
¡Hombre! El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que él espera de ti, y que no es otra cosa que hacer justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios (Miqueas 6:8).
Más claro que esto, ni el agua. La fe no es para quedarse guardada en una gaveta. Sale contigo al trabajo, a la escuela, al tráfico, al supermercado, a la oficina pública y a la mesa familiar.
La Confesión de Augsburgo, en el Artículo XVI, dice: “El Evangelio no destruye el gobierno secular, el estado y el matrimonio. Al contrario, su intento es que todo esto se considere como verdadero Orden Divino y que cada uno, de acuerdo con su vocación, manifieste en estos estados el amor cristiano y verdaderas obras buenas”.
Miqueas habla a un pueblo muy religioso por fuera, pero injusto con los demás. Dios no quiere apariencias vacías; quiere una fe que se note en misericordia y humildad. Así Miqueas resume la fe en la vida pública en palabras sencillas: justicia, misericordia y humildad delante de Dios.
Pero todos fallamos. A veces vivimos la fe solo en privado. O usamos nuestra libertad para servirnos a nosotros mismos.
La buena noticia es que Jesús vivió perfectamente delante de Dios y del prójimo. En la Cruz cargó nuestra injusticia y resucitó para hacernos nuevas criaturas.
Y Jesús no solo salva tu alma; también transforma cómo vives en tus responsabilidades diarias.
Cuando capacitados por Dios actuamos con justicia, mostramos misericordia y servimos en nuestra vocación, el amor de Jesús se vuelve visible en el mundo.
Así que la próxima vez que estés en el trabajo, en el tráfico, en una fila, en una reunión familiar o frente a una decisión difícil, recuerda que tu fe también camina contigo allí. Jesús te salvó por gracia, y ahora te capacita para vivir con justicia, misericordia y humildad en lo público y en lo privado, sirviendo al prójimo desde el lugar donde Dios te puso.
Oración: Padre nuestro, gracias porque Jesús nos salvó y nos llama a vivir con justicia, misericordia y humildad. Capacítanos para servir fielmente en nuestras vocaciones. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Dónde te cuesta vivir tu fe públicamente?
* ¿Cómo sirven tus vocaciones al prójimo?
Diaconisa Noemí Guerra
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