Devocionales
Necesidad de equilibrio
Me encanta lo que Jesús les dijo a los apóstoles cuando ellos regresaron de haber sido enviados a predicar: «Vengan conmigo ustedes solos, a un lugar apartado, y descansen un poco». Tómense un tiempo para descansar y relajarse. Aléjense de las cargas que llevan. Vengan conmigo y tengan un poco de paz.
Jesús mismo necesitaba algo de tiempo para estar solo. El rey Herodes acababa de asesinar a su primo Juan el Bautista. Además del dolor de perder a un pariente, la muerte de Juan era una señal que apuntaba a la muerte del propio Jesús. «Esto que me pasó a mí es lo que te pasará», le decía la muerte de Juan.
Paredes cayendo
¿Te imaginas un mejor llamado de Dios que el de Pablo como misionero para llevar las Buenas Nuevas al mundo gentil? Su formación rabínica y su pedigrí judío, su incansable entusiasmo por el Evangelio, su capacidad para prosperar en circunstancias difíciles, todo esto convirtió al apóstol en un excelente obrero en la viña gentil de Dios (ver Gálatas 2: 1-14).
Aun así, la curva de aprendizaje cultural tuvo que ser bastante empinada cuando Pablo se abrió camino hacia Asia Menor. Allí encontró distinciones y divisiones entre pueblos, creencias, rituales e idiomas.
¿Quién fue?
«¿Quién tiene la culpa?». ¿Alguna vez te has hecho esta pregunta? Yo sí, cuando algo malo está sucediendo en mi vida como una enfermedad, la pérdida de un trabajo o problemas familiares. A veces hay un «villano» a quien puedo culpar: un mal jefe, un vecino racista, un amigo o pariente con problemas graves de adicción o arrebatos de ira.
En la lectura de hoy, Dios identifica a un grupo de villanos: los líderes de Israel, quienes actuaron como malos pastores y no se preocuparon por el pueblo de Dios. Dios les dijo: «Ustedes dispersaron a mis ovejas. No se hicieron cargo de ellas, sino que las espantaron». Pero luego les dijo algo muy extraño: «Yo mismo reuniré al resto de mis ovejas. Las haré venir de todos los países por los que las esparcí».
Creador y Pastor
Como un pastor amoroso, Dios les proporcionó a Adán y Eva, su pequeño rebaño recién creado, un hermoso jardín para que fuera su hogar.
El Creador les dio para comer «toda planta que da semilla y que está sobre toda la tierra, y todo árbol que da fruto y semilla» (Génesis 1: 29b). Podían beber de un río que regaba el jardín. Adán y Eva tenían pastos verdes y aguas tranquilas. Tenían todo lo que podían necesitar, pero eligieron apartarse de la Palabra y el mandato de Dios. Buscaban lo que ellos creían que eran pastos más verdes, y Eva vio que el fruto prohibido «era bueno para comer, apetecible a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría» (Génesis 3: 6b).
Veredicto
Pedro dijo entonces a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es para nosotros estar aquí! Si quieres, podemos hacer tres cobertizos: uno para ti, otro para Moisés, y otro para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube de luz los cubrió, y desde la nube se oyó una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado, en […]
Esto es con toda certeza la verdad
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16). ¿Te has puesto a pensar qué significa creer? Creer es mucho más que sentir curiosidad o asombro por lo que Dios hace. […]
