
Entonces Moisés pidió ayuda al Señor y le dijo: «¿Qué voy a hacer con este pueblo? ¡Un poco más, y me matarán a pedradas!» (Éxodo 17:4).
El desierto no solo seca la tierra, también puede secar la esperanza. Moisés, líder cansado y perseguido por su propio pueblo, se encuentra al borde del colapso. La gente, desesperada por agua, se olvida de todo lo que Dios ya ha hecho por ellos. Reclaman, se quejan, y apuntan su ira contra Moisés. ¿Y él qué hace? Clama al Señor.
Tal vez tú también has estado en ese lugar: rodeado de demandas y problemas, con el alma agotada, sintiendo que no puedes más. En medio de esa presión, el corazón se agita, la paciencia se rompe, y las palabras se vuelven duras. Pero este pasaje nos recuerda algo precioso: Dios no se aleja del clamor de los suyos. Cuando Moisés levanta su voz, Dios responde con amor. No responde con castigo, sino con provisión. Ordena a Moisés golpear la roca, y de ella fluye el agua que da vida
Jesús es el agua de vida, y vino a este mundo para que ni tú ni yo volvamos a tener sed jamás. Qué consuelo es saber que Dios conoce nuestras necesidades, nuestras luchas, nuestras cargas. Y aun cuando no lo merecemos, Él sigue siendo fiel. Sigue proveyendo. Sigue cuidando. En nuestro desierto, Él es la fuente que no se seca. Y cuando sentimos que no podemos más, Su amor nos sostiene.
Padre amado, cuando mi alma se canse, recuérdame que tú estás conmigo, que tú me acompañas. Gracias por tu paciencia, tu cuidado y tu amor constante. Amén.
Para Reflexionar:
* ¿Hay algo que hoy te está agotando espiritualmente?
* ¿Qué sientes al saber que el agua de vida de Jesús está lista para saciar tu sed de Él?
El autor de nuestra devoción de hoy es el Pastor John Cobos, oriundo de Ecuador, y misionero hispano en los Estados Unidos.
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