Sostenido
En su ascensión, Jesús les dijo a sus discípulos que serían sus testigos empoderados por el Espíritu «en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1: 8b).
La palabra de Jesús se cumplió y los discípulos comenzaron su tarea de testificar. En el templo de Jerusalén, Pedro y Juan proclamaron la muerte y resurrección de Jesús y, en el nombre de Jesús, llevaron la curación a un hombre que había sido cojo de nacimiento.










