«El fruto no compra el árbol»

Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas (Efesios 2:10).

Recuerdo que cuando mis hijos estaban pequeños teníamos un calendario de quehaceres para que cada quien ayudara en la casa. Uno lavaba los platos, otro ayudaba con el carro, otro con la grama, y así cada uno tenía algo que hacer mientras viven en casa.

Pero ellos no ayudan para ganarse el apellido de la familia. No lavan platos, limpian o cortan la hierba para que nosotros digamos: “Ahora sí te firmamos el acta de nacimiento”. Es al revés. Ayudan porque ya pertenecen, porque han recibido el apellido, amor, cuidado, techo, comida y familia.

Eso me ayuda a entender el Artículo VI de la Confesión de Augsburgo, sobre la nueva obediencia. La fe verdadera produce buenos frutos y buenas obras. Pero esas obras no compran el amor de Dios. El fruto no compra el árbol. El árbol da fruto porque está vivo.

Tus buenas obras no te hacen hijo de Dios. Jesús ya hizo eso por ti. Él vivió, murió y resucitó para darte perdón, vida y un lugar en la familia del Padre.

Así que, cuando pienses que tienes que hacer más para que Dios te ame, recuerda: el fruto no compra el árbol. Primero viene la gracia. Primero viene Jesús. Y luego, capacitados por Dios, servimos al prójimo con gratitud, no para ganar un lugar, sino porque en Cristo ya pertenecemos.

Ahora vivimos sirviendo no para comprar el amor de Dios, sino porque en Jesús ya lo recibimos. Nuestros quehaceres, trabajo, paciencia con otros y servicio al prójimo son frutos de esa gracia. El fruto no compra el árbol; el fruto muestra que Jesús me ha dado vida.

Oración: Padre nuestro, gracias porque en Jesús nos haces Tuyos por gracia y nos creas para buenas obras. Ayúdanos a servir con gratitud, no para ganar Tu amor, sino porque ya lo hemos recibido en Cristo. En el nombre de Jesús. Amén.

Para reflexionar:
* Si tus buenas obras no son para ganarte el amor de Dios, ¿para quién son?
* ¿Qué tarea diaria, en tu casa, trabajo, iglesia o familia, puedes hacer como fruto de la gracia que ya recibiste en Jesús?

Diaconisa Noemí Guerra


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