Santidad que santifica
Esta historia es un poco extraña. Isaías dice: «Vi al Señor». Sin embargo, no dice casi nada acerca de Él. Describe el templo, los ángeles, el altar, el carbón. Habla del humo y la llamada de los serafines. Es como si Isaías solo tuviera una visión periférica, como si no pudiera enfocarse directamente en el Señor mismo.
¿Por qué será? Quizás se deba a la santidad de Dios. La primera reacción de Isaías es miedo y dolor. Sabe que es un hombre pecador; sabe que no pertenece a la presencia de Dios. Es como estar mirando al sol o parado al borde de un gran fuego. Dios es glorioso y santo; nosotros no.
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