
…quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están sufriendo, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios (2 Corintios 1:4).
Y es que hay noticias que te dejan sin palabras. Un diagnóstico. Una llamada. Un mensaje que dice: “Salió algo en tus exámenes”.
Uno quiere ayudar, pero no sabe qué decir. Y por miedo a decir algo mal, a veces uno se aleja.
Pablo habla en la lectura de hoy del Dios que consuela en toda tribulación. No dice que el dolor sea fácil ni que siempre entendamos el porqué. Dice que Dios consuela, y que ese consuelo también nos capacita para acompañar a otros.
La fe no nos manda a explicar todo sufrimiento como si tuviéramos acceso secreto a los planes de Dios. Nos lleva a Jesús crucificado y resucitado.
Jesús conoce el dolor del cuerpo, el miedo, la soledad y las lágrimas. En la Cruz cargó nuestro pecado y, con Su resurrección, venció la muerte.
Cuando capacitados por Dios acompañamos cuando duele, escuchamos sin apurarnos y servimos con ternura, el consuelo de Cristo se vuelve visible. Así que cuando no sepas qué decir, recuerda: muchas veces amar empieza con estar cerca, solo con acompañar cuando duele.
Así que la próxima vez que una noticia difícil te deje sin palabras, o que quieras acompañar a alguien, pero no sepas ni por dónde empezar, recuerda que acompañar cuando duele no significa tener todas las respuestas. Dios es quien nos consuela para que también podamos consolar a otros. Jesús, que cargó nuestro dolor y venció la muerte, te capacita para estar cerca, escuchar sin apurar, ofrecer ayuda concreta y quedarte con amor cuando alguien está sufriendo.
Oración: Padre nuestro, gracias porque Jesús cargó nuestro dolor y venció la muerte. Enséñanos a acompañar cuando duele. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Qué dolor necesitas poner hoy delante de Jesús?
* ¿Cómo puedes acompañar cuando duele sin tratar de arreglarlo todo?
Diaconisa Noemí Guerra
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