamos a renunciar a nuestro hogar!”.

“Eso es América”, decimos. Ese es el verdadero espíritu del pueblo estadounidense. No nos rendimos fácilmente; la peleamos. Cuando nos derriban, nos levantamos de nuevo. Cuando la inundación, el tornado, el incendio o lo que sea destruye nuestra casa, granja o negocio, reconstruimos, hacemos todas las reparaciones que sean necesarias, y seguimos adelante.

Si solo tuviéramos más de ese espíritu en nuestros hogares y en nuestras familias…

Cuando las tormentas de la naturaleza dañan nuestra casa, estamos listos para reconstruirla y restaurarla. Sin embargo, cuando las tormentas de la vida nos golpean (problemas de dinero, problemas con los hijos, desacuerdos conyugales) cuando tormentas como estas invaden nuestras vidas, no siempre estamos listos para reconstruir. De hecho, a veces estamos listos para rendirnos.

Aquí es donde la Palabra de Dios y la oración son tan importantes. Y esta no es mi idea; es idea del Señor. “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas”, nos dice Jesús. “Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará”. El mensaje del Salvador es claro. Solo confiando en él como Señor y Salvador, puede tener la fuerza que necesitamos para superar las dificultades que la vida nos presenta.

Con las palabras de Cristo en nosotros y con oración, las cosas realmente comienzan a suceder a través del poder del Espíritu Santo. La familia que persevera ante las dificultades es la familia que lee y comparte la Palabra de Dios con regularidad. Es la familia que estudia sus promesas, que escucha atentamente lo que él tiene que decir, que medita en la aplicación de la Palabra en sus vidas y, que se acerca a Dios en oración. ¿Cómo es con tu familia?

ORACIÓN: Padre celestial, en la vida de tu Hijo Jesús nos has dado todas las cosas. Enséñanos a entregarte todo a ti, y a descansar en la paz que solo Tú puedes dar. En el nombre de Jesús. Amén.

The Lutheran Layman, abril de 1979, “La Palabra de Dios y la oración”, por el Reverendo Edward Meyer

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo podemos ver que la palabra de Cristo permanece en nosotros?

2.- ¿Qué haces para que tu hogar sea más acogedor y vibrante espiritualmente?

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Vale la pena - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 05/07/2019

Vale la pena

Así ha dicho el Señor: “Así como alguien que halla un racimo con uvas jugosas dice:’Esto es una bendición. No hay que dañarlo’, así voy a actuar en favor de mis siervos: No los destruiré a todos. Haré que de Jacob salgan descendientes, y que Judá sea el heredero de mis montes. Mis elegidos tomarán posesión de la tierra, y mis siervos la habitarán”.

Isaías 65:8-9

En mi patio trasero cultivo uvas. Si bien a la vid en sí le está yendo bien, los racimos de uvas no han resultado buenos. Las uvas pueden desarrollar enfermedades fúngicas o bacterianas. En nuestro caso, el problema son las aves y las ardillas. Un racimo de uvas que un día está completo y lleno de frutas, al día siguiente no le quedan más que tallos.

En los tiempos de Isaías también hubo problemas como este. Isaías describe a un cosechador de uvas que, cuando se encuentra con un racimo decepcionante y va a tirarlo, otro hombre lo detiene y le dice: “No lo tires, todavía hay algunas uvas buenas. Consérvalo”. Lo usarán para hacer vino.

Este tipo de cosas puede ser extraño para algunos de nosotros, ya que vivimos en una cultura de cosas desechables. Muchas personas no tienen paciencia para clasificar un racimo de uvas y escoger las buenas. Prefieren tirar todo el racimo e ir a buscar otro.

Pero Dios no es así. En este pasaje, Él está usando el racimo de uvas para describir a su pueblo. Aunque la mayoría son infieles y están espiritualmente podridos, todavía hay algunos a quienes Él considera valiosos. A esos los seleccionará y los usará para hacer vino nuevo.

“Está bien”, podemos pensar, “pero conozco mis faltas. Si soy una uva, no soy de alta calidad. ¿Por qué va a quererme Dios?”. Es una pregunta sensata si estamos pensando solo en nosotros mismos y en nuestra propia naturaleza humana, que está viciada y está infectada con el mal. Pero no es así como Dios nos ve.

Jesús nos describe de esta manera: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ustedes ya están limpios, por la palabra que les he hablado. Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Así como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer” (Juan 15:1-5).

No importa lo que seamos por nosotros mismos. Ahora que el Espíritu Santo nos ha llevado a la fe en Jesús, somos Sus uvas, racimos en Su vid que compartimos la vida eterna que él ganó para nosotros con su sufrimiento, muerte y resurrección. Su vida y bondad fluyen a través de nosotros. Ahora somos buenos frutos, frutos valiosos, porque somos suyos.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por hacerme parte de tu vida. Permite que tu nueva vida fluya a través de mí y hazme fructífero para ti. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

  1. ¿Qué significa que el Padre podará las ramas que no dan fruto?
  2. ¿Cómo “vivimos” en Jesús?

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