Él nos oye - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 21/10/2019

Él nos oye

Aquel hombre me tocó con la mano y me hizo ponerme de rodillas y apoyarme sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: «Tú, Daniel, eres muy amado. Ponte de pie y presta atención a lo que voy a decirte, porque he sido enviado a ti. Mientras aquel hombre me decía esto, yo me puse en pie, aunque tembloroso. Entonces aquel hombre me dijo: «No tengas miedo, Daniel, porque tus palabras fueron oídas desde el primer día en que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios. Precisamente por causa de tus palabras he venido.

Daniel 10:10-12

El profeta Daniel era un judío que vivía exiliado en Babilonia. Era un funcionario del gobierno, quien amaba y servía al Señor, y quien nunca había olvidado el dolor de su pueblo, los judíos exiliados. Estaba dolorosamente consciente de que Dios los había enviado lejos de su tierra porque adoraban a dioses falsos, pero también sabía que Dios había prometido que les permitiría regresar después de 70 años. Entonces, cuando supo que el tiempo se acercaba, Daniel comenzó a orar, a ayunar y a buscar a Dios con todo su corazón.

Piensa en eso por un momento. Daniel es un hombre soltero quien ha pasado casi toda su vida a casi 2.000 millas de su casa. Durante toda su carrera laboral ha estado entre extraños, trabajando en un gobierno extranjero y hablando un idioma diferente al suyo. Es una hormiga en el vasto imperio babilónico, sin embargo él habla con Dios. Él clama a Dios pidiendo ayuda. Y cuando parece no obtener respuesta, durante mucho tiempo, él sigue orando.

Ahí es donde comienza este pasaje de la Biblia. Un ángel finalmente visita a Daniel y lo deja totalmente abrumado, tanto que se derrumba. Entonces el ángel tiene que levantarlo y darle fuerzas. El ángel se refiere a él como “Daniel, hombre muy amado” por Dios -¡qué maravilloso!-, y le dice: “Ponte de pie y presta atención a lo que voy a decirte, porque he sido enviado a ti. Tus palabras fueron oídas desde el primer día en que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios. Precisamente por causa de tus palabras he venido”.

Me pregunto cuánto tiempo le tomó a Daniel asimilar lo que estaba viviendo. Un ángel grande y glorioso estaba parado en frente suyo diciéndole: “He venido por tus palabras”. Creo que me habría desmayado de la impresión.

¿Y tú? ¿Tomas en serio la oración? La oración es un regalo increíble que se nos ha dado. “No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”, dice el Señor (Filipenses 4: 6). “Entonces ustedes me pedirán en oración que los ayude, y yo atenderé sus peticiones”, dice (Jeremías 29:12). Y Juan nos recuerda: “Y ésta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).

¿Por qué? Solo hay una razón: porque Dios nos ama y nos dio a Su Hijo Jesús como Salvador. Ya no somos rechazados ni extraditados. Por la fe en Jesús, Él nos ha hecho hijos suyos. Y cualquier buen padre escucha a sus hijos cuando le hablan. Aunque seamos como pequeñas hormigas débiles, Dios nos escucha. Seamos agradecidos por el privilegio de la oración, ¡y usémosla!

ORACIÓN: Querido Padre, gracias por dejarnos orar a través de Tu Hijo Jesucristo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

¿Te sorprendería si apareciera un ángel en tu habitación? ¿Por qué sí o por qué no?

Cuando piensas en la tu vida de oración ¿qué es lo que más te cuesta?

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Amando a Dios con toda nuestra mente - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 18/10/2019

Amando a Dios con toda nuestra mente

(Jesús dijo) “Y el amo elogió al mal mayordomo por haber actuado con tanta sagacidad…”

Lucas 16:8

La parábola del mayordomo deshonesto nos muestra a un hombre que está a punto de ser despedido porque el hombre rico para quien trabaja se enteró de que está haciendo un mal trabajo. Este es generalmente el momento en que los guardias de seguridad aparecen en la escena y escoltan al empleado fuera de las instalaciones, ¿verdad? Pero eso no sucede en esta historia. Para su sorpresa, el hombre rico le da uno o dos días para ordenar sus expedientes y, efectivamente, el mayordomo encuentra una manera de amortiguar su propia caída.

