
Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas (Efesios 2:10).
En Efesios 2, Pablo viene diciendo algo bien claro: somos salvados por gracia, por medio de la fe, no por nuestras obras. En otras palabras, Dios no necesita tus buenas obras. Pero justo después dice que fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras. En otras palabras, tu prójimo sí las necesita.
La Confesión de Augsburgo, en el Artículo XX, aclara que la fe verdadera no desprecia las buenas obras. Lo que rechaza es pensar que nuestras obras pueden comprar el favor de Dios. Jesús ya hizo la obra que nos salva, y por medio de la fe recibimos Su gracia. Entonces, sostenidos por Él, servimos al prójimo con amor, no para ganarnos a Dios, sino porque ya hemos sido amados por Él.
Como se le atribuye a Lutero: “Dios no necesita tus buenas obras, pero tu prójimo sí”. Así que delante de Dios no nos salvamos por obras; pero delante del prójimo, nuestras buenas obras son necesarias porque Dios nos usa para amar, servir y cuidar a otros.
¡Qué alegría! Jesús ya hizo la obra que nos salva. Y desde esa gracia, Él también nos capacita para amar y servir.
Oración: Padre nuestro, gracias porque Jesús hizo por nosotros la obra que nos salva. Danos fe para descansar en Su gracia y amor para servir al prójimo. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Dónde necesitas descansar más en la gracia de Jesús?
* ¿A quién podrías enviarle este devocional para recordarle que no tiene que ganarse el amor de Dios?
Diaconisa Noemí Guerra
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