«Libres para amar»

Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres… (Gálatas 5:1a).

La libertad es una maravilla. Pero en vez de disfrutarla, a veces convertimos cualquier cosa en una carga. Hasta las cosas más lindas como tradiciones, costumbres, formas de vestir, comidas o canciones.

La Confesión de Augsburgo, en el Artículo XV, dice: “De los ritos eclesiásticos de origen humano se enseña que se observen los que puedan realizarse sin pecado y sirvan para mantener la paz y el buen orden en la iglesia… Sin embargo, se alecciona no gravar a las conciencias con esto, como si tales cosas fueran necesarias para la salvación”.

Pablo escribió Gálatas porque algunos estaban convirtiendo prácticas externas en requisito para estar bien con Dios. Nosotros también caemos ahí. Medimos la fe por apariencias. Juzgamos estilos. Nos aferramos a costumbres como si salvaran.

Pablo no está diciendo que el orden, las costumbres o las tradiciones sean malas. El problema aparece cuando algo humano ocupa el lugar del Evangelio. La fe descansa en Jesús, no en ritos humanos; por eso las buenas costumbres sirven mejor cuando apuntan a Cristo y cuidan al prójimo y no nos quitan nuestra libertad. Así, lo que hacemos juntos en la iglesia deja de ser carga y se vuelve regalo que nos ayuda a caminar en paz.

Pero Jesús no murió para cambiarnos una lista por otra. Murió para liberarnos del pecado, de la culpa y de tratar de salvarnos por prácticas humanas.

Jesús no solo te libera de la condenación; también te libera para amar al prójimo sin cargarle reglas que Él nunca puso.

Cuando capacitados por Dios valoramos las buenas costumbres sin hacerlas salvadoras, podemos vivir con paz, orden y amor.

Así que la próxima vez que una tradición, un horario o una costumbre bonita empiece a sentirse como medida de fe, y dejes de disfrutar tu maravillosa libertad, recuerda: puedes recibir lo bueno con gratitud, soltar lo que carga la conciencia, y usar esa libertad para amar mejor a quienes caminan contigo.

Oración: Padre nuestro, gracias porque Jesús nos hizo libres por Su Cruz. Enséñanos a vivir esa libertad con amor, paz y servicio al prójimo. En el nombre de Jesús. Amén.

Para reflexionar:
* ¿Qué costumbre buena te ayuda a escuchar a Jesús?
* ¿Qué carga innecesaria necesitas soltar?

Diaconisa Noemí Guerra


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