Con la autoridad que aún le quedaba, el mayordomo llamó a todos los que le debían dinero a su jefe. Entonces rebajó drásticamente sus deudas y ellos se fueron agradecidos. Lo más probable es que no tenían idea de lo que realmente estaba sucediendo ¡Seguramente pensaron que el hombre rico estaba de muy buen humor ese día y por eso había ordenado tal rebaja!

Y, por supuesto, una vez que el hombre rico se enteró de las rebajas, ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto. Indudablemente, toda la aldea lo alababa por su generosidad. Intentar revertir la condonación de la deuda habría sido una pesadilla de relaciones públicas. Así que el mayordomo deshonesto escapó del destino que le esperaba, al menos por un tiempo. Sin duda se hizo popular, al menos mientras duró la gratitud de los deudores. Y el jefe tuvo que admirar su astucia.

Es una historia interesante, cierto. Pero, ¿por qué la contaría Jesús? ¿Qué podemos aprender de ella?

En este mayordomo solo vemos algo bueno: la gran velocidad con que enfrentó la realidad de su situación, examinó cuáles eran sus opciones y se le ocurrió un plan para salvar su pellejo. En otras palabras, el hombre tenía cerebro, y lo usaba bien. No perdió el tiempo dando vueltas, pensando en el pasado. Se le ocurrió un plan viable y lo implementó de manera brillante.

Tristemente, como dijo Jesús, “en el trato con sus semejantes los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de la luz” (Lucas 16: 8b). ¿Con qué frecuencia has visto desastres en la iglesia que pudieron haberse evitado usando el sentido común? ¿Con qué frecuencia se desperdician recursos, se ofende a las personas o se realizan grandes cantidades de trabajo, solo para tener que volver a hacerlo todo, porque nadie pensó en todas las consecuencias posibles?

Los cristianos a menudo disculpamos este tipo de comportamiento porque pensamos que las personas “tenían buenas intenciones”. Eso puede ser cierto, pero estamos llamados a amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma, y con toda nuestra mente (Mateo 22: 37b). Jesús no era un tonto; no habría sobrevivido para ir a la cruz en el momento elegido por Dios si no hubiera tenido el sentido común de saber exactamente cómo lidiar con las autoridades antagónicas como Herodes y los sumos sacerdotes.

Pablo nos recuerda que Jesús no es solo el amor de Dios, sino la sabiduría de Dios para nosotros. Él es la luz de nuestras mentes y corazones. Sigamos a Jesús, nuestra sabiduría, con corazones sinceros y mentes claras, confiando que en Él nos mostrará el camino.

ORACIÓN: Querido Señor, abre mi mente para entender tu voluntad. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que a Dios le importa nuestro pensamiento y sentido común? ¿Por qué sí o por qué no?
2.- ¿Cómo sirves al Señor con tu mente?

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Nuestro Mediador - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 17/10/2019

Nuestro Mediador

Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen a conocer la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, que es Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

1 Timoteo 2:3-6

¿Alguna vez has necesitado la ayuda de un mediador?

Si vienes de una cultura vietnamita tradicional, la respuesta definitivamente sería “sí”. Eso se debe a que, en esa cultura, casi todas las decisiones importantes que involucran a dos partes también involucran al menos a un mediador, ¡aunque por lo general no se les llama “mediador”!

Déjame contarte. Supongamos que alguien de la cultura vietnamita quiere comprar el auto de un amigo. No sólo llega y le dice: “Oye, me gustaría comprar tu auto”. Si hiciera eso, el dueño del auto se sentiría presionado a vendérselo, aunque no quisiera, por el hecho de que son amigos. No podría decirle que “no” en la cara a su amigo, pues esto sería una gran falta de respeto.

Así funciona esa cultura. La persona obtendría lo que quiere, el auto, pero también podría perder una amistad, porque su amigo se molestaría por la forma en que se le incomodó y no se le dio la oportunidad de decir que “no” al trato sin sentirse presionado.

