
Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados les sean perdonados (Hechos 3:19).
A veces uno quiere volver, pero le da pena. Como cuando sabes que hablaste duro, fallaste otra vez, o rompiste una promesa que de verdad querías cumplir.
En Hechos 3, la sanidad del hombre cojo abre la puerta para anunciar que Jesús resucitado sigue llamando al arrepentimiento, que podemos volver a Él sin miedo.
La Confesión de Augsburgo, en el Artículo XII, dice: “el arrepentimiento no es otra cosa que contrición y dolor o terror a causa del pecado y, sin embargo, a la vez creer en el Evangelio y la absolución, es decir, que el pecado ha sido perdonado y que por Cristo se ha obtenido la gracia”.
Arrepentirse no es solo sentirse mal. Es ser llevado por Dios a reconocer el pecado y, al mismo tiempo, confiar en que Jesús perdona verdaderamente.
Pero a veces confundimos arrepentimiento con castigarnos por dentro. Pensamos que, si sufrimos bastante, entonces Dios tal vez nos perdone. Pero el perdón no nace de nuestra reparación o de nuestro autocastigo. Nace de Cristo.
Jesús cargó nuestro pecado en la Cruz y resucitó para darnos una vida nueva. Él no niega lo que hicimos, pero tampoco nos deja atrapados allí.
Cuando capacitados por Dios volvemos a Él sin miedo, también empezamos a vivir de forma distinta con los demás: pidiendo perdón, reparando lo posible, soltando excusas y caminando en humildad.
Así que la próxima vez que quieras volver, pero te dé pena porque hablaste duro, fallaste otra vez o rompiste una promesa, recuerda el contexto de Hechos 3: Pedro está hablando a personas que también habían fallado gravemente, y aun así les anuncia perdón en Jesús. Arrepentirse no es correr hacia un Dios enojado que quiere aplastarte; es volver al Salvador amoroso que ya cargó tu pecado, borra tu culpa y te levanta para vivir sin esconderte, pedir perdón con humildad, reparar lo posible y caminar con más verdad y paz con los demás.
Oración: Padre nuestro, gracias porque por Jesús nuestros pecados son borrados. Danos un arrepentimiento sincero y una fe que descanse en Tu perdón. En el nombre de Jesús. Amén.
Para reflexionar:
* ¿Qué necesitas traer hoy a Jesús sin miedo?
* ¿Qué fruto de arrepentimiento puedes vivir con alguien cercano?
Diaconisa Noemí Guerra
© Copyright 2026 Cristo Para Todas Las Naciones
Suscríbete y recibe el devocional diariamente en tu e-mail:
