«¿Qué estás confesando con tu vida?»

En presencia de reyes hablaré de tus testimonios, y no tendré de qué avergonzarme (Salmo 119:46).

Por varios meses caminamos juntos, buscando a Jesús en cada libro de la Biblia, ahora comenzamos una nueva serie. Ya vimos que toda la Escritura apunta a Jesús. Ahora vamos a ver cómo la Confesión de Augsburgo, nos ayuda a decir con claridad quién es Él, qué hizo por nosotros y por qué Su obra sigue siendo nuestra paz hoy. Nos ayuda a en presencia de reyes hablar de Sus testimonios, y no tener de qué avergonzarnos. Nos ayuda a saber qué estamos confesando con nuestra vida.

La Confesión de Augsburgo es una confesión pública de la fe luterana, presentada en el año 1530 ante el emperador Carlos V por ciertos príncipes y ciudades. Fue escrita para decir con claridad: “Esto creemos, esto enseñamos, esto confesamos según la Palabra de Dios” y con la enseñanza de sus pastores y predicadores.

Es importante porque todavía vivimos en tiempos donde hay mucha confusión espiritual. Algunas personas piensan que la fe cristiana es solo portarse bien, seguir reglas, tener tradición familiar o ser buena persona. Pero la Confesión de Augsburgo nos ayuda a hablar con claridad: en el centro está Jesús, Su obra, Su perdón y Sus medios de gracia.

El Salmo 119 es un canto largo de amor por la Palabra de Dios. El salmista no ve la Palabra como una carga fría, sino como vida, camino, consuelo y verdad. En el versículo 46 dice que hablará de los testimonios de Dios delante de los reyes y no se avergonzará. No habla con orgullo, sino con confianza, porque la verdad que confiesa no nace de él. Viene de Dios.

¿Te ha pasado que no sabes cómo explicar lo que crees? Tal vez te da pena, o sientes que no sabes suficiente. La Confesión de Augsburgo nos recuerda que el centro no somos nosotros. El centro es Jesús.

Oración: Padre nuestro, gracias porque nos das Tu Palabra y en ella nos muestras a Jesús. Ayúdanos a confesar Tu verdad sin vergüenza, con humildad, claridad y amor. En el nombre de Jesús. Amén.

Para reflexionar:
* ¿Qué estás confesando con tu vida?
* ¿A quién puedes hablarle de Jesús con humildad y amor esta semana?

Diaconisa Noemí Guerra


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