Entonces, ¿cuál sería la forma correcta de manejar algo así? Habría que encontrar un mediador. Se acudiría a alguien que los conozca a ambos, por ejemplo, un amigo en común, y se le diría: “Oye, realmente me gustaría comprar el auto de fulano de tal. ¿Crees que estaría interesado en venderlo?”. Entonces, el amigo en común haría de mediador. Él buscaría al dueño del automóvil y le diría: “Creo que a fulano de tal realmente le gustaría comprar tu automóvil, si te interesa venderlo”. Así, el propietario del automóvil podría responder que “sí” o que “no” al mediador, quien luego entregaría el mensaje. De esa manera todos obtienen una respuesta sincera, y nadie tiene que lidiar con la vergüenza o el dolor de un rechazo en la cara.

Sin embargo, esto sólo funciona si se cuenta con un amigo mutuo de confianza, una tercera persona que los conozca y se preocupe por ambos. Especialmente en los casos más importantes, se necesita de una persona que realmente los ame a ambos y que tenga un interés real en ambas vidas. En situaciones de mayor riesgo, esa persona debe ser un pariente. Y tenemos justamente a un pariente en Jesucristo.

Sabemos muy bien el gran lío en el que estamos metidos con Dios. Por naturaleza Dios es bueno, santo, justo, misericordioso, amoroso, perfecto y todo lo bueno. ¿Pero nosotros? Bueno, lo mejor que se puede decir de nosotros es que ya no funcionamos bien. No somos lo que Dios quería que fuéramos. Estamos retorcidos y destrozados, lidiamos una batalla interminable con el deseo de hacer el mal, lastimamos a otros e incluso nos rebelamos contra Dios mismo.

Necesitamos ayuda. Necesitamos el perdón, la ayuda y la transformación de Dios, especialmente. Pero, ¿cómo podemos hablar con Él si estamos tan lejos por el gran lío? Necesitamos un mediador. Necesitamos el tipo de mediador más cercano, uno que sea pariente de los dos.

Y tenemos justamente a un pariente: Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre. Él se ha convertido en nuestro Salvador y nuestro Mediador, y nos ama a todos. Estamos en las mejores manos con Él. No es posible que se equivoque. ¡Gracias a Dios!

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, ayúdame a confiar en ti para representarme frente a Dios. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Alguna vez has necesitado a un amigo o pariente como mediador?
2.- ¿En cuál área específica de tu vida te gustaría que Jesús fuera el mediador entre tú y Dios?

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El precio de una persona - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 16/10/2019

El precio de una persona

Oigan esto, ustedes, los que explotan a los menesterosos y dejan en la ruina a los pobres de la tierra. Ustedes dicen: «¿Cuándo pasará la fiesta de luna nueva? ¡Entonces podremos vender el trigo! ¿Y cuándo pasará el día de reposo, para que abramos los graneros? ¡Achicaremos la medida, subiremos el precio, y adulteraremos la balanza! ¡Así podremos comprar a los pobres por dinero, y a los necesitados a cambio de un par de zapatos! ¡Hasta los desechos del trigo podremos vender!». Pero el Señor ha jurado por la gloria de Jacob: «¡No voy a olvidar ninguna de sus malas acciones!».

Amós 8:4-7

Cuando leo esta parte de la Biblia, recuerdo un caluroso día de verano hace años cuando fui a ayudar a una refugiada con algunos documentos en su trabajo. Tenía 70 años y era pequeña, con huesos como los de un colibrí. Hacía trabajos de ensamblaje en St. Louis; imagino que ganaría el salario mínimo, pero no puedo estar segura. De lo que sí estoy muy segura es de que no tenía seguro de salud a través de su trabajo.

Lo que más recuerdo fue la ráfaga de aire caliente que me llegó cuando entré en el edificio en el que ella estaba de pie. “De pie”, digo; no había sillas para los trabajadores, y ni siquiera piso. El edificio no era más que una cabaña de metal en medio del estacionamiento de asfalto cerca de un centro comercial. No había aire acondicionado ni ventanas. Debe haber estado a 120 grados allí. No me sorprendió cuando se desmayó.

No sabíamos cómo ayudarla. La llevamos al hospital, lo que resultó en una factura que no podía pagar. Pero no podía darse el lujo de dejar de trabajar en la fábrica de explotación: su familia necesitaba el dinero. Y no había otros trabajos para los cuales estuviera capacitada, al menos ninguno que no tuviera las mismas condiciones de trabajo imposibles.

¿Cuánto valía su vida?

Para sus hijos y nietos, ella valía todo. La amaban y ella era el sostén de la familia. Para sus jefes, bueno, ella era una trabajadora fácilmente reemplazable. Siempre hay otra persona desesperada que quiera hacer ese trabajo. Y todos sabemos que a la fábrica de explotación no la van a cerrar.

¿Y el trabajo en sí? Bueno, creo que era una especie de juguete de plástico. El tipo de cosa que sirve durante una semana y luego se rompe y se tira a la basura. El costo de unos pocos dólares. El valor de su vida.

“¡Así podremos comprar a los pobres por dinero, y a los necesitados a cambio de un par de zapatos!”. Estas cosas: injusticia y peligro y pobreza profunda, suceden en Estados Unidos. Puede que te estén pasando a ti. Ciertamente están sucediendo a tu alrededor, posiblemente a tus hijos o nietos, probablemente a tus vecinos.

¿Y a quién le importa? A ti, espero. Al Señor Jesús, ciertamente. Porque Él es quien compró a cada uno de nosotros, seres humanos, a un costo infinito: a costa de su propia vida. A los ojos de Jesús no eres un juguete de plástico desechable; eres apreciado y valioso, ya seas rico o pobre, estés cómodo o sufriendo. Y también tus vecinos.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a comprender el valor que Tú nos asignas y a mostrar el mismo amor y valor a mi prójimo. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Qué te ayuda a recordar el inmenso valor que Jesús da a tu vida?
2.- ¿Conoces a alguien que esté sufriendo en este momento? ¿Cómo puedes ayudar?

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Levantados - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 15/10/2019

Levantados

¿Quién como el Señor nuestro Dios? El Señor tiene su trono en las alturas, pero se digna inclinarse para ver lo que ocurre en el cielo y en la tierra. El Señor levanta de la nada al pobre, y saca del muladar al pordiosero, para darles a los dos un lugar entre los príncipes, entre los gobernantes de su pueblo.

Salmo 113:5-8

En algunas leyendas y cuentos de hadas, el rey en su trono, rodeado y protegido por soldados y asesores judiciales, siente curiosidad por la vida de sus súbditos. Entonces, un día, el rey deja a un lado sus túnicas reales y se viste con harapos. Evitando a sus guardias, el rey se desliza por la puerta trasera del palacio (sí, los palacios tienen una puerta trasera) y camina, sin ser reconocido, por la ciudad. Él ve cómo vive y trabaja su gente y escucha sus problemas. Aprende lecciones que, con suerte, lo convertirán en un rey mejor y más sabio.

Según el salmista, el Señor está sentado en su trono celestial, mirando hacia abajo a los cielos y la tierra sobre los cuales Él gobierna. En un relato que no es una leyenda o un cuento de hadas, sino la verdad absoluta del Evangelio, nuestro Rey celestial dejó a un lado Su gloria y descendió a la tierra. Tomó en sí mismo carne humana y nació entre nosotros como uno de nosotros.

El Dios-Hombre, Jesucristo, no solo se mezcló con sus súbditos por un día o un par de días o semanas. Vivió, trabajó, curó y enseñó entre su pueblo durante unos 30 años. Luego, a la hora señalada, el Rey, que había dejado a un lado la gloria del cielo, fue coronado no con oro, sino con espinas, despojado incluso de sus vestiduras terrenales comunes y clavado en una cruz. Jesús nuestro Rey no solo tomó sobre sí nuestra carne humana, sino que llevó nuestros pecados en su propio cuerpo en la cruz. Sufrió la pena de muerte que merecíamos por nuestros pecados y, con su muerte y resurrección, nos levantó del polvo y las cenizas del pecado y la muerte.

Unidos en el bautismo a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, hemos sido levantados “para sentarnos con príncipes” y princesas, nuestros hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Nuestro Dios y Salvador nos miró con compasión y amor. Él dejó su trono y vino a la tierra para vivir, morir y resucitar para hacernos su propio pueblo, su sacerdocio real, su nación santa.

