Sin prisa
Tomás está en crisis. Todos a su alrededor están emocionados y felices, pero él no puede creer lo que están diciendo. Todavía está con el humor de Viernes Santo. Y pierde los estribos. «Si yo no veo en sus manos la señal de los clavos, ni meto mi dedo en el lugar de los clavos, y mi mano en su costado, no creeré», dice. Probablemente también tenga miedo. ¿Han perdido la cabeza todos sus amigos?