Dios nos dio vida junto con Cristo “y también junto con él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales” (Efesios 2:6). Ahora, como nuestro Rey resucitado y reinante, podemos alcanzar y levantar a otros a través de la fe en Cristo para que ellos también puedan unirse en comunión con nosotros, ahora y por toda la eternidad.

ORACIÓN: Señor Jesús, por tu muerte y resurrección hemos sido levantados y resucitados a una nueva vida como tu pueblo santo. Guíanos a ser testigos fieles de ti y a servir a los demás con compasión y amor. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Por qué le importaría a Dios levantar a los pobres del polvo y a los necesitados del montón de cenizas?
2.- El mundo está lleno de gente golpeada. ¿Tu corazón está con ellos? ¿Existen condiciones o circunstancias humanas que muevan o toquen tu corazón más que otras?

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Hay más para ver - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 14/10/2019

Hay más para ver

En otro tiempo, ustedes eran oscuridad; pero ahora son luz en el Señor. Por tanto, vivan como hijos de luz.

Efesios 5: 8

Las técnicas quirúrgicas desarrolladas a lo largo de los años han hecho posible que algunas personas, ciegas de nacimiento, puedan ver. ¡Que milagro! ¡Qué bendición de Dios!

Pero es una bendición mixta, sin duda. Los médicos que realizaron estas cirugías pronto descubrieron que no todas las personas que recuperaron la vista realmente se beneficiaron. No todos pueden adaptarse a ver después de haber desarrollado tanto sus otros sentidos, durante 20, 30 o 40 años, para compensar la ceguera.

Un médico que estudió a estos pacientes señaló que, cuando se les pidió que realizaran tareas relativamente difíciles como subir un tramo de escaleras, por ejemplo, antes de hacerlo cerraban los ojos. Siempre lo habían hecho así, por lo que se sentían más seguros y cómodos.

Es fácil de comprender. Algo así hacemos en nuestra vida espiritual, y con consecuencias drásticas.

Por la gracia de Dios, sus hijos disfrutamos de las bendiciones de la visión espiritual. La Biblia dice que una vez fuimos oscuridad, pero ahora somos luz en el Señor y el Espíritu Santo nos insta a caminar como hijos de la luz.

Pero surgen situaciones en las que estamos tentados a cerrar los ojos mientras caminamos. Cuando enfrentamos problemas, nos es más cómodo volver a nuestra antigua forma de ver las cosas desde un punto de vista meramente humano.

Nuestros ojos se han abierto al poco tiempo disponible con el que contamos antes que llegue la noche, antes del día en que nuestro Señor regrese y traiga juicio a las naciones.

Nuestros ojos se han abierto a las ricas promesas de Dios, a la imposibilidad de que Él le falle a sus hijos.

Nuestros ojos se han abierto a la excelencia que Él ha puesto dentro de nosotros a través de su Espíritu Santo, una excelencia que nos ha comisionado para usar en servicio a quienes nos rodean.

Nuestros ojos se han abierto al poder de su gracia, tanto para justificarnos como para santificarnos.

Nuestros ojos están abiertos, pero podemos elegir cerrarlos. Podemos elegir mirar a las personas y las situaciones como lo hace el mundo.

El Espíritu de Dios no abre nuestros párpados espirituales a la fuerza. Él no forzará a los creyentes o incluso a congregaciones enteras a usar la visión espiritual que Él ha dado. No nos obligará a ver.

Pero qué tragedia si nosotros, Su pueblo, ¡desperdiciamos la visión que Él da tan brillantemente! Qué tragedia si tropezamos con la mediocridad miope cuando, en un intercambio generoso, nos ofrece vida y excelencia abundantes.

Una vez eras oscuridad, pero ahora eres luz en el Señor. ¡No cierres los ojos! Vive como hijo de la luz.

ORACIÓN: Padre celestial, la luz ha venido en tu Hijo Jesucristo. Ilumina nuestras vidas con la luz de la vida. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

Jane Fryar, The Lutheran Layman.

Para reflexionar:

1.- Caminar como hijos de la luz puede ser difícil. ¿Qué herramienta o recurso utilizas para mantener tu mirada en Jesús?
2.- ¿De qué manera la luz en tu vida ilumina el camino de quienes te rodean?

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Un Dios de corazón cálido - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 11/10/2019

Un Dios de corazón cálido

Todos los cobradores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas comenzaron a murmurar, y decían: «Éste recibe a los pecadores, y come con ellos». Entonces Jesús les contó esta parábola: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, gozoso la pone sobre sus hombros, y al llegar a su casa reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!”. Les digo que así también será en el cielo: habrá más gozo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse. ¿O qué mujer, si tiene diez monedas y pierde una de ellas, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con cuidado la moneda, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la moneda que se me había perdido!”. Yo les digo a ustedes que el mismo gozo hay delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente».

Lucas 15:1-10

Si fueras el pastor en la historia de Jesús, ¿dejarías las noventa y nueve ovejas en campo abierto para ir tras una? No estoy tan segura. Dejar a las ovejas por su cuenta no es una buena idea: quizás se perdieran diez, y ni qué hablar del acecho de lobos y leones. Probablemente haría los cálculos y decidiría conformarme con las 99 que aún tenía.

¿Y si fueras la mujer que encontró la moneda perdida? ¿Llamarías a tus amigos y vecinos para anunciar que la has encontrado? ¡Probablemente te preguntarían por qué fuiste tan tonta como para extraviar algo tan valioso! Y, ahora que todos están en tu puerta, tendrías que alimentarlos. El costo de la fiesta probablemente sería más de lo que valía la moneda.

Una persona práctica llamaría de “tontas” a estas dos personas, pues por su comportamiento corren el riesgo de perder más de lo que ganan. Sin embargo, no todas las decisiones que tomamos están basadas en números.

Jesús deja en claro que Dios no es tacaño. Él ama con todo su corazón. Cuando pierde una oveja, la persigue sin contar el costo. Y eso es lo que hizo por ti y por mí.

Si Dios me hubiera pedido consejo después de que Adán y Eva cayeron en pecado, me temo que habría dicho: “Evita más pérdidas. Bórralos y comienza de nuevo. Solo tomó seis días hacer todo este universo. ¿Por qué pagar un precio mayor?”. Menos mal que Dios no quiso mi consejo. Él supo exactamente lo que iba a hacer: se iba a hacer humano. Iba a nacer, crecer y sufrir entre nosotros; iba a dar su vida para rescatarnos y luego retomarla. Jesús nos iba a salvar, sin importar el costo para sí mismo. Y lo hizo.

Pero ese no fue el final de la historia. Porque luego llegó el momento de regocijarse, la fiesta, la celebración en el cielo, Dios regocijándose con los ángeles. ¿Cómo podría Dios alegrarse por alguien tan poco importante como tú o yo? Pero lo hizo. Para él somos importantes, porque nos ama.

ORACIÓN: Señor, gracias por amarme. Mantenme a salvo contigo para siempre. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- En estos dos pasajes hay mucho regocijo. ¿Cuándo fue la última vez te emocionaste por algo que encontraste?
2.- ¿Cómo puedes compartir cuánto se emociona Dios cuando encuentra a un pecador perdido?

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Lo que solo Dios puede hacer - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 10/10/2019

Lo que solo Dios puede hacer

Esta palabra es fiel y digna de ser recibida por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui tratado con misericordia, para que en mí, el primer pecador, Jesucristo mostrara toda su clemencia para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, al inmortal e invisible, al único y sabio Dios, sean el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

1 Timoteo 1: 15-17

¿Conoces a alguien que “lo haya cambiado todo”?

Por lo general son personas destacadas que nos inspiran a revisar los planes, ya sea para encontrar un nuevo trabajo o para hacer cambios en la forma en que nos cuidamos, ayudándonos a cambiar la forma en que vemos nuestra vida al mostrarnos lo que hicieron con las suyas. No es que simplemente hayan tomado una clase a la noche, sino que analizaron seriamente lo que significa un cambio duradero y persiguieron sus objetivos día tras día, sin perder de vista su estrategia y ejecución.

La mayoría de nosotros quisiéramos cambiar una o dos cosas de nosotros mismos. Y, si somos honestos, quizás sean más que una o dos. Si consideramos todo lo que hemos dejado sin hacer o lo que nos gustaría hacer de manera diferente, quizás hasta nos dé vergüenza.

Con el apóstol Pablo no fue así: él expuso todo su pasado. No lo endulzó; de hecho, no podia endulzarlo. Su estilo de vida precristiano había dejado una mancha sangrienta en la vida de muchos: había servido brutalmente a la causa de una religión con estricta adhesión a la ley judía, una ley contra la cual orgullosamente se consideraba “irreprensible” (ver Filipenses 3:4-6). Para cualquier “estrella” farisaica prometedora bajo su ala, Pablo era auténtico, frío, duro, insensible… todo lo que un fariseo estridente debía ser.

Pero los planes de Dios para ese extraordinario pecador eran más grandes. Al final, sus logros como fanático religioso no llegaron a nada. De hecho, la vida del apóstol lejos de Dios antes de su conversión se convirtió en una lección de la “paciencia perfecta” de Dios hacia los pecadores, pecadores como tú y yo.

Tal es el Dios al que servimos, alabamos y adoramos. Él entra en nuestras vidas y hace algo nuevo de nosotros. Y no se trata de una remodelación superficial. No, es una transformación de principio a fin, dada como un regalo y envuelta en su misericordia.

“Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23).

ORACIÓN: Padre celestial, a través de tu Hijo nuestros pecados son perdonados y la muerte ha sido conquistada. Concédenos la gracia de vivir esta victoria cada día de nuestras vidas. En el nombre de Jesús. Amén.

Paul Schreiber

Para reflexionar:

1.- ¿Crees que Pablo mantuvo algo de su antigua vida como fariseo en su nueva vida en Cristo?
2.- ¿Qué haces para mantener presente tu testimonio cuando conversas con otras personas?

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La justicia de Dios - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 09/10/2019

La justicia de Dios

Yo apacentaré Mis ovejas y las llevaré a reposar”, declara el Señor Dios. “Buscaré la perdida, haré volver la descarriada, vendaré la herida y fortaleceré la enferma; pero destruiré la engordada y la fuerte. Las apacentaré con justicia. “Pero en cuanto a ustedes, ovejas mías… ¿Les parece poco comer en los buenos pastos, para que después hollen con sus pies el resto de sus pastos; o que beban de las aguas claras, para que después enturbien el resto con sus pies? Y en cuanto a Mis ovejas, tienen que comer lo que ustedes han hollado con sus pies, y tienen que beber lo que ustedes han enturbiado con sus pies'”… Por tanto, así les dice el Señor Dios: “Yo mismo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca. Por cuanto ustedes han empujado con el costado y con el hombro, y han embestido con sus cuernos a todas las débiles hasta dispersarlas fuera, libraré Mis ovejas y ya no serán presa; juzgaré entre oveja y oveja. Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará: Mi siervo David. El las apacentará y será su pastor.

Ezequiel 34:15-17a, 18-20, 23 (NBLH)

El dolor que causa el ser lastimado por personas de la iglesia de Dios es muy grande. Esperamos dolor y conflicto en el mundo que nos rodea, pero de los cristianos esperamos cosas mejores. Por eso duele tanto. Duele cuando alguien dice un chisme acerca de nosotros, cuando alguien difunde mentiras maliciosas, cuando somos ignorados o excluidos, o cuando nos tratan como si no fuéramos hermanos en Cristo. Duele tanto, que algunas personas abandonan la iglesia o (¡Dios no lo quiera!) abandonan la fe cristiana por completo.

Dios no está dormido. Él es plenamente consciente de nuestro dolor cuando nos suceden cosas malas y les va a poner fin, como lo ha prometido: “Las apacentaré con justicia… Y en cuanto a Mis ovejas”, dice el Señor Dios: “Yo mismo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca… ¿Les parece poco comer en los buenos pastos, para que después hollen con sus pies el resto de sus pastos; o que beban de las aguas claras, para que después enturbien el resto con sus pies?”. Dios no va a tolerar para siempre esa conducta en su iglesia. El juicio va a llegar.

Pero, más que eso, también va a llegar el consuelo. Porque Dios nos ha prometido que Jesús será nuestro Pastor. Él cuidará de nosotros, nos proveerá y vigilará lo que sucede en el rebaño. No permitirá que la injusticia permanezca para siempre. ¿Cómo podría? Él destruyó el poder del mal en la cruz, aun cuando le costó la vida, saliendo victorioso al resucitar de entre los muertos. Y ciertamente limpiará su iglesia tanto ahora, como cuando regrese en el último día para llevarnos a todos a los nuevos cielos y la nueva tierra.

ORACIÓN: Querido Señor, pon fin al mal y ayúdanos. En Jesús. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:

1.- ¿Has lastimado a alguien? ¿Qué puedes hacer para remediar el daño que has causado?
2.- ¿Conoces a alguien que esté sufriendo en este momento? ¿Cómo puedes ayudarle?

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Escucha mi clamor - Devocional de Cristo Para Todas Las Naciones CPTLN Chile - 08/10/2019

Escucha mi clamor

Señor, ¡escucha mi clamor! ¡Dame entendimiento, conforme a tu palabra! ¡Que llegue mi oración a tu presencia! ¡Líbrame, como lo has prometido!

Salmo 119:169-170

¿Qué lamentos le llevas al Señor? Podemos pedirle por nuestros familiares o amigos o por nuestras necesidades personales.

Nuestras oraciones a menudo cubren todos los aspectos de nuestra vida: fe, relaciones, trabajo, hogar y finanzas. ¿Escuchará el Señor nuestros lamentos? ¿Cómo y cuándo responderá? Nos unimos al salmista para orar por una respuesta a esas preguntas: “¡Dame entendimiento conforme a tu palabra!”.

Esta es una oración que Dios ha respondido. Él aborda nuestras preguntas sobre la oración y nos da entendimiento de acuerdo con su Palabra. En ella Dios promete: “Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15). Jesús dijo: “Ustedes deben orar así” (Mateo 6:9a) y luego nos enseñó las palabras que conocemos como el Padrenuestro, palabras preciosas que proporcionan un patrón para todas nuestras oraciones.

La Palabra de Dios nos enseña a “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17), algo que también aprendemos del salmista, cuyas palabras inspiradas por el Espíritu a menudo hacemos propias. Y cuando no sabemos qué palabras usar: “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26b).

Las enseñanzas de la Palabra se ilustran con el ejemplo de nuestro Señor y sus discípulos. Jesús se retiraba para rezar o pasaba toda la noche en oración. Cuando fue traicionado, llevó su angustiada petición al trono de su Padre Celestial. Los seguidores de Jesús siguieron el ejemplo de su Señor, orando a menudo por fortaleza en medio de la misión y el martirio.

Mientras ora por comprensión, el salmista también suplica: “¡Que llegue mi oración a tu presencia! ¡Líbrame, como lo has prometido!”. Esa súplica fue respondida de acuerdo con otra promesa de la Palabra: “Antes de que me pidan ayuda, yo les responderé; no habrán terminado de hablar cuando ya los habré escuchado” (Isaías 65:24).

Antes de invocarlo, incluso antes de la fundación del mundo, Dios nos eligió en Cristo para ser suyos (ver Efesios 1:4). Antes de que supiéramos o reconociéramos nuestra necesidad, antes de que naciéramos, Dios envió a su Hijo para salvarnos. Fuimos liberados de acuerdo con la promesa de la Palabra de Dios, con la Palabra hecha carne a través de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios mostró su amor por nosotros en que “cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

ORACIÓN: Padre celestial, a través de tu amor por nosotros en Cristo Jesús, escucha y contesta nuestras oraciones. Cuando tengamos dudas o cuando no sepamos qué decir, danos entendimiento de acuerdo a tu Palabra. En Jesús. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:

1.- ¿Cómo podríamos mejorar nuestro entendimiento de la Palabra de Dios?
2.- Cuando la oración parece inútil, ¿qué haces para centrarte en Dios y en su Palabra?

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